(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Minerva de la juventud espanola / por Juan Manuel Ballesteros. Tomo 4."

m 



*m 



,.. .lililWI'aiffiE;^ 



■•:\v ju 




J 



k 







4^ 



^ 



á¡ 



i"- 



1¿^. 



\ 












\ 



/áv. 



JUVENTUD ESPAÑOLA. 

POR EL LICENCIADO 

B0n 3mn Mamá BüíU&Uyo^^ 

filíelo correspondiente de las reales academias de 
medicina y cirugía de Cádiz, Sevilla y VaUa- 
dolíd. Médico segundo del real colegio de sordo- 
mudos de esta Corta. 



TOMO IV. 



Labor imp robus omnia <^encif^ 
El trabajo continuo io vence todo. 



♦' 




MADRID : 

IMPRENTA QUE FUE PE BUElNO CALLE DEL CARMEN. 



aí:o TO i>R iv34. 






•*■« 



Un año ha transcurrido desde que 
principió á publicarse la Minerva de la 
Juventud^ y desde su primer número ya 
se conoció la importancia de este pensa- 
miento ^ útil aun antes de ser agradable^ y 
el vacío que llenaba en la educación de la 
juventud. Los sucesos han correspondido 
á las esperanzas^ y se me puede hacer la 
justicia de que no he omitido medio para 
conseguir el doble objeto que me habla pro* 
puesto, instrucción y placer^ estudio sin 
fatiga^ diversión y utilidad. He ido paso á 
paso proporcionando á mis lectores todo lo 
que podía serles útil y agradable. He to- 
mado á la infancia de la mauo , y á mi la- 
do siempre ha visto que mi lenguage esta- 
ba á su alcance, que mi enseñanza care- 
cia de aquellos perniciosos resortes era- 

{>leados por algunos autoies para cautivar 
a atención. 

Entonces la infancia se ha entregada 
enteramente á mí, n^^i ha escuchado con 
favorable sonrisa , y aun dejando á veces 
«US mas amables juegos.. 



(4) 

¿De qué he hablado yo á los jóvenes? 
Les he hablado de la vida común, de la so- 
ciedad que les es propia. He desterrado de 
las páginasde la Minerva pinturas de ocio- 
sidad , no se han visto en ella niñas ele- 
gantes á los seis años como lo son á los 
diez y ocho, ni jóvenes raciocinando á los 
doce como lo son á los veinte. He escrito pa- 
ra todos los niños y no para algunos en par- 
ticular. Este es el periódico de todos los ni» 
ños, en el que se les habla teniendo presen- 
tes las fuerzas, las necesidades, el talento y 
su edad, y esto es un gran triunfo y he aqui 
mi mayor felicidad. Despertar el primero en 
estos tiernos corazones los sentimientos 
honrado?, hablarles de virtud ^ de patria y de 
honor. ¡Qué triunfo! y luego pasar de ahi á 
los elementos de las ciencias y de las artes. 
¡Qué satisfacción! 

Esto es lo que he hecho hasta la pre- 
sente, y por ello se puede congeturar lo 
que practicaré en lo sucesivo , de lo que 
sale garante la exactitud con que llevo cum- 
plidas mis promesas. El segundo afio de la 
Minerva será aun masinteresante é instruc- 
tivo que el primero, pues aun tío he po- 
dido realizar el vasto plan que habia con- 
cebido. Sin olvidar á los que empiezan es- 



(5) 

te año á leerla , me íre elevando progresiva- 
mente con mis antiguos áuscrltores á co- 
sas mas sublimes, considerándolos ya en 
mas dilatada esfera. El esmero en la im- 
presión acompañará á la variedad de ma- 
terias, y adexnas de las láminas mensuales 
se añadirán otras cuando lo exija el asunto 
ó sean conducentes á aclarar la esplicacioa 
de algún pasaje. En .fin, ninguna mejora 
se omitirá: en esta colección hallará su lu^ 
gar todo lo que sea bueno , y todo lo qu^ 
sea útil, pues ningún género de interés 
quiero que falte á la Minerva de la Juven- 
tud Española. 



(«) 



imm 



Agosto en latín Jugustus de Au- 
gusto que le dio su nombre , y de don- 
de proviene el nombre de Agosto en cas^ 
tellano. Ceres era en Roma la divinidad 
tutelar de este mes, durante el cual se ve- 
rificaba la siega en toda Italia, Diana y Ver- 
tumno presidian al dia de los Idus, y se 
celebraba la fiesta de los esclavos en me- 
moria de que Servio Tulo, hijo de una es- 
clava, había nacido este dia. La fiesta de 
los perros se celebraba también en el mes 
de agosto, crucificando uno de estos ani- 
males en memoria de que no se habian 
dispertado ni ladrado cuando los galos sor- 
prendieron el capitolio. En Inglaterra el 
primer dia del mes de agosto, que es la fies- 
ta de san Pedro-es-lie ns, se llama Semmas- 
dajy es decir , dia del cordero ; probable- 
mente á causa de una costumbre que habiá 
antiguamente en el condado de Yorck : to- 
dos los que poseian tierras de la iglesia ca- 
tedral , estaban obligados á llevar en este 
dia al tiempo de la misa mayor un corde- 
ro para la ofrenda. En el número de los 



(7) 

fenómenos físicos, cuyo espectáculo se re- 
nueva todos los años en el mes de agosto, 
figura el de los efémeros^ insectos rnaravillor 
sos que nacen, se reproducen y mueren en 
el espacio de una sola noche. Aristóteles ya jM 
habló algunas palabras, y Suammerdam ha 
escrito la historia de este pueblo, cuya exis- 
tencia es tan corta luego que ha llegado á 
su estado perfecto de insecto , y que en- 
cuentra su cuna y su sepulcro por lo regu* 
lar en las orillas del Rin, del Marne y dtl 
Sena. 

LOS SEGADORES. 



Asi que la aurora de la mañana espar- 
ce, sin ser notada, una dudosa claridad por 
los fecundos campos, los segadores se co- 
locan en orden cada uno al lado de su que- 
rida para aliviar sus fatigas y mitigar su 
trabajo con dulces servicios. Se bajan to- 
dos á una, y las gavillas van engruesan- 
do entre sus manos, engañando las largas 
horas y el tiempo caluroso con chanzas 
campestres y dichos alegres. El amo llega 
el último, sus miradas se dirigen por to* 
das partes , y testigo de la abundancia de 



(8) 

Sil coseclia , su corazón puede apenas con- 
tener la alegría. El rastrillo recoge loses* 
pareidos restos de sus tesoros, y los espi- 
gadores se esparcen por todas partes. ¡Oh: 
vosotros labradores ¡^evitad la estreñía ava- 
ricia, y dejad caer de vuestras manos al- 
gunas espigas en ofrenda á la caridad y re- 
conocimiento á aquel que enriquece vues- 
tros campos. Vuestros semejantes, priva- 
dos de lo necesario , vienen detras como 
los pajaritos del aire, y piden humilde- 
mente S.U porción. Considerad que la in-i 
constancia de la fortuna puede obligar al- 
gún dia á vuestros hijos á pedir ellos mis- 
mos lo que hoy dais con tanta escasez y re- 
pugnancia. 

1 347. Toma de Calais por Eduardo III 
Rey de Inglaterra. 



Eduardo vencedor en la batalla de 
Crecy , vino á poner sitio á la ciudad de 
Calais, tratando de procurarse un es table-^> 
cimiento en Francia , y -abrirse comunica- 
ción con el conde de Ponihier. Juan de 
Viena, gobernador de Calais, tenía á sus 
órdenes una guarnición numerosa y todos 
los habitantes estaban llenos de valor y de 




(^ejdfdíceé un^ d¿a;éyoraíce od eét^cm^ rejerva/a^ó mMcmu í?&vaó y aowreó. 




(?) 

celo. Rechazaron con tanto vigor varios a- 
taques, que Eduardo se vio precisado á 
cambiar el sitio en bloqueo. Su campo si- 
tuado entre la ciudad, el rio de Maye y 
el puente, se hizo una verdadera ciudad 
circuida de reductos, fosos y torres que 
ponían al abrigo de toda sorpresa. El go- 
bernador amenazado por el hambre hizo, 
salir por primera vez mil setecientas per- 
sonas entre ancianos, mugeres y niños, á 
los que Eduardo acogió con benignidad 
permitiéndoles que atravesasen su campo.. 
Algunos dias después hizo por la misma 
causa salir otras quinientas personas, pero 
esta vez , habiéndolos Eduardo negado el 
paso, perecieron de hambre, de frío y de 
miseria. En vano el Rey de Francia, Fell- 
lipe de Valois 5 procuró librar á Calais ofre- 
ciendo á Eduardo la batalla y aun comba- 
te personal; la retirada de este príncipe 
llenó á los ciudadanos de consternación y 
él gobernador resolvió capitular. El rei 
Eduardo habia pronunciado la sentencia^ 
de que todos habian de morir porque ha- 
l)¡an muerto muchos de los suyos, mas 
á vista de las representaciones de Manny, 
enviado por el gobernador i, se limitó á pe-; 
dir que le entregasen seis de los principa- 



{.o) 

les ciudadanos con la cabeza descubierta 
y un cordel al pescuezo. Luego que se su- 
po en Calais este terrible decreto, enme- 
dio de la consternación general se presentó 
Eustaquio de S, Fierre y dice: ^'No dejaré 
perecer á mis conciudadanos cuando pue- 
do salvarlos. Tengo tanta confianza en que 
el Señor me perdonará mis culpas si mue- 
ro por mi patria, que quiero ser el pri- 
mero/' Juan de Aire se colocó á su lado; 
los dos hermanos Willant y otros dos ciu- 
dadanos, cuyo nombre no conserva la his- 
toria , declararon que imitarian su ejem- 
plo. El anciano gobernador les entregó las 
llaves de la ciudad y los condujo á la puer- 
ta de ella, invocando la clemencia de 
Eduardo, mas este se mostraba inflexible 
hasta que vio arrojarse á sus rodillas á la 
reina su esposa, de cuyas lágrimas movida 
les perdonó la vida. La reina llevó los pri- 
sioneros á su habitación , y después de ha- 
berlos convidado á su mesa, los envió bien 
escoltados. Al otro dia Eduardo entró en 
Calais, y haciendo salir á todos los habi- 
tantes, los reemplazó con población ingle- 
sa, pasando mas de doscientos años antes 
que la ciudad volviese á poder de los re- 
yes de Francia* 



21 las \ovcnt&. 



En el mes de agosto se celebra la íiesfa 
(de la Asunción de la Santa Virgen, de 
aquella muger sencilla y modesta que ha 
sufrido todos los dolores; de aquella muger 
tímida y delicada que ha padecido el des-p 
tierro , que ha visto morir á su hijo que- 
rido y que ha pasado todas las angustias y 
penalidades de la vida. María está rodeada 
de pena y de amor como todas las mugeres 
fuertes; Bendecidla, 

En su dia abandonemos el triste re- 
cinto de la ciudad y atravesando los deli- 
ciosos paseos y frescas arboledas vayamos á 
visitarla en su santuario. Su fiesta es cele*^ 
brada hasta en la mas Ínfima aldea, ya des- 
de la madrugada repican las campanas, el 
tamboril suena por las calles, el altar se 
colma de flores^ cada uno se viste y rego- 
cija lo mejor que puede porque es la fies- 
ta de María; la fiesta que los hombres han 
conservado constantemente. Las demás fies- 
tas y aniversarios han pasado, sola esta sub- 
siste causando alegría universaL 

Jovencitas bendecid á María , ella es 



M 

siempre nuestro consuelo ; todos se arrodi- 
llan delante de ella, vuestros padres la in- 
vocan en sus afliciones , y la han invoca- 
do en vuestras enferniedades , vosotras es- 
tais especialmente bajo su protección. El 
soldado que va á la guerra, la implora cu^ 
bierto de polvo, y el marinero coloca su 
imagen en lo alto del mástil batido por los 
vientos. Alzad los ojos al* cielo y vedla que 
se sonríe con su hijo en los brazos. Es tan 
misericordiosa ^nos ama tantoj 

La fiesta de María , de esta humilde 
muger es tan antigua como el cristianismo. 
El mundo no ha estado siempre como le 
veis en el dia, antes no habla ciudades po- 
bladas ni leyes conocidas, el poderoso opri- 
niia al débil, y el rico abrumaba al pobre^ 
causaba lástima ver á los infelices sobre la 
piedra desnuda , tanto mas cuanto que no 
habia creencia en Dios ni caridad sobre la 
tierra. Mas los infelices humanos fatigados 
de verse oprimidos por los fuertes y pode- 
rosos , todos los débiles y ios pobres se re- 
fugiaron bajo la protección de una muger. 
Esta los acogió bajo su poderoso amparo 
los cubrió con su manto azul y desde en- 
tonces los débiles ya se sintieron fuertes. 
María curó todas las dolencias de la huma- 



(>3) 

niclacl, los imperios y monarcas poderosos 
todos han caido después de ella , solo Ma- 
ría reina aun en la tierra y en el cielo. 

Jovencitas bendecidla ^ ella es el mode- 
lo de la nuiger i no de la mnger elegante, 
que se atavia , que baila y que pasa su vida 
en las fiestas y placeres, sino de la muger 
que se oculta que sabe amar y padecer; ella 
es un modelo de paciencia, de resignación, 
de virtud, de bondad , es el lazo que une 
al cielo con la tierra. 

Celebrad su fiesta como si fuese una 
fiesta de familia , una fiesta inocente y cas- 
ta. Conservad este nombre tan puro que 
vuestras madres os dan como el mas dulce 
de todos los nombres. Haced como la tier- 
ra que se adorna, como los cielos que can- 
tan , como el templo que se llena de per- 
fumes y de oraciones. Sed felices un dia, 
que bastantes es quedan de penas y dolores. 
Porque vosotras tenéis taiDbien que soste- 
ner esta lucha que se llama vida, lucha 
oculta y sin gloria, asaltos continuos cuya 
recompensa hallareis en vuestra concien- 
cia; días de duelo y de turbación en los 
qtie es preciso pedir á Dios por los que 
lian muerto y consolar á ios que quedan 
sufriendo. A3Í estudiad la vida de vuestra 



•■;)r 



(>4) 

santa patrona^^ aprended de ella á ser fuer- 
tes por que llegará el caso que necesitéis 
todas vuestras fuerzas , corazón , alma, 
constancia, trabajo y largas vigilias para 
el cunípliaíientó de vuestros deberes. A es- 
tos agregareis^ el estudio de aqueílos útiles 
conocimientos que embellecen la imagina* 
cion. Estudiareis la historia, esta ciencia 
de lo pasado para provecho de la futuro, 
la poesia , esta creeticia secundaría que con^ 
duce á la ínraortalidad, las lenguas estran- 
geras, este pensamiento y vozí de los^ pue- 
blos vecinos , esta grande voz: por ja que 
la antigüedad nos ha revelado sus stícesoSy 
en fin la música , este eco de las pasiones 
inocentes, esta manifestación de los^^ trans- 
portes del alma, este encanto de la tierra 
que nos acerca á los cielos , siempre la 
virtud al lado del talento modelándose unO^ 
por lo otro y concurriendo al mismo fía 
la estimación publica y felicidad de la fa- 
milia. 

No es mocho lo que os pedímos joven-- 
seta , sabemos que o» acompañan las dis- 
posiciones de mugeres formales, que tenéis 
mas inteligencia que vuestros ||ermanos y 
que vuestro padre cuando vpietve á casa 
05 da en la frente el beso paternal. 



(.5) 

€1 plan iTí €tmcacion. 



Kullum munus reipublic» afferre 
mayus , meliusve possumus , quam sí 
docemus erujimusque juventutem (Cíe. 
orat. 3. in Yerrem), 



m padre. Hijos míos , conociendo que 
la mayor gloria de un buen padre, es Ja 
selecta educación que procura dar á sus hi- 
jos ; yo que os amo á vosotros con toda 
la ternura de que e» capaz mí corazón , no 
he omitido medio alguno de cuantos han 
estado á mi alcance, para ampliar y mejo- 
rar la vuestra como una base en la que se 
han de cimentar vuestra propia utilidad y 
bienestar enlazados íntimamente con el ge- 
neral de la sociedad. No os he disimulado 
falta ninguna de aquellas que pudiéndose 
corregir en vuestra juventud , seria impo- 
sible desarraigar dejándolas llegar á la edad 
madura; conociendo la grande importan- 
cia y el desvelo que se merece el cuidado 
de vuestra educación, no le he querido 
confiar á manos mercenarias, sino que la 
he dirigido por mí mismo en cuanto lo 
permiten mi instrucción y celo. Ya os he 
dado algunas pruebas de él en lo que lle- 
vamos transcurrido y tengo el consuelo de 
que con vuestra docilidad y aplicación ha* 



f,6) 

beis correspondlclo enteramente á mis es-* 
peranzas. Ahora que feJizmente hemos lle- 
gado al primer periodo de nnestras tareas, 
y se nos presenta otro segundo que recor- 
rer lleno de placeres , quiero que renove- 
mos nuestro plan de estudios y oír por 
\uestra boca cuántos cuáles sean los cono- 
cimientos necesarios para constituir una 
buena y completa educación. 

Tu Eugenio, como el mayor y mas 
forrsial de todos empieza diciéndome cuál 
es el primero y mas fundamental conoci- 
miento que se debe adquirir. 

Eugenio. Papá lo primero que se de- 
be aprender según V. nos ha dicho es la 
ciencia de nuestra Religión y los pricipios 
de moral que de ella dimanan. 

EL Padre. Seguramente: porque sería 
muy insensato el que tratase de adquirir 
alguna instrucción, sin empezar por el 
santo temor de Dios que es el principio 
de la sabiduría y del acierto en todas las 
empresas. Todo descuido en esta parte es 
criminal y origen de todos ¡os desórdenes 
y reveses cjue se siguen en mayor edad. 
Los preceptos y máximas morales tan efi- 
caces para corregir los malos resabios y 
perfeccionar las costumbres., producen ua 



(■7) 

efecto maravilloso en vuestra edad cuando 
8C inculcan por medio de ejemplos apólo- 
gos y cuentecitos que al paso que deleitan 
y recrean, instruyen á cada uno de los 
deberes que tiene que desempeñar en las 
diversas circunstancias de la vida» Las pa- 
rábolas de que se valió el divino Salvador, 
para hablar á las turbas, serán siempre un 
modelo y una prueba de lo que os acabo 
de decir. 

Vamos á ver Alejandro, prosigue tu 
la serie de conocimientos que hay que ad- 
quirir. 

Alejandro. Hay que saber también la 
Gramática y Ortografía para poder hablar 
y escribir correctamente , y también la 
Aritmética de la que se está usando á ca-* 
da paso. 

£1 Padre. A la Gríamática deben 
acompañar también algunos elementos de 
jRetórica que es la que perfecciona el len- 
gnage y prescribe el acertado uso que de él 
debe hacerse ; abriendo la puerta de las fa*- 
cultades mayores á los que intenten seguir* 
las. Prosigue Enrique. 

Emique. La Historia especialmente 
la de nueétro pais debe saberse perfecta- 
mente. 



(18/ 

*■ El Padre. Vava que el estadio de la 
historia sea completo debe ir acompañado 
de la Geografía ó conocimiento del terri- 
torio donde han pasado los sucesos; de la 
Cronología , que siendo la ciencia de los 
tiempos enseña el modo de colocar los he-* 
chos en las épocas precisas en que han su- 
cedido 5 y se puede añadir también la i?f¿- 
tología^ún la cual no se pueden entender 
bien los artistas y los poetas. Supuestos los 
i'eferidos conocimientos ^ no hay todavía 
otros de notoria utilidad que deben hacer 
parte de una esmerada educación ? 

Eugenio. El Dibujo es una ocupación 
tan útil como amena y el conocimiento de 
las lenguas es indispensable al que no quie- 
ra privarse de las infinitas ventajas que le 
puede producir. 

El Padre. La lengua Francesa mere- 
ce la preferencia , no solo por haberse es- 
tendido generalmente en estos últimos años^ 
sino también porque la han ilustrado con 
su pluma autores famosos. En la elección 
de estos autores es. preciso un poquito de 
discernimiento , pues no siempre la fama 
•va fundada en aquello que mas debiera 
contribuir á ella. 

Isabel p contiaúa tu ahora con lo que 



('9) 

resta y mas particularmente con las ocupa- 
ciones que os son peculiares. 

Isabel. Una joven de mérito debe saber 
bailar con garbo, y cantar con gracia , si 
quiere sobresalir y no hacer un papel ridi- 
culo en las reuniones. 

£l Padre. Bueno está eso, y mas si se 
añaden los principios de Urbanidad y 
buena crianza ; pero no son esas las princi- 
pales ocupaciones de una joven. Me parece 
que ya os he dicho en otra ocasión que 
esos son adornos que deben ceder la prima- 
cía á las cosas de utilidad real y de aplica- 
cacion inmediata en el seno de la sociedad 
donde estáis destinadas á vivir. El baile so- 
lo se luce un poco en la juventud, no se 
hace casó de él en la edad madura y es in^ 
útil en la vejez. Tocante á la música , ya 
es otra cosa, pero siempre debe ser prefe- 
rida la instrumental á la vocal, porque si 
se desmejora tu yoz por raro accidente, 
siempre te quedará tu piano ó tu guitarra. 

Eugenia. Tampoco olvidamos nosotras 
las principales obligaciones de una muger 
como son el gobierno de una casa y las la- 
bores de costura , planchado y demás. 

£1 Padre. Eso es lo que yo quiero que 
no perdáis de vista la importancia de estas 



igaciones que á pesar que no se llevan 
las atenciones del gran mundo, son mucho 
mas preciosas que las primeras. En primer 
lugar, traen la ventaja de la economía y de 
la independencia que proporciona el no 
necesitar de nadie para el desempeño de 
vuestros quehaceres, y el segundo, que aua 
dado caso de que vuestra posición os exi- 
ma de intervenir en ellos, siempre podréis 
juzgar y apre>ciar debidamente el trabajo 
de los demás. Otra de las cosas que yo haria 
entrar como parte muy esencial en la edu- 
cación de una muger, es el cuidado de los 
enfermos^ atendido que han de ser algún 
dia esposas y madres de familia y que na- 
die hay en el mundo que desempeñe me- 
jor que las mugeres el cargo de enfermera: 
una cosa me parece que se nos ha olvidado. 

Enrique. Me parece que ya sé yo lo 
que es. 

£1 Padre- Pues vamos á ver como lo 
dices. 

Enrriqzc. No nos hemos acordado de 
lo que tenemos que aprender tocante á 
Historia naturaL 

El Padre* La has acertado ; y con mu- 
cha razón exijo de vosotros este conoci- 
mieato, por que no hay estudio que nos 



manifieste mejor el esplendor y sabiduría 
del Criador. Nos hace njodestos al ver las 
asombrosas facultades de ciertos anímale?, 
y bondadosos al observar las ventajas que 
casi todos nos proporcionan. Ademas que 
vosotros ya sabéis cuan aijieno es este estu- 
dio y lo adecuado que es á satisfacer vues- 
tra natural curiosidad, 

Tal vez os parecerán desmasiados tan- 
tos conocimientos como hago entrar en 
nuestro plan de educación ?.... ¿Eh ?;::: ^Qi\é 
es esto: no respondéis? 

Eugenio. Ño habrá cosa por difícil y 
complicada qtie sea , que nosotros no em- 
prendamos gustosos, por nuestra propia 
instrucción y dirigidos por un padre tan 
bondadoso como V. 

JE I Padre. No esperaba yo una res- 
pneéta menos caballeresca de Eugenio. Ad- 
vertid hijos raios, que no todo se ha de 
hacer en un dia , y que el mismo anhelo 
que tengo por vuestra felicidad , es el que 
me anima á no omitir nada de cuanto pue- 
da contribuir á vuestra ilustración. Me 
consta que bajo un plan de estudios bien 
arreglado, bien podéis adquirir simultánea- 
mente on vuestros tiernos años una buena 
educación de la que pende indudablemen- 



(22) 

tela {elicvdad de vuestra vida y que os 
facilite la entrada y progresos en las facul- 
tades que intentéis seguir. Por el método 
que hemos seguido hasta ahora ^ podéis juz- 
gar del que seguireniós en lo sucesivo. No 
hay dificultades que ño venza un ardiente 
deseo de saber V acompañado de un asiduo 
trabajo. Yo me felicito al ver en vosotros 
tan felices disposiciones^ por lasque presu- 
mo qué llegareis á perfecciotiar vuestra 
educación hasta elevarla á aquel grado que 
yo me he propuesto yy al que os hace acree- 
dores vuestra docilidad y aplicación. 

F. F. nilabrille. 




(a3) 









LOS CANGREJOS. 



ío&e< 



Fábula. 



Un sagaz cangregillo 
hubo de reparar, 
que su linage anclaba 
contra lo natural. 
Pregúntale á su padre 
cangrejo ya de edad , 
el fundamenro ó causa, 
de absi^do tan tenaz. 
¿ Qué ba de ser ? responde 
! buena curiosidad ! 
Porque asi los mayores, 
lo dispusieron ya. 
Mis padres, mis abuelos 
andaban hacia atrás, 
y en mi ascendencia toda 
fue esta práctica igual. 
Yo cuando vine al mundo 
solo vi recular, 



(H) 

rcculanclo he vivido^ 
reculo y no sé roas. 
Pues que lo hacían ellos, 
muy bien hecho se está, 
cangrejos tan sesudos 
no pudieron errar. 
^^Tales son las respuestas>; 
f>que á sus rivales dan 
í>\os rancios profesores 
»>d€ cada facultad/^ 



%. 




(»5) 



EDUARDO Y FLORENTINA. 

Ó LOS FRUTOS t)R LA PEÍLRZ A. 



Negocios particulares obligaron al pre- 
ceptor de Eduardo y Florentina á dejarlos 
eolos por algunos dias ; mas como quería 
que estubiesen ocupados durante su ausen- 
cia, designó á cada uno la tarea que habian 
de tener hecha á su vuelta para que no pa- 
sasen el tiempo en la ociosidad. Los do$ 
niños hicieron muchas promesas á su maes- 
tro asegurándole no quedar ia descontento 
de ellos. 

Asi que cstubleron solos, Eduardo pro^ 
puso á Florentina que fuesen á dar un pa- 
seo diciendo: ^^Hoy es imposible estudiar^ 
gocemos de nuestra libertad ; mañana nos 
levantaremos muy temprano y recobrare- 
mos el tiempo perdido.,, En consecuencia 
salieron y no volvieron hasta la hora de 
comer; lo restante del dia se estuvieron di* 
virtiendo en el estanque de su padre pa- 
seándose en la barquilla. Se acostaron con 
la resolución de levantarse de madrugada, 
y para esto encargaron á un criado que les 
despertase, mas después que este les avisó 



(.6) 

á las cinco de la mañana se volvieron á 
dormir y ya eran las nueve antes que hu- 
biesen salido de la cama. Mientras que es- 
taban desayunándose en una sala baja llegó 
á la ventana un pobre ciego tocando el vio- 
lin y pidiendo una limosna. ^^Hermana di- 
jo Eduardo de buena gana bailaría yo si tu 
quisieses acompañarme." Florentina con* 
sintió y se pusieron á bailan Después de 
este ej( rcicio que duró algún tiempo ^ se 
fueron á descaiisar al jardin, bajo un verde 
cenador y alli se estuvieron distraidos con 
unos pajaritos que Eduardo habia pülado 
eíi su nido y que se prometía criar; maaí 
abandonando el proyecto por la inconstan-^ 
cid de su edad 5 cuando llegó la noche los 
pobres pajaritos ya estaban muertos de 
hambre. Después de comer fueron á visitar 
á los amiguitos de la vecindad y asi pasa- 
ron el segundo día. ¡Oh! dijo Eduardo al 
ti empo deirseá acostar estoy determinado á 
estudiar mañana y asi voy á poner mi li- 
bro bajo de la almoada para cogerle luego 
que me despierte. 

Florentina hizo lo mismo porque de- 
cia que el señor maestro se enfadaría mu- 
cho al ver que le habian desobedecido. Lo 
peor es que tengo tanto que hacer maña- 



"M^iS 



(^7) 

na^ pnes sino compongo mi vestido tendré 
que ir con él todo rasgado.^—^Tues yo, di- 
jo Eduardo^ tengo que ir á comprar una 
pelota para jugar con mi amigo Pepe. Pues 
bien, sino podemos estudiar mañana , lo 
haremos al otro dia y una vez que nos pon- 
igamos á ello pronto estará concluido, on 
Al otro dia y aun al siguiente encon- 
traron nuevos pretestos para no estudiar, 
por que la mala voluntad siempre halla es- 
cusas á su favor y lo va dilatando hasta que 
ya no es tiempo de obrar. 

Ya hacia una semana que su preceptor 
-estaba ausente, cuando una tarde qqe es- 
taban jugando delante de la' puerta de su 
*casa , le vieron venir á lo lejos; al motnen* 
%to se acordaron de su tarea y en lugar de 
salirle al encuentro , corrieron á buscar 
sus libros ; en vano recorrieron, todas las 
piezas de la casa y el cenador del jardín 
preguntando á los criados si los habian vis- 
to. Después de haber andado toda la casa 
fueron á ocultarse á un rincón de la coci- 
na para que feu maestro no los encontrase 
y allise acordaron que no habian registrado 
el gabinete de su padre. Vaa allá poseidos 
de la inquietud y lodo lo revuelven libros, 
estampas , carteras , mapas 5 hasta no dejar 




cosa con cosa. Después de este trastorno 
universal dijo Eduardo. Hermano me ocur- 
re una idea, cojamos nuestros sombreros y 
salgamos sin que nadie nos vea como si 
fuésemos á dar un paseo. Vendremos muy 
tarde cuando el maestro no pueda tomar- 
nos la lección y mañana la estudiaremos 
antes que se levante. Cómo, sino tenemos 
los libros, csclamó Florentina. No tengas 
miedo que ya los encontraremos respondió 
su hermano. 

Salieron con apresuracion sin que na- 
die los viese y se alejaron bastante de la 
casa hasta que entrada ya la noche deter^- 
minaron volverse á ella. El miedo les hizo 
equivocar el camino y cuando notaron su 
error ya habian pasado buen trecho de su 
habitación que era hacia el fin del otoño y 
la noche estaba muy obscura. Ah ! Dios 
mió! donde estamos! esclamó Florentina llo- 
rando. ¿Qué hemos de hacer? Qué va á ser 
de nosotros? ^^Yo no lo sé contestó Eduar- 
do mas volvamos atrasas Se agarraron de 
la mano y caminaron un poco, bien pron- 
to tropezaron y cayeron sobre unos cardos; 
se levantaron sollozando , llenos de araña- 
zos y empezando á sentir el mal éxito de 
susaventuras. 



(-9) 

Oh! dijo Eduardo si hubiéramos apren- 
dido nuestras lecciones, á la hora de esta 
nos hallaríamos muy contentos al lado de 
papá y mamá. El aire frió de la noche los 
incomodaba mucho 5 asi como el hambre 
que empezaban á sentir. En esto vieron bri- 
llar una luz á corta distancia y cobrando 
ánimo se dirigieron hacia ella creyendo ser 
alguna casa , mas se engallaron ^completa- 
mente. Después de tropezar mucho en la 
maleza encontraron que la luz engañadora 
era un fuego fatuo de la laguna próxima, 
fatigados, medio muertos de hambre y 
temblando de frió tuvieron que sentarse 
bajo un árbol y alli entre lágrimas y sus- 
piros les cogió el sueño quedándose clor» 
midos abrazaditos uno á otro. 

Durante este tiempo sus padres admi« 
rados al ver que sus hijos no volvian en- 
viaron criados á buscarlos por todas par* 
tes; el maestro salió también con la misma 
intención , mas todos volvieron sin haber 
descubierto nada, toda la noche estnvieron 
de pie derecho, esperando ver entrar á los 
niños en cuanto se oia algnn ruido. El pa- 
dre no pudiendo disimular su inquietud sa- 
lió también á hacer sus pesquisas, mas fue- 
ron tan infructuosas c(p^o las de los demás 



(3o) 

Eduardo y Florentina déspértaí*on al 
romper el día, y reconociendo el campo 
en que se hallaban , cuál fue su admira- 
ción al ver se encontraban á tres cuartos 
de legua de su casa ? Acordándose de los 
sucesos de la víspera, al instante se pu- 
sieron en camino, y á las siete de la ma- 
piaña llegaron á la casa de su padre. Al mo- 
mento que los divisaron todos les salieron 
al encuentro, abrazándolos con estrema 
alegria , mas apenas entraron en su casa , 
cuando su papá les píeguntó por qué ha- 
bían estado fuera toda la noche. Se queda- 
ron indecisos y mas encarnados que la 
grana, mas bien pronto arrojándose á los 
pies de su padre le confesaron todas sus 
faltas. Este les mandó que se levantasen y 
no les habló palabra mientras que duró 
el desayuno, mas acabado éste, cogió á ca- 
da uno de su mano y los llevó á su gabi^ 
nete, donde vieron todo el desorden que 
habían hecho, sin que les hiciese ninguna 
reconvención; lo que causó mas senti- 
miento á los nuios que si los hubiera re- 
gañado mucho. Son mas sensibles las re- 
convenciones que uno se hace á si pro- 
pio, que las que recibe de los demás, y 
íes parece á los niños que con la repren- 



(3i) 

sion se expía la falta que han cometido. 

Vueltos á la sala , su padre les hablo 
así «Aunque yo esté muy disgustado por 
la pereza que os ha ocasionado tantos tor- 
mentos , sin embargo no os castigaré por- 
que veo que estáis arrepentidos ; mas no 
puedo dejar pasar esta ocasión sin daros 
tin consejo que os haga evitar en lo suce- 
sivo las faltas en que habéis caido. Decís 
que vuestra intención no era de omitir la 
tarea, sino de dejarla para el otro dia , y 
esto es decir que no estabais del todo re- 
sueltos á no cumplir con vuestros debe- 
res. Conociendo que desobedeciais á vues- 
tra maestro, no habéis querido cumplir- 
los, procurando hallar placer en dejar pa- 
ra mañana lo que debiais hacer hoy: mas 
confesad ingenuamente que si habéis teni- 
do algún placer ha sido mezclado con tal 
inquietud , que casi os privaba de él en- 
teramente»^' Verdad es papá ; respondie- 
ron los niños. — El padre continuó. - -^'De- 
jando vuestra obligación de un dia para 
otro, habéis encontrado un aumento de 
dificultades, y cada vez mas irresolución 
y mas pereza. Para evitar el sor desculñer- 
tos habéis recurrido á un medio muy ma- 
lo^ y los inconvenientes que os han re^ul- 



(3.) 

fado son demasiado recientes para que yo 
los renueve , y espero no me pondréis en 
iel caso de recordároslos.-*- Nosotros lo pro* 
metemos papá "dijeron los niños"-- Cuen* 
to con esta promesa, mas sin embargo 03 
voy á pintar las consecuencias de vuestra 
pereza, consecuencias que vosotros no co- 
nocéis. Perdiendo el tiempo, empleándo- 
le de ese modo, habéis ofendido á Dio» 
con vuestra conducta , y habéis causado 
angustias mortales á vuestra madre y á mi. 
Ignorando lo que os habla sucedido, mas 
siempre creyendo lo peor como sucede á 
los buenos padres, hemos pasado toda la 
noche entre los horrores de una conster- 
nación é inquietud mortal. Vosotros que • 
reis reparar vuestras faltas ¿no es así? — Si 
señor, papá ^^respondieron los niños/^~* 
Pues bien ; la única expiación que el cie- 
lo puede aceptar y que me será tan grata 
como á vuestra madre, es de que no os 
volváis á portar de este modo. Estad se- 
guros que sino tomáis una sincera y fir- 
me resolución , ejecutándola desde la pre- 
sente , de perder la indolencia habitual á 
que os habéis acostumbrado, nadie puede 
calcular la funesta posición en que os ve- 
réis colocados, porque la pereza y la ir- 



resoluciop son el origen de la mayor parte 
de las desgracias de la vida. La primera 
expone á los que se entregan á ella, á una 
pobreza espantosa sino tienen caudales , y 
á perderlos si los tienen por su nacimien- 
to: la segunda indica un alma débil, y la 
debilidad conduce á cometer faltas de las 
que provienen pesares y amargos remordi- 
mientos. Para probarme que desde ahora 
queréis ser mejores, id á pedir perdón á 
vuestra mamá cielos tormentos que la ha- 
béis causado , y á vuestro preceptor por 
vuestra negligencia. No olvidéis nunca que 
es un representante nuestro, y asi le de- 
béis el mismo respeto y obediencia. 

Eduardo y Florentina hicieron lo que 
su padre acababa de mandarles, y vista su 
fidelidad en cumplir sus promesas n© tuvo 
mas queja de ellos en lo sucesivo. 




-r^' 




REAL ACADEMIA 



DEi CÍENClAá NATURALES. 



Con aplauso de todos los profesores de 
ciencms inuurales y de todos los aficiona- 
dos á sü interesante estudio^ se acaba de 
establecer en esta corte ^ una academia des- 
tinada al adelantamiento de ellas en todos 
iBus ramos, Si hubo un tieiiipo en que se li- 
mitaron los medios del humano saber, en- 
torpeciéndole cada dia con nuevas institu- 
ciones ; si, llegó época en que vanos rece- 
los obligaron á cerrar el santuario de Mi- 
nerva, hoy que felizmente vemos disipa- 
dos aquellos temores , las artes , las cien- 
cias y útiles conocimientos, se presentan 
dispuestos á recobrar con ahinco lo perdi- 
do en tiempos calamitosos* El establecimien- 
to de que hablamos es una prueba convin- 
cente de lo que acabamos de decir. ¿Qué 
progresos no debemos esperar todos, de 
una reunión de profesores ilustrados que 
se proponen como único objeto su ilustra- 
ción y la de sus contemporáneos en el vas- 
to campo de las ciencias naturales? Tanto 



(35) 

entre ios socios de número como en lof 
honorarios se encuentran sujetos de cono- 
cida reputación en la literatura y de vastos 
conocimientos en el ramo. Con tales ele- 
mentos el porvenir de la academia no pue- 
de ser dudoso; mucho mas, cuando en sus 
estatutos entra el estar al corriente de to- 
dos los adelantos que se hagan en el estran- 
jero^ y el proponer y distribuir premios á 
los jóvenes que se distingan procurando 
conseguirlos/ 

Las ciencias naturales están distribui- 
das para los trabajos de la academia en cua- 
tro secciones : en la primera se incluvea 
las ciencias /26/íura/r5 r/e5cn/7£/vas ^ en la 
segunda las fisico-matemáticas ^ en la ter- 
cera las fisico químicas y en la cuarta la 
Antropología ó ciepcia que trata del hom- 
bre , que ocupando el primer lugar entre 
todos los seres creados 5 merííce muy bien 
que se le dedique sección parTticular, For 
fin ya tenemos planteado en la corte este 
establecimiento de que carecía , al paso 
que hacia largo tiempo estaba fundado en 
Jas principales ciudades del estranjero y 
aun de España. Mas no está todo hecho ni 
es este tan solo el adelantamiento que de- 
bemos esperar en esta época de regenera- 



don. Sí es cierto que hay mucha afiélon á 
las ciencias naturales, tanta ó mas hay á 
]a bella literatura ¿y que razón hay para 
que esta no goce del privilegio que acaban 
de disfrutar aquellas? En este admirable 
pais que habitamos y bajo la influencia be- 
nigna de nuestro despejado cielo; pero so- 
bre todo en nuestra capital, multitud de 
circunstancias han reunido una juventud 
viva, pronta en concebir y en decir , que 
al acordarse que pisan el suelo clásico de 
]os grandes hombres que honraron la lite- 
ratura española , se inflama y pretende ele- 
varse al alto grado de aquellos. 
) Para que no se pierdan tan felices dis- 
posiciones, que podrian también ayudarse 
de otras muchas circunstancias favorables 
á su desarrollo, seria muy con veniente por no 
decir indispensable, viésemos también plan- 
teada una Academia literaria. Venga el 
impulso de donde quiera , lo necesario esí 
que se saquen del aislamiento en que se ha- 
llan , estas riquezas intelectuales que per- 
manecen ocultas é ignoradas , espuestas á 
perderse por falta de dirección y de cultivo. 
Ejercitense no abandanadas por lo prdnto 
á si mismas, sino en el seno de una corpo- 
ración en la que la mutua publicidad *y 




comparación de ideas , los estímulos de la 
emulación y del pundonor y mas que to- 
do una sabia y constante dirección de per^ 
sonas inteligentes, que apliquen con opor- 
tunidad las reglas fundamentalies, contri- 
buyan unánimemente á fijar el buen gusto 
y el acierto en las composiciones. Entre 
profesores beneméritos y entre gentes de 
buen gusto y de sentido no podrían tole- 
rarse cosas medianas y sin valor, que ten- 
drian que ceder el campo á las de un mé- 
rito sobresaliente. Póngase pues en contac- 
to estas preciosas disposiciones y estos ta- 
lentos que permanecen abandonados á si 
miamos y bien pronto brotarán una infini- 
dad de ricas producciones que no espera- 
ban mas que un poco de calor para desar- 
rollarse y que hagan recordar el siglo de 
oro de nuestra literatura* 




Bí la Efli0íon Cristiana. 



La religión cristiana es el culto que se 
tributa á la Divinidad , funclado en lo que 
la revelación del mismo Dios nos ha ma- 
nifestado. Se llama cristiana por haberla 
establecido visiblemente Jesucristo autor de 
la igleaia que tiene el mismo nombre. 

La religión cristiana enseñándonos sus 
gloriosos atributos eleva nuestra alma y en- 
grandece la dignidad del hombre. Nos con- 
suela en las miserias inseparables de la vi- 
da , y nos muestra después como nuestro 
verdadero fin , ima felicidad perfecta y 
ctetfia. 

Gomo medio de civilización la religión 
merece todos nuestros respetos^ porque ella 
es la que ha sacado al mundo del fango 
de la ignorancia , y le ha puesto en el ca- 
mino de los descubrimientos útiles. ¿No es 
ella la que nos ensena á resistir y contener 
nuestras inclinaciones viciosas y desorgani- 
zadoras? ¿La que nos enseña los deberes pa- 
ra con nosotros mismos y para con los de- 
mas? La que da á nuestras leyes civiles el 
roas poderoso apoyo y la mas fuerte sanción 



rrguíandd la coriciencta J este foro Interno 
sin el cual nada pueden Jas leyes? 

Siendo asi debe mirarse la religión crls- 
tiana-como una de las j^riucipales bases del 
orden social, y constituir la primara parte 
de la educación de la jiaventud. En doiíde 
$é ha de ericoncr^r, en efecto, un niodeío 
mas completo que proponer á los boaibrc^ 
de. que ren Jesucristo cuya vida fue un 
vivo . cuadro de todas hs virtudes sq- 
cíales ?¿ 

líijO: del Eterno^ y ^n representante en, 
la tierra idiira n te el ii:un3é de su vidí^^ijesu-» 
cristo es hoy rnisnw representada por-^ii 
Iglesia que se compoíie de rodos los* fieles 
que una fe une á sus doctrinas, lEi Papa, 
sucesor de sari Pedro.- uno de^ los, doce 
apmtofes elegidos por Jesucristo para iinun- 
ciar spí-évaimelio al univi^rso cuando él su- 
biese á los ci elos , es el que vela sobre to*- 
da Ja cristiandad. 4 

p/ Se distinízuen en la rellmon cristiana:^ 

\ 9 hos dogrnas é fii ndarpeníos «de Ja 
creencia V como la trinidad de personas, la 
encarnación del blp de Dios, su resurpc-p» 
clon , &c. 

a? La moral que consiste en las máxi- 
mas para la práctioa de nuestras accione? 



y qtíe se lialhn derramarlas en los libros 
inspirados por el mismo Dios. 

3? El cuko ó el conjunto de acciones 
interiores y exteriores, por las que se rin- 
de «J debido homenage á la Dividad. 

á^9 La disciplina eclesiástica que con» 
cierne especialmente á los negocios de la 
iglesia y sus ministros. 

Entiéndese por escritura sagrada , libros 
santos ó biblia, el antiguo y nuevo testa- 
mento. Se llaman libros santos porque tra- 
tan de cosas santas y fueron inspiradas por 
el Espíritu Santo. El antiguo testamento es 
por decirlo asi , la historia de las revela- 
ciones de Dios con los primeros hombres 
y Si3 pueblo escojido , y las promesas que les 
fueron hechas por el Criador. El segundo 
mani fiesta el cumplirniento de estas prome- 
sas , el establecimiento del cristianismo y 
su estado hasta la^ elección de san Pedro co- 
mo gefe de la iglesia , la que dirije hoy dia 
el Sumo Pontífice, los cardenales , obispos 
curas párrocos y otros eclesiásticos, todos 
sometidos á las doctrinas declaradas y reco- 
nocidas por los concilios. 

Un concilio es la reunión de los gefes 
de la iglesia para arreglar ciertos puntos 
de la religión ó de ia disciplina eclesiásti- 



(4!) 

ca. El último general celebrado en Tren' o 
eh Italia es dé ibs mas füfmosós* 

Se llaraa clsnva las. disensiones y disiden- 
cias que han aparecido en la iglesia en or- 
den á doemnas dogma ticéis j; y heregia las 
doctrinas contrarias á la fe y qne tiendeii 
á destruirla. Todo culto que en lugar de 
dirijlrse al Criador se dirije á la criatura, 
se llama idolatria ; tal es el que ciertos pue^ 
blos sal vages rinden abn al sol. , 

La religión es una filosofía sublime que 
demuestra el orden y unidad de la natura- 
leza, y esplica el enigma del corazón hu- 
mano el móvil mas poderoso para guiar al 
fcombre albien , un supleímento de la con- 
eiencia que perfecciona las virtudes y esta- 
blece nuevos vínculos de humanidad; nos 
muestra en los pobres unos acreedores, h er- 
íjanos en nuestros enemigos, y en el Ser 
Supremo un padre: la religión del corazón, 
k virtud en acción , y el mas bello de los 
códigos demora!, cuyos preceptos son otros 
tantos beneficios-del cielo. 



vi^ ^^ ^^ 
^^^ ^- ^e^ 



tA SALUD VALE MAS QUE LAS RIQUEZAS., 



Martín era un pobre niSD:x|ue gana** 
ba el pan con hartó trabajo , ya báciend<;>* 
recados, ya desifm penando otras comisio-*: 
nes, y á veces se vela precisado á pedir 
una íiaiosna/Si^dtóse una noche niny íati^ 
gado á la puelitaíide un café de los mué 
suntuosos de ia icorte, con ánijpo de im- 
plorar la caridad de bsrriuchas señoras y? 
caballeros que concurrian á eiv Entretanto^ 
se puso á comer un pedazo de pan more'*- 
noque le habiandado, cuando levantó los^ 
ojos para ver un elegante coche que aca--^ 
baba deparará la puerta del café. Al móil 
mentó se presentó un mozo á ia puerteci-- 
lia del coche iuTitándoá que bajasen 4 
vn señorito y á un señor líiayor que pare-^ 
cía su ayo ó preceptor , únicas personas 
cjue venían iep el coche. Mas ellos no c6n** 
sintieron, y mandando lesítmgeaen refresfi 
co, le bebieron alli mismo sin bajar. 

Mientras Martin engullía su mendru- 
go, no apartaba sus ojos del niño que ve- 
nia en el coclie, comparando su opulen- 
cia con el mísero estado en que él se en* 



centraba. El ayo taoibicn fijó en él la vis- 
ita por casualidad y adivinó sus pensamien- 
tos. ^ Mirad,' dijo á so pupilo, aquel chir 
coque nos contempla con la boca abierta, 
imagino que está diciendo en su interior 
¡Cuánto me alegráia yo hallarme en el lu- 

-^gar de aquel señorito!. En efecto , res- 

pondió el joven , que aunque enfermi^ 
zo tenia muy buen hümor^ pues bien 
vamos á proponerle cambiar de estado por 
un instante. El ayo llamó á Martin á la 
portezuela y le dijo: Al ver la atenciom 
con que mirabas á este caballerito, me ha 
parecido que te alegrarlas mucho de caní* 
biar su suerte por la tuya. ¿Quieres que 
asi sea? 

jAh! respondió Martin 9 V. se burla de 
mí. — No, va de veras, respondió el smof 
rito. — Pues si V. consiente, replicó Mar- 
tin , por mi parte la cosa ya esta hecha. Mis 
veciutís se van á quedar atónitos al verme 
llegar en fan boiíitQ coche. Esto es hecho, 
ya no iré mas á pie. Que vengan ahora á 
enviarme á recados y traerme de ceca en 
meca... Vaya señorito , baja V ó no* 

Espera un poco hombre, respondió el 
^tro riyénddse.— ¡ Qué! se ríe V, dijo 'Mar- 
tina no sea cosa que Y. me cngañe»--NQ 



(44) 

lo creas, te Voy á regalar mi coche y tnla 
caballos. Te voy á dar todo lo que no tie- 
nes , mas tu también me has de dar lo 
que tienes y á mi me faha. Martin aceptó 
estás condiciones , y entonces el señorito 
llamó á los lacayos para que le ayudasen 
á bajar del coche, jiih! Dios mió, qué ra- 
ra figura; sus piernas en forma de Z no 
podian sostenerle; para que se tuyiese 
fue preciso que le ayudasen su maestro/y 
im lacayo mientras que el otro sacaba del 
coche unas muletas de madera fina con al- 
mohadillas de terciopelo galonadas de pro. 
Luego que con la ayuda de las muletas píc- 
elo guardar el equilibrio , le jdijo á Martí- 
Tiito. ¿Y ahora quieres cambiar conmigp 
<1e salud , de estado y de fortuna? Oh! no 
-geñor, esclamó Martin, no quiero cambiar; 
yo prefiero mis piernas á vuestras mul^- 
^as 5 y mas quiero comer pan seco y coi|- 
rer' cuando quiera , que no comer^ cosas 
delicadas y me lleven en andas como uria 
imagen. No señor, de ningún modo. 

Tienes razón , replicó el joven estro- 
peado ; mas como yo procuro aliviar nú 
ilesgracia mitigando la de los demás en 
cuanto me es posible , tampoco quiero que 
fea yas consentido ea mejorar de fortuna sia 



(45) 

darte al mismo tiempo alguna cosa para 
que comas algo mejor que ese pan moreno, 
y al decir esto puso algunas monedas de 
plata en la mano de Martm, Muchas gra- 
cias señor mió, muchísimas gracias, pero 
yo voy á hacer otro uso de vuestro diñe-*, 
ro. Con el voy á principiar á comerciar, y 
á fuerza de trabajo conseguiré aumentarle 
y establecer una tienda muy surtida ; ya 
que no quepan en ella los géneros, toma- 
ré un gran almacén, y como mis negó* 
cios han de ir siempre á mejor , seré un 
comerciante riquísimo, y luego un ban* 
quero muy poderoso , y luego..» 

Y luego ministro de Hacienda; inter- 
rumpió el señorito. Yo no sé que es eso 
de ministro de Hacienda , mas no habrá 
inconveniente. Bien hecho, dijo el ayo; 
cada uno en su carrera debe elevarse al 
mas alto grado posible. 

El señorito subió como pudo á su co- 
che , y Martin habiéndose despedido , y 
creyéndose ya hombre poderoso, se fue 
saltando y brincando , felicitándose de te- 
ner tan buenas piernas. 

Concluid aqui amiguitos míos, que un 
pobre que goza salud y puede correr, go- 
za de una felicidad mas verdadera que un 



rico enfermo y que no puede hacer usa dé 
sus miembros. La salud es el primero d§. 
los bienes , y por tanto debéis poner el ma- 
yor estudio en conservarla , pues ya habéis^ 
Visto que Id salud vale mas que las ri^ 
i^uezas. 




(47) 
LOS PERROS CELEBRES. 



Entre tof^os lo$ animales el perro es 
ciertamente el que poseeaieiores cualidades, 
las que resaltan tanto mas que rara vez sf 
ven oscurecidas por algún defecto. 

El perro tiene sobre todo una adhesloa 
y fidelidad que pueden citarse por mode-n 
li) 5 y que ofrecen muy pocos egem píos aun 
entre los mismos hombres. Siempre igual, 
asi en la buena como en Ja mala fortuna, 
ni aquella le atrae servütilente, ni esta le 
aparta. Después de haber disfrutado Ias pla- 
ceres y manjares delicados de la opulencia, 
se condena sin murmurar á las fatigas y al 
negro pan de la miseria ; es el liltimo ami- 
go que nos queda que no nos abandona has- ^ 
ta el borde del sepulcro^ adonde también 
ie suele conducir el pesar de una eterna se- 
paración. 

Desde vuestra tierna infancia, amlguip 
tos míos, el perro es el primer compañero 
de vuestros juegos en el jardin ó sobre la al- 
fombra de la sala, se presta á todos vues^ 
tros deseos y á todos vuestros caprichos; os 
ofrece su espalda para tomar vuestra pri* 



(48) 

mera lección de equitación; abandona en 
vuestras manos su cola sedosa y íus largas 
orejas , y cuando sé las tiráis demasiado no 
grane por miedo de asustaros. Podria muy 
bien encaparse, mas se está quieto porque 
adivina vuestra debilidad y el placer que 
os causa , y poi^que obedece á su naturale-^ 
za que es toda de sufrimiento y sumisiQn; 
; Guando mayórcitos no siempre sois agí a- 
decidos á estos pobres animales que han si- 
do tan buenos para con vosotros. Los mal* 
tratáis y golpeáis sin motivo^ y es preciso 
que sean muy lindos para que los tengáis 
á vuestro lado. Infeliz del que no tenga la 
tall$ airosa del perro de aguas ó las platea-* 
das sedas del faldero^ y sin embargo todos 
los perros de cualquiera especie que sean, 
merecen vuestra piedad y consideración* 
Aquel perrazo que os hace gritar ¡qué feO 
es ! lleva arrastrando todo el dia el carre- 
toncillo que su amo le ha puesto , y por lá 
noche defiende su casa de ladrones y mal 
intencionados, y aquel otro perro viejo y 
sucio que ahuyentáis al pasar con vuestra 
bastón, es el vínico sosten y apoyo de ua 
pobre ciego, implora por él la conmisera* 
cion pública, y le guia por las calles pató 
impedir que le atropellen los coches. 



(49) 

Porque el perro aguanta asi vuestros 
malos tratamientos no creáis que sea cobar- 
de; al contrario, es un animal muy valien- 
te pero que sabe los límites de sus fuerzas, 
y solo las emplea en las grandes ocasiones 
y sobre todo para defender á su amo. No 
creáis tampoco que sea por embrutecimien»; 
to; al contrario, el perro llene mucha inte- 
ligencia y aun malicia ; escuchad un egem- 
pío que se me ocurre ahora. 

Una seilora tenia un perro que habla 
criado y estimaba mucho; él por su parte 
correspondia al amor de su señora. Sucedió 
pues, que regalaron á ésta otro perrito, y 
sea que el recien venido fuese mas agrada- 
ble, sea el atractivo de la novedad, las ca- 
ricias se reservaron á él todas, y el perro 
antiguo quedó enteramente abandonado. El 
pobre animal se apesadumbró de modo que 
iba perdiendo terreno cada dia hasta que 
im amigo de la dama que iba á salir para 
Bretaña le pidió que se le diese y lo llevó 
consigo. Lejos del objeto de su envidia y 
con las caricias de su nuevo amo el pefro 
recobró prontamente la saluda Mucho tiem- 
po después la señora vino á [)asar algunos 
meses á Bretaña, y al ver á su perro se rer 
novó su ternura y pidió á su amigo que se 

4 



(Se) 

líe volviese, á lo que accedió con repugnan- 
cia. El dia de la partida la dama se quedó 
sorprendida al ver que el perro cojeaba ma- 
cho y que no podía andar un paso sin dar 
tlri quejido. Por raas que le exarainaba las 
patas no le enconirabaí nada, pero no se 
atrevió á llevársele viéndole en tal estado. 
Apenas babia salido cuando el perro cura- 
do como por encanto vino á saltar y ladrar 
al rededor de su amo muy regocijado por 
el buen éxito de sit astucia* 

El perro está dotado de un instinto 
de fidelidad que ni el tiempo ni la ausencia 
pueden destruir; la antigüedad nos ofrece 
un egemplo muy notable^ Cuando Ulises 
volvió á su patria después de veinte años de 
ausencia nadie le reconoció. La noticia que 
se había esparcido de su muerte, y mas que 
todo las mudanzas que habian producido en 
él las pesadumbres y el tiempo, espliean su* 
ficientemente la poca impresión que produ* 
jeron sus facciones aun en sus mas fieles 
servidores. Su perro solo consumido por la 
edad y las enfermedades conoció á su anti- 
guo amo. Se fue arrastrando hasta él ma* 
nifestaado su alegria y murió de la que tu- 
vo por volverle á ver. 

A todas estas cualidades el perro añade 



(5.) 

Otra no menos recomendable y es el amor 
á sus hijos. Un joven queriendo hacer Ja 
prueba^ cojió los siete perrillos de sn per- 
ra y los llevó á una legua de alli. El pobre 
animal fue á buscarlos, mas como no po- 
dia traer mas que uno cada vez, tuvo que 
hacer siete veces el viaje y andar catorce 
leguas ^ fatigándose tanto que murió al dia 
siguiente. 

Algunos pueblos de la antigüedad te- 
man al perro en tanta estimación, que le 
hablan dedicado una especie de culto. I^os 
Egipcios le adoraban con el nombre de 
Jnubis y los griegos le han colocado en el 
cielo en el número de las constelaciones, le 
dan el nombre de can. Sócrates , uno de 
los siete sabios de Grecia juraba por el perro 
considerando á este animal como símbolo de 
la franqueza y fidelidad. 

Un negociante de Corinto tuvo que sa- 
lir repentinamente para Salamina isla si- 
tuada cerca de Atenas con una comisión de 
los magistrados de su ciudad. Antes de sa- 
lir encerró cuidadosamente en su cuarto á 
un perro que acostumbraba llevar consigo 
á todos los viages. Melamphites, que asi se 
llamaba el perro según nos dice la historia, 
sorprendido de que su amo le dtjise solo 



(5.) 

por tanto tiempo, y sospechanclo alguna 
cosa esiraordinaria, salta por una ventana, 
busca á su amo por toda la ciudad , y no 
encontrándole en los sitios que solía visitar^ 
se dirige al puerto donde muthas veces se 
habia embarcado con el. El navio que con* 
duela á su amo, favorecido por el viento 
ya no parecia mas que un punto negro en- 
niedio del profundo piélago. El perro guia* 
do por un instinto sobrenatural y un cierto 
presentimiento, se arroja al agua y nadacoii 
todas sus fuerzas hacia el navio que se di- 
visaba á lo lejos. Un terrible huracán oscu- 
reció el horizonte y conmovía las olas que 
con sus alternadvas, subidas y bajadas pa- 
recia quería sumergir á cada instante al po- 
bre nadador que continuó su ruta peligro- 
sa hasta llegar á vista del navio. 

La calma se había restablecido , y el 
amo de Melanphites que estaba sobre el 
puente vio de pronto á su perro fiel que 
hacia los mayores esfuerzos para llegar á 
donde el estaba. Vivamente conmovido su- 
plicó al piloto que diese tiempo aun gru- 
mete para bajar y ayudar al perro á subir, 
mas como se negase á ello, Melanphites tu- 
vo que ir siguiendo el navio. 

Al fin llegaron á desembarcar , mas el 



(53) 

griego no distinguía á su perro ^ hasta que 
pasado algún tiea)|)0 le vio venir, pero tan 
fatigado, que solo algunos momentos se ma- 
nifestaba en la superíirje del agua. Llegó sin 
embargo á tomar tierra, y tendiéndose á 
los pies de su amo, espiró después de ha- 
bérselos lamido , dichoso por haber conser- 
vado sujs fuerza5 para venir á exalar el úl- 
timo suspiro á los pies de su dueño. 

Vosotros, niños mios, habréis formado 
muy mala opinión del piloto , que por no 
querer parar un instante el navio causó la 
muerte de Melanphites. El griego también 
le hizo fuertes reconvenciones , tanto mas 
que le habia prometido una rica recom- 
pensa. Mas aquel hombre era responsable 
de su embarcación , y por un perro no 
pocha es ponerse á las consecuencias de la 
tardanza; cumplió con su deber , y el grie- 
go á pesar de la pérdida que esperlmenta- 
ba hizo mal en encolerizarse. 

Alejandro el grande rey de Macedonia. 
hizo edificar en honor de su perro la villa 
de Pebite con templos; de este modo riti'^ 
dio homenaje á la bravura de aquel ani-^ 
mal, que un dia en su presencia luchó con 
tin elefante, uniendo el valor á la astucia 
cansó á su enemigo , y tanto que éste bu- 



millado de no poder rendirle siendo tan 
débil adversario , se dejó caer al suelo y 
murió en seguida. 

Los celtas llevaban al ejército batallo- 
nes de perros que habían enseñado al com- 
bate y que les servían de vanguardia. Iban 
armados de collares con puntas de hierro, 
y cubiertos con corazas y láminas de acero. 
Se dejaban matar hasta el último antes de 
retroceder un paso, y mas de una vez de* 
cidieron de la vitoria. 

Muchos perros se han hecho célebres 
por su valor, fidelidad ó raro instinto. La 
historia que hace mención de todo Jo que 
sale del circulo común, nos ha conserva- 
do estos rasgos que tendremos ocasión de 
manifestar en el curso de este periódico. 




(55) 

ARTICULO PRIMEBO^ 



Orandum est ul «it mens sanus ¡n corpore sano. 
Es menester pedir dice Juvenal, un buen 
.espíritu en un cuerpo sano. 

De aquí provienen c!os partes en la edii* 
caclon de las cuales pna tiene el alma y la 
otra el cuerpo por objeto. La que pertenece 
á el alma es ia parte inoral que trata de la 
cultura y deaarollo de las cualidades que en 
la sociedad distinguen al iser sensible, do- 
tado de razón y exento de las preoc vi pacio- 
nes y preyenciones de la ignorancia. Como 
esta parte tierie ya consagrados en la flíi-^ 
jiewcL una serie de artículos en los que se 
indican los medios que pueden contribuir 
á ensanchar el círculo de nuestros pensa- 
niientos y de nuestros conocimientos^ enno- 
bleciendo nuestras pasiones, ahora vamos á 
ocuparnos de las facultades del cuerpo ó 
educación física que es también muy inte- 
resante, pues si no se disfruta salud, mal 
se podrá raciocinar y filosofar. Así se del>e 
pedir y procurar, elevar nuestro espíritu al 
mas alto grado dejc^pacickd y de bondad. 



(56) 

y mantener nuestro cuerpo con todo el vi- 
gor de la salud y de la fuerza. 

Hace ya mucho tiempo que se ha dicho, 
y se dirá aun después de nosotros, que el 
arco no puede siempre estar tendido. Es pre- 
ciso desahogo á la juventud; aun mas, es 
precisa la alegria, este don precioi^o del 
rielo que debe siempre acompañarnos, tanto 
en los estudios, como en las diversiones. To- 
do el arte de los maestros consiste en hacer 
encontrar atractivo á los jóvenes en todos 
los ejercicios que pueden darles agilidad, vi- 
gor y destreza; mas antes de hablar de los 
ejercicios necesarios al desarollo de las fa- 
cultades y gracias del cuerpo, hablemos 
ima palabra de los medios de adquirir y 
fortificar la salud principiando por estable- 
cer la siguiente comparación. 

Comparación entre un niño criado en el 
campo^ y otro criado en una población. 

Ved este lindo jovencito de ^:an distin- 
guidos modales y gentil ademan. Ved sus 
finas y agradables facciones y su lenguaje 
eeductor; mas la palidez reina en su rostro 
interesante; sus miembros son débiles y de- 
licados; todo en él manifiesta la molicie y 



(5?) 

811 poco valor: nn poco de movimiento le 
fatiga, un paseo un poco distante le alarma 
ly le escede; el alimento tomado fuera de las 
horas señaladas le causa indigestiones; el 
sol le quema, el menor movimiento le in- 
comoda, la mas ligera niebla le resfria, la 
lluvia le pone enfermo , la oscuridad le 
.aterra y el mas mínimo objeto por la noche 
le hace temblar como un azogado, todo lo 
que exige un poco de espíritu y resolución 
le hace llorar; y concluye por sucumbir 
sin saberse servir ni aun de sus pies y 
manos. 

- A el lado de este niño de distinguido 
«¿acimiento, ved á este otro palurdo de la 
misma edad, mantenido y ejercitado en la 
-pobreza. Su conversación y sus respuestas 
como todas las gentes del campo, no son 
ni estudiadas ni elocuentes, pero llenas de 
sentido y siempre lacónicas; vedle empren- 
der unos trabajos penosos que harian pere- 
cer al niño criado en la ciudad; vedle llevar 
fardos, correr descalzo sin pensar en ello, 
arrojarle al agua á todas las horas del dia, 
trepar por las montañas y aun por los ár- 
boles, montar en los mas corpulentos ani- 
males que conduce y lleva donde quiere, 
vedle correr por ios bosques, divertirse; 



(58) 

reír y cantar nieciio desnudo ya en los ar- 
dores de la canícula, ya sobre la nieve y hie- 
lo; comer á todas horas lo que le viene á la 
mano y dormir sobre la paja ó el duro sue- 
lo, caminar lo mismo de noche que de dia, 
y hacer envidiar su salud y su vigor á los 
niños criados en el lujo y la riqueza. 

A fin de criar á los niños de la ciudad, 
tan robustos como los del campo que aca- 
bamos de pintar, seria preciso criarlos siem- 
pre al aire y con la cabeza descubierta. 
4< Ten la cabeza fresca , el vientre libre y 
los pies calientes y riéte de los médicos ^^ : 
tal era la inscripción que se ieia según di- 
cen en el frontispicio de un libro hallado 
en casa de Boerhaave después de su muerte, 
pero el libro estaba en blanco desde Ja pri- 
mera hoja hasta la última. Que este hecho 
sea verdadero ó no, lo cierto es que para 
preparar una buena constitución á los jóve- 
nes es preciso acostumbrarlos indiferente- 
mente á toda clase de aumentos, sustancias 
animales y vegetales, y renunciar absoluta- 
mente á las confituras y licores. Nada des* 
truye tanto la salud como las salsas irritan- 
tes y el café, té y otras cosas de este género. 
Es menester acostumbrar á la juventud á 
todas las variaciones del clima, á lavarse 



(59) 

en agua fria todos los días si se puede cómo- 
damente, pues contribuye mucho á la lim- 
pieza y al aumento de las fuerzas. El movi- 

-miento es necesario á toda edad, pero mas 
particularmente á la juventud que es cuan- 
do la sangre está mas agitada y corre con 
mas rapidez. Es preciso habituarla al vien- 
to, á la lluvia, á la nieve y al hielo, mas no 
á la tempestad, y es aun mas importante ha- 
cerles esperimentar gradualmente el frió 
roas intenso en el invierno y la calor mas 
ardiente en el verano. Nunca el calor y e? 
frió deben impedir los juegos, los paseos y 

fias carreras. En fin, es una sabia precaución 
irlos endureciendo poco á poco para lo que 
puedan esperimentar algún dia. 
(Se continuará. J 




(6o) 



Pedro Baenaventura Metastasio , na- 
ció en Roma el 3 de enero de 1658. Hijo 
de un pobre artesano llamado Trapassi, tuvo 
por padrino al cardenal Pedro Octoboni que 
le dio su nombre. A los diez años su talento 
poético se manifestaba ya por sorprendentes 
improvisaciones. Un dia que una multitud 
de curiosos le estaba escuchando en el cam- 
po de Marte, el célebre jurisconsulto Gra- 
dina se acercó, y admirado de lo que escu- 
chaba, después de elogiar al poeta le ofreció 
una moneda de oro. Viendo que rehusaba 
tomarla fue á buscar á su padre, y obtuvo 
de él que le confiase la educación de su hi- 
jo. El joven poeta cambió su nombre de 
Trapassi por el de Metastasio y tomó el tí- 
tulo de abate según el uso romano. A los 
catorce años, Metastasio compuso su Jiihúno 
y tradujo la Riada en versos italianos, Gra- 
vina quiso que á la cultura de las letras 
añadiese el estudio de la jurisprudencia, y 
Metastasio ya se ocupaba en él á pesar suyo, 
cuando Gravina murió de repente, deján- 
dole la mayor parte de sus bienes. Metasta- 
sio á los veinte años se vio dueño de un 



(6.) 

caudal considerable, y á pesar de lo sensible 
que le fue la muerte de su protector, á los 
dos años tenia mas acreedores que amigos. 
Tomó la resolución de salir de Roma para 
Ñapóles donde compuso la célebre Dido 
abandonada^ cuyo buen éxito le puso en 
estado de pagar á sus acreedores y de volver 
á Roma. Como el emperador Carlos VI Je 
ofreciese el título de poeta Césares, Metasta- 
.sio antes de adoptar una nueva Patria ase- 
guró un asilo á su anciano padre, una dote 
á cada una de sus hermanas, y ayudó coa 
sus bienes á su hermano menor abogado en 
'Koma. Metastasio tenia en su biblioteca mas 
de cuarenta ediciones de sus obras publica-^ 
das en diversas épocas, mas la edición de 
Paris es la que él llamaba gloria y corona de 
su vejez. El emperador le ofreció los títulos 
de barón y consejero áulico, mas respondió 
que su título mas honorífico era el de poeta 
de su magesíad. A la emperatriz que le ofre- 
cia la cruz de san Esteban , contestó que no 
tenia tiempo para cumplir las obligaciones 
de caballero. Al papa Clemente XIV que 
queria coronarle, lé repondió que era muy 
viejo para subir al Capitolio, Metastasio 
que toda su vida habia cnmplido los pre- 
ceptos de la religión, consagró á Dios las úl* 



M 

timas centellas de su genio poético , y trazó 
con desfallecida mano aquellos versos que 
empiezan Eterno Genitor llenos de unción 
edificante. Metastasio murió en 178a á la 
edad de ochenta y cuatro años y tres meses. 
Su aspecto era imponente^ sus ojos negros 
tenían una espresion particular, y su esta- 
tura era alta y proporcionada. La fortuna 
se habia complacido en colmarle de sus do- 
nes, y dejó una sucesión considerable. Las 
obras poéticas de Metastasio constan de se- 
senta y tres tragedias líricas y óperas de di- 
versos géneros, doce oratorios, cuarenta y 
ocho cantatas, una multitud innumerable^de 
elegías, idilios, canzonetas, sonetos, y en fin 
traducciones eo verso de autores latinos. 




(63) 

^tst0ria Itaturrtl. 

^» DIALOGO PRIMERO* 

XAS HORMIGAS- 

Isabel: diga Y. mamá ¿quién ha hecho 
todos estos íUontoncitos de arena que vemos 
conforme nos vamos paseando? 

La madre t Han sido construidos por 
esos animalitos que veis correr por todo el 
campo. Las laboriosas hormigas han cons- 
truido esos montoncitos para hacer sus hor- 
migueros. Mirad aquí : ¿no veis muchos agu^ 
jeritos? pues bien, si pudiéramos ver lo que 
hay interiormente, venamos una gran ciudad. 

Eugenia: ¿Una ciudad mamá? vaya no 
se burle V. de nosotras. 

La madre: No hija mia , hablo de veras 
y os aseguro que lo que digo es muy cierto. 
Las hormigas socavando la tierra van for- 
mando esas ciudades que veis , y para que 
la tierra no se caiga y obstruya las calles 
que van formando, traen pedacitos de ma- 
dera, de musgo ó yerba seca, y construyen 
como un techo; consolidan la tierra y for- 
man declive para que el agua no quede de- 
tenida* 



Isabel: 'Yo creo muy bien que harán 
todo esto, y mucho mas puesto que V. lo 
dice. Mire V. aquí una hormiga que lleva 
una mosca muerta en la boca, y allí van 
otras con granos arrastrando. 

La madre: A veces llevan cosas muy 
pesadas para ellas, y son infatigables en sus 
tareaSi Dividen su ciudad en diferentes cuar- 
teles: tienen almacenes en los que encierran 
toda clase de provisiones, teniendo buen cui- 
dado de roer los granos para que no nazcan^ 
y egecutan todas sus labores con estremo 
cuidado y regularidad , acompañada de una 
mutua armonía, pues se ayudan unas á 
otras en todas sus necesidades. 

y Eugenia: Es posible mamá que unos 
animal itos tan pequeñitos sean capaces de 

todo esto? 

La madre: No por ser pequeñitos son 
despreciables, todo al contrario, en su es-^ 
pecie son tan perfectos como tu lo eres en 
la tuva. Tiene patas para andar con suma 
celeridad, y manos y garfios para sujetar su 
presa , ojos para ver los objetos que están á 
su alcance, un tacto delicado para alejarse 
de los cuerpos que pudieran dañarle, ór- 
ganos de la resj)¡racion y de la digestión ^ 
arterias en las que corre un licor que hace 



(65) 

ks veces cfie la sangre qué corre en nuestras* 
venas, y una carpintería huesosa con los 
nervios que la mueven sostienen este deli- 
cado y admirable edificio. Esta estructura 
maravillosa que se descubre en el insecto 
mas despreciable al parecer; nos muestra vi- 
siblemente la sabiduría de Dios que los crió. 

Isabel: ¡Oh! Dios es muy bueno; yo 
quiero darle las gracias todos los dias pues 
no ha hecho nada inútlL ¿Mas no es tam- 
bién Dios el que ha hecho estas feas orugas 
que se comen las hojas de los árboles? Vea V. 
aquí una que me ha caido en la cara. 

Za madre: De esas orugas salen luego 
aquellas bonitas mariposas, tras de las cua-» 
les vosotras corréis con tanto ahinco. 

Isabel: Pues cómo es esto ¿acaso hay 
una mariposa en cada oruga? 

Za madre: Sí hija mia, está encerrada 
como tus tijeras en su estuche. Yo no pue^ 
do esplicarte esto ahora, mas ya te lo haré 
ver algim dia. 

Eugenia: ¿Mire V. allí un pájaro que 
lleva una oruga? 

Za madre: Es para dar de comer á sus 
hijos. Sin los insectos, las aves no tendrían 
que dar á comer á sus hijitos cuando aun 
no hay granos ni frutos maduros. 

S 



(^6) 

Isabel: Los pájaros no sirven de nada, 
puesto que no se les puede coger. Ese que 
es tan bonito si yo le pudiera echar la ma- 
no, no le haria daño ninguno, antes al con* 
trario le pondría en una bonita jaula y le 
cuidaría como á mí gílguero. 

La madre: ¿Qué dirías tu si te quitar 
sen de mi lado para criarte en una casa muy 
bonita? ¿Y por qué has de causar tú á la 
madre de un pajarito la pesadumbre que no 
querrías causar á la tuya propia? 

Isabel: ¡Ah! Dios es muy bueno pues 
cuida de los pajaritos, de las orugas y de 
las hormigas, yo me alegraría mucho de 
conocer á Dios, 

Za madi e : Puedes conocerle , haciendo 
bien á su ejemplo. Abstente de hacer daño 
á los animales en ninguna ocasión. No ha- 
cer daño á los animales es el primer ejer- 
cicio para hacer bien á los hombres. 

Isabel: No mamá, no les haré daño 
ninguno, todo al contrario, les voy á echar 
unos granitos de trigo para divertirme en ver 
como los recogen y lo llevan á sus almacenes. 

Eugenia: Mira, mira, como acuden 
todas á porfía, no parece sino que unas á 
otras se dan algún aviso cuando tienen que 
hacer algún avance. 



(«7), 

La madre \ Felices vosotras y felices to- 
dos aquellos que como las hormigas traban 
jan el verano para encontrar en el invierno,* 
y'que emplean la juventud de modo que 
puedan descansar en la vejez, esta edad 
que careciendo de fuerzas puede ser aflif 
gida de muchas enfermedade? y encontrar 
muchas espinas en el borde del sepulcro. 




Continúa la Biografía de los ciegos cele'» 
bres en las ciencias. 

Weissemhourg de Manheim^ quedó 
láego á la edad de siete años; escribía y 
leia perfectamente con caracteres que in- 
ventó él mismo sin haberlos visto nunca< 
Era escelente geógrafo, y compuso mapas 
y globos que le servian para su estudia 
de geografía; inventó también una tabla 
aritmética, que difiere en poco de la de 
Saunderson. ( i ) 

El ciego de Puzeaux se ha hecho co- 
nocer demasiado, y por lo mismo no cree- 
mos necesario entrar en muchos detalles 
respecto á él. No hay persona que, habien- 
do leido las cartas dé Diderot sobre los 
ciegos, no sepa cual era la sabiduría de 
este homtre estraordinario; era hijo de un 
profesor de filosofía de la universidad de 
París, y habia seguido con bastante apro- 
vechaniiento los cursos de química y bo- 
tánica en el real jardin. Después de haber 
disipado una parte de su fortuna, se reti- 



( I ) Diario de JParís , íibr U i ^84, 



Í69) 

ró á PuisseauXj pequeña ciudad del GatW 
inaiK, donde estableció una fábrica de liJ^ 
cores que venia él mismo á vender á Pa- 
rís. Era original en todo lo que hacia: su 
costumbre era dormir durante el d¡a 
levantarse al anochecer; trabajaba toda la 
noche, porque según él decia, de este mo- 
do liadie le incomodaba. Su muger todo 
lo encontraba perfectamente dispuesto 
cuando se levantaba; hablaba muy juicio-*- 
samente/de las cualidades y de los defec-^ 
tos del órgano, que le faltaba,. y respoii^ 
<lia con mucha precisión á las preguntas 
que se le hacían, interrogado sobre la idea 
que se formaba de un espejo , dijo : ^- es 
una máquina que pone las cosas en relieve 
lejos de ellas mismas; si estas se eijcuen-^ 
tran colocadas convenientemente con re- 
lación á ella. Es como mi mano que no 
necesito ponerla al lado de un objeto para 
sentirlo," Hizo á Diderot cuando fue á vi*- 
sitarle á Puisseaux, dos preguntas bastan- 
te estrañas sobre la transparencia del \\r- 
drio y los colores &cc. Le preguntó igual- 
mente si solo eran los naturalistas los qucj 
velan con el microscopio, y si los astróno^ 
mos eran los únicos que velan con el te^ 
Icscopioj si la máquina que aumenta los 



Í7o) 

Íbjetoá era mayor que la que los repite , y 
lila que los acerca era mas corta que la 
que los aleja. Creía que los astrónomos te- 
nían los ojos de otra forma que los demás 
^ll^ombres , y que nadie podria dedicarse á 
tal ó tal ciencia , sin tener unos ojos dis- 
puestos especialmente para ello. Conserva- 
ba en grado admirable la memoria de los 
sonidos , y reconocia por la voz á personas 
que no habia óido mas que una vez. Po^ 
d ¡a decir si se hallaba en una sala grande 
ó pequeña , en una espaciosa calle ó en un 
callejón sin salida. Juzgaba de la proximi- 
dad del fuego por los grados de calor, y 
€onoeia si , las vasijas estaban mas ó menos 
llenas por el miólo que hace ellíquido al 
pasarla de unas á otras. La acción del aire 
en su rostro, le hacia conocer la proximi^ 
dad de los objetos. En el colegio de los 
Quince-veintes habia un ciego llamado Le- 
vé con un oido tan fino que al volver á su 
casa notaba si habian movido algunos mue- 
bles de su sitio ordinario. Preguntándole 
un dia al ciego de Puiseaux si se alegrarla 
de tener vista, respondió.-- ^^Mas me ale- 
grara de tener brazos muy largos, que me 
Instruirían mejor de lo que pasa en la luna 
que vuestros ojos y telescopios. Puesto que 



(7 O 

antes cesan los ojos de ver que las manos 
de tocar, vale mas perfeccionar el órgano 
que tengo que no concederme el que mé 
falta. 

Se servia de caracteres en relieve para 
enseñar á leer á su lujo, que nunca tu\|) 
otro maestro que él. 

Fácil me hubiera sido aumentar la mi- 
ineraclon de los ciegos célebres en las cien- 
cias con la lista de Iob otros muchos que 
fueron eii épocas mas ó menos avanzadas 
de su vida, muy notables también por los 
grandes talentos que adquirieron después 
de su ceguera; pero no quiero fatigar á 
mis lectores esponiéndome á repeticiones 
que me serian inevitables ^ por lo que me 
Timltaré terminando esta noticia biográfica 
á indicar muy sucintamente los mas distin- 
guidos dejando á los curiosos que deseen 
detalles mas circunstanciados que consul- 
ten las obras del padre Zahn ( i) y do 
Trinckhusius [2) que han tratado por es- 
ten so esta interesante materia,. 

(1) Oculiis artifieblis seu speculse phisico-ma- 
themátíco hisrorise^ Joanne Zahn^ sacri ^t candídi 
ordinis prsemonstatensis. 

(2) Trinckhusius. Dissertatiunculam de caecís 
sapientia et erudiiione ciaris &c, TeiicJe iñ 4 ijj^a. 



No hay persona de mediana instruc- 
ción qne no conozca las poesías de¡ Ossian 
fcardo ó druida escocés del siglo III hijo 
de Fingál. Que habiéndose quedado ciego 
este guerrero se retiró del servicio para 
^ntar los hechos ilustres de sus compañe- 
ros de armas y mas particularmente las de 
6U hijo Osear , muerto á traición. Malvina 
viuda de Osear aprendió de memoria Jos 
versos de Ossian, y los transmitió á los 
otros sacerdotes bardos, y de este modo es 
cómo por una tradición de mil cuatrocien- 
tos años, se han conservado fielmente es- 
tas poesías en Escocia , hasta que las reunió 
é hizo imprimir, Mr. Macoherson cuya ad- 
quision logró en su viage al norte de Esco* 
cia é islas vecinas, imprimiéndolas en in- 
glesen 1765. Dos volúmenes en folio, y de 
donde las tradujo después al francés Mr. 
Torneur en 17779 dos volúmenes en octa- 
vo con notas. 

Ambrosio Calepino religioso agustino, 
nació en Calepio pueblo de Italia en los 
estados de Venecia de donde tomó su nom- 
bre; se hizo célebre por el famoso diccio- 
nario de las lenguas que conserva el mis- 
mo título, impreso por primera vez en 
i5c3, y que podemos considerar como el 



'(73) 

moclelo de les demás diccionarios qne éte 
han publicado después murió ciego 
en i5io. V 

Jna Marquéis religiosa dominica de 
Poissy , conocia las dos lenguas griega y lac- 
tina y componia muy buenos versos; ha 
hecho igualmente muchos sonetos y lemas 
según el gusto de aquel tiempo, y una co^ 
lecion de poesía3 piadosas^ traducciones 6cc» 
Fue tan laboriosa que no dejó de trabajar 
Jiasta su muerte acaecida en i588 al cabo 
de muchos años de ciega. 

Daúd JBlondel nació en Chalons sobre 
Marne en iS^i ^ fue ministro protestante 
len 1614 y profesor de historia en Amster- 
dam en i65o en donde perdió la vista á 
tausa de su estremada aplicación unida á 
la continuada humedad del aire. Murió el 
6 de abril de 1655 á los sesenta y cuatro 
años de edad. Hay pocos sabios que hayan 
sido mas profundos en el conocimiento de las 
lenguas de la teología , de la historia civil 
y eclesiástica. Su memoria era tan prodi-f 
giosa que ningún hecho ni fecha se le es- 
capaba. Blondel fue un escelente crítico pe- 
ro sus escritos eran demasiado confusos. 
Entre las muchas obras de suma utilidad 
que nos dejó p tenemos su respuesta contra; 



y74) 

Cbiflet que escribió sobre la ley Sálica^, ti- 
tulada Asertio Gónealogm Irancice í6ó¿ 
en folio ^ una de las mas apreciables y qué 
la escribió cinco años después de baber 
perdido la vista, 

Antonio Esteban^ e\ iiltlmo de una 
familia muy célebre en la Topografía yestu- 
To ciego una gran parte de su vida, y sin 
embargo , continuó con tanta gloria como 
gus antepasados el egercicio de su profesión. 
Acosado por las crueles persecuciones que 
sufrió por baber abrazado la doctrina dé 
Lutero se vio reducido á ¡a «mayor miseria 
en la que murió ya de una edad abanza-^ 
da en el hospital de Ja caridad de París 
en 1674. 

Georgio'-Hehrardo Siumphius , íiacló 
lóaj, era dotor de medicina en la univer- 
sidad de Anhault y de la academia de Cu^ 
riosos de la naturaleza y cónsul en Amboi- 
11O5 una de las islas Molucas , en donde se 
estableció y perdió la vista, y aunque nun- 
ca babia recibido ninguna lección de bo- 
tánica antes de su ceguera, tomó tal afición 
y gusto al estudio de aquella ciencia, que 
sin mas ausilio que propias investigacio- 
nes , logró bacerse muy hábil en ella. Sabia 
distinguir perfectamente por el gusto y 



(75) 

por el tacto, la naturaleza y forma de una 
planta de con la otra. Reunió todas las 
plantas que había recogido en sus herbori- 
zaciones y formó un hervario dividido en 
doce libros que dedicó en 1690 al consejó 
déla compañía de las Indias. Esta colec- 
ción se publicó con un suplemento á be- 
neficio de los cuidados de J. Burman, eú 
^eis volum. en fol. con el título de Heri^a^ 
Tium JimbóincnsQ^ también nos dejó Ima'^ 
'^ines pisciumtestaccoram Leiden i7ii cñ 
foL Por último, este ilustre ciego habla 
compuesto también una fisiona política 
de Aríiboino^ que no llegó á imprimirse y 
de la que se conservan dos egémplares ma- 
nuscritos , uno que está en esta isla del 
Asia y el otro en el archivo de la Compa- 
ñía de Indias de Amsterdam. 

Matías Guillermo Lou^rés^ nació en 
Lieja en i665 adquirió conocimientos muy 
profundos en el derecho civil y canónico, lo 
que unido á su probidad y talento , le dio 
mucha reputación. Habiendo sabido Fene- 
lon en el único proceso que tuvo que de- 
fender en su vida, que Louvres defendía 
la causa de su adversario 5 quiso leer su 
memoria, y penetrado de la justicia que 
arrojaban las pruebas dadas por el abogado 



(76) 

áesistió desde luego de sus pretensiones y 
envió á Louvres la eoleccion de sus obras, 
acompañadas de una carta en la que se ma- 
nifestaba las mayores demostraciones de es» 
timacion, suplicándole ademas la conserva- 
se siempre en su amistad- Su memoria era 
la mas infalible que puede verse: no sola-^ 
mente conocia los libros de una biblioteca 
(aunque fuese grande), áiino que desigua- 
laba muchas veces el lugar del pasage que 
tuviese necesidad de consultar. Dictaba 
aunque ciego, con mucha facilidad ,^^ y rara 
vez enmendaba sus escritos. Murió <en Lie-?- 
ja en i3 de setiembre de 1784 Se conser-^ 
van un gran numero de disertaciones y 
Comentarlos suyos sobre la jurisprudencia 
eclesiástica; que se imprimieron en Lieja 
durante su vida* 

Antonio Feliciano Castillo^ ciego de la 
edad de seis años. Este joven favoreci- 
do de las musas; publicó á la edad de 
quince años una epicedia sobre la muerte 
de la reina María I,* y á los diez y ocho un 
poema en tres cantos, bajo el título de A. 
Aamazao del rey don Joáo VI. Sus heroi- 
das impresos en Coimbra 1820, con el tí- 
tulo de cartas, Eco é Narcizo, están llenas 
(de numen y de sentimiento p y son tanto 



(7?) 

mas apreciadas de sus compatriotas, cuan- 
to que se prestan nueva vida á la literatura 
portuguesa en este género. 

Leonardo Eider , nació en Basllea 
en 1707. fue un hábil matemático, y des- 
de su mas tierna juventud se vio favoreci- 
do constantemente con la amistad de J. 
Bornouille. Sus adelantamientos en el es- 
tudio de las lenguas orientales y de la fi-* 
losofía, le hicieron llamar á S. Peterburgo 
donde desempeñó las cátedras de física y de 
matemáticas. Inventó el cálculo de los se^ 
nos, perfeccionó el integral, y dio una nue- 
va ilustración á todas las partes de las ma- 
temáticas. En 1741 f^^e á Berlín ,, época 
en que esta corte estaba muy brillante , y 
en 1766 regresó á Petersburgo donde per- 
dió la vista* Desde esta época hasta la de su 
muerte , acaecida en 17B3, no dejó de tra- 
bajar en la ciencia á que mas inclinación 
tenia , y sus últimas obras no desmerecen 
en nada de las que publicó antes de que- 
darse ciego. 

Sino temiese ofender la modestia de 
otros muchos ciegos que existen en el día, 
me complacería en citar al caballero de 
Pougens que está concluyendo una grande 
obra que contiene las investigaciones mas 



w 

curiosas é Interesantes de la lengua fran-i 
cesa; á Mr, Berard, sáhio ciego autor de 
varias obras de mateitaáticas y últimamen- 
te profesor de física en el Real colegio de 
Brlanzon; á Mr. Isaac Rocques de Montan* 
ban sugeto tanto mas admirable cuanta 
qne se ha formado él mismo y otros mu- 
chos la mayor parte de discípulos del ins- 
tituto de ciegos trabajadores, que asi de 
estos como de los ciegos célebres españoles 
procuraremos dar una verdadera idea á 
nuestros lectores , en los diversos artículos 
concernientes á este ramo de educación. 




(79) 

MoxaL 

Nuevo método de enseñarla. 



En tanto que los moralistas nos digan 
secamente Haced esto , absteneos de aque-^ 
llo^ sin demastrarnos el ínteres que tene- 
mos en tomar un partido mas bien que otro, 
sus preceptos producirán poco fruto, y 
¿por qué? porque el hombre eneueptra 
placer en hacer el mal como en hacer el 
bien, de otro modo se abstendría de una ma- 
la acción. Consiste en que hay cierto atracti- 
vo, cierto interés en el vicio como en la 
virtud. Por la mentira compra su tranqui- 
lidad y espera evitar las reconvenciones 
que tenia merecidas. El que se hace culpa- 
ble de un robo, le mira como un medio fá- 
cil de enriquecerse y satisfacer sus deseos á 
costa de otro. Por eL asesinato el hombre 
quiere llegar al mismo fin ó satisfacer sus 
deseos de venganza. Asi al lado de cada fal* 
ta y de cada crimen hay áiempre un in- 
terés que determina ya sea al mal ya sea 
al bien , esto es lo que nadie puede ne- 
gar, mas lo que importa probar á ios hora 



N 

bres es que la suma de las ventajas que 
resultan de una buena acción es m^yor que 
la que resulta de una mala , y que af la- 
do del mal se halla el castigo que le si- 
gne como la sombra, que una mala^ con- 
ducta acarrea siempre mas desgracias y pe- 
sadumbres que no satisfacciones, de donde 
se infiere que en realidad cada uno está in¿ 
teresado en obrar bien* Este interés nos 
proponemos demostrar pasando revista á 
las principales acciones humanas ; á el la- 
do de cada disposición moral, se espresa- 
rán los motivos que la han hecho erigir eii 
precepto, y este nuevo método de tratar 
esta ciencia , ofrecerá según creemos una 
grande utilidad. Ilustrando á cada uno so- 
bre la determinación que le interesa tomar 
en las diversas circunstancias de la vicia, es^» 
tos motivos serán el mejor comentario de 
las leyes de la moral , y darán á conocer 
su feliz influencia. La intemperancia ser- 
virá de primer egemplo á nuestro método. 

'Be Ui íittftttpmíHdiL 



Este hábito como cualquier otro pro» 
ávLtQ inccntestablemente una mezcla de bie- 



(8.) 

nes y de males ; los efectos que resultan na 
llegan á un mismo tiempo ; los unos se 
csperimentan al instante de la ac ion , los 
otros se sienten mas tarde, y desgracia ,)- 
mente por falta de juicio y de previ^/oa 
se presta mas cuidado á los efectos i naje-» 
diatos que á los uluriores, y asi se aban- 
dona uno á ellos mas fácilmente. 

La iutemperancia , por Jo pronto , va 
acompañada de cierto placer , y produce 
ciertas ventajas; de ctro modo, lo repeti- 
mos^ se evitaría ; satisñice á un deseo exa-^ 
gerado y produce en el hombre una em- 
briaguez momentánea que le hace olvidar^ 
por un instante los {tesares de la vida. Por 
otra parte los gastos que hace para eatis^ 
facer esta intemperancia aprovechan á los 
demás hombres. 

Mas si el racional reñexionase sobre las 
consecuencias de su intemperancia, veria 
que esta debilita las facultades intelectuales 
y morales del que se abandona á ella , que 
altera sus órgarios físicos y le h^ce incapaz 
de ningún trabajo sostenido de alma ó de 
cuerpo. Comprenderia que al misn)0 tiem- 
po que los multiplica , sus necesidades lo 
privan de los medios de satisfacerla^ , qno 
priva^ también á su fuugerj á sus hijos v 4 



(82) 

sus anciano» padres de los recursos de exis- 
tencia y de apoyo que hallaban en él, que 
destruye la confianza que les inspiraba, que 
disminuye su afecto y los hace víctimas de 
su brutalidad, esponiéndolos á perecer de 
miseria ó á entregarse á los vicios mas ver- 
2;onzosos; que perjudica, en fin, no solo á 
si mismo, á su familia, sino también á todos 
los que arrastra con su mal egemplo, y á los 
que hubiera sido útil sino hubiese contraí- 
do semejante vicio. Si compara estos fu- 
nestos efectos con el cortísimo placer que 
le procúrala intemperancia, deberá nece-% 
sariamente abstenerse de ella. 




(83) 

CURSO 

iTf fnstrufíion primaria Ítí las ninas 

ÚTIL A LAS PERSONAS ENCARGADAS 

DE ESTE RAMO DE EDUCACIÓN 



ARTICULO PRIMERO, 

Preceptos generales. 

Quien haya de emprender la difícil ta» 
rea de instruir á las niñas, exaniíneae biea 
ante todas cosas. Sin una vocación particn-» 
lar no se consigue este objeto. Antes de ins- 
truir á los demás es preciso instruirse así 
propio, hay pocos estados que exijan tantos 
conocimientos como el de maestro ó mae^^-t 
tra. La persona que quiera desempeñar 
dignamente estas funciones, debe renun- 
ciar á toda ocupación , y consagrar todos 
sus momentos al cumplimiento de estos 
deberes. 

Una buena maestra, debe ser buena, 
paciente, dulce, indulgente, previsora, 
atenta, amante de las niñas, cuya felicidad 
DO debe perder un punto de vista. Lo pri- 
mero que debe procurar es ganarse su con- 
fianza, su respeto, su estimación, su con-« 
sideración y su afecto. 



Es preciso que su concJucta sea irre- 
prensible que esté exenta de debilidadjes, 
de caprichos, de pequeneces, que sus pa- 
labras sean sencillas , claras, precisas ; sus 
níódales políticos y graciosos , su corítitieil-^ 
te, en fin natural y sin afectación. 

La niña que ama á su maestra , teme 
perder su afecto y está dispuesta á obede- 
cerfa , la que la respeta , es sensible á sus 
reprehensiones y laque la estima teme su 
justicia. 

Con las niñas debe evitarse, escepto et^ 
estreñía necesidad , un trato áspero y de^ 
sabrido, austero ó demasiado imperioso; 
con sus padres debe tenerse mucho mira- 
ipJcnto, sobre iodo en su presencia, por-' 
qne una conducta contraria podria dismi-* 
nuir el respeto que deben tenerles. 

ARTÍCULO %^ 

Del local que debe elegir la maestra. 

La salud de las niñas debe ser el objeto 
principal de los cuidados de la maestra, 
porque el alma se resiente de las dolencias 
del ^.uerpo. La escuela debe situarse en uu 
lugar cómodo, bien ventilado, y sobre to-. 



'(si) 

áo , exento de la humedad* Que esté d¡$*- 
tanto dé aguas estancadas é inmundicias 
que producen exalaciones fétidas é insalu- 
bres, y por consiguiente calenturas y otras 
enfermedades. Si hay patio en el cole^ilo 
rio debe tener escavaciones peligrosas, rii 
pozos descubiertos, asi corno las chimeneas 
de las clases, que deben tener un enrejado 
por delante. 

El jardin debe estar situado agradable- 
mente y con calles, en las que las niñas 
puedan correr y jugar á la sombra de los 
árboles durante el Veráho, lo que es mejor 
que los bosquecillos en los que pueden 
sustraerse á la vigilancia saludable. 

Las clases deben estar en el piso ba;p 
de la casa, pero al abrigo en lo posible de 
las distracciones de la calle y de las mirada» 
de los transeúntes. Para recibir á los foras- 
teros ó á los padres de las niñas , debe haber 
una pieza separada. 

Los dormitorios deben estar en pisó 
principal hacia el medio dia , es posicioii 
que conviene principalmente á las niua^ 
de un temperamento delicado. No se muú 
tipliquen los dormitorios , á ña de que sea 
inas fácil la vigila ti cía, uno ó dos bastan, y 
cada discípula debe tener »u cama , tltíicá 



(86) 

Ser Visitados á diversas horas de la tioche^ 
pues con el tetiior de las visitas no se in-» 
fringirá el orden y la disciplina* 

Evítese todos los privilegios y preferetl- 
cías en el dormitorio ; pero cuídese de po- 
ner lejos de la Ventana ó de nna corriente 
de aire ^ á la discípula qtie esté mas predis- 
puesta á constiparse^ tampoco se deben co- 
locar junto á la claridad de tina ventana las 
que tengan la vista débil. En los dormito- 
rios debe reinar mucha limpies^a y renovar- 
se el aire contínuamentéi, debe haber siem- 
pre una guardia y tener dispuesta agua ca- 
llente para el caso de una súbita indisposi- 
ción* Debe haber lienzo preparado para las 
cortaduras y alkali ó vinagre para disipar 
los desmayos Scc, Todo debe estíir previsto 
en estos establecimientos^ un hábil médico 
debe visitar á las alumnas diariariamente^ 
á fin de prevenir las enfermedades ú ocur- 
rir á ellas desde un principio asi que se 
declaren. La maestra no debe dormir en los 
dormitorios para que con esta familiaridad 
las discípulas no la pierdan el respeto que 
la deben tener. Deben hacer sus veces per- 
sonas atentas y de confianza que deben 
acostarse las últimas y levantarse las pri* 
meras. 



(8?) 

La maestra debe consagrarse entera- 
mente á los deberes de su estado, de los 
que no debe distraerse por ninguna consi- 
deración Debe tratar lo mismo á la hija del 
pobre que á la del rico, y aunque tenga en 
Ja clase una hija ó una sobrina, no debe 
preferirlas por no escitar la envidia de las 
demás , y aun ella misma en todo debe te- 
ner el mismo tratamiento de las discípulas. 

ARTICULO 3.^ 

Ve tos ejercicios gimnásticos. 

Nada hay mas propio para conservar 
la salud que un egercicio moderado , pero 
este es mas útil á las niñas que á cansa del 
estudio están una parte del dia en una inmo- 
vilidad contraria á sus gu?tos, asi es indis- 
pensable permitirles recreaciones de cuando 
en cuando, especialmente después de la co- 
mida. Que corran salten y bailen , con cuyo 
movimiento desarrollarán las fuerzas y se 
dispondrán á nuevos trabajos. 

Los paseos en el campo son muy salu- 
dables cuidando que no se sofoquen, y si 
esto sucede, que no se expongan en seguida 
al aire frió. 



(88) 

Que ios juegos que se permitan para el 
cgercicio que les hace tanta falta, sean siem^ 
pre decentes y no presenten ningún peli^ 
gro á la salud y á las costumbres. Tampoco 
se les debe hacer que trabajen mucho, 
pues esto solo produce el disgusto del es- 
tudio* 

( Se continuará. ) 




Mosaicos 



Un sabio Inglés cuenta habef Visto nii 
hueso de cereza en el que estaban gravada» 
cuidadosamente ciento veuite cabezas dife- 
rentes, pero con tal claridad que por la 
forma de las coronas y las mitran se distin- 
guían los emperadores^ reyes y obispósv Se 
elaboró en Prusia^ fue comprado en 75oo fr. 
y traido á Inglaterra, en donde ocasionó un 
ruidoso pleito entre dos familias. 



miimmmmmmáHilmmimmlk 



Cuando los Indios de Asia y América 
emprenden algún largó viáge, mezclan suco 
de tabaco con cc^nchas pulverizadas, y^ ha- 
cen bolas con las que se libertan del bam- 
bre poniéndolas dentro de la boca para qué 
vayan destilando. 



■é 



En el desierto de Azaoad báy do$ monu- 
mentos para conservar la memoria de dosf 
hombres que allí murieron. El K® era un 
íico comerciante, y el otro un simple con- 
ductor de camellos. El comerciante comiera 



í(9o) 

á sil compañero nna copa de agua en mil 
ducados, mas en vanp; no siendo suficiente 
la bebida para conservarlos, ambos murie- 
ron de sed, después de concluido el con- 
trátu 



En las escavaciones de Poñipeya se ha 
encontrado una cocina con vanos pedazos 
de carbón, un pedestal antiguo sobré el cual 
habia una lámpara de relieves; varias vasi- 
jas con un polvillo que disuelto en agua sa- 
bía á vino, y un esqueleto de la muger ó es- 
clava que servia en ella. 



El observatorio de París se ha puesto en 
ۤtado de competir ventajosamente con to- 
dos los conocidos. Al sud-est del edificio se 
ha construido nna azotea bajo la dirección 
del arquitecto Mr. Biet, y debajo hay un 
lindo salón y gabinete para la observación 
y el trabajo. A virdud de un mecanismo sa- 
biamente combinado por medio de registros 
como los de los pianos, se transportan todos 
los instrumentos y se mueven hasta las pa- 
redes, ventanas, piso y techo de la pieza» 



(90 

. Ha mftcrtd en Lenham, jcondado de 
Xent en Inglaterra^ una niuger llamad^ 
María Honey.»clejandp una familja de ciento 
sesenta y siete indiviJuos. A la segunda gq- 
peracipn ya tenia diez y seis nietos^ cientp 
catorce ala tercera, y doscientos veinte y 
ocho á la cuarta» 



&í ® o; , - ••■ . . - 

En la parte septentrional déla Finían? 
dia^ existe una piedra que sirve de barónie'- 
tro público. Cuando ha de haber lluvia la 
piedra se pone negruzca^ y cuando vuelve 
el buen tiempo se cubre de manchas blan- 
cas. Es sin duda arcillpsa que contiene algu- 
nas sales, las que cristalizándose forman las 
manchas blancasi* ^ 



Teatro de Mr. Comte. Con este título 
hay en Paris uno dedicado enteramente á 
Ja juventud dirigida por dicho profesor y 
que merece sin contradicion alguna el favor 
del público. Recibe continuamente conoci- 
das mejoras: es un teatro moral. La pieza 
que representan compuesta por los Yaude- 



^íHisfas en voga, versan sobre I03 defectos 
toas orcVmarios de la juventud de ambos 
bexos, los pegares que de ella resultan, bellos 
iiiodelós de virtud y lindas anedqeta^ li- 
íeranas. Los discípulos dedicados ai arte 
dramático bajo la dirección de un literato 
distiuguido que les consagra todos sus cles-^ 
velos dan ya mas que esperanza; asi es que 
sin ser niñas asisten á dicbo teatro muchas 
personas con el mayor interés unido á la 
ítías inócétíte diversión. 




(93) 

Cttíralura. 



\ 



r 
- ' i m I t il 



Hemos léido con singular placer un tomiifo de 
composiciones poéticas publicadas por separado^ y 
en distintos tiempos por don Diego Conesa. Se no- 
ta en todas mas que genio , cierta honradez que las 
recomienda, y á ninguna envilece la destemplanza 
del estilo. 

En la epístola sobre la inconstancia trae lo^ 
siguientes versos ; 

Quieres que el mundo te retrate al vivo\ 
todo en él es voluble , é inconstancia 
jamas completa , ^ mi pincel suspende. 

En la composición intitulada mi suerte actual^ 
se csplica asi: 

Ecos simpáticos de placer un día^ 
ecos en otro son de pena y muerte* 

La verdosa pradera que otras v^ces 
lenitivo á mis males y cuidados 
ser solia y por los tristes recuerdos 
aumenta mi dolor; y su fragancia 
aviva del pesar la causa fiera 

A mi cuitado corazón agita 
seca tormenta ; encendido fuego 
voraz le abrasa , y le devora impío. 
Todo fuego se vuelve ^ y en incendio 
puro todo se torna. Ni una gota 



ni una gota betíéfica d^^tUcvia 

humedece mis ojos que jlamantes 

mi consunciQ retratan^ ini tsterminio^ 

La sátira el Cortesano l2iQom\xíy^ en estos tór^ 
minos; 

Tal es el cortesano y caro Anfriso^ 
que te alhaga y te estrecha contra el seno i 
falso es su amor^ su amistad fiingida. 
No te alucines ^ el cuidado d(xbla , 
dóblale y pues ^ que entre odorantes flores 
yace el áspid de tu esterminio cierto. 

Hablando acerca de como el favorito que no 
tiene méritos, los exige del que los Uei^e ^ se cspli*^ 
ca del modo siguiente; 

Caro Arnesto^ conoces a Farfanta 
hijo mestizo de Mercurio y Plato , 
aquel que su carrera abrevió en tanta 
que á centenares se invistió de luto ? 

Pues mírale qué méritos demanda 
en Salustio infelice y desgraciado , 
á quien el oro no^ la virtud manda 
en respeto tener cual don preciado* 

Lo creyeras amigo ; petulante , 
por solo honores al favor vendido 
es ora de servicios dejnandante 
el vicio solo: el vicio es inquirido. 

Soló la vida del pudor nos queda 
para morir sin humillar la frente 
á la inverbe demencia ••*%.** 



Por líltimo , cuando nuestra escéisai Gobérna« 
dora estaba embarazada de la que es hoy nuestra 
Reina , escribió é imprimió la composición que co- 
piamos íntegra por las buenas ideas que contiene, y 
porque el deseo que entonces manifestaba el aiutor 
ha sido posteriormente profeta de realidad* es co-» 
mo sigue ; 

Composición en verso suelto por Don Diega 
Conesa y Rosique, Oficial de la Inspección 
general de Instrucción publica jCon motivo dej 
embarazo de S. M. la Reina N. S. Doña María 
Cristina de Borbon* 

í Cuantas debe gozar la patria un día 
mercedes alias de la mano eterna , 
siyá depuesto el que pibró indignada. 
Mayo fiulminador , de su inefable 
suma bondad el don primero es este ! 
( Por Leandro Fernande2; de Moraliii. ) 

I Qué grato anuncio vagoroso cunde 
por la afligida Hesperia , y vá y recorre 
el valle humilde y la encumbrada cima 
de su ámbito feliz ? Cuál grata nueva 
llevan al mar las ninfas de los rios 
que el contorneado pecho relevando 
de la^ diáfanas ondas ^ dan al viento 
la voz sonora que el amor dilatal 
Rápida parte desde el regio Alcázar 
la Fama voladora , y al ruido 
de las alas sonantes y la trompa 
por los campos hesperios vá anunciando 
como del alto Olimpo al suelo baja 
[alma fecundidad \ y presurosa 
de Filipo al Palacio se dirije^ 
y ^ m los altísimos decretos 



( 



Madre vd á ser la sin igual Cristina^ 
Consorte fiel del Ínclito Fernando. 
Cual en visión de venideros tiempos , 
mil géneros y mil la musa mi a 
vé llegar á los campos de la Tberia^ 
por la arena dorada conduciendo 
fogosos alazanes : reverentes 
la Regia Prole tímidos acataní 
y hasta los brutos cuyo hijar oprimen 
el cuello enarcan y la tierra besan* 
El coro de virtudes que corona 
él Solio de Borbon^ y al que preside 
la Religión augusta^ ya se acerca 
enjuto el llanto , y del dolor profundo 
la vo¿i ya muda , y cual si respirara 
jiuevo aliento vital ^ $ñtre armonías 
viene^ indita Reina á festejaros^ 
unte la Regia cuna derramaudQ 
indios aromas y purpureas flores. 
Rompe las auras la inmortal Astrea , . 
c(^r\ su balanza de oro y el acero 
que qI protervo castiga^ al bueno ampara^ 
y^Ot el momento bienhadado espera 
en que al amado fruto tierna estrecha 
en dulcísimo lazo. Llegue , llegue 
á v^rle el español trasunto hermoso 
de las maternas amorosas gracias \ 
I Ah ^ ba^t^n ya las padecidas perias ^ 
cese de la discordia el duro estnigq í 
£1 placer na^ca en el feliz instante 
qi^e un astro ni^epo en el oriente brille , 
y su claro reflejo y resplandores 
ú entrambos mundos para siempre bañen% 




o¿^ 



projñ^ruiaa m? j¿emJ2re OiZmiJz^ma-^ m em/a^ n€iam4^yóo: 



(97) 



Setiembre en latín September era co- 
mo indica su nombre el séptimo mes áú 
año instituido por Rómnfo, y tomó el oc- 
tavo logar cuando Numa introdujo dos 
nuevos uieses^ uno al piincíplo, y otro aí 
fin del año , y finalmente eí noveno lugar, 
cuando los Decen^iros colocaron al mes 
de febrero según se halla hoy dia. En va- 
no intentó varias veces el senado cambiar 
el nombre de setiembre que no tenia ya 
significación alguna , y sustituir nombres 
de emperadores. El nombre de setiembre 
ha prevalecido siempre contra todas ks in» 
venciones de la adulación. 

Via 14, de setiembre celel)ra ía iglesia 
la exaltación de la Santa Cruz/ Esta fiesta 
es muy sofemne y antiquísima, usada ya en 
Grecia desde el tiempo áe\ emperador 
Constantino Magno, La fiesta de la inven- 
ción es m^s moderna y no se introdujo en 
la iglesia universal hasta después de oeho 
filólos, á pesar que en la iglesia Romana ya 
la celebraba S, Gregorio. 

la Cruz 5 signo de n^stra n 

7 



(98) 

fue exaltada en el año de 627 por el em- 
perador Heraclio que entró con ella en 
triunfo en Constantinopla , en una carroza 
tirada por elefantes y con una pompa y 
magnificencia sin igual, y con una alegria 
universal por \^er libre del poder de los 
bárbaros aquel sagrado depósito que había 
sido cautivado por Cosroes, Este rey de Per- 
sia en las guerras contra los emperadores 
de Oriente , en 614 conquistó á Jerusalen 
y se llevó la santa Cruz y una multitud de 
prisioneros y de despojos. Quiso imponer 
la paz al emperador Heraclio , con tan in- 
dignas condiciones, que este á pesar del 
conflicto en que se hallaba , haciendo los 
mayores esfuerzos y ayudado del Cielo, 
consiguió vencer y perseguir repetidas ve- 
ces á los Cosroes y recuperar las provincias 
y todo lo que aquel rey habia tomado. 
Cosroes murió asesinado por su mismo 
hijo, y en el año de 628 el emperador 
Heraclio llevó la santa Cruz á la ciudad 
de Jerusalen restituirla por Siróes junta- 
mente con el patriarca Zacarías. 






(99) 

LOS HIJOS DEL REY EDUARDO IV. 



El Padre. Donde queréis hijos míos, 
que pasemos esta tarde? 

Eugenio. Yo en parte ninguna. 

Enrique. Pues yo sí, papá; Eugenio 
no quiere salir porque está enojado. 

El Padre. Enojado , porqué ? 

Enrique. Porque ayer cuando fuimos 
con mamá al campo, vio que iba en coche 
Juanlto el hijo del mayordomo del señor 
marqués D.... 

El Padre. Bien : y por eso está eno- 
jado? 

Eugenio. Si señor; nosotros no vamos 
en coche , ni iremos nunca porque; : : : 

El Padre. Porque no somos marque- 
ses, ni ricos, para poder gastar coche. No 
es esto Enrique? Mas hay hijo mío, si tie- 
nes envidia por ello, y piensa^ que siendo 
poderoso no tendrías que sufrir disgustos 
te engañas. 

EuLjcnio. Pues que papfi ^ ios hijos de 
los poderosos no tienen una vida como ía 
de un príncipe? 

El Padre. Y qué quieres decir con eso 
Eugenio ? 



(loc) 

Eugenio. Quiero decir papá que como 
los hijos de los príncipes se llevarán bue- 
na vida , también la tendrán los hijos de 
los grandes y poderosos. 

El Padre. También te engañas hijo 
mió, si asi piensas; porque ni aun los pro- 
pios hijos de los príncipes viven sin sufrir 
disgustos , y disgustos mayores de los que 
vosotros podréis sufrir, como desgraciada- 
mente os lo hará conocer el tiempo. 

Enrique. Sí , sí. 

El Padre. Sí, hijos mios, y supuesto 
que la tarde se presenta lluviosa y no muy 
á propósito para pasear, nos estaremos en 
casa donde os contaré una verdadera his- 
toria por la que conoceréis vuestro engaño; 
haciéndoos ver como los hijos de los prín- 
cipes no siempre tienen la vida tan gustosa 
como pensáis, 

Alejandro. Sí, sí, papá, cuente nosla 
usted. 

El Padre. Sentaos con juicio que voy 
á complaceros. 

A fines del siglo quince por los años 
de 1483 , reinaba en Inglaterra un rey lla- 
mado Euardo IV. él que se habia casado 
<x)n una dama tan distinguida por ?us ta- 
lentos 9 como por su belleza , llamada Isa- 



bel Wooduvílle. A pesar de que era de 
condición muy diferente á la de su rey, 
los atractivos y buenas cualidades de Isa- 
bel , pudieron mas con Eduardo qne las 
consideraciones políticas. Largas y desas- 
trosas guerras habiau agitado á la Inglater- 
ra y hecho correr torrentes de sangre. El 
advenimiento al trono de este príncipe pa- 
reció debía poner término á las desgracias 
del pais , y en efecto durante algunos años 
el reinado de Eduardo fne feliz y pacífico. 
Amaba mucho á la reina su esposa, que 
cada día justificaba mas la elección del mo- 
narca, por sus virtudes que le concillaban 
el amor del pueblo , á pesar de la envidia 
que le tenian algunas damas de la corte 
por su elevación. Edttardo é Isabel tuvie- 
ron dos hijos , cuyo nacimiento completó su 
felicidad. El primogénito se llamó Eduar- 
do como su padre, y el segundo Ricardo. 
Según costumbre de Inglaterra , Eduardo 
tomó el título de principe de Gales ^ del 
nombre de una provincia que aun al pre- 
sente sirve de patrimonio al primogé- 
nito de los reyes de la Gran-Bretaña. 
Eduardo IV. cuidó que sus dos hijos se 
acostumbrasen desde la mas tierna edad á 
los egercicios corporales tan usados en 



aquel tiempo, y Ricardo no tenía mas que 
cinco años, cuando ya su padre le armó 
por sí mismo caballero. Esta era una cla- 
se de dignidad de la que eran entonces re- 
vestidos todos los hijos de reyes y grandes 
señores, asi que hubian probado por su va- 
lor y su conducta , por su destreza en mon- 
tar á caballo y en el manejo de las armas, 
que serian algún dia valientes guerreros. 
El joven Ricardo, se anticipó en la época 
ordinaria de su consagración y bien pronto 
se le preparó otra ceremonia no menos 
imponente. 

Ún Señor poseedor de inmensos bienes 
llamado el duque de Norfolk, murió de- 
jando por única heredera una niña mas jo- 
ven aun que Ricardo. El rey determinó 
agregar á su casa los bienes de Norfojk ca- 
sando á la joven Ana, cuyo nombre tenia 
la hija del duque, con el príncipe Ricardo. 
En aquellos tiempos eran rnuy frecuentes 
estos enlaces entre niños , cuando grandes 
y alcas consideraciones de interés no per- 
mi tian esperar para ello á la edad de la 
razón , pero los dos jóvenes esposos perma- 
necian después entre sus respectivas fami- 
lias hasta que tuviesen edad competente 
para gobernarse por sí y renovar el empe- 



(io3) 

ño que se había contraído en su nombre. 

Se resolvió pues casar á Ana con Ricar- 
do. Todo se preparó para la ceremonia en 
una capilla de Londres la que estaba mag- 
níficamente colgada de telas de tisú de oro^ 
Un soberbio dosel se habia erigido cerca 
del altar mayor. El rey , la reina y toda la 
Real faiDÜia vinieron á colocarse bajo el 
dosel. En cuanto á los dos jóvenes despo- 
sados, ya podéis considerar si estarian es- 
pléndidamente vestidos. El novio iba con 
vestido blanco de seda recamado de oro y 
una preciosa cadena del mismo metal con 
mucha pedrería preciosa. La novia llevaba 
vestido de brocado de plata con visos de 
color de rosa. Sus pequeños , blancos y bien 
formados brazos, adornados con braceletes 
de perlas. Piedras preciosas brillaban en la 
toca triangnlar usada en aquella época , y 
que cubría los bucles formados por sus lin- 
dos cabellos. 

En este trage fueron conducidos los des- 
posados á la capilla de S. Esteban acompa- 
ñados de un numeroso séquito de damas y la 
principal nobleza. Un obispo los recibió á 
su llegada, y el rey condujo por sí mismo 
la desposada al altar. Colocada al lado del 
joven Ricardo, el obispo les dictó lo que 



(,o4) 

debían contestar á las preguntas del cere- 
monial , y ellos respondieron con afectuosa 
gravedad: después el buen prelado hizo que 
se diesen las manos entre sí y les echó la ben- 
dición que debía consagrar estas primeras 
promesas. Los dos niños á pesar de su tier- 
na edad , no podían menos de estar con- 
movidos en vista de un aparato tan impo- 
nente, y todos los circunstantes se enter- 
necieron contemplando á aquellos casados 
de seis años cuya boca pura y sonrosada re- 
petía resp^etuosameute las fórmulas del ri- 
tual. No hubo persona que no implorase en 
(avor suyo la bendición divina y una serie 
de felices años. 

Después de la ceremonia , toda la cor- 
te se reunió para un ^ran convite en un 
Suntuoso salón del palacio real. Los recien 
casados se colocaron á la Cíjbeza de la me- 
sa y todos los convidados Us manifestaron 
una deferencia á la que ellos correspon- 
dían con la franqueza propia de su edad. 
Sin embargo, como estaban acostumbrados 
á acostarse temprano, y las largas ceremo- 
nias los hablan ftuigado bastante, el rey y 
la reina dieron bien pronto la señal de re- 
cogerse. 

El joven príncipe y su esposa, se hicie* 



(.05) 

ron mutnamente una profunda reverencia 
y en seguida el príncipe siguió al rey su 
padre, y la princesa iba acompañada de la 
reina y de las damas ^ y se separaron para 
no volverse á ver hasta la época fijarla á la 
celebración del segundo matrimonio, que 
debia verificarse cuando llegasen á la edad 
de la razori, Todo este tiempo se empleó 
en educar al príncipe en el palacio de sü 
padre y á la princesa en el de sü madre. 

Hasta ahora me diréis, la suerte del 
príncipe Ricardo y de su hermano ha sido 
muy feliz. Tal vez habéis envidiado sus des* 
tinos viéndoles rodeados de una corte bri- 
llante ansiosa de agradarlos, y disputándose 
á porfia el honor de proporcionarles nuevos 
placeres. Pero pronto veréis si su suerte 
fue siempre tan envidiable, y si aun en el 
mismo tiempo de su felicidad que os pare- 
ce tan grande no tenia n bastantes moles- 
tias que sufrir. Por ejemplo , cuando ellos 
hubieran estado de mejor gana jugando y 
corriendo libremente en el jardui de pala- 
cio ó en el parque de un sitio Real, su ca- 
lidad de príncipes les privaba gozar de pla- 
ceres que á vosotros nadie os prohibe. Era 
preciso estar muy oprimido con los bonitos 
vestidos de raso y terciopelo, teniendo una 



(,o6) 

posición grave y violenta á la franca ale- ^ 
gria de su edad. Pero todas estas mortifica- 
ciones noson nada en comparación de las hor- 
rorosas desgracias que tuvieron que sufrir. 
El rey Euardo IV ^ murió pocos años 
después del casamiento del joven Ricardo: 
el trono pertenecia al primógito de los 
dos hermanos, Eduardo príncipe de Gales 
de edad entonces de trece años. Mas un 
hermano del difunto Rey, el duque de 
Glocester, hombre de no sana intención y 
ambicioso, habia resuelto aprovechándose 
de la juventud de su sobrino, apoderarse 
del trono y reinar en lugar suyo. Consiguió 
hacerse nombrar regente, es decir encarga- 
do de gobernar el estado hasta que su so- 
brino estuviese en edad de hacerlo por sí 
mismo. El duque aborrecia á la reina Isa- 
bel á pesar de las virtudes que la hacian 
amar de todo el mundo escepto de los en« 
lidiosos que nunca pudieron tolerar su ele- 
vación. Asi empleaba contra ella todas las 
astucias y perfidias que le sugeria su malig- 
nidad. Isabel que le conocía á fondo des- 
confiaba de sus intenciones , y temia sobre 
todo ver al joven rey en manos de su mal- 
vado, tutor. Mas este supo manejarse coa 
tal destreza , mostrándose tap decidido por 



(io7) 

los intereses de su sobrino, que la reina se 
vio precisada á licenciar las tropas que ha- 
bla congregado por la defensa de su hijo. 
El joven Eduardo que se hallaba en una 
provincia lejana al tiempo que murió su 
padre 5 fue conducido á Londres donde el 
duque redobló las muestras de su respeto 
y ternura para engañar mejor á la reina y á 
su partido. 

Pero no se veía satisfecho mientras no 
tuviese en su poder á sus dos sobrinos. La 
reina con su hijo segundo ^ se había refu- 
giado en la abadía de Westminster edificio 
de Londres muy antiguo y respetado. El 
ducjue de Glocester, nias por amenazas que 
por persuasión, la decidió á que le entrega- 
se ci Ricardo. La pobre madre sabia muy 
bien que le arrancarían su hijo por fuerza 
si no le entregaba voluntariamente al re- 
gente, asi pues le entregó á los señores en- 
viados por el duque dirigiéndoles un enér- 
gico discurso, rogándoles velasen sobre es- 
te hijo tan querido. Sus palabras fueron 
interruQipidas por sus sollozos, y cuando el 
joven príncipe se separó de ella se deshacía 
él también en lágrimas y arrojándose á los 
brazos de su madre para darla el último á 
Dios, partió con los encargados de su custodia. 



(,o8) 

El malvado duque apenas pudo ocultar 
su alegria cuando se vio dueño de la suerte 
de sus dos sobrinos. Bajo pretesto de confor- 
marse á una antigua costumbre que debia 
preceder á la coronación del joven rey, 
hizo conducirlos á la torre de Londres, for- 
taleza célebre que ha servido largo tiempo 
de prisión á los reos de estado. Los princi- 
pales partidarios de la reina fueron senten- 
ciados á muerte por el infame GKiCester, y 
cuando vio que ya no habia obstáculo que 
se opusiese á sus proyectos , el que debia 
velar con tanta solicitud por aquel niño 
confiado á su guarda , usurpó el trono y se 
hizo coronar rey* 

Mas no era esto bastante. Los dos jó- 
venes piríncipes no dejaban de causarle in- 
quietudes á pesar de su cautividad. A cada 
momento estaba temiendo el que los vasa- 
llos fieles tomasen las armas en favor de su 
legítimo soberano. Resolvió asesinarlos. 
Tembláis á vista de tan horrible designio, 
no es asi hijos mios? Mas quien da el primer 
paso en la carrera del crimen, no se detiene 
después por crimen mas ó menos. La salud 
del joven rey , débil y lánguida por natu- 
raleza, se habia empeorado desde que habi- 
taba en aquella horible morada de la torre 



(io9) 

de Londres- Estaba triste, mefancóllco, 
abandonado á su dolor. Su hernicino mas 
fuerte y animoso procuraba distraerle por 
sus chistes , y sostener sus esperanzas. Una 
noche que después de haber hablado largo 
tiempo se habian quedado dormidos los 
dos hermanos abrazados sobre el mezquino 
lecho que componia el mueblage de su pri- ' 
sion, tal vez soñaban que en días mas feli- 
ces se veian transportados fuera de aquellas 
tristes murallas en una risueña y verde 
campiña, cuando de repente la puerta se 
abre silenciosamente. Dos asesinos enviados 
por el duque de Glocester entran con una 
lúgubre linterna en la mano. Se acercan at 
lecho en que reposaban las dos inocentes 
víctimas; y á pesar de su dureza no pueden 
menos de conmoverse , pero uno de ellos 
recordando á su camarada la recompensa 
prometida le dice. Vamos te vas á dejar 
enternecer? Y al mismo tiempo los dos ase- 
sinos tomando las almohadas de la cama las 
apretan contra la boca de Eduardo y de Ri* 
cardo que mueren sin hablar palabra ! Ar- 
rojaron los dos cadáveres á un boyo 
abierto de pronto al pie de la torre y allí 
fueron enterrados sin honor. 

Jilo necesito hablaros del dolor de la 



(rio) 

reina al saber tan horrible atentado; pero 
la divina justicia no tardó en manifestarse. 
El duque de Glocester que se habia coro- 
nado con el titulo de Ricardo III, fue derri- 
bado del trono y pereció en una batalla con- 
tra su competidor. Los asesinos que hablan 
servido de instrumento, murieron afrento* 
sámente, Largo tiempo se lloró la suerte de 
las dos victimas á quienes la regla digui- 
dad habia sido tan funesta y las madres 
acordándose de esta horrible catástrofe de- 
cían á sus hljo« estrechándolos contra su co- 
razón. Hijo mio^ yo doy gracias á Dios 
porque no eres hijo de Rey. 

Ved ^ hijos mios, como no es tan cierto 
lo que pensabais acerca de la gustosa vida 
de los hijos de los príncipes ni tan envidia- 
ble este estado. No creo que lo envidiareis^ 
como tampoco el de otros poderosos aun- 
que os parezcan mas felices que vosotros, 
porque en verdad no lo serán , pues en su 
estado , á las desgracias que pueden esperi- 
mentar los hombres se aíiaden frecuente- 
mente infortunios peculiares á los podero- 
sos, catástrofes originadas por la ambición, 
rencores , odios , enemistades, intrigas, per- 
secuciones y todas las calamidades que afli- 
gen los imperios. Si vosotros habéis envi- 



(I,,) 

diado alguna vez á los hijos de los grandes, 
la magnificencia que les rodea , los nnme- 
merosos criados ansiosos de servirles, Ja va- 
riedad de placeres que disfrutan. | Oh ! creed- 
me, niños mios, creed que si os fuese posi- 
ble cambiar vuestra suerte por tan elevada 
fortuna queriais mas permanecer en la 
modesta condición en que el cielo os ha 
colocado. 




instrufíion primaria. 



»«MB 



jReglas de conducta que deben observarse 

con los niños. 



Los principios que se reciben en k 
primera edad, son como los caracteres tra* 
zades en la corteza de un árlx)J, que cre- 
cen con él y no se borran jamas. Por eslo 
los encargados de la instrucción primaria 
son responsables ante Dios sino procuran 
y se esfuerzan en infundirlos buenos senti- 
mientos, aun desde la misma cuna 

Háblese siempre á los niños sin impa- 
ciencia , sin cólera y sin aspereza, no se les 
inspire un funesto temor á aquellas pe rso- 
nas que deben amar y respetar. Hágaseles 
conocer que se tiene una autoridad real so- 
bre ellos, pero con moderación. 

Úsese á menudo de la influencia de los 
egemptos, la simpatía natural de la infancia 
con nosotros hará mas provechoso este mo- 
do de obrar con ellos. 

Las caricias no deben prodigarse con 
csceso y deben concederse á tiempo como 
las recompensas» 



(..3) 

Se les debe dar una idea de la propie* 
dad, para que sepan respetar ias de los de^ 
mas; inspirarles liberalidad , haciendo que 
den ó presten algo de lo que les pertenez^ 
ca. Inspirarles pudor tanto á los de uno co^ 
mo á los de otro sexo. 

Corregir con calma y serenidad, no re-* 
ganar dando gritos, querer solo lo que sea 
justo y razonable, pero quererlo con firme-^ 
za y sin ceder jamas. Para evitar la envidia 
entre los niños, póngase al mas joven baJQ 
la protección del mayor, que este papel de 
protector le impide todo sentimiento de 
adversión. 

Hágase conocer á los nulos el valor de 
la verdad; no se debe reir en su presencia 
de las astucias que emplean y ¡as mentiras 
de que se valen para conseguir lo que quiq- 
ren, se deben desconcertar sus planes y 
recibir sus caricias con frialdad. 

Después de haber ganado su confian- 
55a y conseguido la declaración de sus falti- 
Has, perdóneseles después de una 3uave nw 
ral. Todos los intereses deben sacriíkarsie 
al de la verdad; todo es reparable con Jps 
piños, fuera de la mentira* 

Sirviéndonos de nuestra propia convic*- 
cion , hágase conocer á ios niños la idea del 

8 




("4) 

fleber, aprovechando los momentos en qtie 
están mejor preparados para darles las no- 
ciones morales y religiosas. 

Saqúese partido de la imaginación ac- 
tiva de los niños, aun en sus juegos; pero 
cuidado con abusar, causándoles miedo de 
cualquier modo que sea. 

Hágase nacer en ellos el deseo de las 
buenas acciones , cada vez que se presente 
la ocasión, y procúrese desde los primeros 
años inspirarles ei deber mas bien que dic- 
társele. 

El primer cuidado del maestro, de este 
hombre de bien que se ocupa en formar 
ciudadanos virtuosos, útiles y afectos á la 
patria , es instruirse él mismo en el arte di» 
ficil de la enseñanza. Por conocimientos que 
^adquiera siempre serán inferiores á los que 
requiere su alta misión. 

Se deben aplicar á ganarse la confianza 
de sus discípulos , porque si estos no aman 
al maestro, harán poco caso de sus leccio- 
nes. Es preciso conocer sus caracteres para 
dirigirlos bien. 

Empléense los medios de persuasión 
mas bien que los de castigo, solo se debe 
hacer uso de este en circunstancias mayores, 
cuando sea iusuficidute una dulce severidad. 



o .5) 

Solo se puede enseñar lo que se sabe 
perfectamente, mas no todos los que saben 
mucho son capaces de enseñarlo, y suelen 
hacerlo mejor otros menos instruidos. La 
facultad de espresar y demostrar bien lo 
que se sabe, pertenece á un corto número 
de hombres. 

Un maíístro debe hablar su lengua sino 
con elegancia á lo menos con claridad. Mu- 
chos discípulos que palidece prestan mucha 
atención á las lecciones, no entienden la 
mayor parte, y asi es preciso que el maes- 
tro tenga una paciencia á toda prueba para 
repetir diez y mas veces una mi&ma cosa y 
de diez; y mas modos diferiputes, ha$ta que 
jo entiendan. 

Si la moralidad del maestro deba maní^ 
festarse en todas sus acciones, su bondad 
debe ser también evidente para sus discí- 
pulos , y esto no impide la justa severidad 
para corregir la§ faltas. Mas cuando se vea 
precisado á usar de ella , que sea con la ma- 
yor equidad ; pues si muestra parcialidad ó 
castiga por capricho, se hará incapaz de 
gobernarlos. 

Le es útil mucha igualdad de carácter, 
que tenga algunos ratos de complacencia y 
alegria con sus discípulos, y que antes de 



pretender dominarlos procure dominarse á 
si mismo* 

Es conveniente dividir las escuelas en 
secciones en las que se abrace todo loque 
constituye la primera educación y demás 
conocimientos que influyan en los intere- 
ses de la patria. 

Los discípulos cuando salen de la es- 
cuela, llamados á otros trabajos, olvidaqi 
fácilmente lo que han aprendido y para que 
no suceda asi es conveniente tener algua 
repaso aunque sea en los dias festivos y 
consolidarlos en las partes esenciales de la 
enseñanza. 

Sobre todo inspírense á los dispipulos 
los sentimientos morales y religiosos , res- 
peto á las autoridades, obediencia á las le- 
yes y amor á la patria. 








Ignacíio y Clemente eran dos niños her- 
ínanitos é igualmente amados de sus pa* 
dres, pero mimados y agasajados estraordi- 
nariamente por sii abuelo* Así es que los 
líiños á todas partes querían ir acompa- 
ñados por él, seguros de satisfacer á su lado 
todos sus antojos, y mas tiempo pasaban en 
¿asa de su abuelo que en la suya propia, 
ñilbo sin embargo un dia en que los ni- 
ños quedaron dueños absolutos de sus ac- 
ciones, y este dia fue uno de las presentes 
ferias. Mucho antes qué estas llegasen ya 
hablan estado los niños importunando á su 
abuelo é indicándole tanta multitud de ob- 
jetos que querían les comprase , que el 
pobre hombre por libertarse de ellos y al 
tnlsmo tierripo por hacer una prueba que 
deseaba , entregó a cada uno cierta cantidad 
de dinero, dejando enteramente á su elec- 
ción que lo empleasen como quisiesen. El 
abuelo deseaba ver el uso que hacían de él 
y isacar de allí partido para hacerles al- 
guVia corrección saludable; porque babia 
rrotado en Ignacio cierto egoísmo que le 
hacia ocuparse solo de si mismo, é iiiquie^ 



(.i8| 

tarsé poco de que los demás se incornoda- 
sen con tal que él satisfaciese sus deseos. 

Salieron pues una tarde los doá niños, 
seguidos de im criado que tenia órded de 
ácoítipañárlos por donde qnisiesen ir^ sin 
oponerse de modo ninguno á sus determi*- 
tiacionfes» Entraron en la espaciosa calle de 
Alcalá por la que ihan regocijados coii 
tanta Variedad de cOsas como sejes presen^* 
taban y mudando á cada instante de pa« 
recer$ de modo que liabian recorrido ya uil 
gran trecho sin hacer ninguna adquisición^ 
hasta que Ignacio el primero to'-ció hacia 
lina confitería y entrando en ella compró 
ciertas golosinas ^ sin que pensase en repar- 
tir con su hermano por la razón, para él 
muy convincente, de que teniendo él tam* 
bien dinero^ seria mal empicada su genero- 
sidad. 

Llegaron por fin á un surtido puesto 
de quincalla en el que Clemente realizó el 
proyecto que tenia premeditadp, eligiendo 
al golpe ün dedalito de plata y un lindo 
par de tijeras « ¿ Qué es lo que vas hacer 
con eso le preguntó Ignacio? A loque res- 
pondió, quiero regalárselo á nuestra hernia- 
nita Rosalía que se ha quedado en casa, 
para quíe vea que me he acordado de ella**^ 



Pues yo, replicó Ignacio, si me sobra dinero 
|a compraré alguna rosa. Entre los objetos 
que habia de venta, se hallaba un bonito 
cortaplumas con embutidos de plata que; 
llamó la atención de Clemente, y aunque 
algo subido de precio se determinó á com- 
prarle viendo que aún le sobraba con el 
dinero que tenia. Ignacio por su parte se 
dirigió á otro puesto donde habia una mul- 
titud de elegantes figuras, y empleó de una 
vez todo su caudal en la adquisición de 
una brillante pareja de airosos contraban- 
distas. En vano su hermano le indicó que 
podría según su parecer emplear el dinero 
de un modo mas conveniente. « Que poco 
entiendes tú de esto (le contestó] cuando 
lleguemos á casa y los ponga yo encima de 
la cómoda uno á cada lado del tocador, to- 
dos cuantos entren y los vean se han de 
quedar admirados y me han de alabar por 
el buen gusto que he tenido.^^ Verificada la 
compra se acercaron á ver que habia en uii 
corrillo formado por varios curiosos, y ha- 
llaron que era un pobre soldado estropea- 
do que pedia limosna contando sus desdi- 
chas á los que le rodeaban. Clemente sin 
escuchar mas voz que la de su piadoso co- 
razón entregó al pol?re todo el dinero que 



(lao) 

le había quedado á pesar de que Ignacio Id 
décia « no se lo des todo^^: ño tengo yo fé 
con estos soldados parlanchines, que suelen 
ser algunos vagamundos que todo lo que 
cogen Jó gastan en borracheras. Este tt^ 
plicó Clemente no se puede confundir con 
los que tú dices, es un pobre militar rtiuti^ 
lado que no puede trabajar para cortier, y 
de haberle socorrido me resulta la mas dul- 
ce satisfacción/^ En efecto Clemente la tuvo 
al oirse colmar de bendiciones por el pobre 
méndigo y al ver qu^ apiadados algunos dé 
los circunstantes le dieron tatubieti limosna 
íuovidois con su ejemplo. 

Continuaron paseándose por la feria, 
hasta que viendo se acercaba la noche y ya 
íio podían andar cómodamente por el oeiu 
tío que iba acudiendo, trataron de volverse 
á casa. Mas quiso la mala suerte que al 
atravesar la calle, Ignacio aturdido con la 
muchedumbre, y mas que todo por apar- 
tarse (on ligereza de un coche que venia 
atrepellando, dio un fuerte tropezón y fue 
á caer á dos ó tres pasos con las figuras, que 
siendo de barro, se hicieron quinientos pe- 
dazos. En vano el criado le había pedido se 
las confiase para llevarlas, Ignacio no ha- 
bla querido soltar de sus nianos^quella 



(12 i) 

presa con que se envanecía , hasta entonces 
que levantándose humillado y lloroso em- 
pezó á conocer lo mal que había empleado 
su dinero. Cuando se acabó de confundir 
fue al entrar en casa viendo á Clemente 
ufano con su cortaplumas y )a alegría de 
6U hermanita por el regalo que este la ha-* 
bia hecho^ y verse él con las manos vacías 
sin tener cosa para sí ni para ofrecer á lo3 
demás. El abufelito entonces viendo que el 
que reconoce sus faltas está próximo á en- 
mendarse de ellas, le hizo una severa re^ 
Convención poniéndole á la vista et ejemplo 
de Clemente que era feliz porque habiá 
querido que los dettias lo fuesen antes que 
él. Ignacio con el ejemplo de su hermano 
y la reprehensión de su abuelo, fortificado 
con la nueva esperienria que acababa dé 
hacet, desechó completamente el egoismo 
y determinó si habia de ser Tecompensado¡ 
causar antes al¿:un placer á los demás. 





Clittfacimí física Ir^ la iutientulr. 

CAPITULO SEGUNDO: 



Que las madres sensibles no se alarmeii 
porque hemos dicho en el artículo anterior, 
qne es preciso enciurecer poco á poco á lo$ 
niños para que algün dia puedan resistir á 
las fatigas. Los niüps no sufren tanto como 
ellas se imaginan^ ;y tienen una idea muy 
equivocada de su temperamento si le juz-^ 
gan según sus propias disposiciones á la de^ 
biiidad. Supongamos dos hombres que esr 
táiidé ligeramente vertidos en el rigor del 
verano, son sorprendidos por un vientq 
ji^ip ; será incotniodado quien siempre ha 
consultado al tiempo para vestirse, al paso 
que estará al abrigo de ella el que se hallQ 
Jiabituadó, desde su infancia á las intera- 

peiries del aire. 

En cuanto á la cama, ya se sabe cuale3 
eran los lechos de los Griegos y los Roma- 
nos, y aun en los siglos anteriores nuestros 
generales y nuestros príncipes no eran muy 
exigentes en este artículo. Cuanto mas dura 
sea la cama y mas ventilada la habitación, 
mejor están los niños. En orden al alimento 
está probado que los pueblos que viven 



iK>to dé arroz ^ írutas y raíces no cometen, 
escíesos, y que estos son siempre originaJos 
de la Variedad y abundancia de manjares. 
Asi es que los manjares mas simples son 
menos i t rila ti tes para el gusto, y por con- 
siguiente mas análogos á la salud^ que se 
acomoda áiempre mt jor á las susiancias ve- 
getales que á las animales. Se puede con- 
eluir de todo lo que precede^ que los ni- 
ños que se bañen todos los di^s en agua, 
friaj y se vayan ejercitando por grados en 
todas las variaciones del clima, ligeramente 
vestidos en toda esta, que coman frugal- 
mente y no esperen que les traigan almoa^ 
dones para dormir, $e criarán fuertes, ágif 
les y robustos. 

Endurézcanse (dice Mon tagne) los jó- 
venes al calor y al frió , al viento y al sol , 
príveseles de toda molicie y delicadeza ea 
el vestir, dormir^ comer y beber; acostúm- 
breseles á todo, y se criarán jóvenes fuertes 
y vigorosos. Esto se ha de deber principal- 
mente á las madres que con carácter y 
energía deben apartar á sus hijos de una 
Vida frivola y sedentaria gn la que aunque 
no serán víctimas def hierro ó del fuego que 
los deje tendidos en el campo de batalla^ 
lo serán de su propia debilidad que los 



(i 24) 

consumirá á los menores trabajos que ten- 
gan que pasar. 

Demasiado civilizados, ya no conocemos 
¿r mérito de nuestras fuerzas que hemoé 
perdido en la molicie, podemos sin em- 
bargo triplicarlas por el hábito de un ejer- 
cicio constante que nadie mejor que las 
niügéres pueden hacernos apetecer. !Ohi 
vbsotráís^t^íiyas interesantes cualidades y 
afecciones virtuosas tienen tanta influencia 
en nuestra felicidad desde la cuna hasítá 
el sepulcro, manifestad únicamente el mas 
leve deseo dé ver m^yor energía y desrre<.a 
en la juventud, y esta al punto envidiosa 
dé agradaros , deseosa de patentizaros su re- 
conocimiento y de merecer vuestra apro- 
bación abandonará esta molicie y esta iner- 
cia de que se avergüenza, y buscará los 
ejercicios aptos para: manifestar á ks cla- 
ras su destreza y su fuerza. 



i§^- 









J¡^e Itt íuevza. 



Se distinguen generalmente hablando^ tres 
clases de fuerzas : 

1.® La fuerza de levantarfy de llevar á 
peso. Esta se aumenta considerablemente 
con el ejercicio, pues se han visto hombres 
que llevaban en cada mano quinientas li- 
bras de peso, y mozos llevar fardos de mas 
de novecientas. Hay cocheros que en un 
apuro levantan su carruage con cuatro per- 
sonas dentro , y ya se sabe qqe fuerza tan 
prodigiosa tenian los Dende, Saxe Nemours 
y otros, pues no hay ciudad ni aun pue- 
blecito que no tenga su Hércules ó su Ro- 
lando. 

a.^ La fuerza* de caminar y de correr. 
Los corredores de profesión en Ispahan an- 
dan treinta y se\s leguas en catorce ó quince 
horas. Se ve frecuentemente á los andarines 
camina^ veinte y dos y veinte y cinco le- 
guas por dia, mas sin necesidad de andar 
tanto se pueden ejercitar muy bien las pier- 
nas y los pies, para de];ir los carruages á 
los enfermos, á los ancianos y á las mugcres. 

3.^ La fuerza de resistencia es nccesa- 



ria*en todos los estados y condiciones, el 
cansancio , la intemperie de las estaciones, 
los malos alimentos, el hambre, la sed 
y las enfermedades, son dotes de todas eda- 
des y sexos; con esta fuerza se puede 
soportar toda especie de fatiga sin ser in- 
comodado, y hé aquí el motivo sino para 
aumentarla, para conservarla al menos. 
Una buena salud es tan necesaria á la vir- 
tud como al vicio. Delicados jóvenes víc- 
timas prematuras del placer; vosotros que 
sois el retrato de vuestra sensible madre; 
si aun conserváis alpn resto de amor pro- 
pio, y por consecuencia resolución de ven- 
cer ese desaliento é indolencia que va en 
aumento para salir de ese estado de langui- 
dez tan vergonzoso en vuestra edad, recurrid 
á ejercicios que haciendo circular la fuerza 
en vuestros nervios, hagan también vuestra 
salud mas fuerte y duradera, procurad en 
estos ejercicios mostrar gracia y destreza; 
porque no hay cosa que dé una idea mas 
desfavorable de .nosotros que los modales 
torpes, embarazados y comunes. 



(127) 

JDf la ^^eetYtza. 



Se entiende regularmente por destreja, 
él talento de sacar todo el partido posible 
de sus fuerzas, ó de servirse ventajosamente 
de sus pies, manos y dedos, ó de ejecutar 
como sin pensar, es decir, con la mayor fa- 
cilidad, pruebas muy difíciles, movimientos 
trabajosos y casi imposibles para los que 
no se han ejercitado en estos juegos y en 
estas acciones* 



(Se continuará.) 




€1 amor fralirrnal. 

En 1 585 naufragaron unas tropas por- 
tuguesas que iban á las Indias. Parte de la 
gente llegó al pais de los Cafres, y otros se 
hicieron al mar en una barca construidqi 
con los despojos del navio. El piloto notant 
do que el barco llevaba demasiada carga, 
advirtió al gefe Eduardo de Mello, que to- 
dos iban á ir á ípndo <como no se arrojasen 
al agua una docena de víctimas. Entre los 
que les toeó la suerte, se hallaba un sol- 
dado cuyo nombre tío conserva la historia, 
pero tenia un hermano menor, el que hin- 
cado de rodillas delante del capitán, hizo 
las mayores instancias para ser arrojado al 
mar en vez de su hermano. « Mi hermano 
decia, tiene mas disposición que yo, man^ 
tiene á ri)is padres y á mis hermanas, si le 
pierden todos moriián de miseria; conser- 
vad sus vidas conservando la de mi her- 
mano, y arrojadme á mí al agua que no 
sirvo para nada. ^^ Mello consintió y le 
mandó an^ojar al mar. El pven siguió na- 
dando tras de la barca durante seis horas, 
hasta llegar á ella. Le amenazan con la 
muerte si se atreve á entrar en ella , mas el 



amor cíe su conservación pnerle mas que la 
amenaza; se acerca^ y aJ querer herirle ron 
una espacia, asede ella y no la snelta habta 
estar dentro de la b3rra. Todos admirados 
de sn constancia le permitieron qnedarse 
con ellos, y él consignió salvar de esta suerte 
su vida y la de sa hermanot 




(i 3o) 



ODA, 



Salló Ciipiáo un día. 
Yo no sé porque antojo, 
A coger ciertas flores 
A un jardín delicioso; 

Y al tomar una rosa 
Sus punzantes abrojos. 
Hiriéndole los dedos 
Le aparraron medroso: 

Volvió triste á su niadre^ 
Y con amargos lloros, 
Mostrándole la herida 
Le contó el lance todo, 

« Niño, le dijo Venus, 
Tu te asustas de ooco : 
¿Por una punzadllla 
Suspiras de ese modo? 

¿Cuál no seria tu llanto 
Tu sinsabor y enojo, 



{■30 

Si los dardos probaras 
Que tu tiras á otros? 

j Ojalá que el suceso 
Que escita hoy tus sollozos, 
Te vuelva en adelante 
Mas humano y piadoso; 

Y que á sensibles pechos 
No asestes con arrojo. 
Esas flecbag de acero 
Que causan tal destrozo !^^ 




MÚSICA. 
jSuutilií^aír en es^tatfo íre salulr g f nfernuíralr* 



La sensibilidad es indubitablemente la 
propied id que; distingue los animales de 
los cuerpos inanimados, y por la que siem- 
pre medimos el grado de perfección de ca- 
da uno; al mismo tiempo que sirve para 
establecer una relación constante entre los 
cuerpos á que pertenece, y los objetos que 
los rodean. A pesar de la justa permanencia 
que debe merecer de la ateucion de los mé- 
dicos por su estension é influjo bohíe la 
misma vitalidad, no parece que se hayan 
ocupado muchos en examinar todas sus 
relaciones , in en hacer aplicaciones úri* 
les á la práctica de los grandes conoci- 
mientos que íia adquirido la fi-iologla en 
tuiestros dias acerca de las propiedades 
cíe la vida. ¿Qué remedios se han admi- 
f}istra<lo aiHi en aquellos casos dr una ] ér- 
ilida de sentibi!ida<l absoluta , capaz ck» 
confundirse con la muerte, para escitar- 
ía en los órganos de los sentidos, que 
m^p dlgámolos asi 9 sut depósitos? El 



(i33) 

tacto únlcamameute con los estimulaníei- 
estemos, y el oltaio con los esternutato* 
rios reciben felizmente los aiisiliosHel ar-» 
te : mas si por desg,racia no ( orrespondeii 
á sus iuij)resiorje8 , p()C(»s habrá que in- 
tenten repciirlas en el oido, y ipie ten- 
gan presenle^l poder a.^omhroso de la ar- 
Uionia , tanto sobre el hombre civdizado, 
como en el estado de rndtz y de barba- 
rie. Es verdad , que si ai^uno arrostran* 
do la oposición y la mota de un vulgo 
insensato, ó de la ignorancia autorizada, se 
atreve á recurrir á la música en la cu* 
ración de una enfei meil id ^ se espone des* 
pues, si su tentativa fuere desgraciada á 
nuevos escarnios y á mavores contiendas. 

4 J 

No me detendrán ahora á mí tan frivolas 
causas para manifestar las ventajas de esta 
arte encantadora, y los orgullosos censores 
t\wt la consideran como una vana y fútil 
diversión, que miran como inútiles las 
gratas sensaciones del oido , y que se cora» 
placen contra el voto did universo en re- 
probar un egerciclo que consuela y vi\ifica 
á todíjs los seres sensibles, aprenderán asi 
á apreciar por lo mmos sus virtudes. 

No me toca hablar de su origen , de 
•US progresos , ni de su dignidad ; la histo- 



^34) 

íia nos presenta innumerables hechos que 
la testifican^ la religión se ha servido de 
ella para sus actos mas sagrados, y en to- 
dos los cultos ha exortado á la virtud^ ha 
proclamado á la divinidad ^ á los héroes y 
á todos los hiimbres ilustres, y ha sido el 
medio mas eficaz para imprimir en el cora- 
zón humauo los principios de la moral y 
los conocimientos de sus deberes. Mas el 
gran cuadro que nos ofrece el mundo en 
tocias sus épocas , debe fijar nuestra aten-* 
cion para conocer desde luego , cuántas 
utilidades pueden sacarse de este don del 
cielo en favor de nuestros semejantes. Ella 
conviene á todas las edades y á todas las 
condiciones, impone silencio en los con- 
cursos mas tumultuosos, embellece la sole- 
dad^ recrea á los morrales y disi()a las nie- 
blas que eclipsan con frecuencia su espíri- 
ritu ^ anima los festejos ^ aparta de ellos la 
aílicioh y el dolor, convierte la tristeza en 
alegría *> el temor en confianza, en esperan- 
za el despecho y la ferocidad en compasión* 
Ella sola desarma á los mas intrépidos y 
orgullosos, en medio de las desgracias nos 
conserva la tranquilidad y es el único 
socorro en nuestra pena. Asi vemos á la 
mayor parte de los trabajadores animarse 



(i 35) 

en sus fatigas con sencillas cantinelas , in- 
flamarse á los combatientes en el horror 
dé una batalla al son de su música marcial 
y hasta el iVo abismado en un lóbrego ca- 
labozo alivia su pesar acompañando tal vez 
sus caiuares con el triste sonido de sus ca- 
denas. En una palabra , escita ó modera á 
su arbitrio to«ias las pasiones. Y no es el 
hombre so!o el que participa de las sensa- 
< iones de placer que produce la armonia, 
pertenece á todos los seres dotados del sen* 
ti io del oido, y desde el elefante hasta el 
bruro mas estúpido, todos sienten su bené- 
íiio influjo Ni> por otra razón el camello, 
el torpe jumento y el perezoso buey sufren 
su carga y sus labores con menos trabajo, 
cuando los alienta el cántico ó algún ins- 
trumento por mas grosero y desagradable 
que sea. 

Bichat ha demostrado la determinación 
de las pasiones sobre el corazón y todo el 
sistema sanguíneo , y esta idea debe ser la 
basa fundamental de nuestroB principios 
relativamente á los efectos saludables de la 
miisica. Perteneciendo á las sensaciones de 
placer ha de colocarse forzosamente entre 
los agentes escitantes que no siendo dema- 
siado enérgicos^ó duraderos , producen un 



(i36) 

nuevo vigor en las funciones animates^ rea*» 
niman la fuerza vital, la exaltan y Ja cor^ 
roboran, aumentan ia acción en tocios los 
órganos cíe la economía , y principalmente 
en el de la di¿ie-tion , de la circulación y 
secreción. As^i Huffl.nd, hablando de los 
estímulos agradables, da ía preferencia á la 
música , y demuestra que sus iu) presiones 
aumentan ódirminuyrn la celeridad del 
pulso, prestan un tono igual á toda la má- 
quina, y obran con mas actividad á las 
veces que los remedios medicinales y la 
elocuencia del profesor. Comparemos el 
influjo de ías pasiones en nuestros órganos 
según le esplica el céleÍ)re Tissot , con el 
poder mágico de la armonia para poneilas 
en movimiento ó mcxlerarlas , y hallaremos 
qn auxilio seguro para la curación de las 
enfermedades y un medio eficacísimo para 
aplicarle. 

Recorramos sino las historias antiguas 
y modernas, registremos los fastos de la 
medicina y alli se nos presentan hechos 
prodigiosos que comprueban su utilidad, 
aur.qne envueltos entre ía oscuridad de la 
magia y ríe la astrología, bajo cuyas ilusio- 
nes ocultaban lo^ antiguos charlatanes los 
verdaderos efectos de la música para sedu- 




( 

tir al pueblo, líanrlo un aspecto misterip-i 
so á las cosas man naturales y comunea^^ 
»Puede dudarse dice Bolierave, si iodos loi' 
portentos que se refieren de los encanta-, 
mienros v de los verbos en la curación de ' 
las enfermedailes , deheráu aírii»nu>e á '^^ 
música , tn cuya ciencia estaban completa- 
te instruidos los médicos antiguos." 

1 ciertamente pudieron tener resultan- 
dos mas felices^ porque se dedicaban mas 
bien á conmover el corazón queácscitar, 
el alma é iivsjnrar el placer , y porque su 
música mas sencillj y mas imirahle, era 
también mas patética y eficaz, Distiugnie- ^ 
ron tres tonqsrpriní ipiles con el fin de ' 
mover con ellos diferentes afectos; llega- 
ron á pn^ftindizar sus efectos basta en sus 
ultrmas modificaciones y asi se verificaron v 
los prodigios que cuentan tos bi^toriadores 
de Tiuíoteo y (1,^ Terpandro 

¿Mas cómo es que entre nosotros no 
obra la nuisica como entre los griegos y 
los orientales aun (liando mueva librem< n- 
te y sin oposición todf>s los recorres? ¿Pro- 
viene acaí^o esta degrd<la(ion de que no co- 
nozcamos las liras de los atenienses , el sal- 
terio lie Sillón, y los íristros dorados de 
Menfis ? Las obras de Pargolesi^ de Piccini 



(i38) 

j de Paísíello , son acaso inferiores á las de 
Terpdndro y de AHon? ¿O hay por venta^ 
rá eri la específe humana una tendencia- 
gfadna<1a hária la rn^eusibilklad '^ Yo creo, 
que si la niúsixa se u^^ase ahora entre noso* 
tros í n los rasos en cpie la etnpléaban los^ 
ahtignos, profluciriá los misniós efectos que 
entonces. Y !a historia moderna nos ofre-* 
ce algunos hechos maravillosos semejantí^s á 
los que admiramos en 1 1 antigüedad. Nues-^; 
ttó'céléhre Mens antft de tomar en la ma- 
no el diestro pincel con qué aHÍmaba ous 
lienzos, hacia mucijas ve<*es que se Je to- 
case algún concierto acomodano al objeto 
que metütarabá para despertar su fecunda 
fantefeía. 

' Parece que hasta este punto la música^ 
n6 pasaria de un objeto de mero agrado, 
úfd lio obstante á la sociedad ; pero los an- 
tianos miraban también como un remedio 
poderoso en la práctica de la medicina. 

! El mismo Cí^hb Anrelimo dice haber 
ob'^ervaílo su utilidad en los dolores, y ha- 
ce ya mucho tiempo que según B >!Uiet , ss 
conocieron sus buenos efecms en la gota. 
Desault, Bagü vi , Geoffroy - Mead , Floyer^^^ 
Siuvages y Bourdelet la han usado venta- 
josamente y la íceomienda en males diver- 



(i39) 

«OS, y entre ellos principalmente en k Hí^ 
drophobia. ^ 

El gttsto general por la música y sus' 
asombrosos efectos obligaron á muchos iin-| 
tigiios y moflen IOS, á a|>licar la armonía en 
lú epilepsia^, en el histerismo, en la nim- 
phomatíía y en las inumerables dolencias' 
que por Jo común padecen las mugeres 
cloróticas. Casos ha habido en nuestro 
tiempo, que han confirmado las ventajas 
que Asclejyiades concede á la másica para 
la curación de los frenéticos, como püédé 
verse en las actas de la academia de 1^5" 
ciencias, en las cuales se encuentra entre 
muchos el caso siguiente. 

^'ün múbico ( I ^ célebre fue acometido 
de calentura que acrecentándose de dia en 
día ^ llegó á hacerse continua con recargos, ^ 
y al dia séptimo sobrevino el delirio, 
acompañüdo de ligrimas , de terror y de 
perpetua vigilia: calmó algini tanto á los 
tres dias, y el enfermo pidió se hitiese un 
breve concierto en su cuarto. Al primer 
sonido qoe oyó, se serenó su vista, éus 
ojos se aquietaron , ceísaron enteramente ' 



(t) Hist. ifof. 



las* cotiVnlsíones^ y estuvo limpio de ca- 
lentura mientras duró el concierto: mas 
des{)ues de concluido .volvió á caer en su 
primer estado de languidez, del cual no sa- 
lía, sino rc|)itien(1o el mismo rcuiedio, 
y al fin después de diez dias de musirá re-r 
cobió su salud/' Yo pudiera presentar aquí 
dos obí^ervaciones nujy seoicjantes , sino te- 
miese of líder la uiodestia del sabio profe- 
sor que las hizo. 

E-^te rápido examen parece que da ya 
alguna luz sol)re el modo con que obra la 
mu iqa en la máquina aniuíal: mas |)ara 
confirmar los datos anteriores y despojarlos 
(^el aire ele maravila que los hace im reí- 
Ll;s, es necesario todavía considerar á la 
inii;ica, como estimulo mrcáíiico lonsi- 
guiente á las impresiones que causa en no- 
sotros el aire puesto en movimiento desde 
el cuerpo sonoro, y que alcanzan á todos 
los cuerpos Í!)mediatí s, especialmente cuan- 
do están unísonos , ) notar ademas en ella 
la cansa de una sensación grata y delí*- 
cioíS'i. Eí^te últuuo m< do de obrar aur que 
hablando rijioro^ammte debe reftriíse al 
primero, tiene inia relación |>articular con 
Ja sensibilidad de cada individuo. 

La música uo es otra cosa que una po- 



('40 

ficion (Je sonidos graves y agudos que jnn- 
tos concuerdan peí fecta mente, disminu- 
yéndose por iuíervalos, de donde se delei- 
tan los sentidos y la imaginación. Los tres 
géneros en qne se ha divi<tido , da Ingar á 
iníiiiitas raodiBeaciones. por me lio de las 
cnales pnede pasarse de una pasión á otra/ 
Y esta imprevista mudanza, estos admira- 
bles efectos de la rnu/ica, son fáciles de es- 
pliearse, si se reñexiona ^obre la efiracia 
de los sonidos, y se examina atentamente 
el órgano del oido. No son ellos mas qne 
niovimientos ti émulos y prontos del aire^ 
producidos por la conmoción de las partes 
que componen el cuerpo tatiido. Si se hie- 
ren las cuerdas de un instrumento, se des- 
cubre el sacudimiento que im|)rimen á los 
átomos que las rodean, obtierváiHlolos á 
los rayos del sol. Resultan pncs en el aire 
vibrariones tan frecuentes, que corre en el 
espacio de \m\ srgruxio i 148 pies, cnal- 
qiiiera que sea su intensidad , y todas las 
el if< rentes d s|)Osiciof>es de tonos forman 
i/na cantidad de sonidos niodlficados, que 
seguí, sn graduac ion escttan en nosotros una 
sensación mas ó n>enos dulce, como que él 
órgano del oido , viene á ser en estas cir- 
€uo tandas una especie de tacto. Asi la muí- 



3Jqa considerada como un simple soníf^o 
ó un ruido obra principalmente sobre ]as 
ramificaciones del nervio acústico; mas sea 
por la comunicación que este nervio tiene 
con los de toda nuestra máquina, sea por 
una especie de simpatía nerviosa, ó en fin 
por la unidad de !a sensibilidad, esta ac- 
ción se manifiesta en las diversas partes de 
la economía. 

El gran Boherave observó, qne siem- 
pre que tocaban un instrumento junto á 
un sordo , todo su cuerpo se estremecia : y 
abundan egemplos de personas, que solo 
con oir un cañonazo, sienten una inquie- 
tud y construcción en el estómago, han 
caldo en la sordera , ó han su Frii lo horr¡- 
ble3 convulsiones. En la historia de la aca- 
demia Real de ciencias se lee, qne una 
doncella acometida de violentos accesos de 
histerismo, u^ó en vano de los mas poderosos 
remedios que los méílicos la prescribieron, y 
habiéndose un dia disparado un pistoletazo 
al lado de su lecho, ocasionó en todo su sis» 
tema nervioso una revolución taii grande y 
tan feliz, que al momento se disipó el pa* 
roxismo y nunca jamas volvió aparecer (í ), 

(i) Sin embargo, este caso puede atribuirse 
i, la sorpresa mas que al efecto del ruido. 



('45) 

Tal es el efecto de los simples sonidos: 
¿cuáles pues deberán ser cuando estos es- 
tén combinados y dirigidos por las leyes 
admirables de !a armonía? ; Qué auxilios 
no podrán ofrecer para la curación de tan- 
tas enfermedades nerviosas, para el alivio 
de tantos síntomas del mi^nio carácter ? No 
es necesario esplicar el mecanismo de esta 
acción, después de establecidos los princi- 
pios filosóficos que hemos insinuado: la 
gran dificultad está en que el médico co- 
nozca á fondo las inclinaciones, el carácter 
y gusto de sus enfermos , su organización 
y el estado y variedades ele sus dolencias. 
Algunos poco sensibles, ó como vulgar- 
mente se dice duros de oido , ni distinguen 
el tono ni la cadencia , y para ellos la mú- 
sica es un ruido incómodo y confuso; 
otros, no conocen mas que un tono fnnda- 
menral, y los mas tienen un gusto parti- 
cular para cierto género de nm?*ica ó para 
determinados instruínentos , fruto de la 
preocupación, de la educación^ Q del 
hábito. 

De aqui se infiere , que cuando quiera 
aplicarse la música á la medicina, deben 
elegirse aquellos tonos que mas propios 
cean para inspirar las pasiones convenien- 



('44) 

tes al estado de la enfermedad y del en- 
feripo, y vallera mas en cualquiera caso 
hacer la iliíí^lón m^s ron)|)leta con la dui^ 
rura del caíito. Por este medio se vería cal- 
ríiar el furor de un fíeíiético, desvane- 
'cerse las negras nieblas de ima melanco- 
Hi, Mauíauelo la atención del doliente ha- 
cia otros ol)jetos halagüeños, mitigar les 
<lolores, moderar la cólera , precaver sus 
funestas consecuencias y finahnente alejar 
el temor. 

Conviene no obstante advertir, que en 
las mugeres recien paridas, en los dolores 
idel oido y de cabeza , este mismo remedio 
seria pernicioso y qtie nunca §erá vuil apli- 
carie respectivameure, y con una unifor- 
niidad fastidiosa , sino que deberá irse au- 
mentaudd gradualmente, y siempre con 
variedad á proporción qne el enfeimo re- 
cobre su vigor y energía. Uno solo de estos 
objetos bastalia por cierto para dilatar es- 
traordinaiiamente nuestro discurso; pero 
muy presto podrán verse todos tratarlos (on 
la crítica y solidez ccrrespondientes en la 
obra que ofrece el piofe-or Mojón en una 
elegante memoria , de la cua! hemos earac- 
tado la mayor parte de las ideas que pro- 
ponemos. Sin embargo , si ellas son $u6- 



(145) 

cíente$ por aliora para dar ma^ cstcnsion y 
vulgaridad á Jas de otros, que nos han pre- 
cedido cu la misma materia ^ serán satisfe- 
chos todos nuestroi deseos. 

f. G. S, 







LO 



(146; 

biografía. 

MILTON. 

Mil ton, gran poeía inglés, nació en Lon- 
dres en 1608; su padre era notario y le 
dio una esmerada educación, A los doce 
años, el joven Milton se apupaba tanto que 
sus prolongadas vigilias empezaron á perju- 
dicar su salud y debilitar su vista, se han 
elogiado mucho entre sus primeros ensayos 
el Alegre y el flíelancóUcQ^ do3 piezas en 
las que no se halla el construíste que pro- 
mete la oposición de m título, ül genio de 
Milton parecia destiqado á ideas tristes y 
elevadas, y el Comus^ especie de comedia 
de magia que corppuso á iaiitacioq de los 
Italianos, presenta mas de estrav^gancia 
que de chiste. Milton habiendo perdido á 
su madre, viajó por Italia, y asistiendo en 
Milán por casualidad á la representación 
de un drama italiano de un tal Andreini, 
acerca de la caida del primer hombre. Mil» 
ton conociendo la grandeza del asunto, con- 
cibió el plan de su poema. Pe vuelta á In- 
glaterra, el entusiasmo de la libertad, una 
especie de candor é ignorancia de la vida 
común, y la ilusión continua de un espíritu 



04?) 

que no ve mas que sus propios pensamien- 
tos; todo esto que hacia de Milton un genio 
singular le disponía á los errpres políticos 
mas culpables, al contagip de Jos fanáticos 
y ascendit-nte de los apibiciosos que bien 
pronto dí?§pet]azarpn la Inglaterra , rñanci- 
liando su libertad con el gran crimen de Ja 
causa y rnuerte de Qáilp? L Miltqn no se 
mezcló pn esta escena de horror, ni influyp 
nada .en Ig muerte del rey, pero su^ talen- 
tos y el ardor de su ppinjoq fueron cansa 
de que Cromwell le nombrase secretario 
intérprete ppr la lengua latina, la que que^ 
ria hacer pnico medip de comunicación con 
las potencias estrapjeras. Milton tuyo de 
sU primera muger tres bijas ^ despges p,é 
caso con pfra joven que murió al segtindo 
año de nigtrimonio, y finalmente se pasó 
con upa ippger virtuosa que fpe Ij qpe le 
cuidp eq su vejez, Crpriiwe)! muertp^ Cárr? 
los lí., siíbió al trono de ^u padre, y Blíitpn 
fue puesto en prisión , nías se salvp por la 
mediación del poet^ Pavenant á quien en 
otro tienipo había hepho igpal faypr. Millón 
viéndose libre, ppbrp y olvidado, prpisiguió 
con ardpr su obra subliriie á los pipppt pra 
y seis añps de ed^d , ciegp y jgotpsp. Habia 
hecho aprender á sus bijas a leer pl griega 



(i48) 

y el hebreo, y una de ellas recitaba mucho 
tiem{io después 5 versos de Homero que 
había aprendido ún comprenderlos. Mil- 
tou cada dia al levantarse se hacia leer 
un capítulo de la biblia hebraica, y des- 
pués dictaba versos de su poema, á su 
rnuger, á un amigo ó al que iba á visitarle, 
de este modo el Paraíso Perdido tanto 
tiempo meditado se acabó prontamente. 
Este poema se publicó en 1667 y no ob- 
tuvo a! pronto mucha celebridad, debiendo 
ser algún dia el orgullo de la Inglaterra. 
Milton ge divertia con la música, cantaba 
y tocaba el órgano bastante bien, y murió 
en 1674, á ios sesenta y cinco años de 




(»49) 

€[ ctxro M iHiral por ^on Wie^a Canfga. 



CONVERSACIÓN PRIMER V. 



En el reino de Murcia hay un rnéino- 
rabie y apartado sitio á donde condujo la 
tormenta al esclareí:ido santo, Adelardo 
Ginés , y en él se halla un cerro conocido 
con el nombre del Mirab Le adornan nueve 
hermltas enriquecidas con varios cuadros 
de los penitentes mas famo-^os de ías sole- 
dades de Egipto y Tebaida, y ademas con- 
tienen diferentes gerogiíficos y poéticas coni- 
posiciones. Entre levante y mediodía está el 
Atalayon de las Ftientes por e! que todavía 
suspiran los Mores, y mas adentróse en- 
cuentra la admirable y prodigiosa Cinta ^cn 
la que campean varias isletas. 

Parage despoblado, desierto de las pal- 
mas que solp visitan de continuo bs aves 
df-1 Mediterráneo, yo te saludo. ¡Monte del 
Mral ! td eres acomodado asilo á los des- 
graciados sin culpa propia; en tu cima se 
respira el aire libre, ella es la región de los 
hon)bres. 

Solo estoy... A>i hablabí en el cerro y 
á mediarlos de abril de 1820 don Pruden- 
cio, bueno entre los patricios que por Es- 



(.5o) 

paña y Fernando derramaron generosa- 
mente su preciada sangre en la guerra de 
la independencia nacional y legitimidad 
del troho^ fespefaíldó á don Honorato, ami- 
go y compañero siiyd erí lá inmortal lucha 
de la guerra esprésada , qué con eí fin de 
distraerse en lá Perdiguera y hablar coa 
él, había sahdo aqüfellá manaría dé uno de 
los inmediatos puertos en donde desern- 

1 1 T í * 

barco días antes procedente de Inglaterra 
Después dé las demostraciones mas Córdia-^ 
les de afecto mutuo, coriiéimrbrí á espli- 
carsé de la manera siguiente. 

í). Honorato: Llamado al seno dé 
nuestía idolatrada patria , de la que hace 
cinco años me ausenté á la fuerza , deseo 
amigó, qué éón lá itri parcialidad que acos- 
tumbra, me indiqué aígtmá cosa acerca de 
la situación eri qué ríos encontráriios á con« 
secuencia de íos iiltiriios süéesos. En la 
hospitalaria ínglatérira donde he vivido... 
Aquí Ían2Ó uri süsjíifo penetrante y ver- 
tió lágrimas dé fuego. 

D. Prudencio: ¡Qué es eso! ¿tanto es 
el dolor que ós causa la auáehcia de Ingla- 
terra ? 

D. Honorato :l>ío\o estrañeis. Espatria* 
po sin causa, prófugo é incierto en mi des* 



(.5.) 

tino, 6oltí encontraba en el testimonio dé 
mi buena Conciencia la imagen de mi pais: 
sus lares iéran los recuerdos de los servicios 
que le presté. Triste y pobre pasaba los 
dias como el agua qtie no itiipele el viento; 
y en medio de tantos males, sin guarismo^ 
solo me consolaba un ser benéfico que los 
padecia simultáneamente por amor: á su 
compasión debo tni existertcia. Enlazada re- 
ligiosamente conmigo^ cifró toda su gloria 
y toda su dicha en inmolarán en mi obse-^ 
quio y en el de un hijo que el cielo nos 
cencediéra; á estose dirige toda su aten- 
ción, sus cuidados, su tierna é inquieta vi- 
gilancia. Quizá en este mismo instante ten- 
drá en sus brazos á nuestro Juanito (me- 
moria de mi buen padre), y mirándole con 
enérgica tristeza templará el dolor que Ic 
ocasionan los peligros y riesgos de su que- 
rido esposo; cada beso que ittiprime en el 
traslado de este infeliz; será para ella un 
rasgo de fidelidad í^ de inalterable constan- 
cia, un recuerdo de pasiorí y de vida. ¡ ído- 
los miosí No puedo proseguir, y pasóse bas- 
tante árites de volver á la empezada con- 
versación. 

D. Prudenciox Hombre sensible, me 
preguntasteis sobre el estado de nuestrat 



(,5.) 

cbsns; pero antes de responderos lo necesá** 
rio luiicatíiente quiero, por deshaogarme 
también, referiros en breves palabras algo 
de mi historia. Lo sabeiá; jtiguete desde 
que nací de la suerte mas fatal y mezquina 
bajo todos aspectos, que á criatura pudo 
caber, lá misma suerte ha úóo el primer 
estímulo al afdieiite dcsfo que demontre 
siempre por e} bien de la Peíjínsula , como 
sin unión no hay nación , eíj todos tiempos 
fue mi primer cnidsdo contribuir á ella 
con todas mis riébiles fueiza«. Mi conducta 
durante el marasmo político fue aplaudida, 
encomiada; mas á la venturosa desaparición 
de aquel, se interpretaron de mil modos di- 
ferentes y encontrados los mas nobles pro- 
cederes. Con ijablillas se calumnió á bue- 
nos ciudadanos, por lo qne en su deia¿- 
cuerdo ar'ístiuubrart abatirlo todo para su- 
bir ílel fango del abismo, á la esfera que 
traza el lionor. Plisóse en duda entre algu- 
nos mi opinión bien sentada, y me vi pre- 
cisado á sancionar por medio de hechos po- 
sitivos mi honradez y á fijar mi reputación 
en la sociedad. 

Lo (|ue es absolutamente 5nd¡«pensa-' 
ble en cualquier sistema juicioso en qne 
á la vez toman parteé intervienen auna- 



(i53) 

idamente con razón y equidad los subditós 
de la ley. En nna memoria presentada 
á S. M., tuve td lioiior de esponerle entufe 
otras co^as lo que sigue; 

¡r< La vida de los reve^ buenos decía, es 
una vigilia sin descauso ui término, y ^i\ 
contenió es mouíentáueo, [uíique (ou el 
saludable y plausible afaii de hacer mas y 
mas íeliees á los pueblos, en el placer ad- 
quirido balian j)Or contrapeso el disgusto 
cíe no poder efectuar á la vez los saluda- 
bles proyectos que de uuevo descul:)re sii 
perspicacia y adhesión al pais. El rey |)ru- 
dente es en cierta manera dueiio del liem- 
po; Ij ateueion á muchas cosas no disipa 
su {)rudeucia, ui las pasiones tuercen su 
re( tirud. N<» da paso que no sea con me- 
dida y para adebíitar, ui paga con aparien- 
cias para salvar realidades. La esperiencia 
le escuda de los que c !n))!eah todo su poder 
en sorprt-nder los secretos importantes del 
gal)inete. Su método es acertado poique su 
deseo es puro, y su régluíen mocüfica en 
mUcha parte los niales irrieniediables, y 
todo lo dispone con moderación, j ues las 
resoluciones violentas son el sen blante de 
la cobardía, Su ujayor placer rt suba riel 
bien que procura á sus subditos sin abuso 



054) 

en el modo de sentir, y el sello de su aut6" 
ridad es la delicada solicitud que producen 
los cuidados tiernos y continuos por la sa- 
lud del Estado, estorbando asi el descuido 
malicioso del intrigante egoísta, de ordina- 
rio superior á la llana actividad del aplicado 
con honradez. Su bondad es infiíiiía , pero 
su uso sobrio es arreglado por la justicia y 
equidad. No dá mal por mal, que esto 
fuera limpiar el lodo con el lodo; y es ene- 
migo del recelo, porque dónde habita la 
sospecha no itíot'a la verdad. Castiga la in- 
justicia apadrinada con la justicia á lat sóíín- 
bra de la ley, y escucha sin indíf(gré?ñeia 
(veneno del esfuerzo) cotí distinción y agrá» 
do las quejas fundadas. Elige gobernadores 
sabios, porque donde no hay sabiduría ¿ 
afirma Platotí, nú piíede haber felicidad ni 
honra que sea vefdadeía. Por lo regular 
usa de franqueza en el trato: las palabras 
de muletilla y las voces de ripio son bue- 
nas para los párbulos y petulantes, también 
para los curiosos y espiones; no para los 
adultos vesperi mentados, honrados y dis- 
cretos. Estima en poco los subditos que ha- 
biendo hecho alguna buena acción se en- 
soberbecen de manera que pretenden dic- 
tar la ley á su soberano ^ con lo cual pierr 



(i 55) 

áén el mérito cíe la obra y se hacen reos de 
castigó^ como Belorofonte que por haber 
destruido iá quimera intentó subirse al cie- 
lo. Sii espíritu nlinca se cansa, ni el reposo 
triunfa del cnidado con que aparta lejos 
del tronó el engaño sofistico^ &e* *'La cir- 
cunspecta valentía que en aquella sazón 
desplegué, forma mi orgullo;^^ 

D. Honorato: No iiíe prometía yo me- 
nos de los principios de V*, y de ellos es- 
pero igualmente el valor íf)ára olvidar de 
buen grado cualquier ofensa. Llegó la época 
nacional , y los hvodales atoahérádos por la 
conveniencia ó la desgracia rio debferi tomar 
parte tt\ nuestra regeneración. No sfe trata 
ya de ofender á hadié. 

t). Prudencio: No amigo ^ no pienso yo 
bfender á nadie, nivelo mi siilírtí? con la fu- 
tura cíe la patria, he sufrido las cdnseCiien- 
fciás á que está sujeto el hombre interior, 6 
sea /óf gano cerebral, y si mi Conciencia pro- 
nunció ya en hombre de í)ids el decreto de 
la justicia íiütnana, lodo lo demás es menos^ 
Por otra parte, la nath^aii?zá invariable, 
nunca abandona él equilibrio de las cosas, 
antes bien, impasible siempre, con la ba- 
lanza reguladora del Universo, preside á 
todos los trastornos generales y partícula- 



(,56) 

res, y los reemplaza con inefable sabi- 
duría: 

Sembré la paz con velaídot'a pena 
Y la cosecha del dolor reeojo; 
Mas de rnl prisa y afanar inútil. 
No escá del reino la salud pendiente. 

D. Honorato, Igual es n)i dictamen y 
apriiebo la ínodí ración de V* El tnal arre- 
glo causó sie^rnpre nuestra déca< leticia , y es 
forzoso ce n Vencerse de que sin invención 
acertada no hay proporcicnada dir ccion y 
sin rnívderacion , lu) hay rcfirilcM idad en lo 
que se cgccufa ^ perseveran» ia ni buen re- 
sultado esrabie y durarlefo. En los países es- 
trangeros que he leeorriclo he escuchado 
con singrdar disgustf) que E?()aña per su 
atraso es tan menor como mi i\\t\o. Disimu- 
ladme la cnuiparacion , epie huníanamente 
ine es im|)o^d)!e olvidar al ahiua mia. 

D. Prudencio. Est:iis disimtdado, ma§ 
con t(»do, yo entiendo cpie ¡a crítip^araciofi 
no es muy exacta. En la penuiruh» existen 
sugeíos tan ihirtrados <onio en cualquier 
otro reino, y si dicen cpie saldemos poco es 
porque los conocimientos no están conve- 
nientemeiUe difnn'tidos» 

D. Honorato Con que entonces nos 



(■57/ 

podemos prometer con algún fundamento 
buenos y felices resultarlos. 

D, Prudencio. Tal creo , si nos propo- 
nemos enmendar la pasada situación obede-^ 
ciendo con dignidad á las circunstancias. ^ 

El conocitniento de nuestra posición, 
es el preludio de nuestra ventura. Si con 
equidad se disponen las cosa^ de inanera 
que el entusiasmo de lo presente , ni iiinti* 
lice lo pasado, ni obscurezca el porvenir, 
entotires los enemigos de la causa nacional, 
tendíais otro resultado que el que tuvo 
otro tiernpo la hipocresía de los cartagine- 
ses, la avaricia de los tíriosjased deconquis* 
tas de los romanos y el furor de los pueblos 
del norte. 

Las buenas instituciones son el código 
de la unión generaU ^" sancipn, la buena 
fe y el patriotismo. Tratándose del procu- 
munal de un estado, solo es verdad el que- 
rer de los pueblos que le constituyen, y 
como esta voluntad es la justicia, acomo- 
darse á ella es una necesidad, y la necesi- 
dad á veces la dicha de los re¡?30s. La ma- 
licia es ignorante, vaga superficialmente en 
los suceso* del día , y como los motivos 
generales en que apoya sus cálculos son 
los del egoísmo y la cabala, por mas íor- 



(i58) 

raas que tome, sus planes siempre seraq 
el humo cíe las intrigas, la sombra en 
que se envuelve la traición , la ingrati- 
tud, el dolo y la perfidia. La Diosa tu- 
telar de jasi naciones , la que inspira cóh 
amistoso acento máximps de orden y de 
unión es la probidad , nq la ambición va- 
nidosa y perjura. Todo p§rj:}do que fto 
sea la capsc^ nacional, es una yerdüdéra 
ambición y la codicia jamas satisfecha á 
todo se a vienp , porque con todo preten- 
de medrar, la traición es cómplice de su 
fortuna. Si ha descría libertad el por- 
venir de España , deb^ ser su presente la 
discreción y la cordura. La honradez es 
la base de la libertad civil, y en la sen- 
satez de Ips ciiid<idanos estriba la regene- 
ración de una potencia , con energía y 
prudencia todo lo alcanzarnos, con locu- 
ras nada. La eijcageracion ^s la gangrena 
de la reformar , q lo que es lo mismo de 
las mejoras: conduce al trastorno evitado 
por el que ama de veras a su país. Los 
beneficios que de este hernps recibido eí^i- 
gen de nosotros la mas sincera gratitiid» 
Por agradecimiento debemos trabajar en 
obsequio de la España. Para el ingrato na 
hay leyes, y sin leyes obedecidas no hay 



(.59) 

patria, ni libertad. Llegó la noche y ae 
retiraron á una aldea próxima con ¡nten- 
tencion de volver al otro día al Miral 
y disentir detenidamente ciertos puntos ca- 
pitales de cuya oportuna aplicación pende 
la dicha de los españoles. 

Amados jóvenes, la conversación que 
antecede os presenta un inodelo deja con- 
ducta que debéis observar en la sociedad: 
por eso únicamente os la he copiado ínte- 
gra; quiero que seajp hoiflJDres de bien ó la 
que es lo mismo , buenos españoles y bue- 
nos subditos de D.^ Isabel II. 




(i6ú) 

j^ístoria Uatutal. 

Emigración de las wes. 



Hoy vamos á tratar amlgiíitos, míos de 
una de aqnellas maravillas que vosatros 
miráis con indifjriencia porque están pa- 
sando couturuamente muchas á vuestra 
vista ; pero que es uu secreto de naturale- 
za que no es dado al hombre profundizar.. 
A fiiies de este mes de setiembre la solidad ' 
y el süencio, empiezan á reinar en núes-' 
tros campos. Los pajaritos ique haclari reso- 
nar en ellos sus armoniosos cánticos y los 
embelKcian con los ricos y variados coló 
res de su plumage, los abandonan al acer- 
carse los rigores del invierno. 

Durante la estación templada, en el 
poblado ramage, en los tejados solitarios, 
ai abrigo de nuestros suntuosos edificios, 
en la> molduras de nuestros góticos alcáza-' 
res y monasterios y aun en lo interior de 
la vivienda del labrador es donde las aves 
Lan construido sus niilos. Áíli es donde han 
disfrutado sus castos amores, modelos de 
iiuion y de fraternidad , alimentando á sus 
hijo* con el producto de su caza é instru- 



(.6,) 

yéndolos en el modo de seguir el vuelo de 
sus padres bajo la bóveda celeste. Pero lle- 
ga la época de los vientos, las lluvias y los 
hielos; el Sol no calienta cual soüa la su- 
perficie de la tierra , los insectos mueren y 
la caza escasea: entonces las aves llamada^ 
de paso , se preparan á dejar un pais en el 
que infaliblemente morirían de frió ó de 
hambre. El rumbo de los vientos y la t(ím- 
peratura de la atmósfera retardan ó ac<ple- 
ran la emigración de las aves, que anuncian 
el instante de su partida con gritos imipa- 
cientes. No parece sino que forman entre sí 
una consulta en la que se arreglan las con- 
diciones de la marcha, el gefe que la ba de 
guiar, pues siempre va uno á la cabeza , y 
el dia de su salida elegido, á este todo e) 
mundo obedece, y sin que apenas haya un 
desertor ó un perezoso se reúnen en lai cos- 
ta , y si el viento es propicio, si puede di- 
rigir y sostener su marcha , sp despiden de 
la tierra y emprenden su rápido vuelo diri? 
gldas por la mano del Oronipotente. 

Venid queridos niños , vamos á despe- 
dirnos de ellas...; pero antes es preciso que 
sepáis adonde van y porque causa abando» 
nan un pais donde han sido tan bien traíqi-r 
d.^s^ por otras regiones de las cuales para 



(i6.) 

no tienen noticia. No han faltado autores 
que sin poder esplicar U emigración de las 
aves, han tratado de negarla; pero sus ridi- 
culas invenciones han sido destruidas por 
la esperiencia y la observación. Muchos via- 
geros las han visto en las islas orientales del 
Mediterráneo y Sonnini, muy particular* 
mente en las islas de Grecia, en el Egipto 
y en la Siria. Buffon cuenta que un vecino 
, de Bale puso á una golondrina un collar en 
el que habia escrito estas palabras: 

Golondrina 
Tan bonita, 
¿ En el invierno adonde vas tú? 

Y la primavera siguiente recibió por el 
mismo correo , esta respuesta. 

A Atenas, 

A casa de Antonio, 

¿Porqué lo preguntas tú? 

Belon dice que las cigüeñas son tan 
abundantes en el Egipto que cubren los 
campos, especialmente los de Palestina en- 
tre Belba y Gaza, limpiándolos de las ratas 
y ratones que los hacen ser estériles. El doc- 
tor Shaü , ha visto el transito de las cigue- 



ñas d¿l Egipto al Asia^ desde el pie del 
monteCarraelo á raediadosde abrilde i^aa. 
Todavía es mas reciente el testimonio de 
Mr. Gaillé^ viagero francés^ y ei primer 
hombre que ha penetrado en lo interioi? 
del África, que asegura haber visto en Tom- 
boetou á las golondrinas disponiéndose á 
partir para Europa. En la célebre isla de 
Malta es donde principalmente se han ob-» 
servado las aves de pasOj y los habitantes 
que saben poco mas ó menos el dia en que 
tal ó tal ave debe atravesar el Mediterráneo 
para pasar de un continente á otro, espían 
el momento de sacar partido de esta emi- 
gración apresando las que descansan ea 
aquellas costas fatigadas de una larga tra- 
vesía. 

La causa del instinto que las incita á 
esta emigración general, es el interés de 
su propia conservación, pues sino se mo- 
rirían de hambre. Asi las aves que viven 
de insectos, asi que estos faltan tienen que 
emigrar infaliblemente, y por eso son las 
primeras que desaparecen porque también 
los insectos desaparecen los primeros. Las 
que viven de granes, bayas y frutos de oto- 
ño, permanecen durante todo él. Las aves 
acuáticas abandonan sus lagunas solitarias 



que pueden quedar trabadas con Ids hielos, 
y las que viven de lo mismo que el hom- 
bre ó de sus desperdicios, se quedan todo 
el invierno al alcance de los lugares habi- 
tados. 

Siendo tan urgente y poderosa la causa 
de la emigración de las aves, como es posi- 
ble que permaneciesen en una tierra que 
desdeñan habitar. Siendo el aire su ele- 
mento y su sosten, bastándoles apenas 
nuestro horizonte, caminando treinta le- 
guas por hora , miran los viages de muy 
diverso modo que nosotros, y no conocen 
límites que puedan impedirles dar dos ve- 
ces vuelta al globo. Mas jah! cuantos infor- 
tunios tienen que padecer en esta peregri- 
nación! ¡Cuántas serán envueltas por las 
olas cuando les cambie el viento favorable, 
cuando el frió haga doblar sus alas, ó la 
tempestad rompa y desbarate sus escuadro- 
nes! Cuantas serán víctimas de los lazos 
armados por el hombre y del plomo mor- 
tífero que dispara su mano, sin remordi- 
miento de alterar la felicidad y armonía 
que Dios lia esparcido por todo el Uni- 
verso. 

Una destrucción tan considerable lle- 
gaík á disminuir las especies si no e&tn viese 



{i 65) 

rontrabaküceada con una prodigiosa mul- 
tiplicación, por lo que no es de temer que 
8e disminuyan. La Providencia que ha su- 
jetado al poder del hombre muchos de lo« 
animales que le ayudan en sus labores, ha 
sustraido otros á su poderío asegurando la 
conservación de los seres por medio de 
unas leyes que no es dado al hombre pene- 
trar. 

Adiós avecillas inocentes, que pobláis 
nuestras florestas, llenáriSolas de vida v ale- 
gría. Huid en alas del céfiro de la rigorosa 
estación que se aproxima. Volad á regiones 
donde disfrutéis una perpetua primavera. 
Esta también volverá para nosotros, y en- 
tonces vendréis á anunciarnos sus risas y 
placeres. Vuestro vuelo nos presagiará las 
mudanzas del tempor¿;l, y si al romper el 
dia salimos á respirar el aire fresco y perfu- 
mado de la colina dorada por los primeros 
rayos del sol, si oimos resonar en los aires 
vuestros armoniosos cánticos, no podremos 
menos de concurrir á los sentimientos de 
gratitud que toda la naturaleza espresa en 
aquel momento al divino autor de tantas 
maravillas. 

F. I. Villahrille. 



(166) 



Segovia, ciuíJíadí antiquísima como lo 
indica su mismo nombre, que parcée ori- 
ginado de la primitiva lengua del pais, an* 
tés que sufriese las invasiones de naciones 
estranjerás. Segovia^ ciudad principal de los 
Arevacos, asi llamados por el rio Areva 
que es el mismo que hoy baña á la ciudad 
por la parte del íiorte con el nombre de 
Eresmai fue en lo antiguo celebre pobla- 
ción, como lo están atestiguando los gran- 
diosos monumentos que aun se conservan. 
Esto se debe atribuir principalmente á no 
haberse trasladado nunca la población del 
sitio que hoy ocupa sobre un peñasco ro- 
deado de valles por todos lados; cuya posi- 
ción no ha sido alterada por las naciones ni 
conquistadores sucesivos, que todos han fi- 
jado en ella su residencia llevados de la 
amenidad y frescura del clima. A ella con- 
tribuyen principalmente las elevadas sier- 
ras de Peñalara, Siete Picos, la Fonfria de 
la que viene el agua por el acueducto, y las 
demás que componen la gran cadena de 
montañas Garpentanas que terminan el ho- 
rizonte por la parte del poniente y medio- 



(167) 

día de la ciudad. Por la parte del norte que 
es por donde pasa el rio 5 no es menos pin- 
toresca la vista que este ofrece, las alame- 
das que le circundan^ y la multitud y va- 
riada di§posicion de los edificios. 

A pesar de que hay en Segovia monu- 
mentos y edificios de casi todas las épocas , 
y que atestiguan el diferente estado y pro- 
gresos que ha tenido la arquitectura, los 
que llaman principalmente la atención del 
observador son los restos que se conservan 
de la grandeza romana , y de las célebres fa- 
milias de aquella ciudad que habitaron en 
Segovia. Esto consta primeramente de va- 
rias medallas y monedas encontradas en es*- 
cavaciones y ruinas de edificios. Por toda Ja 
antigua muralla de la ciudad hay distribui- 
das y engastadas gran cantidad de lápidas 
sepulcrales mas ó menos legibles, según el 
roce que han sufrido, y es de presumir que 
haya otras muchas engastadas pero con la 
inscripción hacia la parte interior. Es de 
advertir que en todas estas lápidas se leen 
nombres de los mas célebres en la historia 
romana, como los Cayos, Lucios, Licinic>s, 
Valerios, Flavios, Cornelios, &c. En el irozo 
de muralla que hay en frente del münaste- 
rio de Santa Cruz se ve una lápida con un 



(i68) . 

personage á caballo 5 aritlado de morrión y 
lanza ^ y con la inscripción deO¿ Pompeyo 
Mucron Oxomense ó destruidor de Osma. 
En un patio de una casa situada en la 
calle de san Francisco, aun se conservan 
perfectamente unos bajos relieves que re- 
presentan el suceso de M. Scevola y otros 
de la historia romana , con variedad de íi^ 
guras de buen gusto ^ niños, bustos y otros 
accesorios. Mas adelante y en la calle Real, 
se ven desde tiempo immemorial, medio 
hundidas en el suelo dos grandes figuras de 
piedra berroqueña , de las cuales la una 
representa un puerco ó javalí^ y la otra un 
toro. El javali tiene sobre seis pies y medio 
de largo, y el toro ocho», ambas figuras son 
pesadísimas y en ellas no se descubren sig- 
nos ni letras como acostumbraban poner 
los Romanos en esta clase de monumentos^ 
losqtle pudieran dar indicio del motivo de 
su construcción : de esta clase de figuras se 
encuentran varias en España y se erigian 
en la antigüedad, bien para perpetuarla 
metiioria de las hecatombes y sacrificios^ 
Lñetl para memoria de los juegos y fiestas 
del circo en que combatian esta especie de 
animai^s, ó como monumentos que recor- 
daseii á la posteridad las victorias conseguí- 



das sobre los enemigos y las alianzas entre 
naciones, provincias ó ejércitos diversos* 

Los que sostienen la venida de Hércules 
á España, consideran á estas figuras como 
consagradas á su culto y como recnerdos d^ 
sus triunfos, especialmente el javalí que 
pretenden ser el famoso javalí Erimanteo 
sujetado por el héroe. Apoyan su opinión 
con otra antigüedad nomenos ^curiosa ,qne 
se vé en Segpviaen linar ésqalpra del con-^ 
vento de monjas de santo Domingo, y conr- 
siste en unas figuras grotesca de. un Hér- 
cules en actitud de descargar la clava sobre 
un javalí que fiénéálor|álBéá Ambas figuras 
son de piedra cárdena ó berroqueña, están 
tnuy rozadas y mutiladas en esptíeial la 
clava y mano derecha que iiah desapar e-t 
Gído. A pesar de estar engastadas en la pa- 
red ó muro antiguo que forma la escalera 
tienen una salida bastante considerable las 
dos figuras, especialmente lá cabeza del 
javalí que es colosal y tiene de salida desde 
la superficie de la pared tres cuartas, otras 
tFes de ancho, y tres y media de alto. El 
Hércules tiene de alto cuatro pies , contan- 
do desde la cabeza , porque la altura de la 
clava no se puede calcular. 

Ademas de las referidas antigüedades, 



(170) 

hay en Segovía otra ^ la mas digna ele ateri'* 
cion, que es el famoso acueducto del cual 
*é hablará en otro artículo. 

Descripción de las lapidas halladas en 
jBenafélis alto en 1 jgó 



•í*|.i 



Un aficionado á la^ antigüedades, ha- 
hiendo visto el artículo de las cenizas dé 
16$ Pompeaos itíSerto en él cuaderno n^ 71^ 
dé la Miñ:éi^W;kit2ú terrnúñó pam insertar 
érí día la ¿urfe^'déscriptííOti siguiente: 

LAMlD^A PRIMERA. 

Inip. Gseaa^i Divi Adriani é Divi Trajani 
Paré Ne^oti Bivi Nervé Pfcónepoti Pió Ha? 
dríanb Anttínino Áug. Pió Po^tifici. Max* 
P. R. potest. V. Gos III. P. P: Pub. Ocuri- 
tanor. Creto Decurionum. 
D. D. 

Año i38 de Cristo. 
Itnperatori Gsesari Divi Hadriani filio 
Divi Trajani parentis Nepoti Divi NerVe 
Pronepoti: Pió Hadriano Antonino Augus- 
to Pío Pontificis Ma^cimo Popuü Romani 
, potestate Urbis Gonsuü 3.^ populi procu- 



(•7>) 

ratori Publico Ocurrí tanorum decreto De- 
curlonum dedicavit, ut denodedit. 

Ai emperador César hijo del divino 
jMriano, [nieto del divino Trajano^yiz- 
nieto del divino Nerva: Al Pió Adriand 
Antonino Augusto Pió Pontífice Máximo 
cónsul de Rpniaí por la potestad del pueblo 
romano; tercer procurador público del 
pueblo ocurritano en fuerza del decreto de 
los Decuriones se dedica. 

'i 

XAPID A SEGUNDA. 

Imperat. C^sari M. Aurelio Commodo 
Antonino Aug. Felcer SarrízM. Pon, Max. 
trib. P. lili. Imp. X Cos. T. P. P. Rtóp. P; 
Ocurritanorum , decretó Dec. 
D. D, 

Imperatorl, Caesarl Marco Aurelio Com- 
modo, Antonino Augusto feliciter Sarma* 
tarum Magistro Pontifici Máximo Tribu- 
no Pie vis 4.^ Imperatori X. Consuli Urbis, 
procuratori publico Reipublice Ocurrita- 
norum dedicavit aut dons dedit. 

Al emperador César Marco Antonio 
Commodo, Antonino Augusto Pió, feliz- 



(i 7^) 

mente Maestro de los Sarmatas. Pontífice 
Máximo, cuarto tribuno de la plet^e; em-? 
peradpr X., cónsul de Roma, procurador 
público de la República de los Ocurritanos^ 
en fuerza de decreto de los Decuriones se 
c3edíca. ^^ 

Se leyeron estas lápidas en ai de fe-* 
brero de 1795, en que se descubrieron 
Hay dos pedestales con estas inscripciones, 
como de cinco tercias de alto situados en 
Benafelis el alto de Ubrique. La una de 
estas lápidas está escrita en letra latina (que 
?e dice), y la otra en letra cursiva. El mar- 
ques de Palacio, teniente coronel de húsa- 
res, pasando por Ubrique hizo la traduc- 
ción de estas lápidas. 




(^73) 

jDf5f ripctan \fc la trilla ie tihviqm. 

Esta villa tiene de población 1,204 ^^* 
cinos, con el número de 6,2co almas, si- 
tuada en la parte occidental del reino de 
Granada y obispado de Málaga; su vicaría 
la de Ronda; su situación, á la falda de 
una sierra alta. Fue conquistada por los se^ 
ñores reyes católicos, viernes, pascua de 
Espíritu Santo del año 1485, en cuyo dia 
domingo, fue tomada de los Moros la ciu- 
dad de Ronda. Dichos señores reyes, dona- 
ron esta villa á los diíques de Arcos. La lo- 
calidad de esta, mirada geográficamente, 
es la de treinta grades y cuarenta y cinco 
Wíinutos de latitud; y la de doce grados y 
un minuto de longiuid desde las islas Ca-- 
narias, ó punta de Tenerife Sii situación á 
los cuatro vientos magistrales, es mirada 
desde su capital de provincia. Desde esta 
corresponde al occidente ó poniente: desde 
su capital de partido norte, desde Sevilla 
poniente; desde Algeclras el sur. 

Esta villa fue poblada por los espresa^- 
dos señores duques en el mes de octubre 
de 1 5o2 , con solo treinta y dos vecinos 
caballeros ó peones ó del estado llano, rer 
partiéndoseles su pequeño terreno de una 



(i 74) 

legua, sus huertas^ vinas , olivas 5 &a 
Tiene una parroquia titulada nuestra 
señora de la O. Su patrón^ el señor san Se- 
bastian tiene un cura párroco ^ un benefi- 
ciado, nueve eclesiásticos seculares^ los mas 
de estos confesores y predicadores. Cuaíro 
eclesiásticos exregulares, y dos de ellos han 
regentado cátedras en sus respectivas ór- 
denes. 

Tiene este pueblo una hermita de san 
Sebastian que se edificó en 16*04. Otra de 
san Juan que se labraba en 1 665. Otra de 
san Antonio que se edificaba en 1729. Otra 
del Calvario que se edificaba en 1743,7 
otra de san Pedro edificada en i8o3. Tiene 
un convento de padres capuchinos, edificado 
en 1666, que está situado al nordeste: y 
como á medio tiro de fusil se halla un fe- 
cundo manantial de agua que da veinte y 
un caños, repartidos entre la inmediación 
de su salida en el convento de capuchinos 
y en el pueblo: y cuyo derrame riega una 
gran ribera de huertas. Sin este manantial, 
hay otros dos abundantes; el uno llamado 
el Nacimiento, y el otro el Algarrobal, Co- 
mo medio tiro de fusil de este pueblo hay 
un manantial llamado el Benafi, al pie de 
ima bieira elevada del mismo nombre, y 



en cuya altura hay una llanura como de 
ocho á doce fanegas de tierra. En esta al- 
tura hubo un templo ó triunfo en que 
estaban colocadas en pedestales, (que tie- 
nen las adjuntas inscripciones) las esta- 
tuas de alabastro de Marco Aurelio , que 
no tiene cabeza, brazosj^ ni pierna dere- 
cha, y en talón de la izquierda, tiene al 
garra de León , cuya piel servia de capa. 
La de Cleopatra, sin cabeza, brazo» ni 
piernas , manifiesta en su pueblo los ás- 
pides. 

Los pedestales son como de cinco 
cuartas ó tercias de alto/Mirando al norte, 
se hallan unos baños de sillería ó argama- 
sa , estaban cubiertos. La longitud de su 
fondo, será como de seis á ocho varas y 
en latitud como de cinco á seis. En sus 
gruesas paredes hay como los cuevas en 
donde se enjugarian los que salian del ba- 
ño que se situaba dentro del edificio en 
circulo, que remataba su fondo en punta 
de limón , con gradas pequeñas para bajar 
á bañarse: el agua vendría á ellos del na- 
cimiento de Benaocaz llamado Castril^ ya 
por cañerías ó por depósitos de algives que 
en el dia se descubren y otros que están 
terraplenados, y no 



(176) 

plantarse las viñas que ocupan estos ferre-^ 
nos. En el denominado manantial Benafe- 
1Í3, da principio el rio que llaman de 
Ubrlqne , con alguna agua que vaya de 
Benaocaz en el invierno : cpn su agua mue- 
len nueve molinos y trabaja un batan de 
paños. Dicho rio se llama en arábigo, 
Guadalsacaten que que quiere decir , rio 
de los traperos ó laneros porque los moros 
labraban paños ó telas de lana. En el día 
se labran pocos paños, y si bastantes ger- 
gas, sayalos , mantas , costales &c. El ter- 
reno es escaso de caza y pesca. En sus mon- 
tes y sierras se crian algarrobos, enciivas, 
quelsigos alcornoques y arbustos de len- 
tiscos, agranjos , madroños, jaras Scc. Hay 
muchas aguas ferruginosas é bidrógeno- 
sullurada , siendo de estas iiltimas la mas 
preferible, el baño que de esta clase se ha- 
lla á un cuarto de legua de esta villa por 
sus escelentes virtudes esperlmentadas, y 
tal vez cuando no Iguales, preferentes á 
las de los baños de carratraca. Se halla jas- 
pe encarnado con betas blancas, en el agua 
nueva, camino de Vilíaínenga, y en el pa- 
go de viñas de Tarlsna. Hay tres castillos 
de moros en su término : uno en el pa^o 
deTavisna, denominado Asnalmara, otro 



('77) 

llamado Fátima, y otro las casas de Gar- 
ciago, que antiguamente se llamó Algeci- 
rillas. 

El señor don José Marrón, gefe políti- 
co de la provincia de Málaga en i823, 
mandó se tragesen á Ubriqne los pedesta- 
les y restos de los bustos descubiertos en 
el alto Benafeüs , lo que no se ha verifi- 
cado ni tendrá efecto por la indolencia de 
los naturales, que por su ignorancia deses* 
timan los preciosos monnmeutcs de la an- 
tigüedad d^ este pueblo ó república Oonr^ 
ritana, que manifiestan los vestigios de^ig-^ 
nados, 

M. J, A. y P, 






ift 



078) 

€onoámwitoB ótíks. 



Tela para escribir y dibujar en la^ escue' 
las de primera educación. 



Tómese una pieza de tela fina ^ y es- 
tendiéndola en un bastidor , se frota bien 
con piedra pómez hasta que desaparezcan 
todas las desigualdades, después se dá ala 
tela un barniz compuesto de catorce libras 
de engrudo, una libra de creta y un cuar- 
terón de aceite de linaza ; se deja secar y 
luego se pasa otra vez la piedra pómez- Se 
vuelve á repetir esta maniobra, y asi que 
esté terminada, se toma aceite de linaza en 
elque se hecha carbonato de plomo perfec- 
tamente pulverizado hasta que adquiera 
consistencia de puches y se va estendiendo 
en la tela ya preparada con una llana pe- 
queña ó un cuchillo de pintor. Asi que 
esté seco se dá otra. mano y luego otra, en 
la que se añade un poco de trementina. Cuan- 
do todo está bien seco se parte la tela en 
pedazos del tamaño y forma que se quiere» 

Para escribir en esta tela se disuelve 
cualquier color en un poco de agua de go- 



í»79) 

ma, y con una pluma común se escribe ó 
se dibujan figuras geométricas, mapas, paí- 
ses 8cc. Para borrar lo escrito no hay mas 
que pasar una espongita. 

Se escribe mas fácilmente que en la 
pizarra y en el papel, y la economía que 
resultaría de admitirse esta tela en nues- 
tras escuelas no puede ser dudosa. 

Tinta indeleble para marcar en lienzo. 

Se disuelve ioduro de hierro en sufi- 
ciente cantidad de agua destilada y ya está 
hecha la tinta. Para servirse de ella hay 
que tener la parte de lienzo donde se \á á 
marcar empapada por un cuarto de hora 
en agua goma en la que se haya disnelto 
prusiato de potasa cristalizado. Después de 
seco el lienzo se pnfe bien con marfil ó 
cristal y se escribe con la tinta preparada 
la que resiste al jabón , á Jas íegias; fuertes 
y aun á los reactivos químicos. 






(i§o) 



geografía. 



De la P rusia. 

El Padre. Siguiendo nuestra jcllvlsioa 
de geografía debemos empezar con la se- 
gunda sección de los estados en que hemos 
dividido ia Europa y nos toca liaBlar de la 
Píusia, vamos á ver Eugenio qué es lo 
que nos vienes á decir. 

Eugenio. La Prusia está terminada al 
Norte por el Báltico, al E. por el Imperio 
Ruso, al S. por el Austria, y al O. por la 
Confederación Germánica. Comprende una 
estension de doce mil leguas cuadradas, y 
con doce millones de habitantes que son 
generalmente afables^ ingeniosos, pareci- 
dos á jos alemanes y dedicados á la agri- 
cultura 6 al arte militar. 

El Padre. Cómo í-e dividen los esta- 
dos prusianos ? 

Alejandro. En diez provincias subdivi- 
didas en veinte y siete regencias que com* 
prenden trescientos treinta y dos círculos. 



(i8i) 

PROVINCIAS- CAPITALES. 



Prusia Orienfal • . . Konisberg. . 
Prusla Occidental... Dantzick. . . 
Posen Posen 



Brandeaiburgo. • . . Berlín 

Pomerania Stetlln 

Silesia. Bresiau 

Saionia Magd( gburgo 

Westfalia. Munster 

Cleves-Berg Colonia 

Bajo-Rin ....••.. Aix la Cbapelle. . . . 

Principado de Neu- • . . 

chatel. ........ Neuchatel. 

Berlin es la capital de todo el reino. Es 
cindad hermosa con magníficos edificios, 
palacios, iglesias y teatros, espaciosas pla- 
zas y paseos , muchas fábricas y estableci- 
mientos útiles. 

El Padre. Enrique: ¿cuáles son los la- 
gos ños y montes de Prusia ? 

Enrique. Lagos hay algunos considera- 
bles cómo el Maver y Spirding. Los montes 
mas altos, son toda la cordillera de los Su- 
detes 5 y los rios mas caudalosos son el 
Rin, Mosela, Elba, Oder y Víbtula. 

£1 Padre. ¿No entra el rey de Pru$ia 



entre los que componen ía confederación 
Germánica? 

Eugenio. Si señor , por la posesión del 
Brandemburgo , Pomseránia^ Sajonia y el 
gran ducado del Bajo Rin. 

El Padre. ¿ Alejandro cuál es el clima 
dé Prüsia? 

Alejandro. Es generalmente templado 
y sano. Las costas de la parte oriental no 
son escesivamente frias , pero de muy varia 
estación , las provincias terrestres gozan de 
un clima mas templado y un frió rigoroso 
se deja sentir en la alta Silesia y en las 
montañas. El clima en general es muy va- 
rio, pero sin que sirva de obstáculo á la 
producción. 

El Padre. Cuáles son las produccio** 
ne$ de la Prusia? 

Enrique^ Siendo la Prusia una región 
agrícola , abundan toda clase de granos» 
como trigo, cebada, centeno, avena, las 
legumbres como guisantes, habas, lentejas, 
y las frutas y hortaliza. Las viñas son esca- 
sas, pues solo las hay en las márgenes del 
Rin y del Mosela. Se crian también mu- 
chas plantas útiles á la industria y general- 
mente hablando las necesarias para los gas- 
tos del pais. 



(i83} 

El Padre. Isabel^ prosigue tu con las 
¡producciones de este país. 

Isabel. La cria del ganado que se hace 
con esmero 5 la caza y la pesca que son 
muy abundantes. En ios rios se encuentran 
salmones^ anguilas y lampreas, y en las 
costas otra multitud de pescados. También 
se crian en la Prusia , las abejas , la cochi- 
nilla y el gusano de seda ; las riquezas mi- 
nerales consisten en minas de plata», cobre, 
hierro, plomo ; sal, mármoles, succino &c. 

El Padté. Eugenia ¿cuál es la industria 
fabril de Prusia? 

Eugenia. Los labradores suelen tejer 
en su casa el lienzo de su uso, pero hay 
manufacturas y tegidos de lino , lana , se- 
da, algodón y utensilios de yerro y otros 
metales. Él azul de Prusia, albayalde de 
Berlin , relogería , jabón, cerbeza , aguar- 
diente y otros varios artículos. 

El Padre. Eugenio dinos tu ahora la 
población -, lenguage y gobierno de Prusia. 

Eugenio. A últimos de 1828 la pobla- 
ción ascendía á 12,726,823 habitantes di- 
vididos en cinco clases: nobles, plebeyos, 
labradores, militares y eclesiásticos. La len- 
gua alemana es la que se usa generalmente, 
pero dividida en dos dialectos, y la íor- 



(i84) 

ina de gobierno es una monarquía absolu-* 
ta , siendo la corona hereditaria para amboá 
sexos. El ininisterio está dividido en nueve 
secciones, y cada provincia está adminstra^ 
da por un presidente superior. El código 
general por el que se arregla la justicia de 
los estados prusianos es el Landrecht. 

EL Padre. Alejandro ¿cuál es el ejército 
de Prusia ? 

Alejandro. Es muy imponente , pues 
en tiempo de guerra puede poner has*^ 
ta 5óo,oco hombres sobre las armas. El 
ejército se compone de un estado mayor^ 
cuyo gefe supremo es el rey, de los cuer- 
pos permanentes de diferentes armas, de 
los de la Landwher (milicia) y en caso ur- 
gente de !a Landsturm ó levantamiento 
en masa , de los hombres desde diez y siete 
anos hasta cincuenta y se exige por Real 
decreto en caso de inminente peligro. 

El Padre. Enrique, cuál es la religión 
de Prusia ? 

Enrique. La dominante es el protes- 
tantismo que comprende los luteranos y 
calvinistas, hay también socínianos, judíos 
y dos arzobispados con seis obispos católi- 
cos que comprenderán como una tercera 
parte de los habitantes. 



Él Padre. ¿En qué estado se halla la 
instrucción en Prusla ? 

Isabel' Se cultivan las ciencias y se ha- 
llan favorecidos por el gobierno. Hay aca- 
demias reales, sociedades literarias, siete 
universidades y 2088'^ clases elementales 
para la instrucción de ambos sexos , una 
institución para ciegos, tres para sordo-mu- 
dos , casas de educación para huérfanos de 
militares, escuelas de náutica, veterina- 
ria ¿kc. 




(i 86) 



Alejandro. Papá el dia pasado nos 
ofreció V. enseñarnos otro alfabeto manual 
para que por él se facilitase á los desgra- 
ciados sordo-raudos el conocimiento del 
labial 5 nos le enseñará V. hoy? 

El Padre. Sí ^ hijo mio^ y este no se 
limitará á letras aisladas como el otro, si- 
no que será silábico , y por él se les dará 
á conocer las preposiciones y conjunciones 
que no variando en nuestro idioma se con- 
seguirá por este medio, que al paso que se 
familiaricen con la postura de la mano, com- 
prendan la de los labios, lengua y dientes. 

Eugenio. Papá , y no se podrá hacer 
uso de la fisonomía para estos signos en 
lugar de la mano? 

El Padre. Querido mió, no es ío mis- 
mo; la mano es el principal irlstrumento 
del lenguage mímico. La mano es la que 
egecuta la mayor parte de los signos con 6 
sin el concurso de la fisonomía , y por lo 
mismo de todos los órganos del gesto es el 
primero que deberemos aprender para po- 
derle enseñar á los desgraciados que nos 
ocupan/La necesidad de los alfabetos ma- 



nuales la conocieron ya todos los que «é 
dedicaron á la instrucción primaria de 
sordo-mudos, entre ellos Pereira , que con 
él logró llamar la atención de los france- 
ser y oscurecer por entonces la gloria que 
eclipsaba al abate K Epée^ después Hervas 
y últimamente don Tiburcio Hernández, 
secundándolos los estrangeros Saboureaux 
de Fontenay y Volke, generalizándose tan- 
to en el dia que aunque muy imperfectos,^ 
se hace uso de ellos en casi todas las escue- 
las de sordo raudos ; pero como los cono- 
cidos hasta aqui no pueden figurar sucesi- 
vamente mas que una letra después de 
otra, de las de la palabra que se quiera 
dictar , y siendo este procedimiento tan 
lento que de la reunión de estas qne for- 
man la palabra tardan mas en representar 
el objeto, que lo que desea la imaginación^ 
Estos inconvenientes los debió tener pre- 
sentes Mr. Volke cuando pensó en la for- 
mación del silábico con el que creia adelan- 
tar mas que con el dactilológico de nues- 
tras escuelas ; pero aquel exige el empleo 
de las dos manos y es un inconveniente 
tan embarazoso que se debe evitar á toda 
costa, y creyendo yo poder conseguir el 
mismo objeto ; sirviéndome de la una ó de 



(.88) 

la otra mano á la vez propongo el preisen- 
te alfabeto silábico poniendo en acción 
cualquiera de las dos manos indistintamen^ 
té, y deseando ponerle en relación con el 
alfabeto labial he procurado componerle 
délos mismos elementos , y de establecer 
su orden en cuanto á las consonantes y 
vocales. 

Enrique. Papá^ v no será mejor que 
llegado el caso nos comunicásemos por 
escrito ? 

El Padre. Hijo mió, este método es mas 
abreviado, y esto es suficiente para que se 
mire también como mas ventajoso , porque 
por su medio se puede figurar por un solo 
signo una sílaba que por el solo dactiloló- 
gico eran necesario tres ó cuatro y muchas 
veces complicados, ademas la escritura pi- 
de plumas, papel, clarión, pizarras ó en- 
cerados , ¿y cuánto mas incómodo seria el 
recurrirá estos instrumentos si quisiéra- 
mos escribir de pronto á nuestro discípulo 
el nombre de un objeto, ó lo que es mas 
seguir una conversación con él? 

La práctica me ha hecho conocer lo 
trabajoso que es dar ideas exactas del uso 
de las preposiciones y conjunciones, y 
|jara usarlas con incierto ée les debe habi* 



(189; 

tuar así á los maestros, padres de los sordo- 
mudos 5 como á estos mismos niños, á que 
hagan apiícaciones frecuentes de las dichas 
partes de la oración , ya en reglas de mo- 
ral, urbanidad ó cortesía, ó ya en las mis- 
mas oraciones dominicales. No olvidemos 
que el lenguage de los sordo-modos sin las 
preposiciones y conjunciones , será inteli- 
gible y por decirlo de una vez, seria un 
esqueleto sin ligamentos, y por esto insis- 
to que se les enseñen del modo que pro- 
pongo en el alfabeto silábico. 

En este enspyo se verá con placer que 
con los cuarenta y tres signos de otras 
tantas palabras , acompañados de los mo- 
vimientos fáciles de la mano se puede figu- 
rar con la mayor rapi iez todas las palabras 
del lenguage. 

El pequeño dactilológico tiene veinte 
y cinco para formar solamente las letras 
las unas después de las otras y el nuevo sis- 
tema no recargará mucho mas la memoria, 
y aseguro que un maestro de voluntad de^ 
cidida puede aprenderle perfectamente en 
un dia y habituarse á él en menos de ocho: 
hablo por mi esperleucia y la de mis niños 
apiícadns, y con solo dedicar á este estu- 
dio inedia ó una hora cada dia, se logrará 



que á muy poco tiempo se contraiga el há- 
bito que se desea y si algún sordo-mudo 
presenta repugnancia á este nuevo lengua- 
ge se le separa de los demás aislándole en 
sus comunicaciones , y desde este momen- 
to 5 obligado por la necesidad hace rápidos 
progresos. Su mayor dificultad nace en es- 
te caso del camÍ3Ío del sistema en la des- 
composición de las palabras y de las silabas, 
y para obviar esta dificultad con respecto ai 
alfabeto labial, es precisamente para lo que 
quiero habitaarles ai silábico. Sin embargo 
de la convicción intima que tengo de las 
ventajas que resultan en la educación de sor- 
domudos , la supresión de las letras inútiles, 
desearia que los encargados de tan difícil 
trabajo se asegurasen conmigo , que la prác- 
tica está de acuerdo con la teoría. 

La cortedad de los dedos ó la rigidez 
de los mismos en los ancianos, dificnitariaa 
prestarse á los diferentes movimientos que 
les queramos dar ; pero los buenos deseos 
imldos á la aplicación sobrepujan esta di- 
ficultad. 




(■90 



En los archivos de la ciudad de Montpelller, 
se ha descubierto ua manuscrito que se atribuye al 
¡lustre Petrarca. Son poesías en lengua provenzal, 
en las que se encuentran con frecuencia los nom- 
bres de Laura y de Vauclusa, 



Se cuentan ea París 350Q tenderos, aooo ta- 
berneros y 600 panaderos divididos en cuatro 
clases. 



En Erlach en Franconia, han arrestado á un 
viejo vagamundo que se hacia pasar por el Judío 
errante^ Le han encontrado veinte y cinco mil flo- 
rines en oro que decia se los habia prestado Jesu- 
cristo para los gastos del viage. 



Es mas ütil acostumbrarse a vivir con los pe- 
queños que con los grandes; se encuentran en el 
camhio mas moscas que leones , y mas yervas que 
empinados árboles. 



Los periódicos de Berlin, hablan de la invención 
de Mr. Heinsdoíf para preservar la paja de los 
insectos, y prepararla de modo que adquiera toda 
la elasticidad del pelo» 



(19a) 

¿Porqué el que se reputa pequeño quiere humi- 
llar á los demás ? Porque esto es engrandecerse» 



Magliabechi bibliotecario del duque de Tosca- 
na» ha sido durante los ochenta años de su vida el 
tipo de la bibliomanía. Con un vestido sucio y an- 
drajoso y tomando muy escaso alimento, paso toda 
su vida entre multitud de libros de ios que no se 
reparaba ni aun para dormir. 



Observaciones hechas recientemente prueban 
que se puede verificar la audición por cicatrices 
originadas de la trepanación del cráneo. Teniendo 
cerradas herméticamente las orejas y la periferia 
d^l cráneo Jibre, se perciben los sonidos tanto me- 
jor, cuanto las undujacione? SQnpras se dirijan más 
perpendicularmente á la superficie de la cicatriz. 
También se oyen por las mismas cicatrices los so- 
nidos vocales á cierta distancia, de modo que el 
paciente puede responder á las pregunta» del fa- 
cultativo* Igualmente se oye el golpe de un reloj, 
pero si se aplica la mano sobre la cicatriz cubrién- 
dola perfectamente, se cierran los conductos audi- 
tivos y la audición no se verifica. 










Octubre en latió October era como lo 
indica su nombre el octavo mes del año 
instituido [)ür Rómulo; después de la refor- 
ma de Numa ocupó el noveno lugar y des- 
pués de la de los decénviros el décimo 
que ha conservado hasta ahora sin cam- 
biar de nombre como el mes de setiem- 
bre tuvo y dejó de tener alternativamen- 
te todas las denominaciones aduladoras que 
el senado y los emperadores quisieron im- 
ponerle. En Yano Domiciano procuró que 
este mes se llamase desde alli en adelan- 
te domitianus , el senado faustinus en ho- 
nor de Faustina esposa del emperador An- 
tonino 5 Commodo invíctus en su propio 
honor, el nombre de Octubre siempre pre- 
valeció. 



Año de i^^i.zrz Combate entre Maca* 
río y el perro de Aubry de Montdídier. 

En el reinado de Carlos V. de Fran- 
cia llamado Carlos el sabio, vivía tm gen- 
darme del rey llamado Aubry de Montdi- 



13 



dier. Este hombre tenia un perro que esti* 
maba mucho por so- inteligencia y por el 
cariño c|ue le tenia. Ya en una ocasión le 
había salvado la viría sacándole ele las aguas 
del Gava,rio de Bearne donde le habia ti- 
rado un caballo espaotadizo, asi es que 
Aubry no podia separarse de su perro y le 
llevaba á todas partes, conmigo. 

üa dia tuvo Aobry una quimera con 
un archero llamado Sfacaiío en un juego 
de pelota. Este úlnrno^ hombre cruel y 
vengativo, conservó en su corazón un pro* 
fundo resentimiento contra Áubry, y resol- 
vió vengarse. Mas no teniendo suficiente 
valor para atacarle cara á cara, apostó 
unos asesinos eu la selva de Bondy por 
donde sabia que habia de pasar Aubry de 
vuelta de un viage. 

Este según so costumbre^ habia lleva- 
do consigo su perro^ mas cuando estuvo á 
pocas leguas de París^ le envió delante pa- 
ra que advirtiese á su nioger de su llegada» 
Por esta causa Aubry atravesó solo la ^elva 
y tos malvados que le acechaban atacando- 
dote de improviso le asesinaron y enterra- 
ron al pie de un árboL 

Eí perro ya hacia horas que había De- 
gado á casa de &u ama^ y par sus gritos^ 



(195) 

alegría y actemanes ^ la había hecho coixi^ 
prender que su amo venia detrás, rnas eo-^ 
mo este no llegaba, la inquietud se pintó 
en el rostro de aquella mnger^ El perro lo 
ñora, y atormentado también por el para-- 
dero de su amo, sale de casa , corre sin de* 
tenerse hasta la entrada de la selv^ donde 
había dejado á su amo. El instinto natural 
de los perros y la finura del olfato de que 
están dotados, hicieron descubrir pronta-» 
mente al pobre animal el sitio donde esta'* 
ba enterrado su aiiio, Escarba la tierra con 
las dos patas hasta descubrir el cadáver del 
desdichado Aubry, le lame, le acaricia^ 
mas viendo que rodoe sos esfuerzos son m-^ 
útiles, y qi>e su amo no se muevc^^ se de-^ 
cide á abandanaríe, y después de haberle 
cubierto fíe tierra se vuelve á París. 

El perro por un conocimiento que me^ 
recia otro nombre mejor que el de Instin-- 
to, no volvió á casa- de sq ama para que 
por su aire triste no viniese en conocmiien* 
to de la de.cgracia. Quiere que ésta no que-- 
de sin castigo, y para esto se clirige á casíi 
del caballero LardiHiere grande amiga efe 
su amo con el Qn^ c^:>mia v se aeomnt^íiaba 
muchas veces. El caballero no halla nada 
de estraordiuarioerv la^ vkiía cíel perro de sa 



(196) 

amigo; le acarició sin notar su abatimien- 
to y mandó que le diesen de comer, mas 
el perro no comió nada. Andaba siempre al 
rededor de Lardilliere y asiéndole de la ro- 
pa con los dientes tiraba de él, como para 
llevarle á alguna parte. El caballero que 
rio entendía nada de esto , se desembarazó 
de él, y le puso á la puerta de la calle. El 
perro pasó en ella toda la noche y aí otro 
dia vuelve á casa del amigo de su amo y 
redobla las instancias para que le siguiese 
mas él no hizo caso de las acciones del per- 
ro hasta que pasados ocho dias , y viendo 
que el perro no cesa de venir á su casa, que 
quiere darle á entender alguna cosa y que 
cuando le echan á la calle hace instancias 
para que le sigan, se deja un dia llevar 
por el perro que le manifiesta su agradeci- 
miento por todos los medios que están á su 
alcance* 

Asi que llegaron á la selva de Bondy 
el perro conduce á Lardilliere al sitio don- 
de están sepultados los restos de Aubry, 
escarba hasta descubrirlos , y entonces se 
¥oelve lánguidamente hacia el caballero. 
Este sumamente conmovido, sorprendido y 
espantado, se prosterna junto al sangrien- 
to cadáver de so amigo* y jura emplear to* 



('97) 

dos ios medios posibles para vengar el ase- 
sinato, y confiando en el perro para descu- 
brir al culpable^ hace trasladar el cadáver 
á París donde le entierran con la solemni- 
dad correspondiente. 

El fiel animal agradecido á lo que Lar- 
dilliere habla hecho con su amo, pasó á 
él todo el cariño que á este tenia, quedán- 
dose á su lado para no abandonarle jamas. 
Un día en que según su costumbre cami- 
naba tranquilamente al lado de su nuevo 
amo, se para de repente, sus ojos se ani- 
man, prorrumpe en un ladrido sordo y se 
arroja furioso á un hombre que pasaba 
asiéndole del cuello, y arañándole el rostro 
con las uñas. Lardilliere se quedó atónito. 
¡Su perro tan manso y tan bueno cometer 
un esceso semejante! Es preciso que haya 
tenido algún acce^so de rabia. A! fin consi- 
guieron hacerle soltar la presa . y el perro 
lamiendo las manos de su amo, se pone en 
actitud suplicante, volviendo á recobrar 
toda su cólera al mirar al hombre á quien 
acababa de atacar y que va iba huyendo, 

Lardilliere reíiexionando lo que acaba- 
ba de suceder ^ concibió algunas sospechas. 
Era imposible que su perro hubiese queri- 
do ahogar á aquel hombre sin algún mo- 



(198) 

tivo y este es el que se propuso aclarar. 
Aquel hombre le era desconocido, y asi 
procuró encontrarse con él algunas veces 
llevando siempre consigo el perro atado 
con una cadena , y cada vez que el perro 
le divisaba 5 hacia los mayores esfuerzos 
por romperla y tirarse á éh Vista esta tena* 
cidad ^ Lardilliere no dudó que aquel era 
el asesino de su amigo, y fue á acusarle 
delante del rey. 

Carióos quinto era un rey Justo y bueno 
que siempre dedicaba una hora á oir las 
quejas de sus vasallos. Cuando supo las cir- 
cunstancias de aquel negocio hizo prender 
al acusado, mas como este uegase todo, 
mandó tragesen el perro el que se puso fu- 
riosísimo y costó mucho trabajo contenerle. 
Entonces el rey medio convencido decretó 
un combate singular entre el perro de Au- 
bry y el que se presumía ser su asesino. 
Entonces eran muy frecuentes estos com- 
bates de entre un acusador y un acusado 
cuando faltaban pruebas del crimen. Estos 
desafios se llamaban juicios de Dios^ pen- 
sando con fundada razón , que el Todopo- 
deroso no queria protejer el crimen y que 
sucumbiendo el inocente dejase triunfar ál 
culpable. 



(»99) 

G)mo era la primera vez y probable* 
mente la ultima que se veía un juicio de 
/>Í05 entré un hdáibre y un animal, con- 
currió una inmensa, multitud, y el mismo 
rey en persona. El combate se debia verifi- 
car en la isla Notré dame en un circo íor- 
mado por tablas para separar á los especta- 
dores. El acusado tenia por arma un garro- 
te en forma de clava , y el perro tenia un 
tonel sin fondo donde recogerse. 

Dada la señal , los dos adversarios se ar- 
rojan uno sobre otro ; el perro recibe un 
garrotazo que le bace vacilar, retrocede al- 
gunos pasos, y aprovechando la ocasión en 
que su enemigo se dispone á darle otro gol- 
pe , salta á su cuello con la mayor ligereza 
y le clava los colmillos en la carne. Consi- 
guieron arrancar á aquel infeliz de las gar- 
ras del animal , porque no era alli donde 
debia morir. Llevado á la presencia del rey 
declaró todo ^u delito. 

Durante mucbo tiempo, no se habló 
de otra cosa mas que del perro de Aubry; 
todos querían verle y aaasaiarle, Carlos V. 
hizo erigir en la selva de Bondy un monu- 
mento que recordase el valor y fidelidad del 
perro. En este monumento estaba inscripto 
un dístico latino, cuya traducción literales 
la siguiente: 



(acó) 

^^Ciegos mortales, que violáis las leyes mas 
»sagradas , aprended de un animal á ser re- 
»conocidos ; temblad hasta de vuestra som- 
»bra cuando queráis cometer algún delito/^ 

Aunque el tiempo hace años que ha 
destruido este modesto monumento, el re- 
cuerdo del perro de Aubry vive y vivirá 
eternamente. Las heroicas acciones para 
conservarse 5 no necesitan ser reproducidas 
en un mármol que ha de durar menos que 
su memoria. 



«SP^"**»" 





Edíjgt0n* 



ARTICULO a.^ 

Caridad unwersaL Si el reconocimien- 
to produce el amor de Dios, el amor de 
Difos produce también el de los hombres. 
En efecto, ¿cómo se ha de amar á Dios y 
aborrecer á los que él ha amado? Aqui se 
trata de un amor no de instintosolamentCp si- 
no de un amor purificado por la inocencia 
de las cosbmbres y la fuerza de la razón, de 
esté amor , no de gusto y de esclusion, sino 
conio el de Dio$; amor mas bien de alma in- 
mortal , que del hombre mortal. El egois- 
mo procura apartarnos de este deber que 
cada uno de nosotros debe procurar cum- 
plir exactamente. Qué cosa hay mas natural 



(acá) 

que reconocer por hermanos á estos seres 
semejantes á nosotros que nos rodean, que 
hacen depender de maestra existencia sus 
necesidades^ y á quienes Dios desde el prin- 
cipio ílel miiñdo ha puesto en relación con 
nosotros por medio del don divino de la 
palci!>ra? En este meílio maravilloso de co- 
municación no hay una invitación particu- 
lar á amarnos y socorrernos? En el mismo 
cuidado que ha tenido la Providencia de 
que la fuerza provenga de nuestra unión, 
debemos reconocer la necesidad de amar- 
nos mutuamente. 

Inmortalidad del alma. La filosofía de- 
muestra que hay en el hombre un prin- 
cipio que no puede perecer, y que lleva al 
otro mundo las consecuencias de las bue- 
nas ó malas acciones que ha podido come- 
ter Esta creencia no es de a ver sino que 
está autorizada por el voto secreto de! cora- 
zón y el asenso general de Jos pueblos. 
Tampoco se estinguirá mañana , sino que- 
dará perpetuada entre !o^ hombres cgmo 
una herencia sagrada. Solo ei pltivo filósofo 
no invoca estas tradiciones venerables pro- 
curando apartarse de la fe de sos semejan- 
tes y de las esperanzas del género humano. 

(5*6 continuará.) 











EL MENDIGO. 



l-,!B^O*gBLJi 



A la puerta principal de una iglesia ée 
París se notaba poco há un anciano mendi- 
go constante en venir todos Jos días á sen- 
tarse en el umbral del sagrado recinto 
Sus modales, su tono y su leiíginaje revela- 
ban una educación superior á la que regu- 
larmente acom^)ana á la miseria. Bajo sus 
andrajos llevados con dignidad , brillaba un 
reciente recuerdo de estado mas distingui- 
do. Asi entre los pobres de la parroquia, 
en medio de aqtielia clientela abandonada 
por las poblaciones á la que rada iglesia 
presta asilo, este mendigo llamado Jacobo 
tenia mucha autoridad. Su bondad , su ini- 



parcialidad en la distribución de las limos- 
nas, única beneficencia del pobre para con 
,ei pobre y su celo en apaciguar las quere- 
llas, le habían grangeado una reputación 
bien merecida. A pesar de esto su vida y 
sus desgracias eran un misterio, tanto para 
sus mas íntimos camaradas, como para las 
personas que frecuentaban la parroquia. 
Hacia veinte y cinco años que todas las 
mañanas venia á sentarse á un mismo sitio, 
estaban tan acostumbrados averie que pa- 
recía constituir parte del adorno de la por- 
tada como las figurillas de piedra dentro 
de los nichos góticos y á pesar de esto nin- 
guno de sus compañeros pedia dar razón 
de la menor circunstancia de su vida. Tan 
solo una cosa se sabia y era que Jacobo sien- 
do católico nunca ponía los pip.s dentro de 
la iglesia. En el momento de las ceremonias 
religiosas , cuando los cánticos piadosos re- 
sonaban en la cúpula sagrada, cuando el in- 
cienso se elevaba con los votos de los fieles 
hacia el cielo, y el sonido grave y melodio* 
so del órgano, sostenía el solemne coro de 
los cristianos, entonces el méndigo sentía 
impulsos de mezclar sus oraciones con las 
de la Igiesia y con ávidos ojos contem- 
plaba desde afuera el cuadro que presenta- 



ba la morada del Altísimo. El brillante re- 
flejo de la luz, al travéá de las góticas vi- 
drieras, la sombra de los altos pilares pues- 
tos hacia siglos como símbolo de la eterni- 
dad de la religión, la profunda y suave 
melancolía que infunde el aspecto sombrio y 
recogido de la Iglesia, todo esto causaba al 
inéndigo una admiración involuntaria. A 
veces las lágrimas corrian por su arrugado 
rostro, y su alma parecia agitada por la 
infelicidad y profundos remordimientos. 
En los primeros tiempos de la Iglesia se le 
hubiera tenido por un criminal condenado 
á perpetuo destierro de la asamblea de los 
fieles y á pasar como silenciosa sombra en- 
tre los vivientes. 

Un eclesiástico asistía todos los días á 
celebrar el santo sacrificio. Descendiente de, 
wna de las mas antiguas familias de la Fran- 
cia y poseedor de muchos bienes, tenia sus 
delicias en distribuirlos por medio de abun- 
dantes limosnas* Al méndigo principalmen- 
te le tenia un afecto particular, y todas las 
mañanas al darle la limosna que ya era 
una renta diaria la acampanaba de palabras 
consoladoras. 

Un dia Jacobo no estaba á la hora acos- 
tumbrada en la puerta de la Iglesia, y el 



sacerdote llamadQ Paulino, celoso de na 
perder la Uniosna de aquel dia buscó la 
habitaeioo del mendigo al qoe enconírá 
enfermo y tendida en una mala cama. El 
ecfesíástico se quedó sorprendido a vísra 
del lujo y de U miseria que á un tiem- 
po se manifestaba en aquel aposentiüo. Uo 
magnífico reloj de oro estaba colgado á !a ca-^ 
becera del miserable jergón, dos cnadros 
coárteos marcoa colgados de la desnuda pa-^ 
red y cubiertos con un cres|)on5 un cru- 
cifijo de marfil de primorosa labor coígado 
á los píes de la cama, una silla antigua con 
tallas góticas, y entre varios libros usados 
ün misa I con broches de plata , lo demás del 
ajuar antmctaba una estrema iodigencía. 

La presencia del sacerdote reanimó: al 
áncíaoo^ y con acento lleno de ternura y de 
reconocimiento escíamd::: ¿Señor sacerdote 
os dignáis acordaros de estelnfrfiz? Amiga 
mió íe^ respondió este , un sacerdote olvida. 
tan solo á los rieqs. Venia á saber si teniasi 
necesidad de algún socorro-^ 

.Ya nada necesito, respondió el méndigo,, 

mi muerte está próxima , mi conciencia: 
únicamente no está tranquila ! 

_¿Tn conciencia'^ ¿Tendrias tál'vez alguri 
graa delito c[ue expiar ? 



(207) 

— Un crimen , un crimen enorme » un 
crimen por el que toda mi vida ha sido una 
cruel é inútil expiación ! [Un crimen sin 
perdón í 

— Un crimen sin perdón no existe ! La 
misericordia divina es mayor que todos los 
delitos del hombre. 

_Pero un criminal manchado con la mag 
horrible atrocidad , qné tiene que esperar? 
el perdón, ya no Je hay para mí. 

—Todavía le hay, excíama el sacerdote^ 
poseído de lín vivo entusiasmo^ el dndarlo 
seria una blasfemia mas horrible que to cri- 
men. La religión tiende sus brazos al arre- 
pentimiento Jacobo si tu arrepentimiento 
es sincero impldra en la bondad divina y 
no te abandonará. Confiésate. 

A! momento el sacerdote se descubre y 
después de haber proouneiado las palabnis su- 
blimes que abren al penitente las puertas 
del cielo ^ escucha al méndigo. 

Hijo de un pobre arrendador honrado, 
con el afecto de una familia de alta nobleza, 
cuyas tierras cultivaba mi padre^ fui recibido 
desde mt infancia en la quinta de mis amos 
con destino á ser ayuda de cámara del hijo 
de la familia. La educación que me dieron, 
inis rápidos progresos en el estudio y la be- 



(ao8) 

nevolencia de mis amos cambiaron mí esta- 
do, y fui elevado al rango de secretarlo. Al 
cumplir los veinte y cinco años, estalló la 
revolución y mi espíritu seducido con la 
lectura de los periódicos de aqu^^Ua época, 
ambicioné salir de semejante posición pre- 
caria abandonando el asilo de mi juventud^^ 
Si yo hubiera seguido este primer movi- 
miento la ingratitud me hubiera evitado uní 
crimen ! El furor revolucionario cundió 
bien pronto á las provincias, y mis señores 
temiendo ser descubiertos en su retiro des- 
pidieron á todos los criados. Reunieron con 
presteza todo el dinero que pudieron Y nip| 
llevando de su rico ajuar mas que los obje-^ 
tos preciosos por recuerdos de familia cor- 
rieron á París á buscar asilo enere la multi- 
tud y reposo en la obscuridad de su domi- 
cilio. Yo como hijo de la casa les acompa-^. 
ñé. El terror reinaba con todo su poderío y 
nadie sabia la secreta morada de mis amos 
que inscriptos en la lista de tos emigrados y 
confiscados todos sus bienes, todavía se da- 
ban por contentos permaneciendo reunidos 
tranquilos y ocultos. Animados de una fe 
viva en la providencia , esperaban un cielo 
nías propicio. ^ Vana esperanza i La única 
persona que podía revelar su morada y ar- 



ranearlos de su asilo, tuvo la vileza de de* 
nunciarlcs: este denunciador be sido yo. 

El padre, la madre, cuatro hijas, ¿in- 
geles adornados de su hermosura y su belle- 
za , acompañadas de su bermanito de diez 
aíios, fueron arrojados en un calabozo y 
entregados á todos los horrores de la pri- 
sión. Se les formó el proceso en aquel tít m*- 
po en que los mas frivolos pretestos bas- 
taban para enviar al inocente a la mncrte 
y á pesar de esto el fiscal no h^lUba moti- 
vos de acusación contra aquella noble y 
honrada familia. Hubo un hombre iniciado 
en las confidencias del hogar doméstico , de- 
positario hasta de los pensamientos íntimos 
de la familia que incriminó las mas rencillas 
circunstancias de su vida, inventando el 
crimen de conspiración. Este calumniador, 
este testigo falso soy yo. 

La sentencia fatal fue pronunciada, Xa 
sentencia de muerte gravitó sobre toda la 
familia excepto el hijo jovencito. Desgra- 
ciado huerfanito , destinado á llorar tod^ aa 
familia , maldiciendo á su asesino si acaso le 
habia conocido. Aquella familia resignada y 
hallando consuelo en sus virtudes^ esperaba 
la muerte en la prisión , mas hubo nn olvi- 
dp en el orden de la egecucion , dejando pa« 

14 



(•210) 

sar el día destinado para ella y sino hubie- 
ra habido una persona interesada en ccbar- 
se como en su presa en aquellos infelices, 
no hubieran subido al patíbulo» Un hombre 
impaciente por enriquecerse con los despo- 
jos, se presentó í^n el tribunal revoluciona- 
rio hizo rectificar aquel error , y su celo íue 
condecorado con un diploma de civismo. 
La sentencia se mando cumplir en el acto y 
aquella misma noche se egecutó la horrible 
jtisticia de aquellos tiempos. Este solícito 
delator soy yo. 

Al caer el dia, y á la claridad de las ha- 
chas, camina la carreía fatal llevando á la 
muerte á aquella noble familia. El padre 
oprimido por el profuiulo dolor, ocultaba 
entre sus brazo»? á sus dos hijas pequeñas, 
la madre, mnger fuerte y cristiana , estre- 
chaba junto ásu corazón á las dos hijas ina- 
-yores , y todos confundiendo sus lágrimas, 
sus esperanzas y sus recuerdos, repetian ias 
plegarias de la muerte. Jamas sjlió de su 
boca el nombre de su asesino. Gomo ya era 
tarde, el Verdugo cansado de las ejecucio- 
nes de aquíd dia , habia encargado d un 
criado suyo cpie ejectua?e aquella última El 
criado poco acostumbrado á aquella horri- 
ble maniobra, imploró la asistencia de uno 



que posaba á la sa/orí. Aqnel líoniI)re se 
prestó de í)ueiia volntuad á ayudarle en su 
ignobie iDíiiisíerio Este hombre soy )(k 

El precio de rajitos eiiíiií nes, iVie wna 
snnia de tres mil íiancíis en oío, y los ob- 
jetos preciosos (pie aun veis a! rededor de 
mi como testigos irrecusables de mi atenta- 
do. Yo quise olvidarle eumedio de la di- 
sipación, mas á penas se cojichnó el oro, 
fruto de u>i infame conducta , cuando eu!- 
pezáron los remordin)ientos. No bubo pro- 
yecto , empresa ó tiaba|o en que pusiese 
Ja mano que saliera á n)ed¡da de rnis de- 
seos. Al verme pobre y enfermo^ !a cari- 
dad me |)roporcÍ4vnó una plaza en la puer- 
ta íle una ij.itesia , en la que lie pasado tan- 
tos anos El recuerdo de mi cí isuen tne era 
tan vergoi^zoso y penefrante, que dese?p€- 
rand.o de la bondad divina ; nunca ítm be 
atrevi(ío á im¡)loiar los consueles de la h^- 
ligion ni á entrar en la iglesia. Las \\mosnd$t 
las vuestras sol)re t(;do, señor, me barí 
ayudado á economizar la suma lobada á 
ruis amo?, aqui la tenéis. Los objetos áe lu- 
jo que veis en eete cuarto, este reloS^ ese 
crucifijo, aquel bbro y aquellos tcíraíéssou 
los nuiebtes robados á n)is victimas. ¡Obfctue 
coutinuailoy piolnndobj^ 5.Ídc ítj airepeii-* 



(212) 

timíento, mas ya cuan ineficaz! creéis aho- 
ra señor mío, que yo pueda esperar el per- 
don de Dios? 

— Hijo mió, responde el sacerdote, tu 
crimen es horrible, sin duda alguna; las 
circunstancias son atroces. Los huérfanos 
]^r¡ vados de sos padres por la revolución 
comprendemos mejor que nadie cual seria 
el dolor y amargura de tus víctimas. Toda 
tu vida pasada en las lágrimas, no basta 
para la expiación de una culpa semejante. 
Sin embargo , los tesoros de la Divina mi- 
sericordia son inmensos. Gracias á tu arre- 
pentimiento y lleno de confianza en la ina- 
gotable bondad de Dios , creo poder ase- 
gura r te tu perdón. 

Al momento el sacerdote se levanta, y 
el mendigo como animado de nueva vida, 
se arroja de la cama y ee pone de rodillas. 
El venerable sacerdote Paulino , iba á pro- 
nunciar las poderosas palabras que atan ó 
desatan las culpas del hombre cuando el 
mendigo esclama. "^'Esperad padre mió, an- 
tes que yo reciba el perdón, que me vea 
liba* del premio de mis crímenes; tomad 
todos estos objetos, vendedlos y distribuid 
e 1 dinero á los pobres/^ En medio de los 
precipitados movimientos del mendigo, 



arranca el crespón que cubría los dos re- 
tratos, y esclama. »He aqui la imagen au- 
gusta de mis señores/^ 

El sacerdote á tan inesperada vista , de- 
ja escapar estas palabras... ¡Padres mios...! 

Al instante el recuerdo de aquella bor- 
rible catástrofe, la presc^ncia del asesino, la 
vista de aquellos objetos tan caros al cora- 
zón , despedazan el alma del digno sacer- 
dote, que cediendo á un desfaJlec¡íi)icnto 
involuntario, se deja caer sobre una silla. 
Con la cabeza apoyada en an)bas manos, 
vierte lágrimas profundas y abundantes, 
sintiendo renovarse la antigua llaga de su 
corazón. 

El mendigo aterrado, sin atreverse á le- 
vantar sus ojos bácia el bíjo de sus señores,, 
hacia el juez terrible é irritado que le de- 
bia su cólera mas que el perdón , se revol- 
caba á sus pies , regándolos con su llanto y 
repitiendo con voz desesj erada. ¡Amo rnio! 
¡Amo mío! mientras que el sacerciote f>ro- 
curando no fijar los ojos en él, hacia es- 
fuerzos para reprlmli su dolor. 

,EÍ mendigo esclama: >>S!, vo K)y ini ase- 
sino, un monstruo, un infame! Seuor, 
disponed de mi vida. ¿Que debo yo hacer 
para que os venguéis? 



(a. 4) 

— Vengarme, contesta el sacerdote viieU 
to en sí por aquellas palabras, vengarme-.. • 
¡Infelz.ü 

— ¿No tenia yo razón cuando os decía 
que mi crimen era incapaz de perdón ( Ya 
lo sabia yo, si, que la religión misma me 
dcí^echaiia. El arrepentimiento no sirve de 
nada á im criminal de n)i clase. Ya no hay 
perdón, no, va no hay perdón. 

Estas últimas palabras pronunciadas 
con un ace!)to terrible, recuerdan en el al- 
ma del eclesiástico su misión y sus deberes. 
La lucha entre el dolor filial y el ejercicio del 
podersagrado cesa al momento. La debilidad 
humana había reclamado un instante las 
lágrimas del hijo coatristado , mas la reli- 
gión fortalece el alma grande del sacerdo- 
te* Empuña el crucifijo, herencia paterna, 
caida tan inesperadamente en sus manos, y 
presentándosele á aquel infeliz, le dice con 
voz fuerte y conmovida. 

— ¿Cristiano , tu arrepentimiento es sin- 
cero ? 

— Si señor. 

— ^Tu crimen te es objeto del horror 
mas profundo? 

— Si señor. 

-—Dios inmolado en esta cruz por los pe* 



(a, 5) 

cáelos de los hombres te concede su perdón. 
Enionces el sacerdote levantando nna ma- 
no sobre el mendigo, y teniendo en ]a otra 
el signo de rmestra redención , hace bajar 
]a clemencia divina sobre el asesino de to- 
da su familia. 

El mendigo , el rostro cosido con la 
tierra , permanecía inmóvil á los pies del 
eclesiástico, éste alarga sn mano para le- 
vantarle 5 mas acababa de espirar. 



méti 



:>^^ik¡?c 



(216) 



€íiiifan0n ñaca. ^Irtifulo 3*^ 



De la pelota. 



El jiiego c!e pelota es tan saludable á 
todas las edades, que no debe desperdiciar- 
se en ninguna ocasión. Dejemos el volante 
á las damas, cuya piel delicada no debe es* 
ponerse á contusiones ; mas nosotros, que 
] por nuestra constitución física podemos ha- 
cernos vigorosos á poca costa, elijamos aque- 
llos juegos 5 en los que se necesite destre-* 
'M y ligereza para preservarse del peligro 
por un continuo movimiento y agilidad de 
miembros. Es un recreo muy inocente, y al 
mismo tiempo del mayor interés paraelju- 
gador, que al ver la pelota en el aire jnzga 
y calcula su alcance y dirección, y con ma- 
no fuerte la envia al punto que se ha pro* 
puesto. jQué ardor y que aplausos de los es- 
pectadores! En fin, este juego reúne los pla- 
ceres del paseo , de la carrera y del mo- 
vimiento en todos sentidos. 



(217) 



Del Mallo. 



Tanto en este como en el pasado jnego 
no faltarán tímidos padres de familia que 
digan que son buenos para perder un ojo 
de un pelotazo, torcerse un pie ó ganarse 
un sofoco; mas en este caso sería preciso 
que no saliesen los jóvenes de casa, porque 
puede venir una piedra y escalabrarlos , ó 
caer un teja de un tejado y dejarlos en 
el sitio, ó venir un perro rabioso y mor- 
derlos., mas esto seria cuento de nunca aca- 
bar. Dejemos aqui el capítulo de los acci- 
dentes, contra los cuales los padres quie* 
ren que se preserve á sus hijos en lugar 
de acostumbrarlos á ellos, ¡Ah! estos y 
otros temoresde padres pusilánimes son los 
que hacen que sus hijos se crien sin fuer- 
za , y por consiguiente sin valor, como 
aquel cuyo retrato hemos hecho al princi- 
piar este tratado de educación. El poco cui^ 
dado de los escesivos rigores del frió ó de 
los ardores de la calor, la poca atención á 
las privaciones de toda especie , y á los pe- 
ligros de cualquier naturaleza que sean, la 
tranquilidad en medio de las fatigas de una 
vida laboriosa y dura son los que ponen á 



(.,8) 

la jnventncl en estado de emprenderlo todo 
por poco que se le anime. 

Del Arco. 



Mnchas personas gustan todavía del 
arco, tan usado en Europa antes de la in- 
vención y uso (le las armas de fuego. Con 
el ano es con lo que el joven talvage hace 
caer los frutos de los árboles para su sus- 
tento y el de sus pavlres. Seria convenien* 
te que nuestra juventud se ejercitase en ha- 
cer otnrtanto, y a Iquirlr alguna prácti- 
ca en este ejercicio tan divertido. Mas al- 
gmio dirá; ^Para qué poner en sus ma- 
nos el arco , si de lo que algún dia se ha 
de servir es del fusil y la pistola ? A es- 
to se res[)onde , que por destreza que exi- 
ja el fusil y la pistola, es mayor la que 
requiere el arco, para el cual se necesita 
una mano muy segura y una puntería la 
mas ajustada , á menos que no se coloque 
el blanco en una gran pared , es lm[)osi« 
ble juzgar cuanto se ha desviado el tiro, 
al paeo qiie la flecha no deja la menor du* 
da de í>u dirección. 



(2 19) 

Be la Carrera. 

Se habla de la carrera á pie, la mas sa- 
ludable y fácil de practicar para todo jo- 
ven que en ella pretenda distinguirse |Qné 
maestra es la necesidad! Se sabe que los 
negros y hotentotes, perseguidos por el león 
sobrepujan en la carrera á este rey de los 
animales. Aun cuando la carrera no tu- 
viese mas utilidad que dar ligereza á las 
piernas, y vigor á los nervios , se debian 
proponer recompensas á la juventud para 
animarla áella. Una marcha pronta y con 
aliento sostenido , tiene sin duda mas ven- 
tajas , y asi , este ejercicio es el mas nece- 
sario , el mas agradable y el mas útil. 

De la Marcha. 

Que se juzgue si los romanos se ha- 
blan endurecido en este ejercicio , cuando 
apesar de llevar una carga de mas de sesen- 
ta libras ar)daban sin molestarse diez leguas 
en cinco horas. Otros ejemplos pudiera de- 
mostrar, que ejercitando desde hieao y 
por grados á los niños a caminar, se les 
haria un gran servicio. Para obtener este 
resultado , cada semana del uño se podía 



dar un paseo qne pareciese un pequeño via- 
ge- Se saldrá por la mañana para ir á ver 
á un conocido á dos ó tres leguas , ó para 
gozar de algún soberbio punto de vista, al- 
gún edificio notabie, ó los restos de algu- 
na fortaleza que figura en la historia. Un 
dia se lleva la comida de casa , otro se co- 
me donde se presente ; un dia se vuelve 
al ponerse el sol , otro dia mas tarde ó bien 
entrada la noche, porque es preciso fami- 
liarizarse con la profunda oscuridad^ ó con 
la débil luz de los astros del firmamento 
entre las nu!)es: inas si acaso la luna espar- 
ce su claridad por todo el campo , entonces 
es otro placer mas. Estas caminatas son 
mas divertidas é interesantes cuando se ha- 
cen con amigos instruidos y sensibles. 

(^Se continuará) 



€1 nial MXnBco iUílitar. 



Enrique. ¿Papá, á dónele nos lleva V. 
hoy á paseo ? 

Eugenio. Vamos á otra parte mejor: 
¿no te acuerdas que hoy es el dia destina- 
do á ver un nuevo establecimiento. ? 

Enrique. Como veo que nos dirijimos 
hacia el Prado, estaba en duda si no que- 
dariaraos en é!, ó entrariamos en el Retiro 
ó en el jardín de las Delicias. 

El Padre, Vamos niños, entrad por 
esta ípaanífica puerta, y asi cesareis de 
ha<er preguntas. Esta puerta^ cuyas ins- 
cripciones están dedicadas á Fernan- 
do VII de Borbon y á Maria Isabel de Bra- 
ganza , por haber sido construida en tiem- 
po de estos reyes. Aquellos elegantes gru- 
pos representan á Marte descansando de las 
fatigasd^ la guerra, y á Minerva premián- 
doias en el reposo de la paz. El escudo de 
armas y trofeos del centro son obra de don 
Francisco Gutiérrez, de cuyo acreditado 
profesor ya veréis otras obras cuando su- 
bamos arriba-, porque habéis de saber que 
vamos á visitar el Real Museo Militar. 



Eugenio. ¿Oyes Enrique , no te lo de- 
cía \ot 

El Padre. En este suntuoso eclifirío ti- 
tulado palacio de la Duquesa de Alba , se 
coíu^erva una [)reerosa eofeeeion de moilelo^ 
de baterías, aioiacenes, fábricas, fundieio- 
nes , puentes , y un aran numero de forii- 
ficacioues, cañones , morteros',^ armas anti- 
cuas y modernas, Y cuanros artíílictos lían 
inventado los hoiid:)f'js para acabar mas 
pronto unos con otros A esta vasta coíec- 
cion es á la que con justo motivo seda et 
nom!)Fe de Museo Miikar. Entrad y veréis 
como es cierto cnanto os acabo de decir. 

Eugenia. |01i' ^cuanta variedad de má- 
quinas y de modelos! 

Jícjandro. Venid , venid aqni á ver es- 
tas casitas ta» monas. 

El Padre. Vamos poco á poco, exa- 
mmancio lo mas curioso que baya que ver^ 
aprovechando et tiempo. Aquí primera- 
mente veis moíinos y almacenes de pólvora, 
y entre ellosrnerecen notarse los de Mur- 
cia, Viltafeficlie y Barcelona. 

Etiriqae. Que bien colocaditos están los 
barriles. ^*i)iga V papá, y estas eadendlas 
que cneljtan i\v esía-í barran tan altas.? 
El Padre. Spn luá eunduciorcs de lus pa*^ 



ra-rayos , que se hacen ínrJlspensaMcá en 
estos edificios para precaver los funestos 
efectos (le una esplosion si cayese algún ra- 
yo. Allí tenéis otio molino que no es de 
pólvora sino de trigo, y que mueve cuatro 
piedras á la vez Aquellas del frente son pro- 
betas para graduar la fuerza de la pólvora, y 
todas ellas, aunque de diversa forma, tienen 
uu arco de circulo graduado en el que Ja cu- 
lebrina al retroceder deja señalados los gra- 
dos de fuerza. También podéis ver este mo- 
delo de las machinas de que se sirven en 
los puertos de mar para descargar mas fa- 
cilineiite los barcos , trasladando los efec- 
tos d( sde el mismo buque , donde los re- 
coíie la machina liasta llevarlos á desear- 
gar al punto cpie se quiere del muelle. Esa 
que veis es modelo de la construida en 
Cádiz. 

£u genio. ¿Y los cuad ritos que hay col- 
gados ¡)or las paredes de los salones que 
significan.? 

Fl Padre. Son los planos de las for- 
tificaciones y dibujos de máquinas que exis- 
ten en el Museo. Lo que si cjuiero que con- 
templéis con atención, es este niodelo de la 
ciudad de la Coruña con todas sus fortifi-r 
caciones y espacioío puerto: y solare todo, 



'■ \ 



este otro ríe torl a nuestra peninsiifa E?pioofa 
ea el qiie veis marcada exactamente la di-^ 
visión de las provincias, el curso de los 
rios, la dirección y ramales de las monta- 
ñas y las sinuosidades de las costas, La t'g*^- 
cucion de este modelo exige mas trabajo y 
meditación de lo que parece á primera vis- 
ta , y yo me alegrara tenerle en casa para 
haceros repetir teniéndole sobre la mcisa las 
lecciones de geo.grafia que estáis estudiando, 

Enrique. ¡Caramba! ¡qué granadas y 
que balas tan grandísimas hay aqui? 

El Padre. Son modelos de diversos ca- 
libres de bombas y de balas, entre ellas al« 
gunas encadenadas para desarbolar los bu- 
ques. Modelos de armas de artilleria; un 
canon todo de piezas, y otros dos monta- 
dos sobre una misma cureña , de los cua- 
les, mientras que el uno entra en batería, 
el otro retrocede para cargarle. 

^/e/andro; Mirad que puentecito tan 
bonito hay allí. 

El Padre, Este es el modelo ríe un puen- 
te colgante por í.l Sr. Montenegro, y atli 
hay otro de un puente de barcas; prÓKÍnK> 
á el hay dos mo(!elos de balería'?, el \)r\Xit':t(y 
representa la bateiia de ensayos qne hay al 
frente de ia Real M aestranza de Scgovia ; y 



(225) 

este otro ele las baterías flotantes de funesta 
memoria empleadas por el duque de Gr¡- 
llon en el sitio de la plaza de Gibi altar. 
Venid ahora á ver dos primorosos mo- 
delos , el uno reproduce con toda exac- 
titud la fábrica de arma blanca de Toledo 
y el otro el de la fábrica de fundición de 
hierro colado de Trubia á tres leguas de 
Oviedo; Todos los departamentos de esta 
gran fábrica^ y habitaciones de los opera- 
rios ^ están reproducidos con tan minucio- 
sa exactitud, que hasta se abren las puer- 
tas f ventanas , y levantando los techos 
se ven las oficinas interiores con las herra- 
mientas y utensilios propios de cada una. 
Eugenio. ¿Y este otro modelo tan gran- 
de f de donde és? 

EL Padre. Es el modelodeutta fábri- 
ca de barrenar y tornear cañones de armas 
de fuego , cuyas máquinas están movidas 
por ruedas hidráulicas. Aquel de alli es un 
molino harinero en el Tajo, y este otro es 
un horno de fundición de Sevilla , en el 
que según dicen se funden á la vez sete- 
cientos quintales de metal 5 cantidad exor- 
bitante é inaudita en hornos de esta/clasé. 
;Una de las cosas mas dignas de verse que 
faay^neste establecimiento, es la que te- 

15 



(226) 

neis presente 5 que es el corte perpendi- 
cular de una mina de plata en América. Por 
niedio de esta sección de alto á bajo se ve 
la dirección de las galerías y conductos sub- 
terráneos siguiendo las vetas. Los pozos de 
descenso , toda la guarnición y armadura 
de madera que sostiene la mina y sirve pa- 
ra la extracción del mineral, y la natural 
posición de este en la ganga ó matriz. 

Enrique. Papá mire V. que lanzon tan 
terrible hay alli en aquel escaparate. 

El Padre. Es una lanza morisca que 
se halló en una escavacion de Granada, 
instrumento fatal en el que se han apura- 
do todos los medios de destruir, pues cons- 
ta de cinco filos en diversa dirección. Las 
demás armas contenidas en los armarios son 
de las comunes y usuales en el ejército y 
de mas o menos mérito en la forma y eje- 
cución. Únicamente las armas de arriba son 
curiosas por ser de indios y americanos, y 
asi mismo podéis observar algunos objetos 
chinescos y otros traídos de Manila. 

Alejandro. Que lujosa está la sala en 
que ahora entramos. Es mas bonita que las 
demás. 

El Padre, Esta última sala está pinta- 
da primorosamente y adornada con pedes- 



(^27) 

tales , coluiiinlllas y cornisa de caoba con 
molduras de bronce dorado. Conforme á 
esta debían estar las demás, pero no ha-» 
biendose verificado hasta ahora, sirve pa- 
ra daros una idea de cual seria ^el esplen- 
dor del museo, si sus salas estuviesen taa 
perfectas como esta que se ve ya acabada. - 

Aqui tenéis modelos de casi todas las 
clases de baterías y fortificaciones que se 
conocen; gran cantidad de cañones y mor- 
teros de todos calibres. Los caballos de fri- 
sa, y las diversas clases de tiendas de cam- 
paña. En aquellos dos armarios hay gran 
cantidad de instrumentos niatemáticos , as^ 
tronómicos y náuticos. La máquina de que 
se hace uso para pulir y tornear los caño-^ 
lies, y las que sirven para graduar las espo- 
letas y arrancarlas de las bombas. 

También tenéis que observar dos pri- 
morosos modelos ; el primero representa la 
plaza de Rosas en el principado de Cátala* 
ña, con su ensenada capaz , formada por el 
Mediterráneo, sus fortificaciones naturales y 
artificiales y el castillo. Esta fSlaza, aunque 
no es de primer orden es célebre por los 
sitios que ha sufrido de los franceses, y ha 
sido modelada por el coronel de artillería 
D, León Gil del Palacio ^ de cuyo acredita- 



(228) 

do profesor ya habéis visto obras de mu- 
cho mérito en el establecimiento Topográ- 
fico del Retiro. El otro modelo representa 
la plaza y peñón de Acapulco en Nueva 
España , con puerto famoso y capaz , cir- 
cundado de altas montañas y defendida la 
entrada por esos fuertes que veis. Última- 
mente, sobre el pedestal de la chimenea te- 
neis una bonita fragata de cuarenta y cua- 
tro cañones titulada ¡Haría Cristina^ Y ^j^- 
cutada por el referido Sr. Palacio. 

Enrique. ¿Papá , no nos queda ya otra 
cosa que ver ? 

El Padre. Perteneciente al Museo Mi- 
litar no hay mas que lo recorrido ; pero en 
este mismo edificio hay otro departamenia 
titulado de Ingenieros, en el que hay tam- 
bién cosas dignas de verse. Hoy ya es tar- 
de para que pasemos á este departamento, 
pero os prometo que vendremos otro dia á 
examinar las preciosidades que en él se con- 
tienen. 



Cííuanon primaría ítí las niüas» 

ARTICULO 4^^ 

De la limpieza. 



Dígaseles á las disclpulas en lo que 
consiste la limpieza, acostúmbreselas á ella, 
dándolas el ejemplo. No se trata aqui de 
un aseo lujoso sino de la limpieza corporal 
que se manifiesta en el orden de la persona 
y buen estado de las ropas; de la que se 
puede y debe tener en todas las condicio- 
nes de la vida. 

Se debe evitar con igual cuidado un 
porte grosero y ridiculo que haga perder 
el respeto, como uno muy costoso que solo 
incline á la pereza y á la ociosidad. Acos-? 
tumbrese á las niñas á que laven compon-* 
gan y conserven su ropa; no Indicar á nin- 
guna lo que le haga falta sino cuando hay 
seguridad de que tiene medios de adquirir- 
lo, asi como tampoco se debe avergonzar 
á la que falte algo por la miseria de sus 
padres sino a la que le falte por su poco 
cuidado. 



(23o) 
ARTICULO 5.^ 

De la sobriedad. 



Las niñas necesitan un alimento sencillo, 
sano 5 abundante, bien compuesto y servi- 
do y proporcionado al apetito y necesida- 
des de cada una de ellas. 

Evítese sobre todo aquella sórdida eco- 
nomia que se ha notado en algunos esta- 
blecimientos que consiste en cercenar algo 
de lo necesario á los discípulos para enri- 
quecer á los maestros. 

Es bueno que las niñas se acostumbren 
á comer de tqdo lo que puede servir de 
alimento, se les deben prohibir los capri- 
chos y las fantasías, mas teniendo en con- 
sideración que hay repugnancias casi in- 
vencibles que es preciso dejarlas pasar pues 
solo se corrigen con la edad que hace cam- 
biar de gustos. La comida debe ser una 
misma para todas las niñas ricas ó pobres 
la única excejxion que debe haber es en 
favor de aquellas á quienes el facultativo 
haya prescrito algún régimen particular 
por la delicadeza (ie su constitución ó por 
alguna enfermedad. 



(23l) 

La muestra debe tomar los mismos 

manjares que la mayoría de las dlscípulas, 

estas no tendrán motivo de queja viendo 

que su maestra disfruta lo mismo que ellas 

. y asi se evitarán todas las envidias. 

H igaseies conocer lo penoso que es es- 
tar sngeto á un régimen y la ventaja que 
hay en acostumbrarse á todas comidas. No 
se castigue con privación ó disminución de 
alimentos-, ni se envíe á acostar á ninguua 
niña sin que haya tomado alguna cosa. El 
estómago no debe pagar las faltas del carácter. 

ARTICULO 6.^ 

De las enfermedades. 



mmm 



Si una ó mas de las discípulas se viese 
atacada de una enfermedad, cuídesela pro- 
curando distraerla y hacerla olvidar sus 
padecimientos. Evítese sobre todo el alar- 
marlas por su situación, ocultando la pro- 
pia inquietud por el peligro que hubiese 
y manifestando á todas las nitias mucha 
confianza y seguridad. 

Llámese al instante al facultativo desde 
el principio del malj, una falsa alarma vale 



(232) 

mas que una ciega seguridad. Desprecíen- 
se los específicos, las comadres y cnrande- 
tos; ni bs^sta la experiencia propia por mu- 
cha que sea: lo repito recurrase desde lue- 
go á un hábil facultativo. 

Consúltesele aun antes que la enferme» 
dad se declare, por ejemplo cuando se no- 
te en alguna discipula, alteración de sus 
facciones, tristeza, pesadez, privaci^^n de 
apetito, sueño agitado, disminución de car- 
nes y de fuerzas, dolor de cabeza, calentu- 
ra, ó aunque so!o sea algún cambio de gus- 
tos ó de carácter. 

Si a pesar de esta previsión y de este 
cuidado se declarase la enfermedad, la 
maestra debe ser una segunda madre de la 
enferma y íio confiar á nadie el cuidado 
de su restablecimiento ; este es el mas im- 
portante de sus deberes. 

Avísese también á los padres al ins- 
tante para que reuniendo sus cuidados á 
los de la maestra, la joven enferma se vea 
rodeada por todas partes de afecto, de pre- 
visión y de ternura, 

(Se continuará). 



íUiagraffa. 
NUMA POMPILIO. 

Jño 3^ de la fundación de Roma antes 
de Jesu-Cristo 714 años. 



Numa nació en Cures , principal ciu- 
dad de los sabinos y tuvo por padre á Poni'^ 
ponió, personaje iln^ítre. Desde su juventud 
se mostró inrliijado á Ja virtud, desterró 
de su casa el lujo y magnificencia, consa- 
grándose al estudio de la filosofía, honró 
á los dioses y socorrió á sus conciudada- 
no^, tanto con sus riquezas como con sus 
consejos. 

Su himeneo con Tacia hija única de 
Tacio, que reinaba en Roma con Romulo, 
fue el grado primero de su reputación, mas 
este himeneo no le envaneció; ocupado 
mas de los desvelos que debía á su padre 
que de les honores que podía recibir en 
el palacio de Tacio, no quiso abandonar 
el pais de los sabinos para ir á Roma y 
cuauvlo perdió á su esposa á los trece años 
de casamiento, se retiró á una campiña 
solitaria en Ja que vivia solo errante en los 



(^34) 

bosques y praderas consagradas á los 
dioses. 

ahí fue donde los romanos enriaron 
embajadores á rogarle aceptase el imperio 
después de la muerte de Romulo. Numa 
tenia entonces cuarenta años y respondió 
á los embajadores en presencia de su pa- 
dre y de un pariente llamado Marcio. 

"Que todo cambio de fortuna en la vi- 
da de un hombre era peligroso ; que era 
un loco el que no sabia contentarse con 
su suerte cuando esta era feliz. Yo no soy 
añadió un hijo de los dioses , criado como 
Romulo por medio de grandes prodigios, 
sino un simple mortal Cáyma torios los de- 
mas, y prefiero el reposo, mis campos y 
mis rebaños, á los furores de la guerra^ al 
lujo de las ciudades, y á la indisciplina del 
pueblo Por otra parte es ridiculo querer 
inspirar amor de los dioses de la justicia 
y la paz, á un pueblo feroz y guerrero que 
desea un gran capitán mejor que un buen 
rey. 

Esta sabia respuesta de Numa no desa- 
lentó, á los embajadora s, le representaron 
que su reiuincia srrla funesta á los Roma- 
nos V Sabinos qije t( nian casi rotas las hos- 
tilidades, y juntando sus súplicas á las de 



(.35) 

Marcío y ele Pomponip padre de Niima C8* 
te se vio precisado á aceptar la autoridad 
real y desde aquel instante habiendo sa- 
crificado á los dioses se puso en camino para 
Roma. Gomo describir la alegria del pueblo 
Romano á su llegada á esta ciudad.! El sc- 
nadoj los ancianos, las mugeres, los niños 
salieron á su encuentro recibiéndole con 
unánimes aclamaciones. Al ver la alegria 
general parecía que la ciudad poseia un 
nuevo reino mas bien que un nuevo rey. 

Cuando el acompañamiento llegó á la 
plaza Spurso recio senador .que mandaba 
interinamente quiso que se verificase la ce- 
remonia de la elección, todoi los votos del 
pueblo estuvieron á favor de Numa á quien 
presentaron las vestiduras reales, mas no 
quiso aceptarlas hasta que su elección fue- 
se confirmada por los dioses. Acompañado 
de los sacerdotes y adivinos subió al Capi- 
tolio situado en la roca Tarpeya y allí en 
medio de un inmenso concurso del pueblo 
que guardaba un silencio religioso, el gefe 
ele los augures proclamó la aprobación de 
Jos dioses. Numa tomó las vestiduras reales 
y bajando a la plaza fue testigo de nuevo 
de los traiisportes de alegria de todos los 
ciudadanos que le apellidaban unánimes el 



hombre mas sabio y mas querido de los 
dioses. 

El primer acto de autoridad de Numa 
á su advenimiento al trono, fue la supre- 
sión de los trescientos satélites llamados 
céleres que Romulo habla instituido para 
su guardia; diciendo que no quería des- 
confiar de los que se fiaban de él, ni ser rey 
de aquellos á quienes no inspiraba confian* 
za. En seguida añadió un nuevo sacerdote 
en honor de Romulo á dos que habla ya 
destinados á los altares de Júpiter y de 
Marte. 

Después de haberse ganado por este 
medio el afecto del pueblo^ trató de civi- 
lizarle. Se preciaba de discípulo de Pitago- 
ras y querido de las Musas de las que te- 
nia sus revelaciones y como el silencio era 
uno de los primeros dogmas de Pltagoras 
indujo á los romanos á adorar á una de es- 
tás musas á la que llamaba Tacita- Miran- 
do como un sacrilegio el representar las co- 
sas celestes por imágenes terrenas, prohi- 
bió adorar á los dioses bajo formas corpo^ 
reas. Estableció los pontífices para ser in- 
terpretes de la ley de la Religión y para 
cuidar de los sacrificios públicos, en fin 
estableció las vírgenes sagradas llama las 



(.37) 

testales encargadas de mantener el fuego 
sagiado en un templo de forma redonda 
que representaba el universo, en el centro 
del cual los pitagóricos colocan al fuego 
que llaman Festa. Estas vírgenes según los 
reglamentos de Numa estaban obligadas coa 
voto de castidad hasta los treinta años y sí 
faltaban á el eran enterradas vivas cerca de 
la puerta CoUina pasados los treinta años 
podian casarse y tomar otro 'genero de vi* 
da yantes de este tiempo disfrutaban mu- 
chas consideraciones y privilegios. 

Numa dio leyes encargando á los pon- 
tífices el orden y la ejecución de las cere- 
monias fúnebres^ arreglando el luto según 
la edad del que habia muerto. Instituyó 
los sacerdotes feciales ó conservadores de 
la paz y los que se enviaban á la frontera 
enemiga antes de declarar la guerra los sa- 
lios encargados de la custodia de los once 
escudos hechos por Mamurio Veturio segua 
«n modelo que se decia haber caido del 
cielo en manos de Numa el octavo año de 
6U reinado cuando habia peste en Roma, de 
la custodia de estos escudos pendía la salud 
y conservación de la ciudad. 

Después de estas instituciones, Numa 
hizo edificar cerca del templo de Festa un 



(238) 

palacio vn el que pasaba mucho tif^mpo en 
sacrificat á los dioses y Cbludiar la leligioa 
con los sacerdotes. Tenia aun en el monte 
Quirinal una plaza cayo sitio se muestra 
en el dia en todos los sacrificios públicos 
y procesiones de sacerdotes había heraldos 
que iban delante que imponían silencio y 
que hacian suspender los trabajos. 

Numa hizo creer á los romanos que 
tenia fn cuentes visitas de su musa favorita, 
fué el primero que edificó un templo á 
la fe y al término para enseñar á los roma- 
nos que el mayor juramento qixe podían 
hacer era jurar por su fe. Puso limites al 
territorio de Roma distribuyendo las tier-^ 
ras conquistadas á la clase indigente del 
pueblo para que la miseria no les hiciese 
cometer malas acciones y que entregados 
á las tareas del campo fuesen tranquilos y 
laboriosos. Todos los que se mostraban ac- 
tivos y emprendedores adelantaban en ho- 
nor y autoridad mientras que los débiles 
y perezosos eran reprendidos públicamente. 
Numa procuraba por estos medios hacer 
amar ía agricultura. 

Entre todos los establecimientos que 
creó este grande hombre, el mas estimado 
es el de la división del pueblo en artes y 



(239) 

oficios. También se alaba entre sus decretos 
el que reformab¿i la ley que permitía al pa- 
dre vender sus hijos, porque esceptuó de 
ella Jos cjue se hufjiesen casado con el cor^ 
sentiiDÍentQ de sus padres, teniendo por 
cosa muy dura que una mnger que se ca^ 
^ase con un hombre libre^ se hallase de re- 
pente casada con un esclavo solo por el ca- 
pricho de su suegro. Reformó también el 
calendario y añadió según la opinión de 
Ovidio y Tito Livio los dos meses de ene- 
ro y febrero. Antes de él constaba el año 
de diez meses, el uno se llamó enero del 
nombre de Jano y el otro febrero á causa 
de las purificaciones que se hacian en esta 
época. 

Nuíiia murió de una enfermedad lenta 
á la edad de ochenta y tres años , dejando 
una hija llamada Pompilia, La magnifi- 
cencia de sus funerales, su ataúd llevado 
por los patricios, el dolor y los gemidos 
del pueblo y la afluencia de mugeres y ni- 
ños desconsolados probó suficientemente 
que los romanos habian perdido al mejor 
de sus amigos. Su cuerpo no se quemó se- 
gún él lo habia dejado dicho : le enterra- 
ron al pie del Janiculo, poniendo á su lado 
todos los libros sagrados que él habia es*- 



crlto sol>re los misterios de la religión. Du- 
rante el remado de Ñama no se vieron 
guerras en lo esterior, disensiones en lo in- 
terior y conspiraciones contra él rey. Lo 
que confirma la gran verdad de Platón de 
que el pueblo para ser feliz necesita que 
el cielo reúna en un mismo hombre la so- 
berana autoridad y la filosofía. El sabio no 
es feüz él solo, los que le escuchan y le 
imitan participan de su felicidad» 

El Padre. Para cerciorarme de la aten- 
ción con que estáis durante la lección, vea- 
mos ahora como respondéis á estas pregun^ 
tas ¿Alejandro, dónde nació Numa Pora-"^ 
pilio? 

r Jlejandro. En Cures principal ciudad 
de los sabinos- 

£1 Padre. ¿De quién fue hijo? 

Alejandro. De Pomponio personage 
ilustre. 

£1 Padre. ¿En qué tiempo fue rey y 
sucesor de Romulo? 

Alejandro. A los cuarenta años. 

El Padre,. Eugenio di tu lo que hizo 
á su advenimiento al trono. 

Eugenio. Suprimió la guardia estable- 
cida por Romulo para velar á su lado¿ 



Instituyó los pontífices, estableció las testa- 
les é hi zo edificar el palacio llamado Regia^ 
elevó nn templo á la fe y al término y emr- 
pleó todos los medios de conducir al pue- 
blo al amor de la religión y las virtudes, 
mejorando sus costumbres. 

El padre. Como socorrió á la clase in- 
digente del pueblo? 

Eugenio Distribuyéndoles las tierra^? 
conquistadas protegiendo la agriculiura y 
el amor al trabajo. 

El Padre. ¿Enrique cuál es la institu» 
cion de Numa mas celebrada? 

Enrique. La división del pueblo por 
artes y oficios. 

El Padre. ¿Y su mejor decreto 

E nrique. El que reformaba la ley q^ue 
daba á los padres poder para vender á sus 
hijos. 

El Padre ¿Isabel por qué el año tie- 
ne doce meses ? 

Isabel. Porque Numa aumentó en el 
calendario los meses de enero y de febrero. 
El Padre. En que tiempo murió Nu- 
ma. 

Isabel A los ochenta años, el pueblo 
se manifestó muy triste, los patricios lle- 
varon el ataúd y le enterraron al pie del 

i6' 



(24^) 

monte janícnlo, juntamente con los libros 
que habia escrito. 

El Padre. Eugenia por qué Noma 
hÍ2:o la felieidaH del pueblo romano? 

Eugenia. Por que el cielo habia reu- 
nido en un mismo hombre la soberana 
autoridad con la filosofía. 

Rtjíexiones sobre la historia de los hom'^ 

bres célebres. 

Las historias de los hombres célebres 
suelen engañar á la juventud. Siempre se 
presenta el mérito como respetable 5 se la- 
mentan las desgracias que le acompañan y 
se habla con desprecio de la injusticia del 
mundo con la virtud y los talentos. Asi 
aunque los hombres célebres se vean siem- 
pre perseguidos, se pinta su condición con 
tan vivos colores que parecen dignos de 
envidia aun en sus mismas desgracia?. Es- 
to proviene de que los historiadores con- 
funden sus intereses con los de los homr 
bres ilustres de quienes hab'.an. Caminan- 
do por el mismo sendero y aspirando á la 
misma gloria ensalzan cuanto pueden el 
brillo de sus talentos; nadie nota que de- 
fienden su propia causa y como no se oye 



m^s que su voz se persuaden faeihneníe de 
la justicia que les asiste persuadidos de que 
el mejor partido es el mas apoyado por los 
hombres de bien. La esperiencia desengaña 
prontamente, y por poco mundo que se ha- 
ya visto, se descubre bien pronto su injus- 
ticia natural con el mérito. Ja envidia de 
los hombres medianos que persigue hasta 
la mu(Mte á los hombres esct lentes, y en fin 
el orgullo de los hombres elevados por la 
fortuna que nimca cede en favor délos 
que cuentan con el mérito solamente. 

MÁXIMAS. 



la intrepidez es una fuerza estraor- 
duiaria del alma que la hace superior á 
las emociones y desordenes que podia es- 
citar en ella la vista del peligto. Por esta 
fuerza los héroes conservan el libre* uso 
de su razón en medio de los aeontecimieo^ 
tos mas terribles. 

La vanidad, la vergüenza y el tem- 
peramento suelen causar el valor en los 
hombres y la virtud en las mugeres. 




^i^tovia ViatnxaU 



DIALOGO 11. 



En las cosas mas pequeñas se descubre la gt an* 

deza del Criador. 

La Madre. Disfrutemos del campo hi- 
jas inias: todo lo que observamos en él nos 
habla de un Dios Criador, de su magestad 
y su poder. La tierra cubierta de veg*^tales^ 
las selvas, los rios , las elevadas montañas, 
una sola persona que contemplase cada cosa 
de estás, debia necesariamente concluir de 
su existencia y de la suya propia , que un 
ser intinita mente poderoso es el autor. ¡Oh! 
qué delicia tendríamos si pudiésemos ver 
todas las maravillas de la vegetación que 
presentan los diversos climas. Pero no es 
el variado é inmenso número de las cria- 



(.45) 

turas el que prueba que hay un Dios ; la 
mas pequeniía, la mas despreciable alpa- 
recer, es una prueba lucen tcstable. 

Eugenia. Yo bien conozco que una mon- 
taña, un árbol y un elefante nos anuncian 
el poder del Criador, mas otras cosas, v. í>r., 
esta chinlta que yo cojo ahora del suelo 
parece que no debe causarnos tanta admi- 
ración. 

La Madre, La grandeza y el poder de 
Dios no brilla menos en las cosas peque- 
ñitas que en las grandes. ;Un grano de are- 
na te parece que no debe causar admira- 
ción? ¿Y quién te parece que ha podido 
formar ese grano de arena, que reunido 
con otros constituye masas enteras de rocas 
qtie sostienen las montafias^sino aquel que 
únicamente puede producir lo que no exis^ 
te? Los granos de arena esparcidos en las 
costas del Occeano detienen la impetuosi- 
dad de las olas , y estos mismos granos de 
arena son los que en medio de los mares 
detienen el curso de una nave á la que los 
vientos impelen á su destino. 

Isabel. Diga V. mamá , y esta hojlta 
que ha caido ahora de este árbol, tiene 
también tanto que considerar? 

La Madre. Mucho hija mia, ya se con* 



(H6) 

Sidcre ql artificio que presenta su estroctn-? 
ra, yá los infinitos usos que ofrece. ¿Qué 
sería de las frutas si las hojas no las dt fen- 
diesen de los rayos del sol ardiente? Des- 
pojad de sus hojas á la parra de casa, y á 
buen seguro que no os dará uvas para co- 
mer. Si estos árboles bajo los cuales nos pa- 
seamos estuviesen primados de hojas^ ¿dónáe 
harían sus nidos los pajaritos? ¿Cómo 
nos defenderíamos délos rayos del sol cuan- 
do venitnos á pasear á este lugar que os es 
tan agraoable? ¿Qué triste aspecto presen- 
tarían los campos si todos los árboles esta» 
vieser> despojados de sus hojas? 

Eugenia. Según eso no hay nada en el 
n>undo por pequeñitoque sea c|ue no pue- 
da dar grandes ideas del poder nel Criador. 

La Madre. Si, mas es preciso reflexio- 
nar sobre ellas. Las cosas que parecen muy 
pequeñas á primera 'vista, son niuy gran- 
des después de haber reflexionado un poco. 
Una gota de agua es la cosa mas insignifi- 
cante á primera vista, pero de la unión in- 
finita de estas gotas de agua se forma la mar, 
la que sostiene los navios, y en cuyo seno 
viven animales mayores que los que existen 
sobre la tierra. Su reunión sirve de vehí- 
culo á todas las riquezas del globo , y sin 



(Hf) 

ellas las naciones se verían privarlas riel co- 
mercio que las hace subsistir, establecíenrlo 
relaciones entre sí. ¡Una gota de aguaí Se 
eleva de la tierra en vapores, forma las nu- 
bes, de las que cae en lluvia sobre las mon- 
tañas, y concurre á formar los rios que fer- 
tilizan las campiñas que recorren. Por la 
reiiexion de los rayos solares en las gotas 
de agua que caen de las nubes se forma el 
arco iris. ¡Ah! si el rico avariento hubiera 
podido obtener una gota de agua en medio 
de sus tormentos se hubiera creido feliz y 
hubiera podido esperar el cielo. 

Isabel. Según vamos viendo, no hay 
cosa en el mundo por pequeña y despre- 
ciable que sea, que no tenga muchas que 
considerar, mirándola con atención. 

La Madre, Los que observan la natu- 
raleza, y se acostumbran á no mirar nada, 
con indiferencia sino fijando la atención 
nunca pueden estar ociosos El hombre y su 
valor magnánimo, la muger y su dulce ti- 
midez, las aves que vuel mi en los aires, los 
animales que juegan en las pradfM^as , los 
peces que pueblan las agua?, las flores que 
adornan un jardín, las mariposas que le re- 
corren, las plantas que crecen para recreo 
y utilidad, y aun los insectos que las roen 



N8) 

renuevan á cada instante deliciosos place- 
res, y elevan á la contemplación de aquel 
8er Divino, cuya sabiduría y bondad se ma- 
nifiestan <3el modo mas admirable en todo 
lo que ha hecho. De la admiración de las 
obras se pasa al reconocimiento de su autor, 
y del reeonocimiento se pasa á el amor. 




(H9) 

€1 2lcuel>tteta Be$omano. 



Los romanos que después de infinitos 
esfuerzos lograron someter la Península es* 
pañola, y hacerla provincia de su Imperio; 
aquellos conquistadores que no destruían 
los pueblos que les estaban sometidos, sino 
que los enriquecian con suntuosas obras de 
utilidad y ornato, dejaron en nuestro suelo 
muchos edificios de esta naturaleza, entre 
los cuales ocupa el primer lugar el célebre 
acueducto de Segobia. Decimos los roma- 
nos, porque aunque la época en que se 
construyó el acueducto es para algunos muy 
incierta , y algunos la anticipan hasta el 
tiempo de los griegos , parece lo mas pro- 
bable que fué bajo la dominación Romana 
y época de los Emperadores cuando se cons- 
truyó el acueducto. Esta obra famosa que 
ha resistido á las inclemencias del tiempa 
y estragos de las guerras en todo el trans- 
curso de los siglos consta de dos órdenes 
de arcos dispuestos sobre robustos pilares 
de considerable elevación en el hondo del 
valle por donde pasa el acueducto, que su- 
perando este obstáculo que la naturaleza 



(25o} 

ponía al curso de las agua?, surte abundan- 
temente de ellas la ciuílad desde su funda- 
ción. Lasaguas que son cristalinas y saluda- 
bles tienen su origen en la sierra déla i^6¿e/2- 
fria á la distancia de tres leguas, y vienen por 
una cacera hasta la entrada del arrabal de 
Segovia donde van por una canal sobre pa- 
red de mamposteria hasta llegar á la casi- 
lla donde el agua se purifica de todas las 
materias estrañas que arrastra consigo, y de 
allí se sigue á otra donde empieza la serie 
de arcos^ habiendo seis de estos hasta el pri- 
mer ángulo que forma el acueducto, veinte 
y cinco pies de elevación y doscientos diez 
y seis de longitud. De aquí al segundo án- 
gulo hay veinte y cinco arcos, veinte y ocho 
pies de elevación , y quinientos cincuenta 
y tres de longitudi Sigue el acueducto por 
cuarenta v cuatro áreos Ifasta llegar al ter- 
cer ángulo, recorriendo un espacio de no- 
vecientos setenta y tres pies por cuarenta y 
cuatro de elevación. En este tercer ángulo 
que es donde el acueducto da vuelta hacia 
el norte, es drnde se admira mas la perfec- 
ción de la obra, no solo por la maestría 
con cpie ti ángulo e>tá ejecutado, sino tam- 
bién porque d:'sde allí se descubren los dos 
órdenes de arcos que siguen hnsta la mura-" 



Ha por una esteiVion de novecientos ochen- 
ta y seis pies de iongitnd. Los arcos van 
siendo mas elevados conforme se va bajan- 
do del cerro hasta el Azdguejo^ en cuya 
plaza que es donde está mas alto el acue- 
d^ucto, tiene ciento y dos pies de elevación; 
En el primer orden hay cuarenta y tres ar- * 
cDSj y cuarenta y cuatro en eí segundo. To- 
davía dentro de la ninrállá se conservan 
restos de arcos que dan á conocer que el 
acueducto seguia hasta una distancia de 
ciento noventa y tres pies. 

' Sobre los tres pilares mas altos de toda 
la obra se bailaba antiguamente colocada^ 
la inscripción que indicaría regularmente 
el objeto de la obra y el nbníbíe del que la ; 
dirigió 5 en el dia solo se ven los agujerltos 
donde estuvieron fijadas las letras, situados 
en un sotabanco de sesenta pies de largo 
por seis de alto* También se infiere que es- 
tarían sepultados lo^ arquitectos de la obra 
en dos nichos cuadrilongos que hay en es- 
te sotabanco, pero que no se pueden ver 
desde abajo lo mismo que otros dos nichos 
pequeños que hay, cuyo uso se ignora. En 
el pilar del segundo orden que cae entre 
los dos sepulcros hay un nidio por cada 
lado, en los que se cree estuvieron coloca- 



das estatuas de Hércules. La canal por don- 
de va el agua está al descubierto y única- 
mente empotrada en una pared de mam- 
postería que guarda el declive correspon- 
diente en todo el acueducto para que las 
aguas tengan Ubre curso. La piedra con que 
está construida esta obra es el granito co- 
mún cárdeno que tanto abunda en aquellas 
cercanías , y que con el transcurso de los 
tiempos se ha puesto aun mas cárdeno y 
obscuro como testimonio visible de su an- 
tigüedad. Todas las piedras están labradas 
á pico, las hay hasta seis pies de longitud 
con su correspondiente grueso y altura y 
todas conservan algún frente en la obra de 
modo que pueden contarse todas las que 
hay. Una de las cosas mas admirables que 
hay en esta obra es que todas sus piedras 
están unidas y ajustadas unas con otras sin 
mezcla de argamasa ni trabazón alguna. Aun 
hay mas; la mayor parte de las piedras 
tienen una salida bastante considerable de 
la línea de los pilares sin que por esto pa- 
dezca la fábrica, ni se ofenda la vista por 
la desigualdad. Antes al contrario nada per- 
judica á la elegancia y grandeza de la obra 
asi como el diferente grueso de los pilares, 
y los huecos de ios arcos que todo varía 



(a53) 

según las diferentes elevaciones pero con 
tanto artificio y disimulo que se engañan 
los ojos mas perspicaces. 

El acueducto á pesar de su solidez y de 
la grandiosidad de sus formas ha sufrido 
los deterioros que son consiguientes á las 
invasiones de naciones estrangeras, las guer- 
ras y la intemperie de las estaciones. Pres- 
cindiendo de la falta de las estatuas que 
habia en los nichos del pilar mas alto y 
de las inscripciones de la cartela tampoco 
se ha consérvalo la sencilla cornisa 
que habia sobre el primer cuerpo de ar- 
quitectura; únicamente se conoce que la 
habia por los restos que han quedado bajo 
la cartela y los pilares que sostienen los 
arcos del segundo orden. El acueducto que 
se conservó ileso á pesar del espíritu des- 
tructor de los bárbaros del Norte sufrió el 
daño mas considerable en la invasión de 
los moros mandados por Alimaimon rey de 
Toledo en 1071 , en cuya época cayeron 
abajo treinta y seis arcos del acueducto en 
la parte por donde solo tiene un orden de 
arcos y en el trecho que corre desde la 
Concepción á S. Francisco. Todavía se con- 
servan muchas piedras de las derribadas 
puestas por cimientos de las murallas cuan- 



(.54) 

do se edificaron después, en tiempo de don 
Alonso el VI. conquistador y poblador de 
Scgovia. 

Asi permaneció el acueducto inutiliza-' 
do sin que la ciudad disfrutase de! beneficio 
de las aguas y padeciendo la obra cada dia 
mas, hasta el tiempo de la reina doña Isa- 
bel la Católica que se restableció con la so- 
lidez que se vé hoy dia. Esta ilustre reina 
que tenia motivo para estar agradecida á Se- 
govia fue la que enterada del deterioro del 
puente por representación del ayuntamien- 
to de la cmdad, dio traza para su re- 
paración por medio de un repartimien- 
to en la ciudad y su territorio comarcano 
hasta que el reparo fuese concluido; en- 
Cíirgaodo el cuidado de la obra y la distribu- 
ción de los caudales al P. Fr. Pedro Mesa 
prior entonces del Parral, La parte artística 
se egecutó bajo la dirección de Fr. Juan de 
Escovedo, religioso también del Parral y 
muy iustruido en la arquitectura como lo 
prueba el haber egecutado aquella obra 
con no menos valentía que la parte anti- 
gua del acueducto que le sirvió de mode- 
lo, en un tiempo en que tan atrasados esta- 
ban los conocimientos artísticos y que si se 
ediQ^caba alguna cosa era por el gusto gótico. 



(a55) 

También manifestaron mucho celo por 
la conservación del acueducto los reyes don 
Juan II. Enrique IV, y don Fernando el Ca- 
tólico y su hija doña Juana, dando al inten- 
to órdenes oportunas. Últimamente en 
tiempo de Carlos IV. se mandaron derri- 
var una porción de casas que había arri- 
madas y bajo los mismos pilares de la par- 
te mas alta y vistosa del acueducto, cuya 
sorprendente vista impedían y contribuían 
visiblemente á su ruina. 

De este modo por el cuidado de los 
interesados en la conservación de esta obra 
admirable ha llegado hasta nuestros días 
sirviendo del mismo modo que cuando se 
edificó, al paso que han perecido los' acue- 
ductos de Roma, Tarragona, Mérida y 
otros muchos monumentos de la grandeza 
romana en nuestro país. Solo el famoso 
puente de Segovia sigue proporcionándola 
abundantes y sakidables aguas y con su ro- 
busta y asombrosa mole, llenando de asom- 
bro á cuantos le miran. 



(256) 

FÁBULA. 

El Jilguero y la Rana. 

Cerca de un estanque. 
Sobre un arrayan 
un dulce jilguero 
comenzó á cantar: 
óyele una rana 
sobervia y rapaz 
y dijole, calle, 
que lo hace muy mal 
escúcheme un rato 
el necio y verá 
lo que es armonía 
gusto y gravedad. 
Paróse el jilguero 
y el vicho fatal 
dio cuatro graznidos 
fuera de compás. 
Este cuentecito 
no sin propiedad 
á algunos censores 
se puede aplicar. 



3«lia y d peno^ 

ó una buena acción no queda sin recom^^ 

pensa, 

Zacarías estaba jugando al escondite 
con otros niños como él, en una calle de 
Londres y al pasar corriendo por delante 
<3e una puerta , un perro que había echado 
«a ella se levantó y principió á ladrarle^ 
En lugar de pasar íranqullamente^el atur* 
dido le amenazó v en seguida echó á cor- 
rer gritando fuertemente y llamando Á sus 
compañeros. El animal íe siguió gruíiendo 
hasta <|ue Ui^^ó la caterva y arañaron orí 
alboroto en el que el perro no tenia 1^ 
parte menos activa. Espantado con el rui- 
do <jneria retirarse, mas se lo estorbaron 
y cayó en mano§ d^ ja^uella^ fpií^nag 
piezas. 

Despnes de haber tratado .a! ínfelís^ 
snimal del modo mas bárbaro, le ataron 
«na cnerda al pescuezo y tirando de éi se 
encaminó toda la turba hacia el TáfBesis^ 
llevando á Zacarías á su cabeza. 

Si mis íectorcitoi? nunca han sido tGS^ 
tigos de semejante íiventura , ó lo que es 
ííiejor y yo supongo nunca bao asistido á 



(258) 

ella 5 86 estrañarán; cjne les participe ac- 
ción semejante; mas es útil presentar es- 
tos sucesos con todo lo qne les hace horro- 
rosos. Qne noble espedicion fne la de aqne- 
líos niños; que valor han manifestado; 
qne pficio tan honroso han elegido aho- > 
gando á un perrillo porque habia ladrado 
á un chiquillo miedoso; que hombres tan 
generosos habrán sido después..;! A la ver- 
dad la mayor parte de ellos no habian re- 
cibido alguna educación; pero que escu- 
sa tendría Zacarías á quien habian ense- 
ñado la justicia y la misericordia ? 

Los crueles niños prosiguiendo su em- 
presa ya habian arrastrado al perro hasta 
cerca del rio, cuando Julia pasó en el co- 
che de su padre Mn Halvin. Julia érala 
señorita mas amable del mundo; nunca 
liabia hecho mal á persona viviente ni 
podia consentir que se le hiciesen. Hizo 
' parar el coche por saber lo que causaba 
la tropejia de los niños y oyó parte de lo 
que hablaban porque los muchachos acos- 
tumbran á hablar muy alto; (cosa que 
auMqne muy mal hecha fue útil en aquel 
. momentoj y al ver al pobre perro que iba 
á perecer rpandó al lacayo que fuese con 
una moneda á ofrecerla por su libertad. 



(259) 

Prefirió hacer uso de su dinero por librar 
al pobre perro que emplearle en satisfa- 
cer sus juveniles apetitosa cuyo fin estaba 
destinado. 

« Que quiere V. hacer con el perro? 
dijo el lacayo si esta todo lleno de ba.^ura 
y es 6u nía mente feo.>> Verdad es que el 
perro no es bonito, replicó Julia , mas es 
desgraciado, y si yo le abandono nadie Ceu* 
drá compasión de él.>> 

Los honibres crueles tienen bajos sen- 
timientosj y los mas viles motivos suelen 
dirigir sus acciones, asi la moneda fue acep- 
tada al instante y entregado el perro en el 
acto. Toda la caterva' tenia tan malas ideas 
que llegaron á mirar aquel dinero como 
una recompensa honorífica y Zacarías para 
dar á entender la consideración que tenia 
entre sus compañeros, fue en persona á He-^ 
var el perro á la portezuela del coche, Julia 
que le conocía se quedó sorprendida y le 
manifestó el pesar que le causaba verle alü 
preguntándole al mismo tiempo que daño 
habla hecho el pobre perro. Zacarías siu 
manifestar vergüenza ni remordimiento de 
su conducta, lo que acababa de manifestar 
la corrupción de su ccrazon , la contó to 
cuanto habia pasado. 



(a6o) 

Entonces ella le hizo observar que es 
propio de los perros ladrar á los que no 
conocen, que por esta acción no causaban 
mal á nadie y que el ladrido de los perros 
habia sido á veces muy úiiL Que cotrio era 
posible que quisiese matar al animal mas 
amigo del hombre y símbolo de la fidelidad. 
Zacarías sin hacer caso de estas pi labras 
corrió á repartir con sus cómplices el pre- 
cio de su infamia* ^ 

Julia hizo lavar su perro y desde aquel 
momento yt no le pareció tan feo , á los 
pocos dias ya le pareció bonito; porque la 
hermosura de un objeto cualquiera depen- 
de las mas veces ^ del modo con que está 
afectada la persona que le mira y se con • 
cluye por tener como bonito lo que real- 
mente es feo, sobre todo si median vinculos 
de agradecimiento. 

Ya hacia tres años que tenia su perro 
cuando una noche á poco de haberse acos- 
tado, sintió que urgaban en la cama y que 
la asian de la mano. Despertó sobresaltada 
y á la luz de la lamparilla vio al perro que 
sallaba al suelo y mirando debajo de la ca- 
ma ladraba con ahinco. Tuvo mucho mie- 
do pero no tanto que dejase de llamar á 
los criados. Estos que felizmente no se ha- 



bían retirado acudieron prontamente y ha- 
llaron nn hombre bajo de la cama con un 
puñal oculto. Le j^igarraron y Mr. Halwin 
le mandó entregar á la justicia á pesar de 
las instanc ias que hacia Julia porque le sol- 
taran. Declaró que tenia intención de ase- 
sinar á Julia para poder robar las alhajas 
que esperaba encontrar en su habitación. 
Asi el pobre perro salvó la vida de aquella 
que le habia conservado la suya. Su ejem- 
plo ofrece un estímulo para hacer bien, 
probando que una buena acción no queda 
sin recompensa cuando se obra por puros 
motivos de generosidad. 




^fT'^^r^^'TríiiiP^^^ — '""1" fif^^ 



(íl62) 



Continuación déla lección anterior. 



El padre. Suponiendo hijos nilos que 
liabreis estudiado perfectamente vuestra lec- 
ción de Geografía, voy haceros algunas pre- 
guntas acerca de la Prusia, que. es la que 
áctualniénte nos ocupa. De ningún modo 
mejor me podréis manifestar que habéis es- 
tudiado, que repitiendo vuestra lección en 
el mapa emblemático ó mudo ? no es asi 
Alejandro? 

Alejandro. Si señor*, porque como no 
tiene escritos los nombres de las provincias 
y ciudades, si uno no los ha estudiado de 
antema- no naal los podra luego decir. 

El Padre. Pues por eso os presento yo 
el mapa emblemático que tenemos á la vis- 
ta (i) si en él vierais escrito el nombre del 
pueblo, poca gracia tendria que le dije- 
seis; el asunto está en acertarle cuando 



(i) Véase el mapa que acompaña á este cuadeíno 



í--?>>*í-rVí 



■% ^■c-?^^^ít-ír^Íe^3í«teM^S^®^^,'^^^^j^tf-¿ 



(263) 

yo señale con el puntero el punto que 
quiera» Vamos á ver Eugenio, ¿que ciu- 
dad es esta que yo señalo ahora? 

Eujetno Esa es Mügdeburgo. 

El Padrea, Y que no sabes mas que eso? 
Por que con el nombre solo no quedamos 
completamente enterados. 

Eajenio. Es la capital del ducado de Sa-? 
jonia está defendida por fortificaciones y |ie- 
ne un soberbio arsenal. No lejos de ella está 
Erfurt célebre por el congreso que reunió 
dentro de sus muros en 1808 á los tres em- 
peradores de Austria, Francia y Rusia. 

El Padre Isabel, sabrás tu sola buscar 
en el mapa á Beriin ? 

IsabeL Si señor..,, traiga V. el puntero 
y vera como le señalo.,., niirele V. aqui; es- 
ta es la capital. 

El Pa<ire. En efecto 5 las capitales las po- 
déis reconocer porque en todos los mapas 
van indicadas por un circulito mayor que 
tiene un punto en el centro. Asimismo te- 
neis indicadas por lineas de puntos las di- 
visiones del territorio y los límites de las 
provincias. Por consiguiente, á cualquiera 
de vosotros que yo dé el puntero, puede 
ir con él siguiendo las lineas divisorias de 
terrenos y ei curso de ios ríos. A ver Enri- 



que, eórno ^fíalas á tus hermanos la dírec*' 
cien de los rios de Prusia 

Enrique. Este es el Vistula; pero todo 
este lado pertenece á la Polonia. Este el Rin 
V e^te off o también mui caudaloso^ es el 
Oder. 

£l Padre. Qne pobíaclon és esta que 
está jtjiito á este último Rio. ? 

Enrique. Es Sttelin que sirve de eseala 
al comercio entre fa Prusia y la Polonia. 

El Padre. Eugenia á ver si rae señalas 
donde esta Dan tziq? 

Eugenia- Me parece que es aquí. 

El Padre No puede ser ^ porque Dantzíq 
es puerto de mar y tu me señalas una ciu- 
dad que está muí tierra adentro. 

Eugenia. k\\\ no papa. Dantziqes aquel 
de alli arriba. Es pueítb de mar en el Bal- 
tico, que es ese mar que se ve ahi y es el 
centro de todo el comercio del Norte. 

EL Padre. Alejandro? qué ciudades 
esta? 

Mejandro.VoBen. 

El Padre. Y aquella otra? 

Alejandro. Breslau, que es la segunda 
ciudad del Reino, contiene muchos estable 
cimientos públicos , en tre ellos catorce biblio 
tecas y una universidad. 



(265) 

El Padre. Eugenio, adonde está Koc- 
nlsberg? 

Eugenio. AqnU esta plaza fuerte eD el 
Frische-Hall á la embocadura del Pregel. 

El Padre, Si y alli mas al norte está 
Tilsit. ¿Te acuerdas de lo que ocurrió aqui 
de notable.? 

Eugenio. En Tilsit se celebró la entre- 
vista de los dos emperadores Napoleón y 
Alejandro, y se concluyó en 9 de Junio de 
1807 el celebre tratado de paz, fruto de las 
dos victorias de Eyiau y Friedland, que son 
dos poblaciones también inmediatas» 

El PadreiY que islas son aquellas á la 
embocadura del Oder? 

Eugenio. Son dos islas pequeñas, la de 
Wolhn yTsedom; pero la isla mas conside- 
rabie, pues tiene treinta mil habitantes, 
es la de Rugen en el mar Báltico. 

El Padre B^stsí ya: pues lo qne tenía- 
mos que hablar de Prusia ya estaba dicho 
en la lección pasada pero el ejercicio de hoy 
mas bien ha sido para manifestaros el uso 
de los mapas emblemáticos que son mny 
á proposito para haceros estudiar. Todas es- 
tas comarcas que hoy componen la Prusia 
antes estaban separadas y diferentes, solo 
desde hace un §íg;lo se han reunido. Los 



(a66) 

monarcas antes duques, solo han tomado el 
título de reyes desde el año de r 702 En fin 
en la lección inmediata hablaremos de la 
Polonia; estudiadla de modo que si yo lo 
tuviere á bien podáis darla sin equivoca- 
ción en el mapa emblemático. 




(.67) 

CAPITULO II. 

Be los ciegos que se kan distinguido en 

Im artes. 

El numero ele los ciegos que se lian 
illstinguido en las artes, es casi tan consi- 
derable, como el d« los que han sobresa- 
lido en el estudio de las cieucias y no es 
menos sorprendente ver á estos desgracia- 
dos, privados de un sentido tan necesario a 
las artes, sobresalir perfectamente en di- 
versas profesiones mecánicas, y rivalizar 
hasta cierto punto cou los hombres de vis- 
ta en prontitud y habilidad. Si esceptuamos 
la pintura y la aplicación de los colores, 
hay pocas cosas qne ellos no puedan ege-f 
cutar, ya aislados ya reunidos, sobre todo 
cuando son dirigidos por hombres de vista^ 
instruidos é inteligentes. 

Seria pues de desear que se llegase á 
borrar la repugnancia que tenemos en ser- 
virnos de los ciegos, y que se los emplease 
en los diversos trabajos en que pueden so'- 
bresalir. Esto seria á la vez de mucha uti- 
lidad , y un medio de perfección para ellos 
que refluiría en ventaja de los mismos qua 



(268) 

los ocuparan. Ahora daremos á conocer 
sucintamente, como lo hemos hecho en 
el capítulo precedente, los ciegos que se 
han distinguido mas en las artes 4 y com- 
pletaremos de este modo la Biografía de los 
ciegos celebres. 

Lorenzo Stengel, cuenta que en i6c± 
un joven evanista de Yngolstad, pulimen- 
tand© un tijbo de bronce tuvo la impre- 
caución de acercarle á un parage donde te- 
nia pólvora la que inflamándose le oca- 
sionó en su esplosion la pérdida de la vista. 
De resultas de este incidente fue llevado 
al hospital de los viejos é incurables y co- 
locándose en un parage separado á fin de 
poder trabajar á su libertad rodeó su cama 
de radios, y la adornó con pinturas ege- 
Gutadas con mucha destreza. Después biza 
sin otro instrumento que un cuchillo or- 
dinario, dos molinos para pimienta coa 
sus ruedas, eges, dientes, y en fin todo lo 
necesario para moler* 

Uno de estos molinos era tan exacto 
y tan regular en todas sus partes que s& 
le juzgo digno de ser colocado en la gale- 
ría de los objetos raros y curiosos de Mu- 
nich, donde se enseña aun en el dia. 

D¡gb¡5 refiere cosas muy estraordina- 



(.69) 

rías de un preceptor que tuvo su liljo qne 
era tan completamente ciego que no sin- * 
tiendo ni aun el resplandor del sol sobre- 
pujaba en habilidad á los mayores juga- 
dores de agedrez, y conocía casi todos los 
demás juegos; tiraba los tantos á larga dis- 
tancia, sm salirse jamas de! punto que 
se le fijaba. Andaba solo, no solamente por 
su casa ^ sino por las calles y paseos: se 
sentaba á !a mesa y comia con tal libertad, 
que era imposible notar que fuese ciego, 
Cuanda ola hablar á alguno por la primera 
vez, juzgaba sin e(|uivocarse por el tono 
de voz, déla estatura y forma de su cuer- 
po; y cuando sus diseí [julos recitaban en 
su presencia, notaba al instante la situa- 
ción que tenían, y distinguia con facili^ 
dad los días nublados de ios serenos. 

Ya hemos otiservado hablando de Saun- 
derson que los ciegos, (aun aquellos que 
no tienen so organoj distinguen la claridad 
de las tinieblas, un dia claro de estío, de 
otro nublado de invierno. Los que conser- 
van el órgano, pero que no ven nada, los 
nmauroíicos, por ejem|^lo^ llaman á esto 
un panto de vista y se creen muy felices 
con esta prerrogativa muy envidiada de sus 
compañeros de desgracia, aunque no sa- 



qiif n de ella ninguna utilidad. ¿A que pues 
atribuiremos el fenómeno estraordinaria 
que observamos diariamente en estos des- 
graciados '' Difícil es á la verdad decirlo;: 
porque estamos lejos de pensar que los cie- 
gos vean por la piel como ha dicho un fi- 
lósofo de nuestros dias^ que no seria sega- 
ra m e lite fisi ólogo. 

Un carnicero de Bolonia, cuya histo- 
ria ha conservado Aldroyrando valuaba 
por el tacto, el peso de la res qiie debia 
matar, conocía los pesos y monedas: mon- 
taba perfectamente á caballo, iba á los mer-- 
cados y cumpüa, sin que jamas le hubiese 
sucedido ningún accidente. Todos los de- 
beres de su profesión los desempeñaba con 
el mayor tino y destreza. Mr. de Piles, ha-^ 
bla de un ciego que vio en Italia que 
era natural de Cambassy en Toscana, de 
edad de 5 años, dotado de un gran talento 
é inteligencia, escelente dibujar) te, al que 
dice encontró en el palacio Justiniano mo- 
delando en cera una estatua de Minerva. 
Este ciego tomaba con tal precisión por 
golo el tacto la forma y las proporcionea 
de los originales que á todos sorprendia. 

Gambassius de Volterre, ptrdió la vis^ 
ta á la edad de 20 arlos y vivió diez mas 



(271) 

en este estado, ignoraba hasta los elementos 
de la escultura , le ocurrió de repente hacer 
una estatua y habiendo enseguida tocadóen 
tcdo sentido la que representaba á Cosme 
de Mediéis, hizo otra de arcilla tan seme- 
jante á aquella que asonibió á cuantos la 
vieron. Su talento de estatuario se desarro- 
lló de tal modo que el príncipe Fernando 
Gran Duque de Toscana, le envió á Roma 
para modelar la estatua del Papa Urba- 
no VIII que sacó también muy semejante. 
En fin hizo otras muchas con igual suceso. 
El duque de Braciano, testigo de sus 
trabajos, dudaba en medio de todo esto que 
fuese totalmente ciego, y para asegurarse 
de ello, le mandó hacer un retrato en una 
cueba obscura 5 el que ño obstante esto, 
salió petectamente semejante. Como le ob- 
jetasen que la barba del duque le facilita- 
ba una señal para conocerle ofreció para 
probar lo contrario , hacer el retrato de 
una de sus hijas que sacó igualmente muy 
parecido. He visto dice Mr de Piles con- 
cluir á este ilustre ciego, los retrato^ del 
difunto rey de Inglaterra , Carlos I y el de 

Mr, Heselin ambos perfectamente egecu- 

tados. 

Tuvo alguna dificultad en pintar los 



cabellos , como son movibles pues todo el 
arte de este ciego cons istia en el dibujo. 

Kn nuestros dias hemos \isto á Mr. 
Biiret, uno de los escuítores rnas hábiles 
de la Academia, que se quedó ciego á la 
edad de aS años, de resultas de las virne- 
las, no dejar por esto de trabi)|ar como lo 
hacia el ciego de Gambassy. 

Un organista holandés, ciego desde 
muy joven no dejó por eso de ser muy 
hábil en sn profesión , y adquirió aflemas 
el hábito de distingiiir por el tacto las di- 
ferentes especies de moneda y aun los co- 
lores (ij en términos de reconocer por la 
finura de sus dedos el color de los naipes^ 

I Mas adelante diré d^l modo que se vaíen lost 
Ciegos para conocer algunos colores, que segura- 
H^gníe no es por eí tacto.. Boy le ha dicho sin razón 
qiie ua hombre de Maestricht (fundado sin duda em 
un <estiieonio poco atítemico) distinguía los colores 
con el aivofílio del tacío. Tampoco merece mas^ fe 
lo qqe s.^ ha referido últimamente en los diarios 
Iijgleses 9 de una muger de Liverpool, llamada Mar^ 
garita Mee voy , que siendo otegn veía perfectamen- 
te con la esíremtdad de sus dedos, no siendo segu- 
ran>ente5 dice eí redactor á^l articulo^ por el Jacto 
excitado p^or la aspereza de las superficies^ sino 
por una visión real qxi^ se estiende á ios objetos dis- 
tantes que esta no podia tocar, y que hacia distin- 
guiese los colores &c. Los partidarios de la unidad 
se han apoderado codiciosamente de todas las abe- 



haciéndose por esto un jugador temible 
pues al dar las cartas conocía las que daba 
á los contrarios y con las que se quedaba 
él (2). 

Martin Chatelain, nació ciego en War- 
wick 4 principios del siglo 177 hacía al 

rraciones y negaciones que han podido encontrar 
para sostener con todas las apariencias de verdad 
sus falsos sistemas. De este modo es como hace algu- 
nos años que el Dr, Petelin de León, habia reunido 
un gran numero de mugeres (pues que siempre son 
las que se prestan á ser objeto de estravagantes obser- 
vaciones) que él ihnnaba gritadoras ó vocingleras , 
de las cuales las unas gustaban por la boca del esto - 
mago y los estimaban ios olores por ios codos, 6¿c. 
Cuanto mas se separa un hecho del circulo de los 
ordinarios tanto mas derecho tenemos para exigir 
pruebas que lo coanrmen y mas en una época en 
laque las ciencias físicas y fisiológicas han hecho tales 
progresos que todos los íeaoraenos vitales pueden 
explicarse fácilmente. Los ciegos no conocen nin- 
gún color sino únicamente el efecto que la materia 
colorante produce sobre los cuerpos. Jamas podre- 
mos estender sus conocimientos mas alia de las ideas 
de similitud y analogía, cpando se trata de lo que 
pertenece á la visión y á ios colores; pues apellas 
podemos por medio del discurso, inspirarles el deseo 
de un bien del que no se forruan idea alguna pues 
desearían mucho mejor tener un brazo m^s ó "mas 
dedos que no ios ojos. 

a Lecat, tratado de los sentidos pag. ii 

i8 



(274) 



p 



torno los instrumentos mas perfectos, ta- 
les como la viola, flauta &c. Preguntán- 
dole un dia, que era lo que mas deseaba 
ver: dijo los colores , por que casi todo lo 
demás conozco por el tacto, A lo que se le 
contestó no querrías ver mejor el cielo? 
No, respondió él, apreció mas el tacto.''^ 

Francisco Porter. Era tal su gusto á la 
pintura y la mecánica, que ya rayaba en 
una pasión. Presentó á la sociedad real de 
Londres el modelo de una máquina hi- 
dráulica, por la que tuvo el honor de ser 
admitido en el número de los miembros 
de esta sabia sociedad. En Inglaterra y en 
Holanda , se ha impreso repetidas veces su 
espücacion del número 666 de la bestia 
del apocalipse, cap. i3. Murió ciego en 
Kihuauton en Inglaterra en 1678. 

(Se continuará) 

* Esta respuesta que es casi semejante á la del 
ciego de Puyseaux, aunque hecha mas de cien años 
antes, y en países muy lejanos, prueba que ios cie- 
gos son muy indiferentes á las cosas de que ellos no 
pueden formarse ninguna idea , y asi debe ser, pues 
que no pueden tener del sentido de la vista sino vagas 
nociones y simples analogías, Chéselden hizá esta 
observación que ya hablan hecho otros muchos céle- 
dres prácticos, y en nuestros días los señores Riche- 
ran, Venceij Demours y Guillie muchas veces en el 
Instituto. 



iltoíaicct^ 



La ¡ntruclucion del órgano en Europa 
data desde yS?. Constantmo Coproninio 
envió de regalo á Piphio rey de Francia 
el primero que se vló en Europa. Entonces 
el sonido le producia la acción del wpor. 



Ha muerto en Marnea dopartarnenlo 
de Ain, un anciano de 1 02 años v nueve 
meses cpie conservaba en el mejor estado 
6u salud y facultades morales. Los viejos 
que le rodeaban le parecían jóvenes de una 
nueva generación. 

Resumen de economia política. 

1 El trabajo es una propiedad 

2 El proletario vive de los productos de 
sn iniiustrla, com.o el propietario vive de 
las cosí chas de su camino, 

3 El uno sin el otro es como el alma 
sin cuer[)o. 

4 El ])roletario y el propietario son los 
dos sexos del nuíudo social. 

5 Separados no proilucen nada. 

I 



6 Su unión produce su valor. 

^ Privar al uno del jornal ó del salarlo 
que espera es como privar al otro de su 
trigo. 

8 No hay pobre ni rico. Hay dos con- 
diciones pasageras de la vida. 

9 Una contrariedad hace un pobre y 
una mirada hace un rico, una boda ó un 
entierro cambian todas las condiciones, 

1 o La igualdad nace del valoi\ 



No hay cosa que se dé con tanta libera- 
lidad coaio los consejos. 



Publicó Rutlllo se obstinaba en negar una 
cosa á pesar de las instancias de un amigo 
Indignado este le dijo ^\!e que me sirve tu 
amistad si no haces lo que te pido» De 
que me sirve la tuya , replicó Rntilio , si 
me obliga á hacer lo que no debo. 



Tan fácil es eno^añarse á si mismo sin 
hecharlo de ver, como difícil engañará 
los demás sin que ellos lo noten. 



(277) 

Preguntándole al filogofo Anríslenes 
porqué era tan severo con sus discípulos, 
respondió : también los médicos lo son cou 
los enfermos» dantlo á entender que él re- 
prendia los vicios y no á los hombres. 



El deseo de merecer las alabanzas que 
nos dan fortifica nuestra virind; y las que 
se rinden al talento, al valor y á la hermosu- 
ra contribuyen á aumentarlos. 



Viendo una mujer Espartana volver so- 
lo á su hijo de la guerra le pregnnró^ En 
que estado estaban los negocios de la patria*^ 
y como el respondiese que todos los coni-- 
pañeros eran muertos la muger le tiró una 
teja á la cabeza (de tal modo qne murió de 
la herida ) diciendole *^ te han dejado á ti 
solo para nuncio de tan malas nuevas? 



Hay ciertos procederes que nos pare- 
cen ridiculos y si supiéramos las causas 
de ellos nos parecerían sabios y sólidos. 



(278) 

ANUNCIO. 

^-^urso de Econojnia industrial por Mr. Carlas 
Luis Bergey , discípulo que fue en la escuela Poli- 
técnica de París, catedrático de Economía aplicada, 
á las artes y manufacturas establecida en la acade- 
mia real de Meíz» Tomo í, que comprende \<i Eco^ 
noinia de los Jornaleros: libro de oro que, después 
de la doctrina cristiana, aprovechará ala juventud 
mas que cuantas leyendas morales y curiosas puedan 
ponerí;e en sus manos; porque le enseñará lo que. 
vale ia economía del tiempo, y el modo de ganar 
y abortar para disfrutar comodidades y pasar la 
vida gtisiosa, honrada y estim.ada. 

£1 tomo lí comprende el Manual para los fa^ 
hricant^s de todas clases, á los cuales suministra 
nociones^ datos, cálculos indispensables para el ade- 
lanto de s^^s manufacturas y para el acierto en sus 
empresas y especulaciones. Para mayor utilidad de 
los esp,3í"^oies, ademas de la legislación vigente en 
Francia sobre concesión de privilegios esclusivos de 
mejora, introducción é invención, que inserta el 
autor, se han añadido por vía de apéndice los de- 
cretos que rigen en España sobre lo mismo. 

Estos tratados, en que van resumidas y coor- 
dinadas las lecciones de aqneí célebre catedrático 
con claridad y exactitud inimitable, y desenvuel- 
tas las doetrin3S masf sublimes con tal sencillez y 
precisión, y tan al alcance de las gentes menos 
instruidas, qne han granjeado á su autor nna re- 
putación europea superior á todo encarecimiento, 
han merecido^distribuirse al pueblo gratuitamente 
por las asociaciones fiiarurcplcas en los varios esta- 
dos de Alemania, en Iloianda, Bélgica, Francia y 



('^79) 

Suiza. Nuestro actual gobierno , convencido de s» 
utilidad, ha estimulado y cooperado á su tradiic^- 
cion é impresión. La del i9 especialmente, com^ 
roas necesaria, se hace en planchas estereotipadas para 
que se difunda con mas exiension y economía, por- 
que podrá ser libro de preferencia en nuesíras es- 
cuelas de primeras letras. Y arabos forman un cur- 
so de lectura no solo necesaria, sino en extremo 
agradable y eni retenida* Tal es la maestría del bien- 
hechor de la humanidad y amigo de la Juventud Mr, 
de Bergery. 

Se venden ambos tomos en Madrid en la im- 
prenta de Burgos^ y librerías de Cuesta; Sánchez 
y Matute: en Barcelona en la de Piferrer^ y en 
\ alencia en la de Mallen y Berard^^ * 

En las mismas librerías de Madrid se vendeh: 

La Moral de Jesucristo y de los Apóstoles m 
tomado literalmente de los librojs divinos del nuevo 
testamento* Por el limo. Sr don José Sabau y Blan- 
co* Un tomo en 8? con un índice para que ios fíele» 
puedan fácilmente buscar en el Evangelio del dia 
en todos los del año, y la pasión en la Semana Santa 
segunda edición á lo rs. en pasta. 

De la Imitación de Cristo del venerable Keía- 
pis , corregida con arreglo á los textos latinos mas 
recomendados: en i69 á6 rs. en pasta. 

Demostración de la ey:istencia de Dios y d& 
sus atributos^ por el limo. Fenelon:en8?á lors. 

Nota. Estas tres clásicas obras se hallan reco- 
mendadas como las mas importantes para la Juimií-. 
tud en la Memoria titulada -P¿5r^ j/z/cet, presentada 
recientemente á S M con objeto de iab«4r fa felici- 
dad de los españoles. 
Catecismo del P. Ripalda conforme c»n el dala 



Dirección General de Estudios en i6? edición co- 
rrecta estereotipada en letra nueva y muy clara. 
Nota. De esta edición , que coníti de 69 pagi-» 
ñas en 16^, sean 3 pliegos, se darán en la misma 
imprenta de Burgos colecciones de planchas áprs. 
cada una para que cualquiera pueda en adelante 
poseer eslos moldes y tirarlos como y donde mas 
le convenga. 

Igualmente se venden colecciones estereotipa-' 
das de las cuatro reglas de caldos para rayar pa- 
pel para las escuelas de primeras letras;, en pre- 
cio todas ellas de mil reales vellón. 

La colección de adornos, figuras, escudos,, 
orlas y florones, queconsra de diez hojas , se vende 
á precio de 2 rs. por hoja, descontándose este im- 
porte á los que compren objetos por valor de 20Q 
rs. Dicha colección se irá siempre continuando coa 
los mejores grabados extranjeros y españoles. 



(28.) 




€ff ttiftítrís. 



Noviembre. 



Noviembre, en latió Nwembcr ^ era 
como su nombre lo indica el noveno m^s 
ikl año instituido por Rómulo : ocupé ti 
décimo lugar cuando Numa reformó el ca*-- 
lendario , y el undécimo después de \^^ mx\^ 
danzas introducidas por los decenvíroff. En 
vano los aduladores del emperador Cbm-r 
modo procuraron dedicarle el mes de No-^ 
viembre llamándole Fxuperaíorius (Tríun-r 
fante) después de ía muerte áet iocfignoi 
hijo de Mareo Aurelio , este mes recobró 
su nombre, que ha conservado hasta ahoN- 



ra , á pesar de que m> ^stá en armonía a^om 
el lugar que ocupa. 

El cristianismo ha colocado en los dos 
primeros diasdel mes de Noviembre dos 
de sus principalies fiestas , «na en honor <3e 
todos los santos, y Ja otra €n conmemora- 
ción de los difuntos. 

El origen de la fiesta de iodos los san- 
tos se remonta ¡hasta principios del ?siglo 
séptimo. El papa Boiiifacio IV. Jhabienda 
obtenido de Focas el célebre 4:emplo lla- 
mado el Panteón^ edificado por Agripa 
veinte y cinco años antes ^Je Jesucristo , le 
purifiGÓ dedicándosele á la yir^eri^ á los 
mártires , y desde entonces quedó institui- 
da la fiesta de todos ¿ios santos. En los pri- 
meros años del siglo nono el papa Grego- 
rio jIV mandó que se celebrase en toda Ja 
cristiandad el i.^ de uoyiembre* 



fa83) 




r^th^fian^MaBuSuBa 



1 5 de NomfTihre. :=i Batalla de Areola, 

Treinta mil franceses con treinta pie» 
2as de artillería estaban acampados junto á 
los Alpes para hacer frente á ochenta mil 
^nstriaeos defendidos por doscientos ca- 
ñones. Napoleón fué hombrado general en 
gefe de estos treinta mil franceses ^ y con 
ellos ha ejecutado las cosas mas maravillo- 
sas de la historia moderna. Encontró ]q$ $oU 
dados á medio vestir, maj asegurador W 
víveres , sin que se distribuyese carne hacia 
ya- tiempo, y en la imposibilidad de per- 



manecer allí, por lo que era preciso que 
el ejército avanzase ó retrocediese. Elegido 
lo primero, avanzó destruyendo Jos ochen- 
ta mil hombres mandados por Beaulieu en 
las batallas de Montenotte , Millesimo, 
Mondovi y Lodi , hiriéndolos como el ra- 
yo ^ sin darles tiempo de rehacerse. 

Beaulieu^ desgraciado por haber sido 
vencido , fué reemplazado por Wurmser. 
Este antiguo mariscal anstriaco traia consi- 
go treinta mil soldados, que reunidos á los 
restos del ejército de Beaulieu volvieron á 
formar un efectivo da ochenta rail hombres. 
Napoleón batió este nuevo ejército en Lo^-- 
nato , Costiglione y RoQeredo , le persi- 
guió en las llanuras del Bassonais ^ forzán- 
dole en las gargantas de h Brenta ^ arro- 
jándote de Bassano y de Verona^ hasta en- 
cerrarle en Mantua. 

La Italia ya estaba perdida para el 
Austria: el ejército que defcndia aquella 
frontera estaba dentro de los muros de 
Mantua , débiles restos redticidos y diezma- 
dos por las enfermedades. A pesar de esto 
la corte de Viena quiso hacer el úítimo es- 
fuerzo: reunió dos e|érdto^j utm en el 
j otro en el Tirol^ y confirió el 
al n^^riseaí de Aímnú , para €|iie 




(a85) 

camínase á Mantua y librase á Wurmser. 
El mariscal al principio hizo retroceder á 
los franceses hasta Verona ; mas allí hizo 
alto el ejército en la posición siguiente : El 
cuartel general en Verona , trece mil hom- 
bres opuestos á Alvinci que tenia cuaren- 
ta rnil : á la izquierda del ejército , y en ía 
orilla derecha del Adige ^ á cuya orilla iz- 
quierda está situada Verona , los generales 
Joubert y Faubois con alg»inos miles de 
hombres opuestos al general Quasdanou- 
sich , que tenia diez y ocho mil. Se debia 
impedir á toda costa la división de estos 
dos ejércitos. 

La división Vauhois se habia dejado 
desalojar la víspera de una ventajosa posi- 
ción. Napoleón la mandó reunir en el 
campo de RWoli y la dijo ; 

«Soldados, yo no estoy contento con 
^vosotros , no habéis mostrado ni cons- 
»tancia , ni disciplina , ni valor : en nin- 
»guna posición habéis podido rehaceros, 
»abandonandoos^á un terror pánico. Os 
»habeis dejado desalojar de unas posiciones 
»en las que un puñado de valientes debia 
^detener á un ejercito. Soldados del 89 y 
»del 85, vosotros no sois soldados franee- 
»ses. General gefe de estado mayor , haced 



í(286) 

^^qiie 86 ¡dserrbal en sus banderas que nú 
^>pettme€en at ejército de Italia.» 

Esta arenga pronunciada con tono se- 
vero hizo verter lágriüíaís á aquellos vete- 
ranos : muchos gríinaderos condecorados 
esclamaron : «Genefal , nos han cafamnia- 
^h\ú ; qtíe se nos ponga á fa vanguardia^ y 
»vereis si el 89 y el 85 son dignos dei ejér« 
>;cito de Italia.>> 

Napoteon estaba bien seguro entonces 
de que la posición que ocupaban iba á ser 
bien defendida. 

Ahinci delante de Vefona con fuerzas 
tan superiores y en una posición inexpug- 
fiable^ ponia á los franceses en iina situa- 
ción muy crítica ^ y á pesar de afgünaé ten- 
tativas siri resultado parecía imposible con- 
seguir aquella vez la victoria» Atacar de 
frente á cuarenta mil hombres con solo 
trece mil era una temeridad sin ejemplo. 
Los soldados empezaban á quejarse* <*No- 
sotros solos ^ decían , no podemos cumplir 
con los deberes de tddos. El ejército de ^Z- 
vinci , que tenemos delante , ha hecho re- 
troceder á las divisídnes del Ein de la 
Sambré y Mease , que ahora están descan- 
sando mientras que nosotros llenamos su 
obligación. Si somos vencidos tendremos 



que volver á pasar los^^/pe^^Ftigítivós y sin 
fionor : si al contraria salimos vencedores^ 
¿de qué nos servirá eáta iineva victOFÍa? 
Nos opondrán otroí ejército semejante al de 
AI^ncí\ como Al vi nci ha^sueedido á FFurm- 
aser\ y como Wúvm^véí Beaidieu^ y ea 
«^yta Incha taa desigual concluiremos por 
perecen,. 

Napoleón respondía á estas quejas con 
palabras enérglcas^, que reperidaá por los 
corazones valerosos los^ reanimaban pasan-* 
do á sentimientos opuestos^rasi^ es que tan 
pronto el ejercita trataba de retirarse como 
queria avanzar^ dicienda que los soldados 
de Italia^ no habián de* sufrir pacien temen- 
lelos insultos y provdeaeiones de aquellos 
esclavos;- 

Cuanda se supo enBreseia^ Bergamo^ 
Milán,, Cremona , Lodi yPcwia y Bolonia^ 
que el ejercita había padecida un descala- 
bro, los heridos^ y los enfermos á medio 
curar, 'safieron de los hospitales para com- 
pletar las filas. Las heridas de muchos de 
aquellos valientes todavía estaban sangrien- 
tas^ y e«te patético espectáculo producia en 
el alma las mas vivas emociones. 

Entonces fue cuando el genio de Na- 
poleón tuvo una inspiración sublime. A la 



(a88) 

derecha de Verona qae ocupaba el ejército 
francés se hallan vastas lagunas cortadas 
por calzadas estrechas. El rio Adige des- 
pués i!e pasar por Yerona lo verifica por 
ebtas lagunas, cuyas calzadas iban á terníii- 
nar á retaguardia del ejército de Alvinci. 
Trasladando el campo de batalla á aquellas 
estrechas calzadas el general en gefe aus- 
triaco jperdia la ventaja de su posición , y 
alli el número no significaba nada , el va- 
lor de la cabeza de las columnas decidía de 
todo. 

El 14 t3c noviembre al anochecer to- 
mó las armas el campo de Verona : tres co- 
lumnas caminaron con el mayor silencio, 
pasaron el Adige y formaron en batalla en 
la orilla derechp. Todo anunciaba una re- 
tirada á los soldados , que no penetraban 
el pensamiento de su general. Los antiguos 
militares temblaban de cólera al tener que 
retirarse de los austríacos , á quienes ha- 
bian vencido tantas veces. Napoleón estaba 
mudo. 

Al salir el sol el ejército marchó por la 
derecha y llegó á Ronco , á orillas del Adi- 
¿[e, donde Andreossy acababa de establecer 
un puente. Entonces el ejército reconoció 
su posición 5 y adivinando la idea de su ge- 



tieral todos los"^ corazones palpitaron de en- 
tusiasmo á vista de un plan tan hermoso y 
atrevido. Tres calzadas salen del puente de 
Ronco ; la primera , ó la de la izquierda, 
se dirije i Verona , pasa por las aldeas de 
Brondi y de Porcil , y termina en la lla- 
nura: la segunda, ó la del centro, condu- 
ce á Villa-Nova y atraviesa el pueblo de 
Areola , pasando el Alpon por un puente 
de piedra; la tercera, ó la de la izquierda, 
sigue rio abajo hasta Alvaredo. 

Tres columnas avanzaron por estas cal- 
zadas , dirijiéndose á Areola la del centro. 
Los tiradores franceses fueron recibidos por 
el fuego de dos batallones de croatos que 
guarnecian la cabeza del puente , y tuvie*- 
ron que replegarse. Augereau indignado de 
este movimiento se adelantó con dos bata- 
llones de granaderos , mas fue recibido con 
tales descargas de fusilería que tuvo que 
replegarse. 

El general austríaco no comprendia se- 
mejante ataque , ni como todo un ejército 
se colocaba asi en lagunas impracticables. 
Envió húsares á hacer reconocimientos; 
mas fueron arrojados á fusilazos de toda la 
linea. Entonces Alnnci creyó que eran tro- 
pas ligeras que querían inquietarle, y di- 



(290) 

rljió lina cUvislóD al dique de Arcóla y otra 
al dique derechov Estas^^ dos divisiones que 
avanzaron demasiado fueron derrotadas co-* 
, giéndoles un gran n ternero de prisioneros. 
Mas el pueblo de JÍlreo/<T ana se soste- 
nía, y el puente se defendía valientemente. 
Vista la importancia de ganar aquella po- 
sición Napoleón enarboló uea bandera^ y 
despreciando las balas de fusil y de eañon 
la fijó en medio del puente. La columna 
que él mandaba ya estaba casi apoderada de 
él, cuando la llegada de uii destacamento 
enemigo hizo malograr el ataque. Los gra- 
naderos que iban á la cabeza sin ser apo- 
yados á retaguardia titubean , y viéndo- 
se precisados á huir no quisieron abando- 
nar á su general ^agarrándole como pudie- 
ron de los brazos y de la ropa le llevaron 
consigo por entre los muertos^ los mori- 
bundos y la humareda. Aumentándose el 
desorden fué precipitado en una de las la- 
gunas y se hundió hasta medio cuerpo 
cuando ya estaban encima los enemigos^ 
Los granaderos á vista del peligro en que 
se hallaba el general esclamaron á una voz: 
¡Soldados, adelante á salvar al general ! y 
aquellos valientes volviendo al paso de car- 
ga sobre el enemigo , consiguieron desalo-f 



jarle fie todo el puente , quedando salvo Na- 
poleón. Esre día fué el del entusiasmo militar. 

Zan/iesque habla venldodesde jífi/c/n y 
habla sido herido en Gobernólo estando aun 
convaleciente ^ se interpuso entre el enemi- 
go y Napoleón 5 le cubrió con su cuerpo 
recibió tres heridas sin querer abandonarle. 
Muiron , ayuda de campo de Napoleón, 
cayó muerto poí defenderle con su cuerpo. 

Este fué el mas bello momento de la 
vida del emperador : se mostró tan heroico 
como hábil general^ y desde entonces los 
soldados le miraron como el mas valiente 
entre todos los vaílentes. Esta atrevida ma^ 
nlobra hizo perder al general austríaco la 
ventaja de su posición^ y muchas de sus di-^ 
visiones fueron deshechas en las calzadas de 
la laguna, y el ejército enemigo reducido á 
un número equivalente al francés fue der- 
rotado en una gran batalla. 

El ejército francés entró triunfante en 
Verona por la puerta opuesta á aquella por 
donde habla salido tan misteriosamente- 
Todos los habitantes manifestaron la admi- 
ración que les causaban tan altos hechos, y 
los franceses orgullosos con su general cre- 
yeron que bajo su mando la victoria no de- 
sertaria de sus banderas* 



EL NAPOLEONCITO. 

Aun no hace muchos años , mis que- 
ridos lectorcitos , que como vosotros tenia 
yo la costumbre de ir á paseo al retiro u 
otra parte conducido por mi madre ó mi 
aya. Yo iba alli á pasar alegremente mis 
dos lloras de recreo, volviendo después 
con risueñas y alegres ideas que me hacian 
el trabajo mas llevadero : con todo, un dia 
volví triste y pensativo , yo creo que había 
llorado.... y habia bien de que. Una señora 
mayor, madre de uno de mis compañeros, 
habiéndonos hecho sentar en corro cerca^ 
de sí, nos contó la historia siguiente, de la 
que me acuerdo como si hubiera sido ayer. 

León tenia dos hermanos , y aunque 
el menor , les aventajaba totalmente en 
fuerza, destreza, valor y talento; que los 
otros dos le miraban como el primogénito: 
ésta tan evidente y marcada superioridad, 
que no escitaba la envidia de sus herma- 
nos y compañeros, habia cegado entera- 
mente la ternura de sus padres y parien-^ 
tes. En una reunión de familia le impusie- 
ron unánimes el sobrenombre de Nápo^ 
leoncito^ que ya le habia puesto anterior- 




Qjo/?y m^^ye<^ /a 



6 






mente la malignidad infantina de sus com- 
pañeros de colegio. Desde entonces Nano- 
leoncito principió á ejercer formalmente 
una especie de imperio sobre los demás, y 
bien pronto sus buenas cualidades se envi- 
lecieron con un feo defecto: su amor pro- 
pio le bacia un niño absoluto, porfiado, 
terco en sus voluntades y caprichos , y la 
adulación habla introducido en su cabeza 
un átomo de aquella ambición que perdió 
al hombre grande cuyo nombre llevaba. 

Al llegar aqui la señora enjugó sus lá- 
grimas y dio un profundo suspiro ; luego 
continuó: León por su valor podia haber 
sido un héroe, sus disposiciones prometían 
un hombre grande; pero en él como á 
otros muchos sucedió todo lo contrario. 

Entretanto Napoleoncito iba perdien- 
do cada dia aquella feliz aplicación que te- 
nia á los doce años: el trabajo no era ya 
para él una recreación instructiva, y afec- 
taba una seriedad opuesta á la viveza de 
sus ideas; hasta sus recreaciones le eran 
molestas, por la importancia que daba á 
sus mas mínimas acciones. La pelota y el 
peón no eran recreo para él ; estos juegos 
en los que en otro tiempo se divertia tanto, 
ya no eran mas que ocasiones de hacer bri- 



llar su fuerza v su destreza. León era siem^ 
pre un muchacho admirable; pero era me- 
nester que se formasen grupos para admi- 
rarle y corros para aplaudirle, y ú no ha- 
cian corro al rededor de él se hacia intra- 
table , y su linda frente se arrugaba como 
efecto de tristes pensamientos. 

Era porque sus dos hermanos le mira- 
ban corno el mayor , y porque le ilamaban 
el , Na [X)l concito. 

Otras veces modesto y complaciente, 
si uno de sus compañeros no habia hecho 
ó no habia podido hacer lo que habia man* 
dado el maestro , le ayuííaba con sus con- 
sejos ó hallaba escusas á su pereza; masen 
el diá él les dirijia las primeras reconven- 
ciones , atrayendo asi las del maestro, y no 
con la intención de corregirle, sino de aver- 
gonzarle delante de todos, para que su sa- 
ber y obediencia se hiciesen mas notables. 
Porque queria brillar á costa de otros, co- 
mo si tuviese necesidad de abatirlos paria 
elevarse ; sin reparar que la recc)nvcncion 
él la merecia , piles sl^ debe compadecer á 
3os demás en lugar de vituperarlos. 

Asi sus compañeros le admitian en suís 
juegos siempre con temor ^ pero él se hacia 
dé la partida haciéndolos sufrir su buen p 



mal humor. SI jugaban á la pelota todos los 
golpes dudosos se resolvían á su favor; 
otras veces negaba lo que Je acomodaba, 
aunque diez Topes sostuviesen lo contrario: 
se servia de trampas para perjudicar á los 
otros jugadores : en iin , con la ayuda de sq 
presencia y de sus modales lo decidia todo, 
por lo que ^ijlgarmente se dice que ia ra- 
zón del mas fuerte es siempre la mejor. 

Porque infdiz del que ^e atrevía á chis- 
tar ; todas Jas repulsas que recibia^ y que 
por lo regular no se aprecian en esta edad, 
recibían al instante una roidosa reparación, 
su venganza se armaba de mojicones y pun- 
tapiés, y las lágrimas lavaban bien pronto 
«u ofensa. 

Napoleoncito con su instinto de con- 
quista no esperaba á que le atacaran: él 
biíscabá las quimeras , íbmentándolas para, 
apoderarse después de la victoria del jugue- 
te que se le liabia antojado : el mas ligero 
pretesto acarreaba una lucha, de la que se 
seguia la confiscación de una pelota elásti-, 
caú otro juguete semejante, 

Sm embargo no le faltaban amigos , y 
tal vez los debía á sus mismos defectos. El 
temor le habia grangeado los unos y el in- 
terés los otros ; los unos se habían puesto 



(^96) 

de su parte para eximirse de las contribu- 
ciones sobre el resto de los mártires , y ios 
otros por gozar del botin y de la pequeña 
deferencia de que era objeto. Todos le adu- 
laban igualmente con la mira de tener en 
él un auxiliar ó un protector. 

Era linda cosa el ver á este déspota en 
medio de la corte que se babia creado, tem- 
plado algunas veces para que no se fastidia- 
ran de estar con él , y enojado otras sin 
iivotivo aparente para entretener su impe- 
rio facticio. De tiempo en tiempo se hacia 
una gran distribución de pelotas, peones, 
bollos y caramelos; y mientras que sus cor- 
tesanos se reían y se regalaban , los niños 
á quienes se los había quitado lo miraban 
sin hablar palabra. 

¿Adonde Napoleoncito había aprendí- 
do su arte de reinar ? 

Los dias de fiesta y de recreo, si se dis- 
ponía un gran juego entre todos , él era el 
que mandaba en gefe , organizaba é indi- 
caba á cada uno lo que debia ejecutar. Sí 
se ponía un juego nuevo, él reformaba las 
reglas, anadia otras, y su voluntad tenia 
fuerza de ley. Cuando en un caso impre- 
visto alguna regla era en perjuicio suyo, 
él la reemplazaba por otra de la que esp6-- 



(^97) 

raba tnejor resultado : «Yo no he dado va- 
ras para que lue sacudan ^ decia , no valey> 
y se volvía á principiar , porque asi le da- 
ba la gana. 

Asi cada buena cualidad suya estaba 
acompañada de un defecto; su superioridad 
en lugar de ser útil á los otíos les era in- 
soportable , y su fuerza y su talento que 
debían grangearle la estimación de sus con- 
discípulos , había escitado rail enemistades 
en contra suya* 

Le deseaban todos los rnaíes de que era 
causa , y hasta sus mismos amigos que su- 
frían la mortificación de ver su amor pro- 
pio á los píes del suyo, deseaban de con- 
cierto con sus enemigos el día de las re- 
presalias ; mas ninguno se atrevia á encar- 
garse de la venganza común ^ demasiado ' 
débiles ó tímidos tenían que aguantarse y 
esperar la suya* 

Concluidas las vacaciones y convocados 
los niños á la misa de acción de gracias , en 
la que habian dirijido al Cíelo súplicas lle- 
nas de esperanzas , volvieron los alumnos á 
comenzar el año como le habian concluido, 
cantando gloria á Dios, y las clases se ha- 
bian abierto bajo la invocación del Espíri*- 
tu Santo. 

%o 



(298) 

León 5 que habla llevado á su casa las 
medallas y premios debidos á sus progresos, 
había vuelto lleno de recuerdos y de espe- 
ranzas de gloria, hueco con los elogios de 
6us padres , y crecido mas de una pulgada: 
gracias á los paseos y buen aire del campo. 
Cuando Megában nuevos alumnos al co- 
legio , 1^11 los insultaba , los provocaba; 
y habiendo salido bien en todas estas nue- 
vas tentativas , éus camaradas creian que 
NapoleOücito no debia encontrar quien le 
dominase: sin embargo, un sábado por la 
mañana, un cuarto de hora antes del fin 
de la clase la puerta se abrió.... ¡Uno nue- 
vo !... ¡uno nuevo!... gritaron por todas 
partes. 

Era Roberto , un forastero robusto y 
frescote^ vestido con un pantalón blanco 
y con casaquilla azul: todos le miraron de- 
seando hallar en él el vengador que espe^ 
raban. 

En este momento la campana hizo se- 
ñal de la recreación , todos los niños ro- 
dearon á su nuevo condiscipulo, deseosos 
de llegar y decirle: «¿Eres tú el vengador 
que esperamos ?,¿ La calma y aire impasi- 
ble del forastero parecía responderles: «¡Po- 
drá ser !,, 



«Ahora lo veremos,^ dijo León , y láii* 
zánddse sobre Roberto^ le tira al suelo sa 
gorra de tafetán de seda^ y al tiempo que 
se bajaba á cojerla le echa á rodar de un 
fuerte empellón. Koberto se levantó sin 
chistar: era mayor y mas fuerte que León, 
pero no era tan mañoso ni tan listo ^ mas 
no sabia hechar la zancadilla. Por esta vez 
Napoleoncíto aun no habia encontrado 
quien le dominase. 

Aun aturdido de Éu caída y sorprendido 
del brutal recibimiento que le hacian i?ó- 
der^o componia sus vestidos sacudiendo el 
polvo de sus pantalones y pasando el brazo 
sobre su gorra pal'a volverla su lustre. Mas 
ió^ desgracia! i ó^ desesperación! su bonita 
casaca aíul tenia desgarrada Una de sus 
mangas. Toda lá clase prorrumpió en gritos 
de indignación: ''Es menester que la pague^ 
decírselo al maestro.... quien rompe pága,^ 
y otras mil frases amenazadoras para León; 
mas este diablillo ^ orgulloso con su victo- 
ria, reia á más no poder del furor de los 
unos y de la flema del otro^ y se preparaba 
á emprenderla de nuevo; mas no encontró 
adversario , pues Roberto habia ido á vol- 
ver en si y á mudar de Vestido. 

Sin embargo ^ laa cosas no podían que- 



i 



(3oo) 

ciarse asi ; la voluntad de uno soló no ha- 
bía de llevar tras sí la de los demás : una 
liga se formó, jliga terrible é imponente ! 
asamblea en la que se escuchaban todos los 
agravios, donde todos los rencores tenían 
palabra de derecho, en la que se discurría 
á patadas y puñetazos, en la que se habla- 
ba de capirotes recibidos y de coscorrones 
que había que dar ^ en la que se discutia 
de encierros y de castigos; asamblea en la 
que todos los miembros hubieran votado 
por unanimidad la abolición del pan seco., 
Nada se traslucía de estas deliberaciones, 
era un fuego latente bajo las cenizas; mas 
el tiempo estaba tempestuoso, y amenazaba 
una catástrofe sobre el horizonte. 

Napoleoncito no se inquietaba por na- 
da de esto , se reía sin tomarse el trabajo de 
escudriñar aquel misterio de iniquidades. 
Satisfecho de su valor y su destreza los es-* 
peraba á pie firme, regocijándose de ante-^ 
mano de la vergüenza de sus enemigos si 
osaban atacarle. 

Por fin un día se atrevieron: acia fines 
de octubre uno de aquellos hermosos días 
del veranillo de San Martin , el maestro ha- 
bía dirijido el paseo de sus discípulos acia 
el campo de Guardias : el sol brillaba y el 



viento enipiijaba algunos nublados blancos 
que hablan quedado en una tempestad que 
habla habido la víspera. Los niños corre- 
teaban por el campo, y cada uno elegía el 
juego mas conforme á sus inclinaciones; 
unos jugaban á la rayuela, otros de inclí- 
naclones guerreras hacían evoluciones mon- 
tados en un palo y con su escopeta de 
madera , otros se hablan escurrido para ir 
á comprar á escote naranjas y buñuelos; 
Napoleonclto se habla separado con sus 
cuatro compañeros Eoherto ^ Carlos\ Ea^ 
genio y r/cíor. --^* Vais á ver, les decía 
León , como se echa una cometa ; que bue- 
na idea ha tenido mi madre de traerme es- 
ta ayer, por eso yo se lo he agradecido 
mucho. Es porque yo soy mas sabio y tra- 
bajo mas que vosotros : vamos , ¿qué ha- 
céis? ayudadme/^ 

¡Ayudarte! si si , ya te van á ayudar, 
pobreclllo : tú no ves las señas que se ha- 
cen entre sí , como se miran y se hablan á 
]a oreja. Imprudente, por haberte entre- 
gado á ellos. ¿ Qué has de hacer solo contra 
cuatro ? 

"Vamos , vamos , decía León (que no 
echaba de ver nada de esto) ; vaya , tienen 
miedo á una cometa, aunque fueran mu- 



f302) 

chachas. Ahora la vais á ver por encima de 
los árboles njas ahos : ¡ qué dicha ! yo qui- 
siera hallarme en su lugar^\ y en tanto el 
viento iaipelia el papql pintado que cubría 
Ja armazón de la cometa. 

^* Eugenio dame una piedra^ deciaZeon, 
la cola no tiene bastante peso.^^ Eugenio te- 
nia mas ganaa de tirársela á la cabeza ; mas 
aun no había llegado la ocasión , aun no se 
babia remandado la chaqueta Roberto. 

^vQarlos, ten bien la cometa , gritaba 
León 5 y soltando la cuerda vés corriendo 
contra el viento y suéltala^^; y hé aquí ya 
la cometa rompiendo los aires , llevando 
tras si á León ^ que sin embargo la dirijía 
ron destreza sin enredarla en la§ ramas de 
los árboles: '* ¡ Qué bonito ! ¡qué bien va, 
decía León, parece qua se duerme, ¡ah^ 
ya se despierta ! á derecha, á izquierda» pa-* 
rece que el viento la rnece.^^ 

Al decir estas palabras Eoberto que es- 
taba detras de él corta el bramante con su 
cortaplumas, y la cometa no hallando qnicri 
Ja retenga da algunas vueltas en el aire á 
modo de un gavilán, y cae á cien pasos de 
alli hundiéndose en la tierra. 

León se apresura á ir por su cometa y 
sus cuaitro camaradas le siguen riyeiido y 



(3o3) 

burlándose de él. Vuélvese con aire amena- 
zador 5 y al instante Roberto le sacude un 
puñetazo para entretenerle, mientras que 
Victor corre á pillar la cometa. 

El combate se emprende : diez cachetes 
van de una parte á otra ; pero se resguar- 
dan con el brazo : al fin se agarran cuerpo 
á cuerpo. 

Hasta entonces todo iba muy bien. F¿c- 
tor que se habia echado á cuestas la come- 
ta había vuelto á presenciar la pelea. Eu-- 
genio estendlendo los brazos contenia á 
Carlos y á Víctor^ que querian ayudar á 
Roberto. En efecto , este desfallecía ; ya iba 
á caer , cuando Víctor bajándose tira con 
fuerza de la pierna derecha de Leon\ la 
otra pierna resbala en el terreno húmedo 
con la lluvia de la víspera; y jffo6erío apro- 
vechándose cobardemente de todas estas 
ventajas, fija su barba contra el peedo de su 
adversario , y de una violenta sacudida le 
derriba en tierra cayendo sobre él; León 
lanzó un grito, pues se habla roto un brazo. 

Su madre lloró mucho , porque él su- 
frió horribles dolores , mas en el colegio 
no lloraron. Los amigos que habia tenido en 
su buena fortuna le abandonaron , siendo 
los primeros á reírse de su desgracia ; jel 



qtie liabia salido tantas veces vencedor, eV 
que les habla hecho tantos servicios! olvi- 
daron todo lo que habla hecho por ellos, 
todo lo que habla hecho por la gloria, no 
vieron en él mas que sus defectos , le acu- 
saron altamente de haber sido déspota y 
mal compaílero , y todo el mundo aplaudió. 
Porque Napoleonclto había perdidosa 
batalla de "Waterló. 



(3o5) 

EDUCACIÓN física. 
Art. 4.'' Del Salto. 

En las caminatas se suelen encontrar 
algunos arroyos ó fosos mas ó menos anchos 
que es preciso saltar, y para esto es memester 
haberse ejercitado antes. Se distinguen tres 
especies de saltos, el salto acia adelante a- 
vanzando, acia atrás y acia arriba. Se han 
■visto jóvenes familiarizados con este ejerci- 
cio que saltaban hasta doce pies de longitud 
y hasta cuatro y mas de altura ; pero para 
esto es preciso haberse ido acostumbrando 
por grados en proporción á la edad y á la 

fuerza. 

Los jóvenes gustan de trepar á los ár- 
boles , y aunque este ejercicio no sea de 
una grande utilidad , no hay inconveniente 
en permitírselo con tal que se esté al cuida- 
do. Algún dia se puede encontrar con un 
toro furioso, un lobo hambriento, un per- 
ro rabioso, un javalí irritado ú otro animal 
dañino ; y si no se llevan armas ¿qné me- 
dio hay de escapar, mas que lanzarse al otro 
lado de un foso , ó trepar á algún árbol ? 

Algunos serian también de parecer que 



(3c6) 

para fortificar la cabeza de los niños y pre- 
caverlos de los vértigos 5 se les acostumbrase 
á subir y bajar por escaleras ; pero este ejer- 
cicio , asi como el precedente, no son de 
una necesidad indispensable mas que para 
el marino , el militar ó el cazador, que mas 
bien que otros necesitan agilidad y destreza 
para librarse de mil peligros á que están 
espuestos. 

De la Lucha. 

La lucha tan usada entre los antiguos 
para contribuir al acrecentamiento déla 
destreza y de la fuer!?a^ no tiene el mis- 
mo uso en las naciones modernas. Guando 
las gentes del pueblo tienen alguna dispu- 
ta entre sí usan de ios pies y manos por 
armas ofensivas y defensivasj, mas no sucede 
lo mismo en las clases civilizadas que ter- 
minan eso que llaman asuntos de honor 
con la espada ó la pistola, y asi necesitan 
tener maestro de esgrima, que en otros si- 
glos se hubieran despreciado por ejercer 
tui oficio que no deja conocer el verdadero 
valor. En aquellos tiempos solo se servían 
en los combates panicidares de las arma^ 
usadas los dias de batalla^ y estas armas ma- 



(3o7) 

nejadas con una celeridad de qne no tone- 
mos idea hubieran aniquilado á los mas cé- 
Jebres espadachines de nuestros dias. La 
esgrima por lo demás ofrece la ventaja 
de dar soltura á los miembros, fortificar los 
músculos y dar á todo el cuerpo en mu- 
chas actitudes vigor, solidez y ligereza; y 
ademas de esto se hace moda aprenderla, 
por que no se puede remitir á un dia de 
Í3atalla la satisfacion de una ofensa parti- 
cular como se practicaba entre los antiguos, 
que no permitían que las amias se dlri- 
jiesen contra el ciudadano. Temístocles, 
este personage tan iUistre á quien Euri- 
biades amenazó con el bastón en medio del 
congreso, valia mas sin duda alguna que 
nuestroi espadachines en el campo de 
batalla. - 

Del Baile. 

Mas apartemos la atención de un ejer- 
cicio que deja tan dolorosos recnerdos, pa- 
ra fijivrla en otro cuyas Imégrnes son nías* 
agradables y mas risuefíds. Contemplemos á 
la juventud reunida en la plaza del pueblo 
ó en los salones saltando bien ó mal al son 
de los instrumentes, mas siempre í^uardaii* 



(3o8) 

do el compás en lo posible. S¡ por ca- 
sualidad han tenido maestro de baile ,qué 
agilidad, qué ligereza en los movimientos 
qué precisión y qué gracia en las figu- 
ras ejecutadas con la mayor facilidad , Se 
ha reconocido que la juventud que ha te- 
nido algunos principios de baile tiene mas 
disposición para el servicio militar ; y aun 
en la misma sociedad qué diferencia entre 
dos jóvenes , uno que haya tenido algunos 
principios y el otro no ; qué seguridad y 
buen gusto en los movimientos del uno y 
qué torpeza en cuanto emprende el otro. 
El uno siempre tiene »u cuerpo en el esta- 
do de equilibrio mas conveniente á cada 
acción , y el otro ya esté sentado ó de pie 
no sabe como colocarse y permanece inde- 
ciso en cualquiera reunión de etiqueta. 

De la Equitación. 

Aunque el mejor modo de caminar 
es á pie como ya hemos indicado^ hay cir- 
cunstancias que obligan á recurrir al caba- 
llo , y en este caso si no se sabe montar ó 
lo que puede suceder todos los dias entre- 
gan á un joven inesperto un caballo quis- 
quilloso y espantadizo será milagro que no 



(3o9) 

le traigan á casa con algún brazo ú otro 
miembro hecho pedazos. Para precaver estos 
accidentes es preciso acostumbrar á los jó- 
venes á montar á caballo, lo primero con 
seguridad y atrevimiento , y después con 
elegancia. A todos les conviene tomar algu- 
nas lecciones de equitación, pues nadie pue- 
de decir no tendré que montar á caballo. 
Especialmente si se sigue carrera militar es 
preciso asistir con frecuencia al picadero. 
Si los padres no pueden costear las leccio- 
nes de sus hijos, nunca les faltará alguna 
persona que tenga esperiencia en el manejo 
del caballo, y de no haber otra cosa esto es 
lo bastante, 

(Se; continuará). 



(3ío) 



Víctor * ó la Indolencia corregida 



ó 



Víctor era un niño Indolente que no 
pen^^aba mas que en jugar desde la ma- 
ñana bástala noche. Un día su padre le 
llamó y le di o : *' Hijo mío , veo que no 
haces nada mientras estás en casa , y que 
sí jjcrmaneces mas tiempo serás ün pere- 
zoso toda tu vida. He resuelto que des^ 
de mañana vayas á Urt colegio poco dis- 
tante de esta capital. Veremos como te por- 
tas; en la Inteligencia , de que si conti- 
nuas con tan poca aplicación al estudio 
te enviaré aiui mas lejos, pues de nin- 
gún uiodo quiero que seas un perezoso/^ 

"¡A y, papá' respondió Víctor^ yo no seré 
perezoso, yo os lo aseguro: tenedríie unos 
pocos dias niMs en casa , y ya lo veréis/^ 

" Muchas veces me has prometido eso 
mismo y nunca has cumplido tu palabra. Pa- 
ra que pierdas tu indolencia es preciso que 
guíVas algún castigo , y asi disponte á salir 



mañana. 



El pobre. Victor lloró j, gritó, se c^e-ies- 
peró; mas tuvo que obedecer. A los pri- 
meros dias que estubo en e! colegio cum- 
plió mediamtmentc con sü obligación , mas 



(3i,) 

bien pronto se dejo llevar de su pereza. 
Durante las horas de estudio estaba pen- 
sando en otra cosa y no atendía á lo que 
sus maestros declan. "Querido niño , le re- 
petían ellos, cuantas desgracias os prepa- 
ráis! Vuestra fortuna pende en la vida de 
vuestro papá^ y es preciso que trabajéis pa- 
ra asegurar vuestra suerte. ¡ Qué pena será 
la de vuestros buenos y respetables pa- 
dres, cuando vean que sois aqni tan ig- 
norante como en bu casa, y que volve-? 
reis á filia con los mismos defectos que an- 
tes ! i Cuánto sentirán el haberos enviado á 
nuestro lado ¡ Temed ofender á los que os 
han dado el ser, es ofender al tnlsmo Dios, 
este temor es el mas saludable para un nitlo. 
Estas reconvenciones no hicieron im- 
presión en Víctor, continuando desapli- 
cado y perezoso. Un dia en que slgiendo 
su culpable costumbre estaba sin hacer 
nada, recibió una carta con obleariegra, 
la abrió y leyó lo slgienie: 

''Tu padre ya no existe, querido hio 
mío, Dios se le ha llevado ayer de este 
mundo. Yo he perdido en él á mi mejor 
amigo y tú no volverás á ver á un padre 
que te amaba tan tiernamente, tu solo me 
quedas] para aliviar mi dolor, para recibir 



(3í2) 

algún consuelo. Te escribo las últimas pa- 
labras de tu padre: 

" Pueda nuestro hijo , me dijo estre- 
chándome la mano por la liltima vez, 
pueda nuestro hijo volver á tu lado ente- 
ramente correjldo de su indolencia y de su 
ociosidad , y cifrar su felicidad en hacer la 
tuya. 

,,Lee repetidas veces , querido hijo , las 
últimas espresiones de tu padre: estoy se- 
gura que harán profunda impresión en tu 
corazón , y que te animarán á seguir los 
concejos que te ha dado su autor, Yo seré 
feliz si te haces aplicado, y si veo te has a- 
provechado de la educación que hemos pro- 
curado darte ¡ Ah ! si vuelves ignorante y 
sin amor al trabajo , yo no podré resistir á 
la pesadumbre ; porque te advierto, queri- 
do hijo, que no puedo tenerte mucho tiem- 
po mas en el colegio : mis medios no me 
lo permiten. Los dos hemos perdido nues- 
tro único apoyo. •- Tu apasionada madre 
que siempre te ama tiernamente.^^ 

Víctor después de haber leído esta car- 
ta quedó como herido por el rayo. Vertió 
tjn torrente de lágrimas; juntando sus ma- 
nos levantaba los ojos al cielo : leyó cien 
veces la caita de su madre 5 mas al llegar á 



(3i3} 

las últimas espresiones de su padre nunco 
podía continuar. Por Ja noche no puda 
cerrar los ojos, pensando siempre en su 
padre y en las reconvenciones que merecía 
por su rnala conducta. Luego se acordaba 
de su madre y decía: ^'Guando suelva á 
casa y vea mi mala letra, cuando tenga que 
ajustar alguna cuenta, cuando me pregunte 
mi lección de geografía, de historia ó de 
religión y no sepa responder , cuando vea 
mis libros tan nuevos como cuando me los 
compraron 5¿ qué pena no tendrá esta bue- 
na madre ? j Oh, qué imposible es ahora 
recobrar el tiempo perdido! Bien pronto 
tendré doce anos, y he adelantado ío mis- 
mo que cuando tenia cuatro/^ A! decir esr- 
to se agitaba en la cama y no pudo dormir 
en toda la noche. 

Al ser de dia se levantó, y presentán- 
dose al principal del colegio , le dijo eoB 
lágrimas en los ojos:^^ Hasta ahora, señor, 
he sido un perezoso , sin aprender liíada. 
Conozco las funestas consecuencias de it>i 
negligenGia y falta de aplicación» Me arre- 
piento sinceramente de mis faltas y quiero 
repararlas en cuanto yó pueda : decidme lo 
que debo hacer para esto , y me someteré 
á todo lo que mandéis.,, 

fií 



(3,4) 

El principal movido con las palabras y 
aflicción del pobre ipuchacho, le dijo: 
"Querido, el tiempo mal empleado está 
irrevocablemente perdido para vos. Es pre* 
ciso aprovechar mejor el que resta , para 
que no tengáis motivo de arrepentiros en 
lo sucesivo. Principiad desde hoy á apren- 
der vuestras lecciones y á prestar atención á 
cuanto se os diga. Que vuestra tarea esté de- 
sempeñada antes de la hora señalada , y co- 
mo hasta ahora habéis perdido mucho tiem*- 
po , para economizarle emplead una parte 
de los días de fiesta y de vacaciones. Daréis 
satisfacion á vuestra mamá,* os reconcilia- 
reis con todos vuestros amigos, y tomareis 
gusto al estudio, que siempre preserva de 
los Vicios. Ved cuantos bienes os esperan, 
apresuraos á poseerlos.» Víctor dio Jas gra- 
cias á su sabio maestro por sus consejos , y 
los siguió desde aquel mismo instante. 

Se aplicó al estndlo con tanto ardor 
como placer , y nunca jugaba hasta haber 
concluido la obligación. Si le acometía al- 
gún acceso de pereza, abría al instante la 
carta de su madre , y leyendo las últimas 
.palabras de su padre cobraba ánimo y se a- 
firmaba en sus buenas resoluciones, hasta 
que se acostumbró enteramente al trabajo. 



(3i5) , 

Cuando volvió al lado de su madre , que le 

tuvo un poco luas en el colegio, la sirvió 

de consuelo y sobrepujó sus esperanzas. 

Agradecido á las privaciones que se había 

impuesto por él, tuvo á esta buena madre 

un afecto que nunca se desmintió, la ali- 

^yip en sus ocupaciones, fué el báculo de 

su vejéx, y sembró flores en los bordes de 

>su tumba^iQué placer mayor para ün hom* 

breblen criado 




MORAL. 

De las Casas de /aegó. 

Las casas de juego tienen una entrada 
que es ia del honor\ y dos salida^ que st^ 
la infinitó y lá muerte. ¡ Cuantos rbkles M^ 
len cada dia de estók éentros de coíriipcbn! 
Todosconocenelmal; ¿ mas quiétt pondrá el 
remedio ? Si se suprimen boy unas casas de 
juego 5 al otro dia se abren otras mas peli- 
grosas , y nunca sexorta la cabeza de Ja hi- 
dra. A pesar de estas tristes verdades toda- 
vía se pueden hacer algunas observaciones 
conducentes á retraer á los jugadores de su 
funesta pasión. 

El leng&age ordinario ha calificado al 
juego de vicio , cuya palabra se emplea tan 
frecuentemente como la del juego mismo. 
Mas para apreciar bien el lugar que este 
acto debe ocupar en nuestra estimación, cal- 
culemos los efectos que produce en la feli» 
cidad ó miseria de la humanidad. 

Se concederá sin repugnancia qne en 
la clase de jugadores la mayoría » por no 
decir algo mas, se compone de los que pier- 
átü^ Pero el hofíibre que pierde en el jae- 



(3 '7) 

go no pierde el dinero solo, sino también 
un tiempo precioso, las cpstumbres que te- 
nia económicas, regulares y de industria y 
de perseverancia en todas las cosas ; en una 
palabra , todas las cualidades que le pon- 
drían eñ estado de recobrar su dinero y 
adquirir por medios honrosos la felicidad 
perdida. Asi perjudicándose á si mismo 
causa un perjuicio real á la sociedad, y se 
hace no solo un hombre infeliz , sino tam- 
bién un mal ciudadano. 

Infinitos ejemplos se podian aglomerar 
de suicidios y otros crímenes cometidos por 
la funesta pasión del juego, que opone un 
muro de bronce á las reprensiones y sátiras 
á los esfuerzos de la prensa periódica y de 
la comedia, pretendida escuela de costum- 
bres , que es también ineficaz contra la pa- 
sión del juego. El mejor argumento contra 
la pasión del juego es el provecho que re- 
sulta á los dueños de la casa á espensas de 
los jugadores, que si fuesen capaces de re- 
flexión no irían por el interés de ganar al- 
guna pequeña cantidad que los estimule mas 
á esponerse mas tarde á los loevitabies re- 
sultados de su ceguedad, que son como be- 
lfos dicho el deshonor, la miseria, la pri- 
síqu y la muerte. 



(3i8) 

Éntrese en la mayor parte de las casas? 
de juego , y se verá á los jóvenes rodear íasí' 
mesas y devorar con la vista aquel oro cu- 
ya posesión se disputan. Acariciar á los ni- 
ños cuando ganan, leñirlos cuando pierden^ 
servirse de ellos para barajar las cartas, re- 
volver las bolas ó escojer los billetes de lotería^ 
¿no es atizaren ellos las primeras chispas del 
furor del juego ? ¿no es fundar su temeri- 
dad futura en ideas falsas y pusilánimes? 

Que los maestros destinados á pi'evenir, 
Retardar ó correjir las inclinaciones perju- 
diciales *, enseñen á sus discipülosá emplear 
el dinerillo que se les concede para sus re*' 
creaciones sin arriesgarle en juegos perjudi- 
ciales. El partido mas seguro, dice Locke,es 
prohibirles las cartas, dados, Scc No es la teo- 
ría de moral lo que nos falta ^ sino ql arte 
de inculcarla por signos sensibles y ade- 
cuados- 

Un padre de familia decia que cuando 
se hablaba de un embustero , de un pró- 
digo ó de un avaro, antes de definírselos á 
sus hijos se los mostraba en acción , impri- 
miendo desde luego en su imaginación la 
fisonomía y la deformidad de cada vicio, 
para que se acordasen algún dia , los reco- 
nociesen desde lejos, y si se dejaban sedu- 



(3í9) 

cir , á lo menos no se librasen de saluda- 
bles remordimientos. 

Un ciudadano recomendable por sus 
luces y por su zelo en todo lo que puede 
influir en el bien público, observaba que la 
educación no concluye al salir el joven de 
mano de los maestros , que hay otra segun- 
da no menos esencial que la primera que 
exije de los padres mucha atención y saga- 
cidad. 'Pocas gentes , decia, querrán imitar 
la conducta de cierto sugeto acaudalado que 
viendo á su hijo dispuesto á abandonarse 
al juego, le dejó obrar hasta que perdió una 
suma considerable.^^ ''Yo la pagaré, le dijo 
su padre, porque estimo mas el honor que 
el dinero; pero es preciso que nos espli- 
quemos: tú amas el juego , hijo mió , y yo 
amo á los pobres ; los he socorrido menos 
desde que he pensado en colocarte, mas 
ya veo que un jugador no debe casarse, 
asi juega cuanto quieras, pero con la con- 
dición de que á cada pérdida nueva entre- 
garé á los pobres de la suma que te está 
destinada otro tanto como lo que tenga que 
acar para abonar la deuda cQutraida; 
y asi empezemos desde hoy 7^ 

La suma equivalente fué llevada en el acto 
á un hospital, y el joven no volvió á recaer. 



(3ao) 



Anécdota. 

Cierto amigo me hizo reparar en un 
sugeto cuya fisonomía, aunque alterada, 
anunciaba un gran carácter, y me dijo s 
"Tenéis á la vista un fenómeno de fuerza 
y debilidad en ese hombre que ha cultiva- 
do las ciencias y literatura hasta los treinta 
anos con el éxito mas feliz : tomó tal pasión 
al juego que vino á parar en furor, y á 
pesar de mis ruegos y mis lágrimas perdió 
en poco tiempo cuanto poseia. Tenia resig- 
nación y no se desesperó. " Esto es hecho, 
me dijo^ anoche he perdido cuanto me 
quedabas y estoy arruinado/^ Hize por él 
entonces lo que hubiera hecho él por mí, 
y traté de consolarle ; mas me respondió : 
''^Padezco, si; pero no estoy triste, poique 
sé resignarme. A Dios , ya no os volveré á 
ver, respetad mis desgracias, y recibid mi 
afecto , único bien que me queda.^^ 

Pasado el año recibí un billete y dine- 
ro , eorrí á casa de mi amigo y le encontré 



(3^0 

sentado en medio de sus libros y en la ac- 
titud de un hombre absorto en profundas 
meditaciones : le abracé felicitándole por su 
nuevo estado , pues supe que acababa de 
heredar, y le dije: ^"^Me üsongeo de que sa- 
bréis gozar de vuestro nuevo estado, y 
de que ya...,, "Ya no volveré á jugar mas, 
me replicó él fríamente. í Qué triunfo para 
la^filosofia y la literatura. jNo ganarán nada; 
ya ni leo, ni pienso, ni tengo deseos.,. 

Después de guardar un profundo si- 
lencio , sus ojos se reanimaron y los vi bri- 
llar con su antiguo fuego. ''El móvil de mi 
alma ya no obra, amigo mió ; he luchado 
contra una inclinación mas fuerte que yo 
mismo, he procurado substituir otras pasio- 
nes á mi pasión fatal ^ esta renace siempre, 
ó por mejor decir no me deja un instante de 
sosiego: concluyamos, yo no tengo fuerza 
ni para hablar ni para escuchar.^, 

Al despedirse me estrechó la mano y 
me miró con los ojos enjutos , porque ya no 
tiene mas lágrimas ; en el dia apenas me 
conoce y hace veinte años que permanece 
en la misma inercia y languidez. 



(32 a) 

Fenimore Cooper. 

Este célebre novelista americano nació 
en Burlington en la nueva Tersey en 
1789. Su familia emigró á la America del 
Norte, inmediatamente después de la guer- 
ra de la revolución y se estableció en Nejf'^ 
York 5 adonde el padre de Cooper , que 
murió en 1809 llegó á poseer bienes con- 
siderables. Cooper dejó el colegio de Yele 
á la edad de diez y seis años para iniciar- 
se en la vida maritima á bordo de navios 
mercantes y de guerra. Ha visitado dife- 
rentes naciones y ha residido en Londres 
París ^ Florencia^ Roma^ Capoles ^ Di es- 
de ^ Berna &c. para estudiar las costumbres 
de estos diversos países. Cooper se casó con 
una señorita de Lancey descendiente de 
una familia de Hugonotes refugiada en 
America después de la revolución del edicto 
de Nantes. Abandonó la marina y residió 
alternativamente en sus tierras ó en las de 
su esposa, hasta que en 1821. vino á Euro- 
pa con su familia. Siempre que Cooper 
pinta las selvas y los mares no tiene rival, 
iío ha habido escritor que presente lasesce- 



(3a3) 

nasde la naturaleza con tanta fuerza, acierto y 
verdad. Sus escenas maritiaias son inimita- 
bles , todo es acción, carácter y poesía. Pre- 
senta un cuadro maritimo con los accesorios 
mas insignificantes y los describe en unos 
términos, que se oye el ruido de las olas, 
el bramido de los vientos y los gritos de 
los marineros. Es incomparable cuando ha- 
bla el lenguaje de los Indios y pinta la vida 
del'desierto. Gomo rara vez publica las obras 
bajo su nómbrense creé que haya escrito 
algunas mas que las que se le atribuyen. 




(3H) 
HISTORIA. 

El hombre por la Historia esha^ 
hitante de todos los países^ y su 
patria es fodo el Universo. 

¿ Quién lo duda ? Fórmese el paralelo 
entre un sabio historiador y el ignorante 
que ninguna noticia tenga de esta madre 
ciencia, y se verá con toda claridad cuadv 
difícil se nos presenta la idea de no conce- 
der á este aserto la fuerza de un axioma. 

Colocado el primero en una elevada ci- 
ma , por decirlo asi, por do quier vuelva 
la vista , mira con noble entusiasmo los pue- 
blos que dejaron de existir: trata de los hé» 
roes sobre cuyas cenizas cernieron años los 
siglos, examina cuidadoso las costumbres 
de los primeros habitadores de la tierra, 
vé presentes los preciosos monumentos ea 
que la pesada mano del tiempo cayó con 
mayor vigor, y que la antigüedad deja ya 
tras sí , admira las acciones y empresas he- 
roicas, las relevantes virtudes, las ciencias 
sublimes, el valor, los vicios abominables, 
los altos crímenes y las pasiones exaltadas 
que distinguieron los célebres predecesores 



(325) 

nuestros sobre cuyas losas pasaron centena- 
res y miles de años, y remontado sobre las 
nubes, con un solo golpe de vista pone an- 
te sí el antiguo Egipto 5 la docta Grecia y 
la bélica Roma: coje con Rómulo laureles 
en los campos de Marte , detesta los atro- 
"Ces crímenes de Tarquino, la abominable 
crueldad de Nerón , á la par que Séneca y 
Tito extasian su alma eri la contemplación 
de su sabiduría y virtudes. Compara lo 
marcial de las costumbres romanas con 16 
afeminado de los de Gapua; recorre las mag^ 
nífica^ ciudades de Tebas > Menfis, Ate- 
tíUs , &c. Desciende á tiempos menos remo- 
tos, y se agolpan á su atenta vista mas re- 
cientes sucesos: existe en Europa, se pasea 
por el Asia, recorre el África; pero cuan- 
do no puede pasar de allí , la Historia le 
presenta un rhündo huevo, y va con Go^ 
ion á descubrir las dos Atoédcas, Ve civili- 
zados loá^ueblos que contemplaba sálva^ 
ges en oiW? tiempo. Las artes , las ciencias, 
te costilkíbíés se mejoran cada dia á la vis- 
ta! del histórico que observó las antiguas: 
"desciende mas y ve en la historia de su si- 
glo donde reina la industria , donde se ele- 
Va la ciencia^ donde ejerce sus fuiores la 
guerra , donde se distingue un héroe , don- 



(326) 

de aparece un monstruo y donde la ambU 
cjon fija su morada/ Conquista con Napo- 
león, invienta con el ingles y alemán , estur 
dia con nosotros , y todo le constituye un 
ser superior , noble vgí'ande y agraciado, j 
Una mirada ahora al hombre niño que 
ignora la historia. Circunscrito en el círcuf- 
lo limitado de los objetos que tiene á m 
vista, ignora lo que paisó antes que él nar 
ciera; no conoce otras personas que las que 
le rodean, ni otro pais que aquel en que 
3rive; es estrangero para eí resto del univer-? 
80 , y vegeta srmiido en una crasa y com-? 
píela ignorancia de los acaecimientos de 
fecha anterior al dia primero en que vio 
la luz. Nace , crece , pasa la edad florida, 
envejece y muere sin saber aun si han 
jpxistido otros hombres que los de su siglo. 
Oye el nombre, de algún pueblo ó héroe 
que celebró la antigüedad , se trata de eos- 
tumbres remotas , de batallas , hechos , em^ 
presas ó acciones de aquellos tie^mpos, y 
jdelante de históricos; enmudece su lengua 
jsi no quiere acreditarse de necio ; aunque 
el hombre aprende en la sociedad del honir 
bre , no le es posible comprender lo que 
no estudia. Tendrá principios ᧠lógica ó 



(3.7) 

modo de vivir , entenderá las ciencias abs- 
tractas , conocerá Jas opiniones de físicos, 
habrá pasado innúmeros años en su es- 
tudio, quizás colocará entre ellas la suya 
propia ; pero desengañémonos, sin la His- 
toria queda siempre en la infancia; á los 
ochenta años no es mas que un niño. 

La Historia es hermana de la Geografía 
y de la Cronología , pues los sucesos que 
aquella refiere no pasaron en un mismo pa- 
rage ni en un propio tiempo ó época ; por 
esto debe considerarse bajo los tres aspec- 
tos , pues si juntamos los sucesos que vio 
Roma en sus años primeros y bajo el domi- 
nio de sus monarcas con los acontecimien- 
tos de la época en que imperó Augusto, y 
estos con los del siglo tercero de nuestra 
era y división de uno en dos imperios, con- 
fundiéndolos tal vez con los de Grecia ó 
Egipto , preciso es que resulte una mons- 
truosa confusión , ó mejor un laberinto del 
que no podria quizás salir el mas perspicaz 
escudriñador. 

Es la Historia una narración de los su- 
cesos dignos de posterior memoria, un lien- 
zo que desarrollado presenta á nuestra vis- 
ta las revoluciones políticas que ha sufrido 
•el mundo desde su remota creación. Es ^1 



{328) 

espejo de los siglos^ un cristal claró al tra- 
vés del cual miramos todos Jos acontec¡T 
mientos pasados como si realmente acaecie-^ 
sen en el periodo de nuestra corta existen* 
cia. Es un fiel testigo de la verdad pura, 
porque la Historia no admite ilusiones ni 
falsedades; ¡y de tan limpia fuente cuan 
importantes y saludables lecGÍones emanan 
para'los siglos futuros ! !Ah, ciencia herma- 
sa, qué pluma será capaz de encomiarte 
cual mereces! Tú ensanchas el círculo que 
:iiatura designó á la vida del hombre; le 
conduces cual guia veloz á par que fiel de 
pais en país, de reino en reino ; alzas el 
Velo ocultador de célebres acontecimientos; 
le enseñas las leyes, costumbres, religiones 
y gobiernos de todos los pueblos, y le resr- 
tituyes luego al lugar donde nació por me- 
dio de numerosos siglos, cargado con Iqb 
despojos de todos los imperios, y los tribus 
tos que todas las naciones vienen á satisfa- 
cer á su talento observador. 

Considerada la Historia bajo un punto 
de vista moral es aquella filosofía viva, que 
apartando á un lado las formalidades de 
las reglas , suple el lugar de la esperiencia 
y nos manda obrar con propiedad y honor, 
para que su examen impareial nos presen- 



(3^9) , 

t€ cotilo ejemplo á los demás. La Historia 
está ligada con todos los ramos de ciencias y 
conocimientos, y sus repuestos son varios y 
abundantes, que todas ellas, las artes y 'as 
profesiones, le son deudoras de muchos prin- / 
eipios de que dependen. Abre un dilatado 
prospecto á la vista del hombre en el espa- 
cioso campo de la literatura , siendo un ol> 
jeto de estudio el mas agradable é impor- 
tante en que puede fijarse un entendi- 
miento ilustrado. Al leer los anales de los 
sigl< s pasados, retrocede hasta el origen 
primitivo de las cosas, y entra en una es- 
pecie de" nueva existencia; ve el mundo sa- 
liemlo de la nada, como fue gobernado en 
su infancia, inundado y destruido por el 
diluvio 5 vuelto después á poblar ; inouie- 
re la primera institución y descubrimiento 
de las moi aiquías y repúblicas; observa 
como se levantaron, sostuvieron y cayeron, 
imas con rápido curso, y otras-con pasos 
medidos. 

La Historia es la que nos pinta como 
puede un hombre portarse coa dignidad, 
si la fortuna le sonríe y le recomienda pa- 
ra empleos de poder y valimiento ; asi co- 
mo ofiece el cuadro mas verídico de ia \íí^^ 
tabilidad de las cosas himianas , preparan- 



22 



(33c) 

donos de esta manera para aquellas revolu- 
clones que pueden acaecer en el discurso 
de la vida. Grecia y Roma, tan célebres en 
la antigüedad por sus ejércitos invencibles, 
por sus grandes generales y por sus esten- 
sos dominios, están hoy dia al igual de 
otras naciones, y se vieron reducidas á la 
mas vil esclavitud. 

Es la que nos muestra ejemplos de dig- 
nos hombres , que ocupando los principa- 
les cargos del estado, se hicieron á un tiem- 
po ilustres en su vida privada ; y de otros 
que precipitados de la cima de la opulencia, 
lograron en su miserable estado por su con- 
ducta noble, hacer respetar y aun realzar su 
condición baja y respetable. Con la espe- 
riencia de sus modelos nos hace sabios, ve- 
mos las pasiones de los hombres, sus inte- 
reses encontrados y todos los artificios con 
que unos á otros se engañan ; aprendemos 
á guardarnos del deleitoso pero vil zumbi- 
do de la lisonja , á huir del contagio del 
vicio, y á evitar todo roce con los disolutos 
y relajados , para asociarnos solamente con 
los buenos y los sabios. 

Dificilmente gruesos volúmenes basta- 
rían para elogiar el estudio de la Historia. 
Asi es que en estas líneas nos hemos pro- 



(sá.) 

puesto únicamente hacer palpable su utili- 
dad, y persuadir á los jóvenes que si logran 
aprovecharse de los conocimientos que^ pue- 
de prestarles , serán grandes sabios y apre^ 
ciados en las varias clases de la sociedad, 

Lérida i .^ de julio de i8l 4. 

^iiillerma 4xmtmñM ^illírn. 



Sd^e la Cortesía y la Urbanidad. 

Júntese á on poqtiito de amor propio 
<}oe Impida olvidar á lo que se debe á sí 
mi^BO un poqiaito de seosibilidad que im- 
pida olvidar lo que debemos á los demás y 
se obtatídrá la oortesia. Nuaea es demasia- 
do el conocimiento que se debe tener de 
ios ddberesde la OTbatiidad que la sociedad 
impone. Los chinos tienen una infinidad 
de libros compuestos sobre la cortesía a la 
que Hiiran como uno de ios la^os mas firmes de 
la sociedad. En Francia no solo esc^rlben de 
ella, sino que la practican, y los tranceses 
de todos tiempos han sido célebres por la dul- 
zura de su^ costumbres y la t>ondad de 
sus modales, cada uno sabe que la cor- 
tesia da gracia y atractivos á las palabras 
y á las acciones. Asi bace parte de la 
buena educación hasta tal punto que ni 
aun el mismo talento puede suplir á la ur- 
banidad. La cortesia se conoce por signos 
exteriores y procederes delicados que solo 
se consiguen frecuentando la buciía compa- 
ñía. La cortesia no debe ser imperiosa y 
adusta, sino franca , natural , atractiva , sin 
exigencias ni prevenciones. 

El buen modo uos enseña á colocar en 



su verdadera sitio lo que debemos decir o 
hacer. La estrema vivacidad ó torpeza nos 
hacen faltar frecuentemente á las reglas que 
nos prescribe. 

El bueD tono , consiste en la nobleza y 
elegancia del porte , vestido , del adorno de 
la casa y aun del modo de recibir en ella. 
Supone una especie de consideración per- 
sonal. 

Kequiere espresarse siempre con senci- 
llez, reserva y decencia natural y por consi- 
guíente no emplear |amas modos de^hablar 
bajos, triviales y obscenos, demasiado libres 
ó pedantescos. Eí talento del hombre como 
debe éer^ coixsiste en saber en toda ocasión 
lo que conviene practicar ó evitar, e$ decir, 
distinguir lo que conviene de loque no 
conviene. 

El uso de mundo consiste en portarse 
en la sociedad seg uní las formas y costum- 
bres reconocidas y generalmente seguidas. 
Para adquirir el uso del mundo , lo mejor 
es tomar por modelo á una persona céle- 
bre por la elegancia de sus modales : sin 
copiarla servilmente, se puede dar á la 
imitación un sello de originalidad razona- 
ble. Por no querer prestar atención á los 
usos de la sociedad ni sujetarse á ellos , 



0m 

han cotnetído los mayores * dfesaciértbs áun 
los hoiiTibres de mas ¡tigenio. La urbani- 
dad? consiste en procurar cada nno en ágra* 
dará los demás ó mas bien no molestar 
á nadie de cuyo único principio se derivan 
todos los reglameritos de Cortesía y etiqueta, 
saoeídnados por la esperiencia que ha hecho 
ver ciíanto nos conviene tener contentos á 
aquellos con quienes vivimos reunidos en 
sociedad. Y sino examínese una por una 
todas las acciones de política urbana y sé ^ 
verá que su objeto es el Üsongear á la per- 
sona á quien se dirije y ahorrarle inco- 
modidades. El ceder auno la cera en la 
calle es evitarle la incomodidad del mal 
piso^ eí servirle ed la mesa es librarle de 
este trabajo, el dar la mano á una señora 
en la escalera es proporcionarle menosin-í^ 
comodidad. 8cc. 

La verdadera politica es una aten- 
ción continua sin afectación que compren- 
de el arto de disponer á los demás á estar 
contentos de nosotros y de sí mismos. ¿Qué 
cosa hay mas lisongera que el ver á nues- 
tros amigos aplaudir nuestros pensamien- 
tos, participar de nuestros sentimientos, 
prevenir y satisfacer nuestros deseos, bus- 
car ingeniosamente lo que puede agradar- 



f335) 

nos, alejando en lo posible los asuntos tris- 
tes? Estos rasgos caracterizan la atención y 
cortesía y las virtudes que pertenecen al 
espiritu de sociedad. 

Las leyes de la moral imponen al hombre 
que vive en sociedad el deber de ser pru- 
dente, discreto, reservado, indulgente con 
los demás, severo consigo mismo, bonda- 
doso con sus inferiores y respetuoso con sus 
superiores , siempre pronto á manifestar es- 
timación á sus iguales. SI es tan feliz que á 
estas cualidades reúne el arte de obrar, 
hablar y callar á tiempo, dispensando sus 
favores con elección y descernimiento no 
habrá persona que no le busque y encon- 
trarán en su conversación siempre nuevos 
atractivos. 

En un hombre honrado, los discursos, 
los modales, el modo de vivir, todo anun-^ 
cia una cortesía propia no de un hombre 
del gran mundo sino de un hombre aten- 
to y que desea hacer el bien. Él orgullo no 
se puede hallar mas que en hombres me- 
dianos, almas mezquinas y de vana repre- 
sentación. Un héroe , un hombre grande, 
sabe por louregular «er sencillo y humauo y 
cuanxo mayor iCS, iínejor ignora el arte y la 
afectación de parecerlo. 



(336) 

El hombre político y cortés aunque no 
pueda ser liberal es siempre afable y gra- 
cioso. Su acogida es casi tan agradable como 
el beneficio qne rensa y no omite nada de 
lo que puede probar su buena voluntad. 
De aqui aquellas atenciones delicadas, aquel 
modo de manifestar el sentimiento que le 
causa el no poder servirle en loque pide. Si 
se necesita consejo no se encuentra en el 
hombre cortés aquella afectación de ima 
gravedad serla que embaraza y desconcier- 
ta, sino que escucha, reflexiona y responde 
manifestando se toma interés. Si sabe que al- 
guno se halla en la aflicción , corre á con- 
solarle y una de las cosas que mas contri- 
buyen á ello es el ver que hay quien parti- 
cipe de las penas que le rodran. 

Si se comete una falta entre personas 
corteses se finge no haberla visto, ó se ad- 
vierte diestramente al que la ha cometido 
para evitarle la confusión que se le ha de se- 
guir. Si se hallan personas superiores, no 
se nota aquel pueril orgullo que procura 
evadirse de las deferencias que el uso ha^ 
consagrado, sino una circunspecta seriedad 
y si hay que esponer una opinión contraria 
á a modo de pensar se hace en los términos 
mas respetuosos. 



(337) 

La cortesía entre amigos manda qne 
en cuanto sea compatible con ía razón 
todo sea común y cada uno procure con- 
formarse á los gustos y deseos de aque- 
llas personas con quienes se encuentra* 

La civilización multiplica nuestras ne- 
cesidades, pero al mismo tiempo proporcio- 
na medios de satisfacerlas; una prueba de 
que los bienes que nos oírece son propor* 
cyonalraeníe superiores á los de otros mo- 
dos de existir, es que entre los pueblos civi- 
lizados, ilustrados é industriosos está entre- 
tenido mayor número de personas, y cada 
una de ellas con mas abundancia que en 
cualquiera otra situación. ¿ Qué nación civi- 
lizada ve en los momentos de escasez pere- 
cer de hambre y miseria la mitad de su 
población como ha sucedido en las nacio- 
nes barbaras ? Generalmente hablando es 
preciso que se encuentren nías recursos. 

Dictamen de J. B. Say. 



(338) 

El Parthenon^ ó el Templo de Minerm. 

Las ruinas de la Grecia tíos dan una 
alta idea de aquel pueblo que ha sufrido 
tantas vicisitudes, y que aun embruteci- 
do por el despotismo turco ha querido re-^ 
conquistar su libertad. Los antiguos griegos 
que habían recibido de los Egipcios las pri- 
meras nociones de las ciencias y las artes, 
no lardaron en sobrepujar á sus maestros, 
y algunos de sus monumentos escapados á 
la barbarie y á los estragos del tiempo, sir- 
van todavía de modelo á los pueblos civi- 
lizados. 

Su arquitectura á la vez noble y ele- 
gante ofrece las mas felices proporciones , y 
atestigua el genio de sus artistas. Enmedio 
de una rica naturaleza , y bajo un cielo siem- 
pre puro , la hermosura de lojs puntos de 
vista^ de Jas Ipcálidades, y rpas que todo, de 
las formas humanas 5 apuró su buen gusto 
y fecundó su inspiración. Los athenienses 
sobre todo se distinguieron entre los grie- 
gos por la grandeza y magnificencia de los 
monumentos. 

S. M. el rey Otón I.° , nuevo monarca 
de aquel pais , acaba de restaurar el Par- 



(339) 

thenon construido en tiempo ele f^erícles, 
hace treinta y dos siglos. La solemnidad se 
ha verificado con grande concurso y regocijo 
de los griegos modernos. Una comparsa de 
jóvenes coronadas de mirto ^ llevando un 
estandarte de seda azul ^ que tenia por un 
lado la cabeza de Minerva, y por el otro un 
buho sobre fondos blancos , han felicitado, 
al rey presentándole una corona de mirto, 
olivo y laurel con la incrlpcion siguiente: 

Las mr genes de Alhenas al Eestauradof' 
del Par thenon. 

Este templo dedicado á Minerva domí-; 
naba la ciudad y la cindadela. Fué cons;- 
truldo por Iretlno y Callicrates con el her- 
moso mármol blanco que sacaban del Pen- 
télico , montaña vecina; Era de orden dóri- 
co, su mayor altura 69 pies, la longitud 
227, y la anchura ico. El pórtico era do- 
ble en las dos fachadas y sencillo lateral- 
mente. A este templo venían los estrange- 
ros á admirar la estatua de Minerva de oro 
y marfil, obra maestra de Phidias. 

Sea indiferencia ú olvido los turcos ha- 
bian respetado al Parthenon, escepto algu- 
nas ligeras mutilaciones ; pero en i683 la 



artillería de los venecianos, entonces eái 
gnerra con los turcos, degradó aquel pre- 
cioso resto de la grandeza atheniense. Fi- 
nalmente Lord Elg'in, embajador en Gons^ 
tantinopla en 1799 obtuvo permiso del go- 
bierno para apropiarse y trasladar á Lon- 
dres las partes mejor conservadas del monu* 
mentó. 

En los climas septentrionales la intem-r 
perie degrada bien pronto los monumentos 
públicos ; pero el clima de Grecia ha res- 
petado muchas de sus ruinas hasta el dia^ 
Las mutiíaciones depíorables son mas bien 
obra del hombre y de las convulsiones po- 
líticas que el resultado de la larga sucesión 
de los siglos. 



(34^) 




LAS BIBLIOTECAS. 

El Padre. Hoy nos vamos á ocupar, 
queridos mios-, en recorrer la real biblio- 
teca^ no con la detención y escrnpnlosidad 
debida , pnes esto era obra de mucho tiem- 
po ; sino que daremos por ella un paseo 
instrncmo y agradable., conforme lo hemos 
hecho en los demás establecimientos de la 
capital. Felipe V. fué el primero que esta- 
bleció la biblioteca real corría, dándola 
sus convenientes estatutos ^ y en los reina- 
dos posteriores se ha ido enriqueciendo 
con las colecciones de libros de varios par- 
ticulares , como el cardenal Aqulnto y 
Mnnarriz: habiéndose m^^ndado últimamen- 
te que se deposite en elU un ejemplar de 
eada obra que ve la luz publica. El esta- 
blecimiento ha sufrido varias aUeracíones y 



(34a) 

mudadlo varias veces de localidad , liasta que 
en 1826 la munificencia de Fernando VII 
la destinó este edificio, que estando antes 
próximo á su ruina , ahora reparado y en- 
grandecido sirve de santuario á las ciencias 
y á las artes. La memoria y la época de la 
inauguración de la Biblioteca está consig- 
nada en esa inscripción latina que veis en 
la pared de la escalera. 

Entrad 5 niños, en esta Oj/rcina de re-^ 
medios del alma^ que asi llamaba Osiman- 
dias 5 rey de Egipto , á su biblioteca , la 
mas antigua de que hay noticia: entrad y 
veréis tanta multitud de libros, entre los 
cuales no hay uno solo que no instruya aU 
guná cosa, 

Eugenio. En efecto, papá , ¡ qué salón 
tan magnifico ! ¡cuánta variedad de libros, 
y qué bien colocados! 

Enrique. ¿ En estos librotes, estará to^ 
do cuanto hay que saber ? 

El Padre. Todos los progresos del en- 
tendimiento humaqo , y cuantas cosas bue- 
nas ó malas han sucedido en el mundo es- 
tan consignadas en los volúmenes que al- 
berga este recinto. Por su lectura venimos 
en ¿oílocimiento de lo bueno distinguién- 
áb\ó de lo malo ; sabemos amar á la vir^ 



(343) 

tud y aborrecer al vicio. ¡Los libros !... ins- 
truyen al hombre en todo lo que tie- 
ne que saber, alivian sus penas y le a- 
compañan en la prisión , el destierro y la 
soledad. Por esto nunca vituperaré el cui- 
dado y el gusto que algunos emplean en 
adquirir libros , pues en mi entender es 
dinero muy bien empleado por procurarse 
tan instructiva y agradable compañía. Com- 
padezco á los que de ella carecen , y no lle- 
varé á mal , hijos mios , que hagáis fre- 
cuentes visitas á este establecimiento. 

Eugenio. También nosotros hemos de 
venir gustosos, movidos de npestra afición 
á la lectura; pero me parece que aunque 
estuviéramos toda la vida sin salir de aqui, 
sin hacer otra oosa n?as que leer, no pod ria- 
mos dar fin siquiera de los libros que des- 
de aqui se alcanzan á ver. 

£L Padre. No creas, querido Eugenio, 
que para instruirse sea preciso devorar una 
biblioteca entera, porque esta es empresa 
superior á las fuerzas humanas. Solo para 
leer la parte de historia de la biblioteca real 
de Paris calculó Marmontel que se necesi- 
taban ochocientos años, leyendo catorce 
horas por día. Es preciso que cada uno se 
limite á un número determinado de cono- 



(344) 

cimientos , y asi podrá poseerlos mejor ^ re- 
ducléndolos cuanto antes á la práctica. Asi 
como el que se propone llegar pronto ¿á al- 
guna parte busca desde luego un camino 
que sin rodeos le lleve al punto propuesto 
lo mas via recta ()osibIe ; del mismo modo 
el que trata de instruirse no anda divagan- 
do de libro en libro como mariposa , n¡ 
lee con presura y sin reflexión, sino que 
elige pocos pero selectos libros de los que 
felizmente poseemos, y fijándose en ellos se 
alimenta con su saludable doctrina , perdo- 
.nando el recreo que podía proporcionarle 
lina lección vaga é instable. 

Alejandro ¿Aqui se hallará sin duda 
alguna el libro que se quiera de cuantos se 
han publicado ? 

EL Padre. Aunque el numero de ejem- 
plares de esta biblioteca es muy considera- 
ble, pues pasa de doscientos mil , con todo 
hay bibliotecas en Europa que la llevan 
gran ventaja. Ya os presentiré yo un catar 
logo de las principales bibliotecas, y el nú- 
mero de, ejemplares que contienen ; pero 
generalmente hablando, por bien surtida 
que esté una biblioteca, todavía no hay se- 
guridad de encontrar en ella todas las obras 
publicadas. Apenas habrá curioso cjue en su 



(34S) 

colección no posea algún libro en el que 
concurran tales cir( un^unc¡as|que su due- 
ño se lÍ8ongee no se hallará otro semejante 
en las bibliotecas. En esta misma ^^á pesar 
de ser la mas surtida de España^, sucede el 
preguntar en el índice por alguna obra 5 la 
eual ó no existe, ó no saben dar razón 4p 
•ella. 

Enrique. ¿Papá, qué cosa es el //i- 
dice ? 

El Padre. Venid á esta sala y lo ve- 
réis. El ín<lice se compone de una serie de 
libros uianqscritos , en lú^ que por los ape- 
llidos de los autores dispuestos en abece- 
dario eetan clasificadas todas sus obra^jin» 
dicando^y de aquí el nombre de ¿íidüce^ la 
«ala , el estaate y la tabla que ocupan eri 
la biblioteca. Cuando el empleado a qoiepi 
6e pide un libro no sabe su paradero, re- 
mite ai lector al índice , y allí con la ma- 
yor facilidad le dan la razón apetecida, con 
la que marcha en busca del libro queso- 
licita. 

Enrique. D\g2k V., papá , ¿ cuando está 
abierto este establecimiento ? 

El Padre. Escepto los dias festivos y 
las temporadas de estero y desestero , arre- 
glo y limpieza de libros, todos los demás 

^3 




e ía^ diez á^ ks des meno§ cuarta se 
qoeáoi a! poblico con estraordioaria 
genefbéíSad doscientos mil volúmenes a 
disposlcibti del que quiera iiojearlos , ofre- 
ciendo ^ ademas • recado <3é escribir , por si 
alguno tiene qtie sacar copias ó esíractosí; 
tíe tóbdo que córí la institociojí da las bi* 
bíiotecas y la invención ntilisima de la im- 
prenta ,"coalqui:éi|á puede ponerse al cor- 
tiente en pocas horas de los últimos resul^ 
tados dé las investigaciones dé mnciiQs sá-^ 



ios antjguos y, modernos. 
^J^e/a/icf ro. ¿Gljocnrrifá todos los dias 

locüa ■■gente»;. . , _^nió'es' asi y papá.? ■ 

Si inflijo :mio%^|)U€s son muabos.-los q-iiue 
ir o^fcesidad^ ' o% ñtiim ^ tieneri-^ que ^ vaierse 
de la 'ledíorae Eb prfefciso distfBguir, entre 
^ los concurrentes "qifc' ^t^enen por neceBidad 
y -de t^rde en; t£rrde-^--^á'^ un'númei:5o.-^no pe-, 
qoeño que podémds llamar de párroquia- 
Dos. ffiítre J estos^^^'óéépan^ el primer lugar 
moclibs'joverié]tl&S''l:|áe'']een^ novelas .á io- 
do pasto ^ y otros que para formar la com- 
■ posición* 'hojeaiíifcfos' '^pesadl)s^':á¿cck)á.ar¡os. 
Áüi un novel literato eorísulta las antigiias 
créaicas cubiertas depol^o^ijuscando en 
I a¿ leyendas feudales f en los monumentos 
dé It ^ad media algiih asunto Í0teresaute 



(347) 

,^iie esplotar , y otro mas acá reviieíve J^s 
antiguas producciones teatrales para zurcir 
su comedía nueva. Suele verse también con 
mucha puntualidad algún señor mayor que 
calados los anteojos está devorando algún 
colosal volumen , sin que levante los ojoa 
del libro hasta que el retintin de la cam* 
panilla anuncia la hora de salida. Uno lee 
los periódicos de la época , otro copia , es*- 
te traduce, y de este modo empleati cuatro 
horas reunidos y en apacible silencio mu- 
chos individuos de diversas edades, estados 
ycOricncif>neí!;. 

Eugenio ¿Aquellos quince ó veinte li- 
bros que hay aUi reunidos tan iguallíos, 
compondrán sin duda una sola obra ? 

El Padre: Varias obras veréis que 
constan de una infinidad de tornos^ espe-^ 
cialmente entre las de lossaotos Padres qqp 
están contenidas en esos ricos estantes de 
nogal con columnas de basas y capiteles 
dorados. Solo en las bibliotecas veréis esas 
obras magnas que se publicaban antigua- 
mente ^ las que aunque no carecían de far«* 
rago, con todo indicaban de parte del au-* 
tor una lectura y un trabajo ímprobo ; pero 
en el dia á las publicaciones en folio han 
sucedido las en cuarto, a estas las en octa« 



(348) 

vo, y ahora parece que es el siglo de los 
periódicos, que todo lo han invadido. 

Recorriendo esta sala donde se conser- 
van las ediciones y encuademaciones de 
lujo, bajaremos al piso inferior, donde se 
custodian las obras inéditas, las prohibidas 
y mas de veinte mil preciosos manuscritos 
en diversas lenguas. 

Eugenio. Quisiera yo saber cuantas bi- 
bliotecas públicas hay en Madrid, ademas 
de esta que vamos recorriend<}. 

El Padre. Solo hay dos , la de S. Isi- 
dro, que está á cargo de los PP. lesuitas, 
y la de la academia de S. Fernando, que 
es sumamente pequeña. En este particular 
se puede decir que mas hemos perdido que 
ganado, pues es notorio el grado de ilus- 
tración en que se hallaba la España preci- 
samente en la época mas funesta á las cien- 
cias y la literatura. En tiempo de los ára- 
bes, cuando la Europa se hallaba sumer- 
gida en la mas crasa ignorancia , se conta^ 
ban en España mas de setenta bibliotecas 
publicas mas ó menos enriquecidas^ en las 
que estaban^depositadas las producciones de 
los sabios que ilustraron al género humano, 
y en las que sin duda se formaron aquellos 
escritores famosos de que se glorian Sevilla, 



V 



(349) 

Córdoba , ^Granada , Valencia y otras du- 
dades.|Sin irftan lejos ^ antes de la guerra 
de Ja independencia existían abiertas en 
Madrid muchas mas bibliotecas de conven- 
toa y de particnlares, y es mas de notar la 
escasez del día, al saber que en Paris hay 
trece bibliotecas abiertas al público: verdadl 
es que alli existe un aumento considerable 
de población respecto de Madrid ; pero 
tampoco hago mención de mas de cien 
surtidos gabinetes de le?ctura que hay en 
aquella capital , y de los que nosotros ca- 
recemos. Las libliotecas son casi el ter- 
mómetro de la ilustración de las naciones, 
y sus progresos van íntimamente unidos 
con los de las ciencias y literatura. Deaqui 
se deduce que nunca puede haber esceso en 
protejerlas ; al contrario , es interés del 
gobierno el fomentarlas , pues tratándose de 
reformas, la primera y mas fundamental 
que parece debe hacerse es la de difundir 
los conocimientos que han de facilitar el 
camino á las reformas sucesivas. 

Enrique. ¡Esta úítima .«ala , qué boni- 
ta CF.... , y no tiene libros como las otras!,.. 

Fl Padre. No ; pero en eso magníficos 
estantes de caoba que veis, se guarda una 
rica colección de monedas antiguas de oro. 



(35o) 

plata, hierro ^ cobre y otros metales de di- 
ferentes épocas y naciones. Se llama la sala 
del trono por el solio del monarca que veis 
alli al frente ^ y ademas de las muchas mo- 
nedas y medallas romanas ^ godas , ára- 
bes ^ Scc. &ca , se conserva una preciosa co- 
lección de camafeos ; por cuya ra^on , si la 
biblioteca real es inferior en el número de 
volúmenes á algunas de bs conocidas, en 
medallas y monedas lleva ventaja á todas 
las de Europa. 

F. F. rUlabrille. 



em 



de las principies 



compapativa 

bibliotecas públicas de E 



Bibliotecas. Volúmenes, Manuscritos, 



La biblioteca real 
de Madrid tiene 
La del Escorial 
La real dé Lisboa 
La real de Paris 
La de la univer- 
sidad de Türín ' 
liZ del ducado de 

Parma 
La de Florencia 
La biblioteca \%- 

ticana 
La Angélica 
La de la univer* 
sidad de Bolonia 
La de Mibdena 
La de Ñápeles 
La biblioteca im- 
perial de Viena 
La de Praga 
La de Venecia 
La de Milán 
La deAmbrosiana 
La imperial de 
SanPetersburga 
La de Varsovia 
La biblioteca sue- 
ca de Üpsala 



aooS). 



lio®» 

I I 0$m 



looS). 
í6o®. 

1509^ 



lao®. 



60®* 



10^. 




•*?9y •aqenias 

® 'foll etpáf 

líobrassi^^ítas 



í^^ 



iS, 



Bíbíiottcái* 

La tea I de Copen- 
hagne 

La real de Lon- 
dres 
La del museo bri- 
tánico 
LadeEdimburgo 
La de DubliW 
La de Bruselas 
La deLeydeííi 
La real de Berlín 
La dé Breslati 
La de Gotínga 
La de V Velfen- 

buttel. 
La real de Dresde 
La de Weimar 
La real de Hutt- 

gardt* 
La del instituto de 

Munich. 
La de Landshut 
La de Erlangen 
La de Hainburgo 



Volúmenes 

300®. 
I ooS* 



Manuscritos* 



150®* 

50®. 
70S. 

8o®, 




409« 
a®* 


40®. 
1 60®. 




10®. 


io@®. 






a80®. 






170®. 
ft5o®* 
111® y 


10®. 
3®y lo® obs.su f«» 
flo® obras sueltas» 



I00®« 
lOO®. 



8500I 



cS. 



(353) 

Máquina monda por el Galmnismo. 

Se ha hecho en Bruselas en casa del 
mecánico Lema iré el ensayo de una má- 
quina movida por una fuerza aun no em-» 
picada por la mecánica. Esta fuer/.a es el 
galvanismo ^ que desarrolla la virtud mag- 
nética en el hierro. La nueva máquina se 
compone de un volante horizontal de co- 
bre^ en cuyo plano está situada una barra 
magnetizada por una pila galvánica. La 
barra hace dar vuelta al volante para si- 
tuarse entre dos imanes cuya posición es 
constante ; pero al llegar á esta posición de 
equilibrio la corriente eléctrica cauibia de 
sentido, reemplazando con una repulsión 
la atracción que dirijia la barra. Esta, en 
virtud de la velocidad adquirida, conti- 
núa su movimiento de rotación siempre en 
el mismo sentido. Ya se sabe la grande e- 
nergía que comunica al magnetismo una 
corriente galvánica , y es de esperar que se 
podrá aplicar un dia á mover masas con- 
siderables. Como quiera que sea , la mecá- 
nica se halla en posesión de una fuerza 
nueva. Esta máquina ejecutada con toda 
felicidad por Mr. Lemaire , ha sido inven- 
tada por Mr. Guillery, profesor de Bruselas. 



(3H) 

€íííifari0tt 'be ^úxhm 



De las preposiciones y conjunciones. 

Eugenioi Papá, los sorel o-mudos ya 
conocen los dos alfabetos inanuales , el uno 
para las letras aisladas y el otro para las 
preposieíones y conjunciones; pero estas 
últimas son muchas mas que las que marca 
el alñibeto, ¿cómo se le han de enseñar al 
sordo- mudo? 

El Padre. Hijo mió, él mismo ha de co- 
nocer la necesidad de ellas, y cuando en 
úná frase falte una palabra y no pueda co- 
locar la que él sabe ya está en camino db 
descubrirla como verás. 

Los sordo- raudos manifiestan como he- 
mos visto ya con facilidad los pensamientos 
que se limitan á la simple vista de la con-> 
Veniencia ó de lá desconveniencia del ?uge- 
to y dé la cualidad : manifiestan ' todas li^ 
acciones en una y otra forma, la actividad y 
la posibilidad; pero con respecto á el como 
se egecutan las- acciones , su objeto , el térj- 
mino, la f azon , el motivo &c. Carecen de 
medios para conocer estas diversas eircnn^ 



(355) 

tancias. Ignoran ann que un solo verbo acti- 
vo puede tener por complemento directo ó 
régimen muchos objetos que pueden formar 
otras tantas proposiciones desunidas si á 
propósito de cada uno se repite el sugeto y 
la acción 5 y por lo mismo antes de hablar 
de las preposiciones á los sordo-mudos ^ es 
menester enseñarles esta especie de elipsis; 
y he aquí el procedimiento que yo empleo 
y el que recomiendo que usen todos los 
que se dediquen á instruir los desgraciados 
sordo-mudos* 

Pongo sobre una mesa los mismos obje- 
tos que nos han servido en los procedi- 
mientos anteriores, Tomo uno solo, les hago 
señas para que den cuenta de lo que acabo 
de hacer v escribe uno de ellos. 
Juan ha tomado pañuelo. 
Tomo un segundo ^ y otro escribe se- 
gunda frase igual á la i.^ 
Juan ha tomado relox^ 
Tomo un 3,^, 4.^, 5.® &g , y escriben 
otras tantas frases cuantos objetos nieven 
tomar. 

No es indiferente escribirlas de tal ó tal 
modo para conseguir el resultado que s^ 
desea obtener , y por lo mismo les hago es- 
cribir sobre una misma linea 5 la una en 



(356) 

seguida de la otra , separadas por otra linea 
perpendicular, cuidando de que pongan so- 
bre cada palabra la cifra ¡ndicadoi a del pa- 
pel que egerce la misma en la preposición, 
y cuyo procedimiento es como sigue : 

í « * 3 [ t I a 3 

Juan ha tomado* pañuelo Juan ha tomado relox 

^ I I a 3 1 í I 2 3 

Juan ha tomado tintero I Juan ha tomado libro 

Les hago observar que se ptieden omitir 
en cada frase las palabras que se hallan en 
la primera , que la repetición de estas pa- 
labras inútiles las borran inmediatamente 
no dejando subsistir mas que las cifras colo- 
cadas encima y he aqui lo que qu^da: 

I I a 3 1 « I ft 3 

Juan ha tomado pañuelo I relox 

I ! a 3 j I I a 3 

tintero j libro 

Disminuyo las líneas de separación has- 
ta reducirlas al signo de la simple virgula, 
y no dejando el lugar de las palabras supri- 
midas nos resulta el procedimiento si- 
guiente: 



^* ■ í i 3 3 3 3 

Juan ha tomado pañuelo, tintero, relox, libro 



(357) 

Asi es como llegamos sin ningún esfuer- 
zo aprovechándonos únicamente de la oca- 
sión que se nos presenta al conocimiento de 
la virgula que ocupa el primer lugar en la 
puntuación, y asi escomo se preparan á la 
lección de las preposiciones. 

Les digo que los objetos que tengo en 
la mano los voy á llevar á una caja, y los 
llevo en efecto. Mando á uno de ellos que 
dé cuenta por escrito de esta acción. Le Im- 
go que cambie únicamente el verbo de la 
última frase, y añadiendo el nombre de ca* 
ja á los nombres de los objetos y la frase 
quedó construida asi : 

Juan ha llevado pañuelo, tintero^ relox, libro, caja. 

Aqui se nota una falta ; pero los sordo- 
mtados no tienen aun ninguna idea de la 
preposición; ni de la necesidad que tenia-» 
mes de ella, en el discurso. Si se les hace 
señas que escriban encima de todas las pa- 
labras de la frase bs cifras correspondien- 
tes escribirán la cifra 3 sobre la palabra ca- 
ja como lo hablan hecho sobre todos los 
nombres precedentes. 

No es tiempo de turbarles , ni ha- 
cerlos conocer de otro modo que por sus 



(£58) 

propias investigaciones, las faltas que po-« 
dian cooieter. En este caso me contento con 
llevar la caja cíomo todos los demás objetos 
haciendo al mismo tiempo ei signo de que 
me obligaban á ello, y di á la palabra caja 
la cifra que no convenia mas que á los ob- 
jetos que estaban bajo la dependencia del 
^érbo, y que reciben la iaflueacia de sil 
acción. 

La perplegidad de los niños esestrema- 
da; pero se les ve salir de ella, á la mane- 
ra que sale la cbispa del pedernal golpea- 
do con el acero disipando nuestras tinieblas 
y poniéndonos en camino de lo que busca- 
mos^ y aunque seria mas corto ei hacerles es- 
oú\^\v\ví preposición (\UQ nos ñd taba , conie^ 
teriaraos un error acostumbrándolos á no ade- 
lantar nada masen el camino de los conoci- 
mientos , que lo que adelantan en el suyo los 
que lo hacen siempre en un carruage. ¡Qué 
errbr tan imperdonable cometería si mis 
discípulos no aprendiesen mas que lo que 
yo les dictase, sin buscar por sí; mismos 
nada ! (i) 

(i) Cuando la educación no deja'discurrir al ' 
educando contentándose el maestro con que le imite 
aquel material b rutinariamente; no sera jamas sino 
una maquina cuyos movimientos carecen absoluta* 



(359) 

Vuelvt) al procedimiento de 1 a propmi- 
:eion ^ctiya seguida de su complemento;. 
Idilio aplicación de este procediaiiento 4 ca- 
da uno de los objetos llevados de la mane- 
jra siguiente: 

]uan lleva j Pañuelo es llevado 

Es necesario decir del mismo modo res- 
pecto a la ca/a pues que su nombre estaba 
marcado por la cifra 3 asi como los oíros 
pbjetQs. 

Juan lleva { caja es llevada 

Los mudos quedan convencidos , de que 
ésta cifra no puede convenir á aquel nom^ 
bre pues que él no podrá convertirse colmo 
Ibs otros en sogeto de la frase pasiva com- 
plemento de la activa, ¿Pero qné c*ifra sé ha 
de dar á este nombre, pues que nv 3^ ni ia 
ni I le conviene? ¿ Qué papel baria en ía 

frase? Esto es lo que yo^büéco y lo que Ids 

■'•'.'■• f .■' ■■ .. ,■ 'i ' í 

líbente de racionalidad ; ya esta vienen á redumr§e 
los Sordo-mudos por el méíodo gu.e desgraciadaibep- 
te se sigue en nuestro colegio de Sorclo-mudoSo No 
es fácil atinar con la causa de tan pertinaz próe^e- 
der á vista de lae obvias ventajas que¿ resultan del 
métoda.que yo he adoptado.. 



(36o) 

sordo-mddos deben hallar sin el maestro: 
he aqni una muestra de lo avanzados que 
esran pues que saben que el nombre de lá 
caja no es ni sugeto de la proposición ( no 
pudiendo señalarse con la crifra i) ni el 
complemento de la proposición activa no 
Siendo y no pudiendo ser sugeto de la pro- 
posición pasiva. 

Mis discípulos no saben que hacer de 
este nombre que no depende de ninguii 
otro, bien diferente de los demás niños que 
preguntan sin cesar que se les indique ó 
apunte , ellos nada preguntan. Esperan sin 
impacientarse que algún procedimiento nue- 
vo como XJamino seguro venga asa rcarles del 
escollo en que se encuentran, pero esta es fe- 
ilizmente la ultima dificuliad que podia hallar- 
se en la ñ'ase simple y he aquicomo se vence. 
Me presento delante de los sordo-mudos te- 
niendo en una mano los objetos que voy á 
llevar preguntándoles por mis miradas , sí 
era necesario llevarlos sobre el banco á que 
hizo uno de ellos con la cabeza un signo 
negativo. Les pregunto si estaban sobre la 
mesa, y respondieron aun por el mismo 
signo. Les preguntaba aun con Jos ojos para 
pedirles donde debia yo llevarlos (signo in- 
terrogativo que habia yo aprendido de ios 



(36 i) 

mismos sordor-mudos ) y me respOncl¡eron 
indicándome la caja qqe me rnostrq qna 
con el dedo. 

Me aprovecho de este signó que esf 
precisamente el de ja prpposicion mism^ 
cuya A no es mas que su traducion la ac-? 
cion del índice dirigido hacia la caja es 
traducido por A. La dificultad queda van-? 
cida , ya comprenden bien la necesidad de 
l>a preposición ^ aprenden la palabra misma 
y llenos de alegría escriben i§ frasp si-? 
guien te; 

Juan ha llevado pañuelo, tintero, rjelox, l¡t>rQ A pa}^ 

Cuando llegan á este caso ya no hay ne-t 
cesidadde decirles mas, conocen la })3|:uraT 
leza de la cifra que jdebien empljear y m e§ 
que escriben 3 sobre |a prepo^icipij y § pp^ 
bre el complemento. 

Por estos egejrcjciGs quedan idpsciibier- 
tos los medios de comunicación y ppdria 
decirse quje desd^e este dkhpsp ftioroenfQ 
estos desgraciados dejaban de ser sofd|DS y 
mudos con sus ojos pueden Piedir pl l^tefi^ 
Talo que falta que recorrerá 

Siguiendo nuestras investigaciones ¿es^ 
C|i|)ri,mof que 1? preposiciion A nos indipa-T 



(362) 

rá toda la serie. La preposición hallada in-» 
dicada es objeto hacia donde se dirlgia, la 
cnal como la mayor parte de las otras debe 
tener su preposición opuesta y esta es DE 
que se puede ingerir en la misma frase y 
decir 

DE banco, Ramón lleva pannelo , tintero , felox» liBro A mesa. 

Trazo una línea qué comienza en la 
proposición DE y que se termina en la A* 

La primera de estas preposiciones de-* 
signa el higar de donde se quitan los obje- 
tos, la segunda á donde se llevan. 

Después de un largo egercicio sobre es- 
tas dos preposiciones se pasará á las otras 
aplicándolas á las acciones, y oponiéndolas 
unas á otras como en los ejemplos si- 
guientes: 

Antonia estará en jardín I Pedro estará fuera ¡^^¿if^ 

ll^auel ha pneslo globo sobre mesa j £1 ha puesto cepll.o bajo mesa» 
Ramón ha venido con madre • Rafael ha venido sin madre 

Pero los mudos aun ignoran que la pre- 
posición con su complemento pacde transa 



ponerse, y hay necesidad de enseñarles es- 
tas transposiciones. 

La preposición ligada con su comple- 
mento era una porción desunida de la pro- 
posición y que era ai mismo tiempo una es- 
pecie de proposición que sirve para maní-- 
festar una circunstancia de la proposición 
principal y por alli es por donde se les 
acostumbra á servirse del adverbio cuya na- 
turaleza se diferencia poco de la prepo- 
sición seguida de su complemento. 

Sin embargo hasta después de mucbsis 
lecciones consagradas á la investigación de 
todas las preposiciones no puede pasar ál 
estudió de adverbio 



(364) 



Debajo de los itiiserables andrajos ^ úl* 
titnd trage de un jugador die distinción y 
riquezas, á quien su vicio habia degrada»^ 
do y envilecido ^ pusieron el letrero si- 
guíente: "Ultimo trage del señor don Fu-* 
lan§,i y seguiaa todos sus títulos y conde- 
coraciones; 



¿ Queréis consolar á üri infeliz? Guar-^ 
doos de decirle que se consolará , decidle 
por el contrario que nunca podrá conso- 
larse^ 



ÜÉHHMHMMHtaaéMAri 



En 1 699 , reinando en Francia Luis ÍX, 
y cuando el marques de Lyonne era mi- 
nistro de negocios estrángeros , dio en Su- 
reña una audiencia al enviado turco , en la 
que se sirvió el primer café que se vio en 
IPrancia, La gaceta de entonces que lo anun- 
ció le dio por dos veces el nombre de cm^é^ 
o que prueba que tan poco familiarizados 
staban coa el nombre como con la cosa. 



(3^5) 

El Sr, Gé***á quien estaba confiada una 
casa de comercio de París ^ recibió una su- 
ma de 1 5^ francos para hacer diversas 
compras. El infeliz entró en una casa de 
juego y perdió toda la suma: de allí se fue 
á los campos Elíseos y se levantó la tapa de 
los sesos á los veinte y cinco años de edad. 



Los holandeses riegan por la prlrhaVfe- 
ra los árboles cubiertos de musgo con aglia 
de cal, lo que corroe el musgo sin atacará 
la corteza del árboK 



Un sngeto enviado á dej^ositar una su- 
ma de dinero en el banco de París, entró 
en una casa de juego de Palals Royal con 
la esperanza de duplicar la suma de que 
era portador; mas habiendo salido sin un 
cuarto 3 se ahogó arrojándose al Sena. 



Se riega la tierra con agua de lluvia en 
la que se halla incorporado media onza de 
aceite de vitriolo. Al cabo de algunas horaa 



(366) 

todos los insectos que abrigaba aquel terre- 
no escapan ó perecen en él. Se puede regar 
una grande estension de terreno con tres 
libras de aceite de vitriolo* 



Yendo por la primera vez un estudian- 
te á caza de conejos , le avisaron los caza- 
dores prácticos que no hablase luego que 
los viese ü, porque los asustaria ; á poco des- 
cubrió muchos en un pradillo ^ y esclamó 
diciendo: Ecce cuniculi multiv los cone- 
jos á la voz tomaron la fuga y desaparecie- 
ron. Reprendiéndole el descuido los com- 
pañeros, respondió: ¿Quién hahia de pen^ 
sar que los conejos entendiesen el latín ? 



Luis Felipe ha regalado al joven Le- 
vesque , alumno del colegio Rollin , la co- 
lección , completa de los autores clásicos 
franceses;, publicada por Lefebre /magnífi- 
camente encuadernada y adornada con sus 
armas, en recompensa de los cinco prime- 
ros premios que ha obtenido en los exá- 
menes públicos* 



(367) 

Casa de pensión hajo la dirección de don Fran^ 
cisco Serva ^ establecida con r^al permiso en 
Madrid , calle de JBarrionuevo* 
Convencido el director de que las ofertas mas 
lísongeras nunca equivalen á los elogios que se de- 
ducen de los reguUados que ofrece el tiempo , al 
anunciar al publico el ensanche que con aprobación 
de S. M, acaba de dar al establecimiento de ense- 
ñanza pi^imaria, que por espacio de doce años ha 
tenido abierta en esta corte en la cf|lle del León ^ se 
limita á decir que en la dirección de él no omitirá 
gasto ni diligencia alguna para corresponder á la 
confianza de los que 1^ honren eijcaigáadole la 
educación de sus hijos. La asistencia mas esmerada, 
losjnejores profesores en todos los ramos que abra- 
za la enseñanza , y el mas vivo interés para lograr 
los adelantos de los alumnos, son las bases sobre 
que girará la dirección del establecimiento ; por lo 
mismo, conociendo que el local que habitaba en di- 
cha calle del León no reunia todas las circunstan- 
cias necesarias para la mas cumplida comodidad y 
desahogo de los alumnos, se ha trasladado á la ca- 
sa que ahora tiene el honor de ofrecer al publico, 
donde ademas dé los espaciosos y ventilados dormi- 
torios, comedores y otros sitios para las aulas res- 
pectivas , hay un hermoso jardín y grandes patios 
para las horas de recreo. 

El establecimiento abraza los ramos de ense- 
ñanza siguientes : 

Primeras letras, latinidad, francés, ingles, 
italiano, matemáticas, geografía astronomía, física^ 
dibujo, música y baile. 

Los profesores son los siguientes: el director 
con el correspondiente numero de profesores subal- 
ternos para primeras letras y latinidad don José 
Marqueta, para el francés don Mariano Nicolás Pe- 



f368) 

rez, para el ingles don Sebastian Fábregss, parar 
el italiano don Agustín Oliva y Moreno, para ma- 
temáticas don Miguel Dolz de Castellar, para geo- 
grafía don Sebastian Fábregas, para dibujo el mis- 
mo director, para rpiisica don José Sobejano Ayaia, 
enseñando por los métodos compuestos pqr él mis- 
mo, y para baile don Andrés Beliuzzii 

Habrá tres ciases de alumnos, á saber; pensio- 
nistas, medio pensionistas y estemos, 

Sprá de cuenta de los alumnos la compra de li- 
bros y parteras, y del establecimiento el surtirles de 
papel, plumas, tinta y demás ufensilios. 

El eqnipage de cada pensionista debe constar 
de tablado pintado al oleo, dos colchones, cuatro 
sábanas, dos tirantas ^ una colcha, dos almohadas, 
cpatro fundas, dos toballas, dos servilletas con su 
aro, peines, cepillo^ uti cubierto y vaso de plata; 
debiendo ser la ropa de su uso la mas decente po- 
sible. 

Se les dará chocolate ó almuerzo por desayuno, 
á medÍQ dia sopa variada, buen cocido, principio y 
postre, fruta del tiempo para merendar, y á la ce-' 
na guisado, ^nsal^da cocida ó crtida, y algunas ve-* 
ees fruta. 

No se les permitirá mas salidas que los prime- 
ros y terceros domingos de mes y las vacaciones de 
reglamento. 

Los medio pensionistas deberán tenef una to- 
balla, un cubierto y vaso de plata con un arq pa- 
ra la servilleta 5 que deberán mudar lunes y jueves. 
Estos comen y meriendan con los ¡nteri:>o§, saleiiL 
unos y otros á pasgo los jueves por la larde , y en 
los demás dias tienen algunos ratos de desahogo. 

Nada mas üíií que el aumento de colegios par- 
ticulares, y el de don Francisco Serra asegura los 



(369) 

mas felices resultados. La elección de tan dignos 
como esperimentados profesores atraerán á su esta- 
blecimiento lo mas precioso de nuestra juventud : el 
difícil como necesario estudio de las lenguas vivas 
inglesa y francesa está desempeñado por los bien 
conocidos maestros don Sebastian Fábregas y don 
Mariano Nicolás, y esto solo llamará á su casa á 
los distinguidos jávenes que deseen poseer dichos 
idiomas. La esmerada asistencia de los pensionistai 
inspeccionada por una madre de numerosa y tier- 
na familia ; la asidua vigilancia del director , que 
sin separarse de las clases observa sus juegos y re- 
creaciones , acompañándoles á los dos paseos sema- 
nales, debe inspirar toda la confianza á los padres. 
Esta reunión de circunstancias que nos hicieron 
vaticinar un buen éxito al establecimiento de don 
Francisco Serra , han superado á nuestras esperan- 
zas viendo con el mayor placer que en el corto es- 
pacio de dos meses cuenta ya mas de cuarenta in- 
dividuos de las dos primeras clases. Padres de fa- 
milia 5 no titubeéis en depositar vuestros hijos en la 
Casa pensión úe Barrionuevo: los cuidados higiéni- 
cos están á la par con los de la educación ; de tan 
hermoso establecimiento , formado según los deseos 
que manifestó desde un principio la Minerva ^ sal« 
drá una juventud robusta y sabia. " 



(370) 

índice 

de las materias contenidas en el como 4' 



Páginas. 



A mis lectores • ♦ . 
Efemérides .... 
A las jóvenes . . , 
El pian de educación . 
Los cangrejos. • . • 
Eduardo y Florentina • 
Laacadíímia de ciencias 
De la religión cristiana 
La salud y las riquezas 
Los perros célebres . 
Educación física. . 
Biografía . • - • 
Las hormigas • 
Educación de ciegos . 
Modo de enseñar la moral 
Instrucción primaria. 
Mosaico ... . 
Literatura. . . • . 
Efemérides .... 
Los hijos del rey Eduardo 
Instrucción primaria 
Los dos hermanos . . 
Educación física 
El amor fraternal . . 
Oda de idem. . . . 
Utilidad de la miísica . 



3. 

6. 

as. 

34- 
38- 
42. 

55- 

os- 
83* 

89. 



97- 

99- 
1 12. 

117. 

122. 
128. 
130. 

13S. 



í^í) 



Paginas. 



Biografía 5 Milíon^ •' . . 
Él cerro del Mirial • • • 
Emigración de las aves « 
Antigüedades de Segovia • 
Lápidas del Benafelis. • 
Conocimientos útiles • • 
Geografía de Prusia • • 
Educación de Sordomudos 
Mosaico •••••! 
Efemérides • • » • • 
El perro de Montargis 
Religión • • • .• » • 
El méndigo • • • « • 
Educación física . • ♦ 
El real museo militar • . 
Educación primaria . • 
Biografía. Numa Pompilio 
Historia natural . . • 
El acueducto segoviano • 
El gilgusro y la rana . 
Julia y el Perro . . . 

Geografía 

Educación de ciegos . • 

Mosaico 

Anuncio industrial . . • 

Efemérides 

Batalla de Areola . . • 
El Napoleoncito 
Educación física 
Víctor, h la indolencia . 
De las casas de juego . • 
La pasión del juego 
Feniraoore Cooper • » 



146» 

149* 
i6r« 

i65. 

17o* 
1 78. 

lU. 
19U 
163. 
^63. 
s,ot^ 
ao3. 

&a8« 

^33- 

&44« 

249. 
£56. 

d6a« 
a6f. 

^73- 
281. 

283. 

292» 

305* 
310. 

316. 

320. 
32a. 



/ 



í Páginas. 

Historia *••••••• 3í5,4, 

Cortesía y urbanidad • • , , 33a. 

El Parthenon de Minerva . • 338. 

Las bibliotecas • • • • • • 341* 

Edücacioh de Sordo- mudos • . 354. 

Mosaico . . • • • • • • 364, 

Anuncio • « • • • • • 368. 



'-.■»% 



^7 




*^. 





IL^JH